Hanoi, (PL).- Hace medio siglo, del embarcadero K15 de Do Son, zarpó el primero de un centenar de barcos anónimos que protagonizó una de las grandes epopeyas logísticas de las guerras de liberación en Vietnam. Aquel 23 de octubre de 1961 nacía la ruta marítima Ho Chi Minh, que durante una década transportó armamento, vituallas y efectivos desde el Norte comunista hasta el Sur insurgente.

Al pie de la colina Nghinh Phong se yergue un monumento que honra a los miles de revolucionarios que se sacrificaron para proteger la valiosa carga que ayudaría a derrocar el régimen títere de Saigón.

Aún quedan pilotes del viejo espigón original, de donde muchos partieron con más certeza de morir que de regresar, pero eran años de patriotismo, hambre de libertad y un liderazgo sin parangón.

Todavía vivía el presidente Ho Chi Minh, cuyo ejemplo inspiraba más que su verbo, pues conocía como pocos la idiosincrasia de su pueblo y sabía que solo así movería sus conciencias.

Con seis barcazas de madera, 38 oficiales y soldados, comenzó su trayectoria la heroica Brigada 125, que desafió y puso en jaque al poderío naval de Estados Unidos.

La historia los recuerda como los Barcos sin Número, pues no mostraban ninguna identificación para poderse camuflar como pescadores o buques mercantes para llegar hasta el puerto sureño de Ca Mau.

El éxito de la ruta se debió principalmente a un carácter secreto que muchos defendieron al precio de su vida: de hecho, los sobrevivientes solo revelaron su participación muchos años después del triunfo de 1975.

Según las cifras difundidas, por esta ruta fueron transportadas al Sur unas 152 mil 876 toneladas de suministros, entre armas, equipos y medicinas, y cerca de 80 mil oficiales y soldados.

Muchos protagonistas han valorado luego el apoyo de China, pues el rodeo a la isla de Hainan permitía burlar el patrullaje en el Golfo de Tonkín y los bombardeos de los aviones estadounidenses.

El propio puerto de Hai Phong sufrió la lluvia de proyectiles, y en muchos embarcaderos chinos encontraron refugio los barcos de la Brigada 125, antes de re-emprender sus viajes cuasi-kamikazes.

La comparación no es exagerada, pues eran habituales las ceremonias religiosas antes de cada viaje, porque la muerte era una posibilidad demasiado elevada.

Hablan los protagonistas

Nguyen Huu Nham, excombatiente del regimiento 83 de zapadores navales, jamás olvidará su ingreso al Ejército, pues su primera misión fue construir un embarcadero sin preguntar para qué.

“Recibimos la tarea de construir un muelle en forma de T, con 60 metros de largo y 12 de ancho. Trabajamos día y noche de mayo a agosto, y el atracadero K15 quedó listo”, narra este testigo.

Do Xuan Tam, oriundo de Do Son y protagonista de varios viajes al Sur, recuerda que por la vía de Nam Hai tomaba apenas cuatro días llegar a Ben Tre, pero pronto fue imposible seguirla.

Tran Ngoc Tuan, comisario político de aquel heroico convoy, aún llora a muchos camaradas muertos, y junto a otros sobrevivientes regresa a menudo al K15 a dedicarles un incienso a los mártires.

A diferencia de otros veteranos, Le Van Nhuonc se alistó siendo un funcionario, pero renegó de sus estudios comerciales para unirse a la tropa naval, y llegó a ser capitán del barco 132.

“Nunca nos frenaron las dificultades o el temor a la muerte, pues como soldados, decidimos sacrificarnos por la independencia y porque las generaciones posteriores la defiendan y desarrollen”, cuenta.

Atrás quedan historias duras, separaciones conyugales, padres que murieron sin sospechar que sus hijos eran héroes, amigos muertos y jóvenes que pensaban en morir cuando otros sueñan con el amor.

Tuan recuerda con especial intensidad el combate de Quang Ngai, en marzo de 1968, cuando vio a compañeros inmolarse y su barco lidió durante tres horas con 14 buques enemigos de diferentes calados.

Nguyen Dac Thang tampoco olvida que solo sobrevivieron cinco de los 39 tripulantes de la flotilla sin número que realizaba aquella travesía, aunque igual derribaron un avión HU1A de EE.UU.

Para evocar esa y otras proezas, sus protagonistas regresaron este mes a Hai Phong, tanto física como espiritualmente, porque hasta los muertos “resucitaron” en la voz de quienes vivieron para contarlo.

* Corresponsal jefe de Prensa Latina en Vietnam.