(Indymedia-Bolivia).- Antes del domingo 25 de septiembre, día de la ya mundialmente famosa represión a la “marcha indígena”, una cadena heterogénea de simpatizantes se había unido a la marcha de los “pueblos indígenas en defensa del TIPNIS”. Entre otros, se encontraban “raleados” del MAS, como Lino Villca o Román Loayza, varios representantes del Movimiento sin Miedo y otros de CONAMAQ. Incluso escuché por radio una entrevista a un vecino de Pampahasi, donde vivo en La Paz, presente en Chaparina, al parecer por solidaridad con los “hermanos indígenas”.

No está claro a estas alturas qué porcentaje de las personas marchistas (que acampan con varias carpas estilo iglú que no avergüenzan a ningún trekker extranjero del camino del Takesi) son realmente “indígenas de las Tierras Bajas”, y dentro de ese porcentaje, cuántas personas son efectivamente del TIPNIS y por tanto, son o serían directamente afectados por la carretera propuesta.

Otro elemento no aclarado es el contenido específico de los 16 (¿o cuántos?) puntos del pliego petitorio de la marcha. Se sabe que al menos uno de ellos refería a quejas respecto a la contaminación petrolera en Aguararagüe, lejos del TIPNIS, sitio en territorio guaraní. En algún momento un vocero de la marcha, cuestionado al respecto de este punto, explicó que dicha contaminación afectaba a fuentes de agua utilizado por los “hermanos indígenas del lugar” y por eso había sido incluido. Seguramente mi ignorancia referente a los otros 15 puntos se debe a mi descuido mediático; pero incluso un(a) espectador(a) distraído en las semanas pasadas no hubiera podido de sustraerse de la telenovela del TIPNIS. ¿Cómo es que entre tantas notas periodísticas no se ha expuesto con claridad las demandas de los 16 puntos? ¿También es parte del “complot mediático”?

La solidaridad entre “indígenas” también explicaría la presencia de simpatizantes de CONAMAQ; aunque no explica la hostilidad de los “interculturales” (ex colonizadores) de Yucumo y de Palos Blancos, cuyo origen regional no es distinto al de los militantes de CONAMAQ. Aunque claro, si se acepta la ortodoxia oficial de que para ser “indígena” lo único necesario es declararse (delante de un empadronador del Censo o cualquier otro interlocutor más o menos público) “miembro de un pueblo indígena originario” entonces las y los ‘interculturales’ no serían indígenas, no importa de dónde proceden ni qué prácticas culturales tengan.

Se sabe que la razón geopolítica (como dice el vicepresidente Álvaro García Linera) para la carretera propuesta es la conexión de Trinidad y el Beni directamente con Cochabamba y el occidente del país sin tener que pasar por Santa Cruz, y de esa manera deshacer el control que Santa Cruz ejerce sobre el departamento beniano. Esto en sí basta para explicar el apoyo de la Gobernación de Santa Cruz y grupos afines con la causa de “defensa del TIPNIS” rechazando la carretera. También explica porque Ernesto Suárez, -Gobernador del Beni y de hecho uno de los opositores más férreos del MAS- es uno de los pocos que no ha salido en defensa de la marcha.

Pero el debate sobre las conexiones del Beni con el resto del país se han evaporado en el calor generado por el ensalzamiento de dos de los poster children más sagrado de la actualidad: el medioambiente y los pueblos indígenas.

Sobre el medio ambiente sólo voy a decir que la caridad empieza en la casa. Practico la agricultura ecológica en los Yungas y rehúso usar bolsas de plástico en las tiendas. Los que sí han marchado en defensa del TIPNIS sabrán analizar sus prácticas cotidianas y evaluar cuánto impacto ecológico tienen. Si son consecuentes en su cotidianeidad o lo compensan con el impacto objetivo (más allá del sentido subjetivo de auto complacimiento) de unas horas gritando consignas en la calle a favor del TIPNIS. También me pregunto si los afiches callejeros pro parque que muestran un jaguar en una celda policial o a punto de ser atropellado (o tal vez ya atropellado) por una vagoneta en una carretera, hubiera sido tan atractivos si hubieran escogido como víctima animal, digamos, a algún batracio de aspecto repelente. Voy a enfocarme en los Pueblos Indígenas.

¿Manipulados o manipuladores?

Ahora voy a enfocarme en los pueblos indígenas. Cada vez que se habla de la represión de la marca ocurrida el 25 de septiembre, se repite que bebés, niños y mujeres, embarazadas entre ellas, habían sido víctimas de la misma. En Yungas se criticó desde un principio la presencia de tantos niños y niñas en la marcha: “Eso no es marcha”, dijeron. “Además vacíos están caminando, sus bultos están trayendo en una camioneta. Eso no es marcha”. Añadieron que siendo una medida de protesta, se da por supuesto que una marcha pueda ser reprimida en cualquier momento, y por ese motivo jamás se trae a menores, tampoco a personas de tercera edad.

En los inicios de la marcha, la Defensoría de la Niñez, entre otros, objetó la presencia de infantes, pero no fueron retirados. La explicación fue: “Así siempre caminan ellos”. Con toda la familia, porque son nómadas y se trasladan en grupo, o al menos salen todos juntos a recolectar en el monte o pescar en el río; o sea, estos pueblos son tan, pero tan encerrados en su inocencia prístina de salvaje noble que no son capaces de distinguir entre una marcha de protesta frente al gobierno nacional y un paseo familiar para recoger frutas silvestres. Es poco importante si esta versión se originó con la comisión de prensa de la propia marcha o de algún otro activista bienintencionado.

El noble salvajismo ha sido tragado, por ejemplo, por una locutora de Radio Deseo, propiedad del colectivo feminista Mujeres Creando quienes también se han subido al carro del TIPNIS, quien expresó el 4 de octubre “A ellos (los hermanos indígenas) les gusta estar colgados del árbol como monos, estar paseando en el monte. Si así quieren vivir ¡nadie tiene derecho de negarles! ¡Todos tienen derecho de vivir a su manera!”

Así que una vez que la carretera cruce el TIPNIS, los pobres inocentes ni siquiera van a seguir pasando por el monte, donde, supongo, las frutas caen desde las ramas directo a sus bocas porque aún habitan en el Jardín de Edén y por tanto no conocen el trabajo con el sudor de la frente. Debe ser cierto pues, por eso sale toda la familia a la marcha porque, a diferencia de los yungueños que sí son pecadores, no necesitan quedarse a trabajar.

Tergiversación mediática y niños muertos

Sabemos que en realidad no hubo tal bebé muerto. Lo que pocos destacan es que, al menos según el periódico Página Siete, el comunicado inicial que indicó que existió el niño fallecido, salió de la comisión de prensa de la misma marcha. Tal vez fue un error en la confusión del momento y no una manipulación intencionada para provocar la simpatía y susto del público, aunque ningún vocero de la marcha ha salido para explicar eso.

Curiosamente, aparte de algún ciudadano que llamó una mañana a la Radio Erbol, nadie ha dicho que fue una irresponsabilidad total de los dirigentes de la marcha dejar que las pobres madres con sus niñitos, más las que estaban embarazadas, quedaran en las proximidades del bloqueo de los colonizadores cuando, después del “jaloneo” con el Canciller, era obvio que iba a haber algún tipo de enfrentamiento, sea con los colonizadores o con la policía o con ambos.

¿Por qué no los retiraron en dirección a San Borja el sábado 24 por la noche? ¿O es que esos bebés y madres eran en realidad escudos humanos no declarados, y se les estaba poniendo en peligro intencionadamente con la idea que así se ganaría más apoyo? Como una estrategia mediática, no cabe duda que ha sido un éxito fantástico. Pero ¿quién lo ideó? ¿era justificado utilizar a población vulnerable para ese fin? Me ha dado asco ver tantas personas llorando por esos niños y madres sin preguntar ¿quién les mantuvo en el lugar cuando se veía venir la represión, una represión nada fuera de lo común en docenas de marchas y bloqueos a lo largo de los años?

Sí me interesa la conservación de la biodiversidad, pero por eso lo que necesitamos son leyes ambientales que sean realmente efectivas, es decir instancias y mecanismos administrativos que los pongan en práctica: no declaraciones efusivas y sentimentales sobre la Madre Tierra, y menos la búsqueda de apoyo a través de la promoción de la lástima y “salvajes nobles imaginarios”. Por eso cuando entren en la ciudad de La Paz, no voy a salir a marchar en defensa del TIPNIS.

* Antropóloga inglesa con más de 20 años de residencia en Bolivia. Fuente: http://bolivia.indymedia.org/content/20111007/porque-no-voy-salir-marchar-en-defensa-del-tipnis