(SENA-Fobomade y Comisión de Comunicación de la Marcha).- La población paceña recibió este miércoles a casi dos mil indígenas de tierras altas y bajas como “héroes de la naturaleza”. Cientos de miles de ciudadanos de todas las clases sociales se sumaron a la movilización indígena que concluyó en una multitudinaria concentración en la histórica Plaza Mayor de San Francisco. La marcha llegó a su destino, pero la lucha en defensa del TIPNIS apenas empieza.

Más de 600 kilómetros caminaron los indígenas de tierras altas y bajas en más de dos meses para manifestar su rechazo rotundo a la construcción de una carretera a través del corazón mismo del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). Llegaron marchando a La Paz para exigir al gobierno de Evo Morales que respete la Constitución Política del Estado y suspenda trabajos en áreas protegidas o en sus Tierras Comunitarias de Origen (TCO).

Los marchistas arribaron el martes a Urujara, a la entrada de la ciudad de La Paz, donde fueron recibidos por cientos de ciudadanos. A los minutos llegó el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales César Navarro con una carta de invitación al “diálogo” firmada por el ministro de la Presidencia Carlos Romero.

El funcionario tuvo que retirarse a los pocos minutos, luego de recibir de la multitud una catarata de calificaciones, como “asesino”, “represor”, “maricón”, “hijo de puta”, “llunku”, “mentiroso”. La más elegante fue “Viceministro de Represión a los Movimientos Sociales”, por su vinculación con los cocaleros que en Yucumo bloquearon a la marcha hasta que llegaron los policías para apoyarlos (a los cocaleros).

“Con ellos no tenemos que dialogar nada, solamente con el Presidente podemos hablar, porque en varias invitaciones que nos han hecho a dialogar no nos han dado solución. Ellos no tienen poder de decisión para atender a las demandas de la marcha. Tuvo que retirarse Navarro de la marcha, porque nosotros no vamos a conversar con ellos, los ministros no tienen la voluntad de solucionar”, dijo el líder quechua Alberto Baraona del Conamaq.

En la mañana fueron a Urujara las ministras de Justicia Nilda Copa; de Desarrollo Rural Nemesia Achacollo; y de Transparencia Nardi Suxo, con ropa y alimentos para las y los marchistas, que todavía no habían llegado. Estaban algunas mujeres y hombres de la Comisión de Avanzada, encargados de preparar el lugar para la llegada de los indígenas.

Las ministras fueron abucheadas y obligadas a irse. La vicepresidenta de la Confederación de Mujeres Indígenas de Bolivia (CMIB) Judith Rivero dijo a Erbol que las echaron porque “ya no es hora de que vengan a hacerse las solidarias. Les dijimos que nos esperen allá en La Paz, porque ellas no hicieron nada como mujeres, ni como madres, cuando los policías nos reprimieron el 25 de septiembre. Aquel día ellas debieron intervenir por nosotras, que fuimos golpeadas en el monte”.

Según Suxo, fueron expulsadas porque las y los indígenas ahora son manipulados por funcionarios de la Alcaldía de La Paz, quienes cumplen tareas humanitarias. Aparentemente, la ministra ya se olvidó de que hace menos de un mes la VIIII Marcha Indígena, integrada por niñas, niños, mujeres, hombres, ancianas, ancianos, fue reprimida sin miramientos por el Gobierno al que ella pertenece. “Cuando nos disponíamos a entregar las vituallas al grupo de avanzada de la marcha, los funcionarios municipales instigaron para que no podamos proveer la ayuda humanitaria a los niños, mujeres y adultos mayores”, declaró Suxo a la agencia oficial ABI.

Con este discurso, el gobierno de Morales demostró una vez más que tiene una mirada paternalista y despectiva hacia los indígenas. Según las creencias de los habitantes del Palacio Quemado, las y los indígenas no pueden pensar por sí solos; siempre necesitan a alguien con formación de la civilización occidental, algún “doctorcito”, que brinde coherencia a los planteamientos de los originarios.

La ministra Copa había realizado una denuncia por un inexistente “secuestro” del canciller David Choquehuanca, quien fue obligado a marchar por los indígenas durante una hora y media en Yucumo, el 24 de septiembre. Este proceso avanza con la declaración de testigos y un show acorde, con el cual el Gobierno nacional quiere desprestigiar a la marcha. Por otro lado, la causa judicial por la represión policial a los indígenas sigue inmóvil.

Multitudinario recibimiento

El miércoles los marchistas recorrieron los últimos 12 kilómetros de su prolongado periplo iniciado el 15 de agosto en la ciudad de Trinidad. Cientos de miles de niños, mujeres, trabajadores, vendedoras, amas de casa, organizaciones sindicales, representantes de la ciudad de El Alto y ciudadanos de clase media los recibieron con cariño y se sumaron a la movilización.

Fue un recibimiento apoteósico y conmovedor, al punto que muchas mujeres y varones lloraron al ver de cerca las caras sufridas de los niños que caminaron junto a sus mamás durante aproximadamente 65 días, soportando la hostilidad de los denominados “interculturales” del MAS, quienes intentaron impedir su arribo a la ciudad sede de gobierno.

Los marchistas descendieron desde la localidad de Urujara a paso lento debido a la marea humana que se había formado en torno suyo. Los escolares y estudiantes que se plegaron a la movilización ayudaron a cargar a los niños y los pesados equipajes de los manifestantes, como muestra de solidaridad con los “héroes de la naturaleza”. Todos se confundieron en una especie de torrente humano hasta ingresar a Villa Fátima, donde la marcha tuvo que realizar varias paradas para recibir el apoyo de la población que se volcó, como ellos gritaron, sin que medie ninguna presión.

Cerca al mediodía comenzaron a salir a las calles los empleados públicos y oficinistas, quienes hicieron un alto en su habitual recorrido para saludar a la imponente movilización, mientras otra gente se agolpaba en las ventanas de los edificios blandiendo la tricolor boliviana. ¡TIPNIS sí, coca no!, fueron algunas de las consignas que se escucharon. Algunos compararon la actual gestión de gobierno con la de Gonzalo Sánchez de Lozada, quien precisamente hace ocho años atrás (17 de octubre de 2003) tuvo que renunciar al cargo presionando por una insurrección popular que rechazaba la venta de gas a Estados Unidos por Chile.

A cada paso se sumaba una nueva delegación a la marcha, situación que hizo imposible calcular cuánta gente participó . Algunos reportes periodísticos señalaban que mientras la cabeza de la marcha llegaba al monumento de Germán Bush, la cola se encontraba en la Plaza del Maestro, es decir kilómetro y medio arriba. Fue tal la cantidad de alimentos, agua, mates de coca y masitas distribuidas, que cuando ingresaron al centro paceño los indígenas rechazaban los alimentos que les ofrecían los vecinos.

La Policía Nacional había dicho que escoltaría a la marcha. A ningún indígena le pareció una buena idea, porque no se olvidan de la represión policial del 25 de septiembre, aunque el Gobierno nacional quiera borrar ese día de la historia. “Nosotros no hemos pedido policías, porque ya nos han masacrado. Nosotros no vamos a permitir que nos resguarden, porque ellos deben hacer su trabajo. Nosotros nada que ver con ellos. Nosotros sabemos cuidarnos entre nosotros ¿Con qué cara podrían venir los policías a hacer seguridad a la marcha? No vamos a permitir que estén junto con nosotros”, agregó el tata Baraona.

Los indígenas movilizados manifestaron su deseo de llegar marchando hasta Plaza Murillo, el centro del poder político, para llamar la atención del Presidente Morales. La noche del martes, el ministro de Gobierno Wilfredo Chávez explicó que “la seguridad del Palacio de Gobierno, de la Plaza Murillo, del kilómetro cero, está a cargo de la Policía boliviana. Entonces tenemos que ser cuidadosos con ello, yo estimo que debe valorarse previamente la situación para tomar una determinación”.

“Haremos los contactos necesarios para que sea en un clima de absoluta tranquilidad y vamos a preservar seguro el orden de la marcha. Lo que tenemos que garantizar es que la marcha no tenga ningún tipo de altercados, no la perjudiquen, no haya ningún incidente de algún desadaptado”, dijo Chávez.

Lo cierto es que en más de dos meses de marcha, los únicos “desadaptados” fueron los 500 policías enviados por el Gobierno para reprimir a las y los marchistas en Yucumo. Fueron enviados por un desadaptado mayor, cuyo nombre aún no fue dado a conocer por los funcionarios del autoproclamado “Gobierno del cambio”. En la mañana del miércoles, el gobierno de Evo Morales ordenó cercar la plaza Murillo, y emplazar el vehículo antidisturbios Neptuno, como si se preparara para una guerra.

Pero cuando la multitudinaria marcha tomó la ciudad al mediodía, el gobierno no tuvo otra opción que retirar el carro antidisturbios y a los policías que custodiaban la plaza Murillo, y permitir el ingreso a los marchistas y a sus miles de acompañantes. A su paso, cualquier ventana que se abría en Palacio de Gobierno servía de excusa para que la gente agolpada en el kilómetro 0 silbe y grite consignas en contra el presidente Morales.

Después de casi siete horas de caminata, la marcha culminó en la Plaza Mayor de la ciudad de La Paz, donde indígenas, jóvenes, niños, estudiantes, trabajadores y otros sectores se confundieron en un solo grito de unidad: ¡TIPNIS sí, carretera no!

Los integrantes de la VIII Marcha afirmaron que no se desmovilizarán hasta que el Gobierno atienda sus 16 demandas, y por la noche un grupo de avanza instaló una vigilia en plena plaza Murillo. “Vamos a mantener la vigilia, vamos a mantenernos durante los días que sean necesarios. No se nos pasa por la mente volver a nuestros territorios con las manos vacías, el resultado de nuestro movimiento a nivel nacional tiene que garantizar que nos llevemos en nuestras mochilas una ley que garantice que ningún proyecto atravesará el Isiboro Sécure”, advirtió el diputado indígena Pedro Nuni.

“Hartísimos somos y sentimos el apoyo de toda la población; el gobierno tendrá que atendernos y si no lo hace vamos a tener que tomar acciones hasta tener resultados”, dijo Jenny Suárez, presidenta de la Comisión de Marcha. Su compañero de lucha Agapito Loayza Fernández, del Conamaq, sentenció: “Ahora veremos quién es quién”.

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