La Habana y Pinar del Río (PL).- El evento teórico Cuba, esclavitud y sociedad permitió apreciar el tratamiento dado a la historia de África en relación con la esclavitud, dijo la investigadora titular cubana Mercedes García. El evento celebrado del 18 al 21 de octubre en La Habana debatió sobre categorías como el asociacionismo, el pensamiento social y la forma de producción esclavista.

Representantes de México, Reino Unido, Estados Unidos y Puerto Rico analizaron el aspecto social y el tratamiento literario a ese fenómeno universalmente repudiado, declaró a Prensa Latina el coordinador del encuentro Jorge Renato Ibarra.

Desde la primera jornada, tratamos de dar una visión integral del tema, considerado un crimen de lesa humanidad, que ha dejado huellas en la historia cubana, señaló.Considero que este es el punto de partida para profundizar sobre la entrada de los negros esclavos a esta isla, su integración a la cultura y los pasos ejecutados desde su posición de africano, hasta criollo y luego cubano.

Como parte de las propuestas, dijo el también miembro de la sección de Literatura Histórica y Social de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, se prevé divulgar las ponencias en forma de separatas, compilación de ensayo o en soporte digital. Aunque todo el mundo dice que ese fenómeno está muy estudiado, siempre se descubre algo nuevo, aseveró Mercedes García al cierre del evento.

La también profesora de la casa de altos estudios Don Fernando Ortiz dijo a Prensa Latina que quedó potenciado como necesidad futura, hacer una especie de asignatura donde se vincule la historia de la trata africana con la realidad de la esclavitud en Cuba. De lo contrario, añadió, dejaríamos de ver una pieza importante no vista hasta ahora, se trata de la relación África-esclavo cubano, abundó.

Por su parte el estudiante norteamericano de la Universidad de La Habana Andrés Pertierra dijo que el evento señaló dónde estaban los progresos de la historiografía contemporánea sobre el tema negro, y hasta dónde nos hace falta llegar. Pertierra afirmó que es importante poder definir hacia qué dirección dirigir nuestros esfuerzos para llenar los grandes vacíos que aún quedan en el estudio del negro como sujeto histórico.

Fue muy interesante profundizar en esos temas que tanto dolor nos dejó en la formación de nuestra nacionalidad, consideró la estudiosa de la vida del Héroe Nacional José Martí (1853-1995), Josefina Toledo en su conversación con Prensa Latina. Además de útil, necesario y profundo, el evento permitió retroalimentarnos con la experiencia de historiadores nacionales y extranjeros, apuntó la investigadora.

El profesor de la Universidad Interamericana, Recinto Metropolitano, San Juan, Puerto Rico, Miguel Virella, expresó que en el tintero está que no nos quedamos en el siglo XIX con los esclavos, las cadenas y los barracones. Por eso, añadió, yo expresé que es necesario bajarnos del barco y ver al negro como ente social en nuestra región.

El nuevo día de la libertad

La libertad, lo sabrían mucho tiempo después los caribeños, no es cuestión de decretos, aunque quizás esa noche de agosto de 1833 apenas lo intuían mientras celebraban frente a la hoguera el Primer Día de la Emancipación. En la mañana inicial del octavo mes, el rumor saltó entre las islas del Caribe y luego los tambores y las rumbas de la madrugada se encargaron de difundir la noticia. Por ahí decían que las goletas, llegadas días antes, traían el anuncio esperado desde las sombras de la Conquista.

Un brujo respetado allá en Barbados, Taita Malbee Candomb, lo había previsto a inicios de año: “No llegará el invierno sin que seamos libres.”

Los negros de ojo bien entrenado lo habían leído antes en las señales de los tiempos: el mes anterior, las palomas huyeron de la plaza de Kingston, unos calamares gigantes llegaron a las costas de Anguila y una lluvia de estrellas desgarró las noches del Trópico.

Pero ningún cronista de la época describió la alegría de los recién libertos en la mañana del 1 de agosto cuando, por decreto real, quedó abolida la esclavitud en los territorios ingleses del ultramar americano.

Y no lo hizo, probablemente, porque nadie creyó en verdad la historia de que esos, hasta el día anterior esclavos, pudieran ser sus iguales en la mañana; o tal vez porque es imposible reflejar la fiesta infinita de un hombre, siervo desde antes de nacer, cuando conoce que la libertad existe.

Lamentablemente, aquel agosto de fiesta y carnaval para el Caribe no fue más que un simulacro. La corona inglesa se mostraba magnánima frente al mundo, mientras ataba a los antes esclavos con nuevas, otras cadenas.

Sólo los menores de seis meses quedaron libres, pero el resto, los que habían cargado toda su vida con el estigma de la esclavitud, continuaron sirviendo a sus dueños.

No se llamarían esclavos a partir de entonces, sino aprendices y por unas cuantas monedas y una vida de perros siguieron trabajando en la agricultura, en la industria azucarera y en las manufacturas hasta varios años después.

Visto así, muy pocos motivos parecen haber hoy para celebrar aquellas fechas, aunque todo el Caribe anglófono se una en fiesta desde entonces cada agosto para recordar la emancipación que realmente no fue.

Sin embargo, para el cubano Jesús Guanche, miembro del Comité científico del proyecto internacional La ruta del esclavo, agosto de 1833 constituyó un punto de partida para luchas posteriores. “Sirvió para comprender que la liberación de la esclavitud no basta, pues se convierte en un nuevo punto de partida”, aseguró.

Para la embajadora de Trinidad y Tobago en Cuba, Jennifer Jones-Kernahan, el festejo debe verse como un homenaje a los que murieron por la independencia del área. “Celebramos ese día también la vida y la obra de los que lucharon por la liberación de nuestros pueblos”, contó a Prensa Latina.

Así, aquella fecha de ilusión frustrada, dejó entrever a los esclavos, por primera vez, de lejos, como posibilidad, la violenta sacudida de la libertad. A partir entonces, sabrían que los decretos no bastan, que a veces es necesaria la locura, la sangre misma, llegar al más profundo de los abismos, para ser libres.

Pero 178 años después de aquella fecha, el drama y la historia del Caribe no son muy diferentes.Nuevas esclavitudes, junto a las mismas de siempre, recuerdan que la tragedia del látigo y la plantación no es fábula antigua.

Según Olga Rufins, de la Oficina Regional de la Unesco en Cuba, la discriminación por el color de la piel es todavía una lacra en la región, un espacio geográfico donde, contradictoriamente, casi 150 millones de personas se auto-reconocen como afrodescendientes.

“Recordar hoy la tragedia de la esclavitud no puede ser cuestión de memoria, sino de acción para identificar nuevas formas de servidumbre”, dijo a Prensa Latina. De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas, la situación de explotación en países del área como Haití, República Dominicana, Guyana y Trinidad y Tobago es hoy “alarmante”.

Pero el blogger trinitario Elspeth Duncan añade nuevas perspectivas a esta situación, cuando se pregunta sobre la medida en que aquel agosto significó también liberación para los pueblos del Caribe.

“Es tiempo de reflexionar cuán lejos hemos llegado como naciones y cuán lejos debemos llegar aún. Me temo que todavía tenemos mucha emancipación por delante”, comentó vía electrónica.

La escritora martiniqueña Nicole Cage-Florentiny, por su parte, también coincide en que un punto fundamental en toda celebración del Día de la Emancipación pasa por preguntarse por el estatus colonial que aún prevalece en algunas islas del área.

Mi país y una decena de naciones del Caribe siguen bajo la tutela de las viejas potencias coloniales, ¿podemos hablar de emancipación, de libertad, cuando en el siglo XXI seguimos bajo las faldas de metrópolis europeas?, cuestionó, en conversación exclusiva con Prensa Latina.

Pero en mi opinión, otro de los estigmas que cargamos es el de la servidumbre mental; los caribeños debemos liberarnos también de los esquemas que nos hacen repetir los moldes del pensamiento colonial, un lastre del que no nos hemos desprendido, sostuvo.

Para Duncan, la esclavitud parece agravarse en el Caribe en el plano personal, de las ideas, “por eso cada Día de la Emancipación tiendo a pensar qué ‘liberaríaâ€Ö o dejaría ir de mi vida”, comentó.

“Emancípate de la esclavitud mental, nadie sino nosotros mismos podemos liberar nuestras mentes”, cantó el icono del reggae jamaiquino Bob Marley, como un llamado a construir un nuevo día de libertad para el Caribe.

Cuba tras la ruta del esclavo

Más de 700 escenarios, muchos de ellos antiguos cementerios, integran hoy la memoria de la Ruta del Esclavo en Cuba, parajes que atesoran huellas de los inmigrantes africanos desde pasadas centurias. El inventario asciende a 725 lugares, en su mayoría sitios arqueológicos, prácticamente inexplorados, declaró a Prensa Latina el Doctor en Ciencias Históricas Jesús Guanche, miembro de la junta directiva de la Fundación Fernando Ortiz.

Comentó que ahondar las investigaciones en esas zonas consideradas de alta significación, algunas de ellas declaradas Monumento Nacional o patrimonio de la humanidad, resulta una de las tareas de prioridad para preservar el legado de los hijos de África.

El también vicepresidente del comité cubano La ruta del esclavo, explicó que como parte de la labor educativa existen unas 74 escuelas en la isla vinculadas a ese programa fundado en 1994 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), y que involucra a países de todos los continentes.

Guanche añadió que paralelamente se trabaja en el acopio y la conservación de documentos, objetos y otros fondos asociados al fenómeno de la esclavitud, a través de la red de archivos y museos. Proteger las culturas vivas es otra de las urgencias de la iniciativa, que promueve el respeto a la diversidad.

Al referirse a la necesidad de salvar expresiones únicas mencionó como ejemplo al tambor yuka, manifestación músico-danzaria traída a la nación antillana por esclavos de origen congo, y que pervive en esta región del occidente cubano.

En igual condición de exclusividad subsisten las festividades religiosas en torno a un cabildo matancero, heredero de la religión Iyessá Moddú, oriunda de Nigeria. Son manifestaciones que pueden peligrar por su carácter excepcional, insistió.

El investigador adelantó que instituciones nacionales de conjunto con la Unesco, coordinarán acciones para resguardar esas reliquias. Considerado igualmente valioso para el estudio y comprensión de la impronta africana, el patrimonio natural se incluye también en el programa cubano de La ruta del esclavo, aseveró.

Grutas y abrigos rocosos cobijan evidencias de la presencia de negros rebeldes, quienes lograron evadir los rigores del esclavismo en los siglos XVIII y XIX.

* Periodistas de Prensa Latina.