La Habana, (PL).- Las brumas de la madrugada apenas despejaban el Camino de Santiago cuando una luz inesperada, del otro lado del amanecer, indicó al vigía el primer anuncio de tierra. Recién comenzaba el viernes, 12 de octubre de 1492, eran cerca de las dos de la mañana y la luna, tímida, se hundía allá lejos, en el fin del mar, cuando un grito estremeció la noche.

Los marinos dormitaban sobre las velas recogidas y, borrachos como estaban de tanto vino a falta de agua dulce, apenas comprendían aquellos aullidos de Rodrigo de Triana, trepado, exultante, en el palo mayor de la Pinta.

El Caribe se mostraba, por primera vez, ante aquel trío de naves como una franja de luz, un destello que cubría una porción de la noche en el horizonte de “la Mar Tenebrosa”.

Entonces todo fue fiesta y esperanza recobrada sobre cubierta. Cristóbal Colón al fin podía respirar aliviado, sosteniendo todavía el astrolabio y un mapa de la Casa Vespucci, que marcaba una ruta incierta.

Al amanecer clavarían la cruz y los estandartes en las arenas costeras de la ínsula avistada en la madrugada y la bautizarían San Salvador, en cristiano y civilizado nombre.

Ante los recién llegados se abrían las puertas a un mundo de leyendas, al libro de mitos de lo real maravilloso, con sus historias de ciudades de oro y fuentes de la eterna juventud, reinos de esmeraldas y mares de sirenas.

Hemos de decir que fue el acontecimiento más importante de la historia, porque existe en la historia universal un hombre anterior, y un hombre posterior al descubrimiento de América, aseguró una vez el escritor cubano Alejo Carpentier.

Sin embargo, con las carabelas llegaron también las grandes pestes a este lado del mundo, el racismo, la explotación y una forma típica de comercio desigual entre los continentes: de un lado, mano de obra, oro y sexo exótico y, del otro, espada, viruela, sífilis, regio catolicismo, plantación y hogueras.

Fecha de contradicciones

El 12 de octubre es probablemente una de las fechas más controversiales de la historia, porque lo que para unos fue celebración y encuentro, para otros devino tragedia y encontronazo.

Aunque fue una proeza innegable, tal vez la mayor del Renacimiento, dejó también la mentira exquisita del “descubrimiento”, que dio paso a una de las peores masacres y mejores ejemplos de usurpación, intransigente crueldad y exclusión.

Por eso, pese a su significación histórica incuestionable, la hazaña de Colón devino por siglos objeto de manipulación y olvido de los vencidos, asegura la historiadora húngara Irén Suskó, en entrevista con Prensa Latina.

“Descubrimiento de qué estamos hablando, si vivían aquí millones de personas, o peor aún, encuentro de qué culturas cuando implicó la destrucción de una, la aborigen, en favor de la otra, la de los colonizadores”, sostuvo la profesora de la Universidad de La Habana.

Por su parte, la historiadora cubana Yamila Hernández considera que la magnitud de esta fecha, 519 años después, es todavía un misterio, porque implicó un cambio en la propia concepción de la humanidad.

Desde entonces no solo se corroboró que la Tierra era redonda, sino que también el mundo empezó a ser globalizado, señaló a Prensa Latina.

Mientras, para el sociólogo Walter Fraunde, de la Universidad de las Indias Orientales, la llegada de los españoles al otro costado del mundo significó además el freno de “lo americano posible”.

Desde entonces nos quedamos con la duda de qué hubiéramos hecho con las civilizaciones que aquí vivían, adónde habrían llegado.

Se embargó la posibilidad de crear un nuevo tipo de sociedad que no fuera el marcado por los designios de la Hispanidad, sostuvo esa fuente en entrevista digital con Prensa Latina.

Día de la resistencia

La magnitud de la fecha, más de cinco siglos después, se muestra también en la falta de consenso para su justa denominación: ¿Día del Descubrimiento, del Encuentro, de las Razas, de Cristóbal Colón, de la Hispanidad? “Los nombres tradicionalmente han intentado ocultar el verdadero significado de la efemérides”, asegura Suskó.

“Día de la Hispanidad, por ejemplo. ¿Qué debemos celebrar entonces?, ¿que con lo español hayamos casi extinguido lo autóctono?, o Día de la Raza, como racistamente también se llamó a la fecha que dio inicio a una matanza de hombres por el color de su piel mucho mayor que la del Holocausto”, afirmó.

Esto es algo que la historiografía a veces solapa, nos perdemos denunciando grandes atrocidades en la historia humana y nos olvidamos que una de las mayores comenzó hace 519 años, criticó.

Para esta investigadora, solo una denominación se acerca un poco a lo que en verdad sucedió aquella mañana del 12 de octubre, la de llamarlo Día de la Resistencia Indígena.

Ese es un plano muchas veces olvidado también por la tradición histórica, el hecho de señalar que con las carabelas igualmente nació el sentido de la resistencia, de la rebeldía contra la opresión en todo el continente, dijo.

El 12 de octubre de 1492 inició así una era de aprendizaje doloroso, de memoria embargada y gloria pospuesta. Cinco siglos y 19 años después, millones de hombres, los que estaban en estas tierras desde antes de las carabelas, todavía padecen las mil y una formas de los actuales colonialismos por creer que la naturaleza es sagrada o que son hermanos de todo lo que tenga patas, alas o raíces.

La llegada de los españoles y lo que vino después son todavía una tajada, abierta y paradójica, en la historia del continente y quizás por eso sus consecuencias últimas, a pesar del tiempo, aún están por definir.

La clave para interpretarlo, tal vez, esté en la imagen de la madrugada de aquel octubre, cuando América se mostró para aquellos marinos, hambreados, escépticos y borrachos, como una franja de luz, una esperanza, en el lado opuesto del amanecer.

Somos, no obstante, resultado imperfecto de esos días, cuando las tres carabelas sembraron también en estas tierras, sin proponérselo, la semilla crispada de la rebeldía, el llamado infalible de la libertad.

* Periodista de la Redacción Centroamérica y Caribe de Prensa Latina.