Con las tecnologías actuales, la mortalidad por cáncer de mama debería disminuir, así como el número de mujeres con mastectomía radical. Para que así sea, no solo hacen falta recursos y atención médica, sino la preocupación individual de cada una de nosotras. Este asunto empieza precisamente por ahí.

Una de cada 10 mujeres, en algún momento de su vida, sufre esta enfermedad, que también constituye en el mundo una de las primeras causas de muerte en la población femenina de 35 a 65 años. Tales indicadores bastarían para que todas nosotras tomemos conciencia de la importancia del autoexamen, una vez al mes, preferiblemente después de la menstruación buscando algún nódulo o cambio en el pezón o el seno.

No obstante las promociones al respecto, cuando se les pregunta a las mujeres mastectomizadas acerca de la revisión periódica de los senos, confiesan que no lo hacían de manera regular. Muchas veces por casualidad se detectaron (o la pareja descubrió) un abultamiento, el cual comenzaron a vigilar al palparlo sistemáticamente, a ver si crecía. La visita al médico no era la primera idea ni la primera acción que emprendían.

El profesor Alexis Cantero Ronquillo, presidente de la Sección de Mama de la Sociedad Cubana de Cirugía y jefe del Grupo de Mastología, señala en sus conferencias, habitualmente, el gran talón de Aquiles que es el cáncer mamario para la mujer. Un importante número de ellas llega a consulta con esta enfermedad en estadío medio o avanzado lo que implica, por lo general, la pérdida total del seno, asociada a tratamientos mucho más agresivos y dolorosos.

Pero quien está atenta al cuerpo, y revisa sistemáticamente sus senos, solo pierde unos minutos al mes, en tanto gana en prevención y en una atención a tiempo.

Estar atenta, cuidarse y revisarse, es la máxima prevención. Si bien esta enfermedad se asocia a factores como la genética (es más propensa a heredarlo una hija cuya madre lo haya padecido), esto no es algo decisivo.

El cáncer en general, y este en particular, tiene mucho que ver con el medio ambiente, la dieta que se consume y el estilo de vida. Algunas enfermedades benignas de la mama, como la hiperplasia epitelial atípica, requieren mucha vigilancia.

Existen otros factores de riesgo que aunque controvertidos deben tenerse en cuenta, como la obesidad, el consumo de alcohol, la terapia hormonal sustitutiva (estrógenos) por muchos años, no lactar y el primer embarazo después de los 30 años.

Aunque insisten los mastólogos que la preocupación por el autoexamen y la mamografía resultan acciones de primera línea. Y también alejarse del estrés, hacer ejercicios de relajación y gimnasia, caminatas, aerobios o cualquier deporte al aire libre. Estudios recientes confirman que las células cancerosas no prosperan en un ambiente oxigenado.

Hacer ejercicios diariamente y respirar profundo se ayuda a llevar oxigeno al nivel de las células. Esta novedosa terapia es otra manera utilizada para combatir las células de cáncer, y además sirve para aliviar el estrés, otro mal que se asocia a los tumores malignos.

Saber es vital

El cáncer es una enfermedad del cuerpo, pero también de la mente y el espíritu. Una mujer que no se deja abatir y lucha con tenacidad por vencerlo, tiene grandes posibilidades de sobrevivir.

La ira, el rencor y el resentimiento, echar la culpa a los otros, o acobardarse y solo pensar en la muerte, ponen el cuerpo en un ambiente de tensión y poco apropiado para resistir ya que tiende a disminuir la respuesta inmunológica, es decir, las llamadas “defensas” del organismo. Es importante, ante el diagnóstico, aprender a relajarse y a pensar que se saldrá vencedora de todas las pruebas.

Evitar el tabaquismo y las bebidas alcohólicas son medidas elementales que cualquier mujer debe asumir. Un cuerpo cargado de toxinas resulta propicio para el desarrollo de las células cancerígenas.

Según investigaciones del hospital norteamericano John Hopkins, cada persona posee células cancerigenas en el cuerpo que no aparecen comúnmente en las pruebas habituales hasta que se multiplican en algunos billones.

Las células cancerigenas aparecen de seis a más de 10 veces en la vida de una persona. Cuando el sistema inmunológico es fuerte, este las destruye y previene su multiplicación y la formación de tumores.

Tal explicación viene bien para entender por qué el tipo de vida que se lleva y lo que maltratamos a veces nuestro cuerpo son elementos básicos para la aparición o no de este mal.

Las mujeres que dicen “sí” a las siguientes preguntas, deben vigilarse de forma regular, porque pueden tener un mayor riesgo:

–¿Eres una mujer mayor de 40 años?

–¿Tienes antecedentes familiares de cáncer de mama por línea materna?

–¿No te has embarazado nunca?

–¿Tuviste la primera menstruación antes de los 12 años y la última después de los 55?

–¿Has utilizado la Terapia Hormonal de Reemplazo por varios años?

–¿Te embarazaste después de los 30 años?

–¿Tienes sobrepeso?

–¿Tu dieta es alta en grasas?

–¿Es tu vida muy sedentaria?

La probabilidad que una mujer desarrolle cáncer de mama está generalmente asociada a alguno de estos factores y aún cuando no sean determinantes, ayudan de forma significativa a una mayor frecuencia de esta enfermedad. Sin embargo, toda mujer debe cuidarse pues es posible contraerla sin que medie ninguno de los factores señalados.

Recordemos que detectado en etapa temprana y tratado de manera adecuada, a los cinco años puede sobrevivir más del 95 por ciento de las operadas y disfrutar de una vida con calidad.

Valgan estas reflexiones con motivo del Día Mundial del Cáncer de Mama, que cada 19 de octubre ofrece la posibilidad de recordar la importancia de la detección precoz.

* Periodista cubana, master en Salud Sexual y Reproductiva, y colaboradora de Prensa Latina.