Eso ya lo sabíamos. En cada segundo de nuestra existencia estamos siendo atravesados por miles de millones de neutrinos que se original en el Sol. Son como balas traspasando la niebla: no nos hacen daño, porque raramente ionizan las moléculas de nuestro cuerpo -peligro que sí corremos si nos exponemos excesivamente a los rayos X, por ejemplo.

Es que los neutrinos son partículas subatómicas extremadamente escurridizas: se piensa que su masa es miles de veces menor que la del electrón, y, para colmo, no poseen carga eléctrica. Por su pequeñísima capacidad para interactuar con la materia, los neutrinos son extremadamente difíciles de detectar: para ello se requieren costosos equipos (algunos defensores de la supuesta energía piramidal dicen que ésta tiene que ver con los neutrinos… (¡posiblemente a sabiendas de que haría falta un experimento multimillonario para comprobarlo!).

Uno de los lugares mejor equipados para detectar neutrinos es el sistema “OPERA”, del Laboratorio “Gran Sasso” en Italia (LNGS), que recibe los neutrinos producidos por el acelerador CNGS del CERN europeo, situado en Suiza. Una de las posibilidades que tiene este sistema multinacional (completamente soterrado) es justamente medir con enorme precisión el tiempo que demoran los neutrinos en recorrer los 730 kilómetros que median entre fuente y detector. Teniendo la distancia y el tiempo, resulta un asunto sencillo calcular la velocidad.

Y aquí viene lo inesperado. Después de analizar datos medidos sistemáticamente durante los años 2009, 2010 y 2011, el grupo de cerca de 150 científicos provenientes de unas 50 instituciones de Europa y Asia, ha llegado a una conclusión perturbadora que justo anunciaron el jueves 22 de septiembre de 2011: si hubieran puesto a competir a los neutrinos con un rayo de luz, los primeros hubieran llegado a la meta en el “Gran Sasso” italiano… ¡60 mil-millonésimas de segundo antes que la luz! Y créanme que, en una carrera donde las velocidades andan por los trescientos mil kilómetros por segundo, ésta es realmente una derrota humillante para la supuesta reina absoluta de velocidad.

Una de las hipótesis centrales en las que se basa la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein, es que la mayor velocidad posible en el Universo es justamente la de la luz en el vacío. Es ciertamente una teoría que se ha visto corroborada, a lo largo de muchos años, por los más exigentes experimentos.

Y ahora, ¿qué?. Resulta que no sólo millones de neutrinos violan nuestro “espacio interior” sin que podamos hacer nada al respecto, sino que posiblemente lo hacen a una velocidad que parece ridiculizar una de las más elevadas hazañas del intelecto humano.

De ser cierto el hallazgo, la avalancha hará zarandearse también a la llamada “Teoría Estándard”, primer eslabón para llegar a la llamada “Teoría de Todo”: algo así como la explicación última del Universo…al menos para los físicos….

Pero la ciencia es implacable: ya se dice que, para que sea realmente confiable, el resultado del CERN debe ser reproducido en condiciones diferentes…por ejemplo, realizando experimentos similares en el FERMILAB (Estados Unidos).

A decir verdad, tampoco es que me sorprenda mucho el asunto, aún si se comprobara como hecho establecido: un simple vistazo a la historia de la ciencia -específicamente a la historia de la Física- indica que estas aparentes contradicciones son el corazón del desarrollo de las ideas.

¿Alguien puede decir que la Mecánica Clásica sea “errónea” porque Einstein más tarde descubriera que el espacio y el tiempo no son absolutos, como decía el viejo Newton?. ¡No! Es más: seguimos usando la Mecánica Clásica día a día, en cualquier situación donde los objetos no se muevan extraordinariamente rápido.

¿Alguien dirá que la Teoría de la Relatividad es un fracaso porque (quizás) se viola una de sus hipótesis fundamentales bajo ciertas condiciones?. No lo creo: seguirá siendo una maravillosa aproximación de la realidad, útil para comprender una miríada de situaciones prácticas. ¿Llegaremos, a pesar de todos los traspiés, a una verdadera Teoría de Todo, o siempre una nueva dimensión de la realidad sacudirá nuestro aburrimiento?. Miro al azul inmenso desde mi ventana, y sonrío -mientras un torrente de neutrinos impávidos atraviesa mi pecho.

* Profesor Facultad de Física de la Universidad de La Habana y colaborador de Prensa Latina.