Las imágenes muestran a un hombre detenido vivo, luego golpeado, herido, y finalmente, con su cuerpo ensangrentado por las torturas, asesinado ante la obscena tarea fílmica de sus captores. Se trata, ni más ni menos, de un alevoso asesinato propio de bestias salvajes.

Peor aun. Ese hecho brutal se comete en un escenario donde, desde el aire, aviones extranjeros arrojan indiscriminadamente bombas que destruyen y matan todo lo que queda a su alcance. Hombres, mujeres, niños. Bienes y hacienda.Una escena dantesca que, ya el lector percibe, se trata del asesinato sumarísimo de Muammar Gadafi. Sin embargo, cabe decir que al margen de la notoriedad de la víctima, se trata sólo de uno más de los miles de crímenes que esas bandas dirigidas por el ente denominado “consejo nacional de transición” vienen realizando desde hace meses contra la población de Libia en su marcha fratricida desde Benghazi a Trípoli.

Ni esas bandas de forajidos sanguinarios, ni los tripulantes de los aviones ingleses y franceses que siembran el horror a nombre de la OTAN, tan forajidos y sanguinarios como sus aliados en tierra, son considerados terroristas por los poderes políticos y mediáticos que dicen encabezar una cruzada mundial contra el terrorismo. No. Ellos realizan una “labor humanitaria para la protección de la población” amparados en una resolución del anacrónico Consejo de Seguridad de la ONU que de todos modos no autoriza a cometer tales hechos ni a derrocar un gobierno, pero que abre la jaula de las bestias, con toda seguridad más bestiales que cualquier otra violación a los derechos humanos que hubiera podido cometerse (o no) por parte de quienes hoy son inmolados.

Algo parecen haber experimentado ciertos gobiernos que, teniendo poder de veto en ese Consejo de Seguridad, ya se atrevieron a negar similares intentos de resolución, ahora contra Siria.El hecho ocurrido en las cercanías de Sirte no solo pinta la moral degradadatoria de la condición humana de sus autores materiales e intelectuales, sino las caracterísiticas de los sectores dominantes del capitalismo actual que, en una etapa de crisis de senilidad, buscan desesperadamente, y contra toda ética, salvar las arcas de los bancos que aun no quebraron y asegurar el combustible para su desenvolvimiento depredador.

Obama, Cameron, Sarkozy y Merkel no sólo conspiran para atender las bancarrotas de Grecia y otros países de la zona euro y para destinar dinero de los contribuyentes como salvataje a los bancos. También ordenan y conducen a los verdugos del pueblo libio, y condujeron puntualmente a los chacales terroristas que asesinaron a Gadafi.Han logrado su propósito. Los yacimientos de Cirenaica, Tripolitania y Fressan ya están en su poder y hoy se asiste a la subasta. También los abundantes recursos financieros del Estado libio (presentados mediáticamente de forma burda como de simple propiedad de Gadafi) que ahora atenúan el rojo en las cuentas de varios bancos trans.

Pero además, los sucesos libios constituyen una amenaza directa para los luchadores por la democracia en Egipto y Tunez y, por añadidura, para todos los del mundo árabe y musulmán, para todo el continente africano y en verdad para todos los pueblos del mundo. Corresponde de paso señalar que los señores Mubarak y Ben Alí, dictadores ellos, se encuentran vivos, sin haber sufrido hechos de sangre sobre sus personas ni nada que se parezca a ello.

Un llamado de atención: en su constante búsqueda por perfeccionar sus mecanismos de dominación, y ante la dificultad en Irak y Afganistán para establecerse en el territorio, utilizaron en Libia una nueva/vieja estrategia: la promoción de un alzamiento civil y militar local que agrupe una base social y territorial y recién después, en su respaldo, los bombardeos aéreos.Con estos y otros acontecimientos a la vista podemos definir una certeza: la crisis capitalista en esta fase viene acompañada de uno de los polos dialécticos de la contradicción anticipatoria de Rosa Luxemburgo: la barbarie.

Sabrán los pueblos del mundo, incluído el libio más temprano que tarde, orientar los pasos de sus movimientos reales hacia el camino de la paz, de los derechos humanos, de la justicia social, de las soberanías nacionales, de la democracia participativa, del respeto por las culturas y las diversidades, de la unión solidaria de los pueblos, conjunto de valores que dan ribetes imprescindibles al socialismo.¿Hay acaso otra vía, global o local, para terminar con el dominio rapaz y genocida de unos pocos magnates y políticos del estabilhment sobre la vida y los bienes de toda la Humanidad?

Los estudiantes de Chile y otros países que quieren una educación igualitaria, los indignados en los centros capitalistas más desarrolados, los protagonistas de las acciones democráticas de Túnez, Egipto y Yemen, los gobiernos y pueblos que no siguen el Consenso de Washington, los procesos de integración soberanos como el de América al Sur, los movimientos de defensa del ambiente, de la diversidad sexual, de género, las revoluciones triunfantes como nuestras Cuba y Vietnam y las que se incuban en la crisis capitalista son señales claras y visibles que indican por donde transitar.

El fin de una etapa en la vida del pueblo libio ha llegado de un modo atroz. Ese pueblo hará el recuento y juzgará ese período transcurrido. Pero podemos decir que Gadafi murió con dignidad, una virtud con la que no viven sus asesinos materiales e intelectuales.