Si en septiembre del 2008, en medio de los salvajes intentos de la derecha boliviana por retroceder el reloj de la historia, alguien hubiese sugerido que dos años después los intereses económicos y políticos conservadores enarbolarían las banderas del Proceso de Cambio, sin duda hubiesen hecho estallar de risa a todos. Pero exactamente eso es lo que está sucediendo.

¿Una ultraderecha separatista planteando un discurso de respeto al derecho de los pueblos indígenas, rabiosamente medioambientalista y en contra de la depredación de los recursos naturales? ¿Una ultraderecha levantando sobre las cabezas de todos la Nueva Constitución Política del Estado, pidiendo su respeto y erigiéndose como su más férreo defensor? Nada más faltaría ver a un “Marinkovic” acusando a Evo Morales de traidor al Proceso de Cambio y siendo apoyado por diferentes sectores de trabajadores, proletarios y excluidos, ó a unos comités cívicos de la media luna marchando por la dignidad de aquellos a los que correteaba a patadas y cinturonazos en las calles.

Pues hemos llegado, ni más ni menos, a un escenario desquiciado en la que la realidad ha sido trastocada hasta ese extremo. Y para rematar, con el apoyo militante (e ingenuo) de connotadas personalidades vinculadas desde sus orígenes al Proceso de Cambio y al mismo Gobierno del Presidente Evo Morales.

La marcha indígena contra la construcción de la carretera que debe pasar por el TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure) es el catalizador tanto de la nueva estrategia de la derecha como también manifestación de su increíble capacidad de camuflaje.

La invasión ideológica de la seducción

Luego de los desastrosos resultados obtenidos con una estrategia que enfrentaba a sus sectores más duros contra el Estado Boliviano y contra el masivo bloque popular que lo respalda, decidió cambiar de estrategia. El nuevo camino que adoptó es la invasión ideológica, en medio de su voluntad férrea de doblegar el Proceso de Cambio aún a costa de realizar concesiones momentáneas y calculadas, como la de asumir como suyos los discursos Constituyente, medioambientalista e incluso el indigenista.

También está dispuesta a seducir (aparentando ser la seducida) a sectores de la izquierda que hasta hace poco militaban en el Proceso. Entre estos están los “superrevolucionarios” que creen que tumbando al Gobierno del Presidente Evo Morales se generarán condiciones más propicias para realizar cambios aún más radicales y rápidos que la nacionalización de los hidrocarburos, los bonos Dignidad, Juancito Pinto y Juana Azurduy o la transformación del Órgano Judicial mediante el voto directo. Y ellos creen, con tanta ingenuidad, que la derecha les permitirá no sólo tomar el poder sino también utilizarlo para avanzar de manera más acelerada hacia el socialismo!!! ¿Qué se puede decir de ese cálculo erradísimo? Nada.

Los otros “seducidos” son aquellos grupos y militantes de izquierda que creen que sus bases electorales y de adeptos en el occidente urbano del país, así como su vinculación momentánea al Proceso de Cambio y al Gobierno, son cartas políticas suficientes tanto para desbancar al MAS como para mantenerse impermeables a la influencia de esa derecha hábil, sumamente rica y acostumbrada al manejo del poder y a la manipulación mediática. Otro cálculo pésimo, esta vez basado en la angurria de poder.

El despliegue de la estrategia

Esta es sumamente simple y corre en tres niveles simultáneos. Primero, en la focalización de los errores y debilidades de la actual administración, con el objetivo de inflarlas y mediatizarlas al máximo. Segundo, en la transferencia lenta del capital discursivo del Gobierno a los ocasionales aliados de la derecha, y tercero, en el debilitamiento sistemático de la imagen del principal factor cohesionador del Proceso: el Presidente Evo Morales.

Desde Diciembre del 2010, luego del fallido intento de nivelación de precios de los carburantes, la derecha se concentró constantemente en presentar cada falla de gestión y error político del Gobierno como una traición al Proceso de Cambio, a sus principios básicos y como un deliberado alejamiento de los sectores sociales que lo generaron y lo sostienen. Este despliegue, esencialmente mediático, se vio facilitado por la inexperiencia de los nuevos funcionarios públicos, la estructura estatal aún insuficiente y en proceso de transformación, y por evidentes desaciertos de gestión pública y política.

La transferencia del capital discursivo del Proceso a otros actores es también evidente, en la medida que emergen fragmentos de organizaciones, movimientos, regiones o sectores, que son ahora “aprobados” por medios de comunicación, sectores conservadores y otros interesados en que estas puedan apropiarse, vía descalificación del Gobierno, de sus principales banderas. Y es que cuando uno ve a un dirigente indígena, lo primero que hace es pensar que defiende los intereses indígenas plasmados en la Constitución o cuando ve un representante de los trabajadores, piensa que éste necesariamente defiende la causa del proletariado. Pero en realidad hay también indígenas que responden a visiones neocolonizadas del país y trabajadores cuya aspiración es la de ser burguesía.

Finalmente, están los ataques contra el Presidente Evo Morales. Ya pasaron los tiempos en los que nadie se atrevía a poner en duda su liderazgo. Antes, los ataques se centraban en una sarta de prejuicios y miedos sociales, especialmente de la clase media. El comunismo ateo al que nos llevaría el proceso Constituyente, el rencor de los indígenas y campesinos contra los blancos y mestizos, el afán regresivo en la economía que buscaba volver al ayllu, la educación controlada con mano de hierro por el Estado, y un largo rosario de etcéteras avivaban el temor de sectores principalmente urbanos.

Hoy el centro de los ataques es el mismísimo Presidente del Estado, dado que la derecha encontró en los desaciertos del Gobierno una puerta de ingreso al escenario político y apunta a “sacar al indio” de la residencia de San Jorge. Y no se va por las ramas. Se lo critica por autoritario, soberbio, mal gestor público y hasta de traidor a sus bases y principios, sin la menor consideración del papel fundamental que juega tanto su persona como su visión en la continuidad del Proceso de Cambio.

Ay!!!… los medios

Cientos de bolivianos y decenas de instituciones marcharon, se pronunciaron, se indignaron hasta lo indecible y se rasgaron las vestiduras ante la noticia de bebés y ancianos muertos, de decenas de desaparecidos y de una masacre en Yucumo. Hasta la fecha, no existe confirmación de ningún fallecimiento y definitivamente, no aparecerán los muertos que la derecha tanto añora y espera. Pero como no los pudo “fabricar”, los tuvo que inventar en el único espacio que le llega masivamente a la clase media: las pantallas y portadas de los medios de comunicación.

No se puede ignorar que se cometieron excesos y abusos en la intervención de la marcha. Órdenes difusas y mal ejecutadas probablemente ocasionaron estos lamentables hechos. La investigación que ya se inició deberá determinar los niveles de responsabilidad y viabilizará el castigo correspondiente, pero lo que si queda totalmente claro es que algunos medios de comunicación, de manera absolutamente irresponsable y malintencionada, publicaron mentiras y azuzaron a la población para que reaccione en base a informaciones infundadas.

No es la primera vez que esto sucede, pero resulta indignante que de manera evidente, ellos decidan montarse en un ejercicio político que tiene como únicos beneficiarios a la nueva derecha que se arma en el país y a los intereses agroindustriales del oriente, que no se resigna a la idea de perder la única llave de acceso geográfico a los departamentos de Santa Cruz y Beni.

Pero definitivamente el pueblo no es ciego, y a pesar de años de permanentes mentiras montadas desde los medios de comunicación, muchas veces más por ingenuidad que por mala intención, éste termina por darse cuenta de hasta donde están dispuestos a llevar el enfrentamiento los intereses económicos de la derecha y quiénes son en realidad los que defienden los intereses de los excluidos.

La nueva estrategia de la derecha, de la desinformación y de la invasión ideológica, en algún momento se topará con la lucidez social que fue la que dio origen y aún sostiene al Proceso de Cambio.

Es necesario que el Gobierno analice varias de sus posiciones y decisiones, que refuerce su vinculación con la sociedad y los movimientos sociales y que acelere su gestión, pero estos ajustes necesarios no pasan por ceder ante los evidentes intereses y estrategias de la derecha por frustrar el proceso. Que el Tipnis no se vuelva el escenario de fondo de un intento por restaurar a los que ya fueron echados en octubre del 2003, basándose ahora en nuevas mentiras, y que más bien le brinde al Proceso un escenario adecuado para realizar los ajustes

* Periódico editado por la Vicepresidencia del Estado Plurinacional, Nº 7, Año 1, Septiembre de 2011. www.vicepresidencia.gob.bo