La presente movilización no se da como relámpago en cielo despejado, como un hecho aislado y al margen del proceso social que se está viviendo; es una parte y producto de él, es producto porque ha venido germinando poco a poco –a veces de manera contradictoria y con avances y retrocesos– en el marco de la emancipación política de las masas, y es parte porque –surgiendo de su seno– lo impulsa poderosamente hacia adelante.

Comenzó hace dos meses en la capital beniana y el mejor impulso que ha tenido es la campaña maliciosa del gobierno y la violenta agresión de la que ha sido víctima. ¿Cómo entender este fenómeno? ¿Cómo es posible que la campaña no hubiera volcado al país contra la marcha? Se ha dicho que la movilización indígena estaba financiada por la embajada norteamericana y por USAID, por las ONGs, por la odiada Media Luna; se ha dicho que Sánchez de Lozada y Reyes Villa manejan hilos ocultos desde EE.UU. con el fin de desprestigiar y derrotar al gobierno; se ha hecho una furiosa campaña para desprestigiar a sus dirigentes y fracturar la unidad de los indígenas con acusaciones como eso de que negocian a espaldas de sus pueblos con los madereros, etc.

Nada de esta campaña ha hecho mella en la población y en la unidad de la marcha; por el contrario, ha servido como gasolina para avivar el fuego del malestar social, hecho que está confirmando que las masas han superado la ilusión que inicialmente tenían en el gobierno. En medio de este proceso, esa ilusión superada se ha manifestado también en el impresionante voto nulo y blanco en las elecciones para el Poder Judicial.

De principio se ha señalado correctamente que el destino de la movilización indígena dependía de la movilización nacional y el ulterior proceso social lo ha confirmado plenamente. La marcha, habiendo sorteado la represión en Yucumo –hecho que ha tenido gran significación subjetiva para ahondar el malestar social imperante–, habiendo superado grandes sacrificios con mujeres embarazadas y niños hambrientos y habiendo ganado una a una a las poblaciones interculturales en el trayecto, llega a La Paz como un símbolo que encarna no sólo la lucha por el derecho a la vida sino de la defensa de los recursos naturales contra el imperialismo y la empresa privada nacional.

Llega a La Paz con un poderoso componente emocional y una bandera política claramente antiimperialista, anticapitalista y anti oficialista. Este componente político es inicialmente combatido por los sectores de derecha, por los ecologistas y por los mismos dirigentes originarios que persistentemente se oponen a la “politización” del movimiento.

La multitudinaria movilización en La Paz echa por tierra la movilización oficialista realizada dos días antes para neutralizar el malestar social imperante; por sus dimensiones multitudinarias no podía dejar de tener una gran carga instintiva pero en un dominante clima anti oficialista. El instinto a flor de piel expresado en el llanto colectivo y que actúa como argamasa que une a las diferentes capas de la clase media, desde los “copetudos” hasta los más pobres, a los obreros, campesinos e indígenas, etc., ese instinto que podía desembocar en acciones violentas y terminar tumbando al gobierno débil y aislado, en el presente proceso actúa como materia prima del salto a la conciencia política, a la comprensión de las masas sobre la necesidad de echar al gobierno del Palacio Quemado.

En ese ambiente la decisión de un grupo de indígenas marchistas de instalarse en vigilia en la Plaza Murillo y la creciente presión de grandes movilizaciones por romper el cerco policial sobre la vigilia pone en vilo al gobierno que se encuentra con las manos amarradas sin poder hacer nada porque una represión hubiera sido como provocar la explosión incontenible de un volcán. ¡Qué acertada fue la expresión: “el gobierno cederá sólo si las masas lo llevan hasta el borde un precipicio”!

Tardíamente, después de tantos errores políticos, Evo Morales y su pandilla se percatan de su crítica situación y deciden capitular frente a la movilización; anuncian públicamente que modifican la “ley corta” señalando que el camino no pasará por el TIPNIS y además declaran “intangible” (que no se puede tocar) la reserva forestal; se instala la negociación y se prevé que los restantes 15 puntos del pliego serán atendidos.

En este retroceso el gobierno pretende recuperar inútilmente algo del capital político perdido, el saludo de Morales a los marchistas en la Plaza Murillo es recibido con frialdad y hasta con bronca contenida. Probablemente los marchistas retornen pronto victoriosos, pero en el ambiente general se ha roto el mito del gobierno fuerte e invencible. El sentimiento de victoria y el empoderamiento de la acción directa (movilización) recorren rápidamente como fantasmas por todos los sectores. El gobierno está herido de muerte.

¿Cuál es la perspectiva? Los problemas fundamentales del país siguen irresueltos, la crisis del capitalismo los ha exacerbado, y este gobierno –de manera cada vez más descarnada—muestra su incapacidad para resolverlos; día que pasa se derechiza y se cobija a la sombra del imperialismo para defenderse de la arremetida de las masas. Los anuncios de que el próximo año no habrá incremento de sueldos y la ejecución de muchas otras medidas anti populares, la imposición de los nuevos jueces ilegítimos, etc., surgen como nuevos reactivos que impulsarán de manera poderosa nuevas movilizaciones.

La suerte del gobierno está echada y no tiene ninguna posibilidad de recuperarse políticamente.

* Dirigente del Partido Obrero Revolucionario (POR).