Federico Fuentes escribió un militante alegato en defensa de la carretera que Evo pretende construir por medio del TIPNIS. “Los sofismas y los infundios del MAS parecen hacer carne en los desinformados”, retrucó Rosario Vargas.

1. Las ONG equivocadas respecto a Morales y la Amazonía

Federico Fuentes

(Bolivia Rising – Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens).- Declaraciones, artículos, cartas y peticiones han estado circulando en Internet durante el pasado mes pidiendo un fin a la “destrucción de la Amazonía”. El objetivo de esas iniciativas no han sido las corporaciones transnacionales ni los poderosos gobiernos que las respaldan, sino el gobierno del primer presidente indígena de Bolivia, Evo Morales.

Al centro del debate está la controvertida propuesta del gobierno boliviano de construir una carretera a través del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). El TIPNIS, que cubre más de 1 millón de hectáreas de bosques, obtuvo el estatuto de territorio indígena del gobierno de Evo Morales en 2009. Cerca de 12.000 personas de tres grupos indígenas diferentes viven en 64 comunidades dentro del TIPNIS.

El 15 de agosto, representantes de la Subcentral del TIPNIS que une a esas comunidades, así como a otros grupos indígenas, iniciaron una marcha a la capital, La Paz, para protestar contra el plan de la carretera. Se han iniciado peticiones internacionales declarando su apoyo para esta marcha y condenando al gobierno de Morales por debilitar los derechos indígenas.

La gente del TIPNIS tiene preocupaciones legítimas sobre el impacto de la carretera. Tampoco cabe duda de que el gobierno haya cometido errores en su manejo del tema. Por desgracia, peticiones como la iniciada por el grupo de lobby internacional Avaaz y una carta del 21 de septiembre a Morales, firmada por más de 60 grupos ecologistas, en su mayoría de afuera de Bolivia, distorsionan los hechos y dan una dirección errónea a su ataque. Podrían, sin quererlo, ayudar a los oponentes a la lucha global por la justicia climática.

Avaaz advierte que la carretera permitiría “que empresas extranjeras se repartan la Amazonía: … disparará aún más la fiebre depredadora sobre una de las selvas más importantes del mundo”. Pero no menciona que la destrucción ya tiene lugar en el área, en algunos casos con la complicidad de comunidades indígenas locales.

Por otra parte, el gobierno de Morales ha prometido introducir una nueva ley, en consulta con comunidades dentro del TIPNIS, para agregar nuevas protecciones para el parque nacional. La ley propuesta fijaría penas de cárcel de entre 10 y 20 años por asentamientos ilegales, el cultivo de coca o tala de árboles en el parque nacional.

Avaaz también afirma que “inmensos intereses económicos” motivan el apoyo de Morales a la carretera. Pero Avaaz omite los beneficios que una carretera semejante (pase finalmente o no por el TIPNIS) producirá para Bolivia y sus pueblos. Por ejemplo, esa carretera de 306 kilómetros que vincula los departamentos de Beni y Cochabamba (y solo una parte pasa por el TIPNIS) expandiría el acceso a la atención sanitaria y a otros servicios básicos para comunidades locales aisladas que ahora viajan días enteros para recibir atención médica.

La carretera también permitiría a productores agrícolas locales un mayor acceso a los mercados para vender sus productos. Actualmente, tienen que pasar por Santa Cruz hacia el este antes de poder transportarlos hacia el oeste. En vista del estatus de Beni como el mayor departamento (estado) productor de carne, eso rompería el control que tienen los mataderos basados en Santa Cruz sobre la imposición de precios de la carne.

La carretera también permitiría que el Estado ejerciera su soberanía sobre áreas remotas, incluidas algunas donde tienen lugar talas ilegales. Son hechos como estos los que han convencido a más de 350 organizaciones bolivianas, incluidas muchas de las organizaciones sociales que han dirigido las inspiradoras luchas del país contra el neoliberalismo, a apoyar la carretera propuesta. Numerosas organizaciones y comunidades indígenas (incluso dentro del TIPNIS) apoyan la carretera. Es por lo tanto falso describir lo que ocurre como una disputa entre el gobierno y la gente indígena.

Tampoco es un simple conflicto entre partidarios del desarrollo y defensores del medioambiente. Todas las partes en la disputa quieren mayor desarrollo y una mejora del acceso a los servicios básicos. Lo que está en juego es cómo el segundo país más pobre en América, ante una intensa presión de gobiernos más poderosos y fuerzas corporativas, puede enfrentar las necesidades de su pueblo mientras protege el medio ambiente.

Considerando este hecho, seguramente tiene más sentido que los que deseen defender el proceso de cambio de Bolivia apoyen pasos hacia el diálogo, en lugar de profundizar las divisiones. Se puede ejercer una crítica legítima del manejo por parte del gobierno del proceso de consulta. Pero la petición de Avaaz y la carta de grupos ecologistas simplemente ignoran los repetidos intentos del gobierno de iniciar discusiones con los manifestantes.

La mitad de los miembros del gabinete ministerial de Morales, junto con muchos viceministros y jefes de instituciones estatales, han viajado a la ruta de la marcha para hablar con los manifestantes. Los peticionarios no mencionan el compromiso público del gobierno de Morales de realizar un proceso de consulta dentro del marco de la constitución boliviana, aprobada por el pueblo en 2009. Tampoco mencionan su oferta de que el proceso de consulta sea supervisado por observadores internacionales seleccionados por los propios manifestantes.

El gobierno también se ha mostrado abierto a discutir la factibilidad económica y medioambiental de cualquier ruta alternativa que pueda soslayar el TIPNIS. Hasta ahora no se ha presentado una alternativa semejante. Como resultado de estas iniciativas, una serie de comunidades del TIPNIS que se habían sumado a la marcha, así como representantes de la Asamblea del Pueblo Guaraní, han decidido volver a casa. Mantendrán las discusiones con el gobierno.

Lamentablemente, los oponentes cruciales del proceso de consulta propuesta están entre los dirigentes de la marcha, que incluye a organizaciones basadas fuera del TIPNIS. Esas organizaciones fueron también los principales proponentes de otras 15 demandas presentadas al gobierno el día del inicio de la marcha.

Muchas de esas demandas son legítimas, pero es alarmante que algunas de las demandas más peligrosamente retrógradas hayan sido ignoradas o descartadas por grupos medioambientales internacionales. Por ejemplo, la carta a Morales presenta preocupaciones respecto a la declaración del presidente boliviano de que “la perforación petrolera en el Parque Nacional Aguaragüe ‘no será negociada’”. Esos yacimientos representan un 90% de las exportaciones de gas de Bolivia y constituyen una fuente vital de fondos que el gobierno de Morales ha estado utilizando para encarar la pobreza y desarrollar la economía de Bolivia.

El hecho de que el grueso de los ingresos del gas esté controlado por el Estado boliviano en lugar de porcorporaciones transnacionales es el resultado de años de luchas de las masas bolivianas, que creen legítimamente que este recurso debe ser utilizado para desarrollar su país.

Las preocupaciones de las comunidades locales deben ser, y han sido, tomadas en consideración. Pero el hecho de que Bolivia cerrara esta fuente de ingresos tendría consecuencias dramáticas para el pueblo de una de las naciones más pobres de América. Sería, sin exagerar, un suicidio económico.

Inicialmente, los manifestantes también demandaban la interrupción de la extracción de gas en Aguaragüe. Han dado un paso atrás en esto y ahora se concentran en la cuestión del bloqueo de pozos petrolíferos en desuso debido a la contaminación que podría causar a suministros locales de agua.

De la misma manera, ninguna de las declaraciones en Internet menciona el apoyo de los manifestantes al Programa de Reducción de Emisiones de Carbono causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD, por sus siglas en inglés). REDD es un programa burdamente antiecológico de las Naciones Unidas que apunta a privatizar bosques convirtiéndolos en “bonos de carbono” que permiten que los países ricos desarrollados sigan contaminando.

Algunos de los mayores proponentes de esta medida se encuentran entre las ONG que promueven la marcha. Muchas de ellas han recibido financiamiento directo del gobierno de EE.UU., cuyo embajador en Bolivia fue expulsado en septiembre de 2008 por apoyar un intento de golpe derechista contra el gobierno elegido de Morales.

En lugar de defender la soberanía de Bolivia contra la interferencia de EE.UU., la carta denuncia al gobierno boliviano por sacar a la luz las conexiones entre los manifestantes e “intereses oscuros”. Esos “intereses oscuros” incluyen a la Liga por la Defensa del Medio Ambiente (LIDEMA), que se estableció con fondos del gobierno de EE.UU. Sus patrocinadores incluyen a la agencia de ayuda del gobierno de EE.UU., USAID, y a la Fundación Konrad Adenauer que frecuentemente financia acciones contra gobiernos como Cuba a los que se oponen EE.UU. y gobiernos europeos.

Cables diplomáticos secretos de EE.UU., publicados recientemente por WikiLeaks y archivos desclasificados del gobierno de EE.UU. han mostrado concluyentemente que USAID apunta directamente a comunidades indígenas en un intento de apartarlas del apoyo a Morales y para que apoyen intereses estadounidenses. Detrás de esos intereses muy reales yace una campaña de naciones ricas y grupos ecologistas conservadores de promover políticas que representan una nueva forma de “imperialismo verde”.

Después de siglos saqueando los recursos de otros países, aniquilando poblaciones indígenas y creando una espantosa crisis ecológica, los gobiernos de las naciones ricas utilizan ahora las preocupaciones medioambientales para promover políticas que niegan a naciones subdesarrolladas el derecho a controlar y administrar sus propios recursos. Si se salen con la suya, esos grupos reducirán a los pueblos indígenas a simples “guardabosques”, pagados por países ricos para proteger áreas limitadas, mientras las corporaciones multinacionales destruyen el medioambiente en otros sitios.

La mayoría indígena de Bolivia ha elegido un camino muy diferente. Apunta a crear un nuevo Estado en el cual no los sigan marginando o tratando como grupos minoritarios que requieren protección especial. Aliados a otros sectores oprimidos, quieren dirigir su país en función del beneficio colectivo de la mayoría.

Las masas bolivianas han arrebatado exitosamente el poder gubernamental a las elites tradicionales, han conquistado el control sobre el gas y otros recursos, y han adoptado una nueva constitución. Se han cometido errores, y son probables en el futuro. Pero son los errores de un pueblo de un país pequeño, sin salida al mar y subdesarrollado, que combate contra constantes ataques imperialistas.

Clave para la lucha de los pueblos bolivianos es el frente mundial por la justicia climática, en el cual Bolivia juega un papel vital de liderazgo. Un ejemplo fue la Cumbre de los Pueblos sobre el Cambio Climático, con la participación de 35.000 personas, organizada por el gobierno de Morales en Cochabamba en abril de 2010.

La declaración final identificó a los países desarrollados como “causa principal del cambio climático”. Insistió en que esos países deben “reconocer y asumir su deuda climática”, redirigiendo fondos de la guerra a la ayuda a naciones más pobres a desarrollar sus economías “para producir bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades fundamentales de su población”. Para lograr eso, el movimiento internacional por la justicia climática debe concentrar sus esfuerzos en forzar a las naciones ricas a aceptar sus responsabilidades.

El movimiento global debe rechazar explícitamente la intervención imperialista en todas sus formas, incluidas las políticas de “imperialismo verde” de las ONG financiadas por EE.UU. Solo a través de una campaña semejante podemos apoyar los esfuerzos de países más pobres para planificar un camino de desarrollo que respete el medio ambiente.

Por desgracia, Avaaz y las organizaciones que han firmado la carta contra Morales dejan libres de responsabilidades a los verdaderos culpables. Su campaña debe ser rechazada por todos los ecologistas y antiimperialistas que luchan por un mundo mejor.

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2. Réplica a quienes defienden al gobierno en su intento por destruir el TIPNIS

Rosario Vargas A., jefa de la Biblioteca Tecnología de la UAGRM, Santa Cruz-Bolivia

Desde el exterior ha rebotado este artículo de gente de izquierda que cree en el discurso de Evo Morales. Respondemos puntualmente a las principales afirmaciones.

1. Lo de indígena de Evo Morales es un aspecto anecdótico, lo importante es su condición y tendencia clasista que es pro burguesa y represora. El lenguaje del documento de Federico Fuentes es propagandístico y casi copiado de lo que dice el propio gobierno centrado en la importancia de las ONGs en este conflicto, que habrían adquirido tal poder que serían las que definen verdaderamente en la movilización. Es una demostración de desprecio a lo que hacen los indígenas y un desconocimiento de su acción independiente a las acciones del grupo de lobby internacional Avaaz que ha lanzando una carta pidiendo a Evo que respete el TIPNIS.

2. Es falso que el TIPNIS haya sido reconocido como territorio indígena por el gobierno de Evo. Eso sucedió en el gobierno de Jaime Paz, producto de la lucha indígena. Lo que si pasó en el gobierno de Evo es que se recortó casi 200 mil hectáreas al parque, aquellas asaltadas por los cocaleros y hoy día depredadas brutalmente, y que los indígenas exigen que sean desocupadas.

3. Igual que el gobierno, el documento hace énfasis en que lo más grave que pasa en el TIPNIS es “la destrucción que ya tiene lugar en el área”. Es decir, no es virgen y así está justificado meter asfalto, o sea ya ha sido violado y hay que seguir haciéndolo. Hay que anotar que además de la supuesta complicidad de comunidades locales, lo más importante para el proceso depredador es la incapacidad y desidia estatal que tiene al parque tirado. Decir “la destrucción” es muy general; corresponde indicar que en realidad el grado de conservación, pese a todo, es relativamente bueno. Pero mientras el capitalismo prospere, y más aún en un país atrasado, será difícil preservar estas reservas ecológicas. Lo menos que se puede exigir a un gobierno “defensor de la madre tierra” es que revierta esas posibles situaciones negativas, que expulse a los depredadores (colonos y empresas), que catalogue la biodiversidad, preserve, investigue y que no le meta tractor.

El gobierno del MAS, en la lucha instalada entre los pequeños propietarios y las comunidades indígenas, ya ha tomado partido en función no de principios sino de cantidad de votos y apoyo que calcula mantendrá de esa manera entre la masa de cocaleros y colonizadores. A eso apuesta, y por eso amenaza con contramarchas y movilizaciones de apoyo a la carretera, minimiza los impactos, habla de desarrollo y demás patrañas.

4. Que el gobierno haya prometido introducir una nueva ley para proteger el parque es un chiste. ¿Qué garantía puede haber si las actuales leyes no se cumplen, pese a que estamos viviendo el “cambio”?. Quienes no conocen Bolivia no entienden que la ley aquí es lo último en lo que la gente cree, por su experiencia, y lo último que se cumple es la ley; aquí prima el abuso, el poder de los que tienen plata y a ello la gente pobre sólo puede responder con la acción directa. Pero si se aceptara la ley, ésta no podría poner coto a lo que es una tendencia económica predominante de los pequeños agricultores de asentarse y comenzar con la tala, roza, quema para habilitar tierras, situación que ya se está dando sobre 200 mil hectáreas del parque invadidas por cocaleros que han deforestado el 90% de esa área. Amén de que la carretera será como abrir el arca del tesoro para que madereros, ganaderos, petroleras y mineros se internen más fácilmente. Dicen que si se fijan leyes con penas de 10 o 20 años a los que se asienten se resolverá todo; anda a cantarle a Gardel…

5. Dicen que los beneficios que la carretera traerá serán acceso a servicios sanitarios y otros básicos. Pero eso se resuelve instalando hospitales ya. Para conocer los impactos sociales vayan a la carretera a Puerto Suárez, donde el supuesto “desarrollo” se troca en prostitución, inseguridad, más pobreza. Las carreteras no son principalmente para las economías pequeñas sino para las grandes, para que el gran comercio pueda llevar sus productos de un lado a otro; eso es el IIRSA, a los pequeños les caen las migajas y si son duchos y se meten a comerciar, esos no son los indígenas que no conocen de propiedad privada ni producción para el mercado; son recolectores, son cazadores, y su relación con el mercado es esporádica. Cuando son incorporados al capitalismo, como ya se puede advertir, a la fuerza, quitándoles su tierra, lo hacen en la escala social más baja, como mendigos, no como magnates. En esta época de decadencia del capitalismo, cuando se encaran este tipo de obras ya no hay progreso; las trasnacionales son la degeneración humana, social y ambiental. El progreso está en oponerse a las trasnacionales y luchar por la revolución.

6. Por supuesto que la carretera permitirá ese flujo de mercancías que se habla, por ejemplo de carne, o sea beneficiará a los ganaderos benianos que no son precisamente clase progresista; pero eso no debe ser a costa de la destrucción de un parque cuya preservación constituye un potencial económico en el tiempo, más grande que las vacas benianas.

7. Las talas ilegales se dan no porque el Estado no tenga acceso a áreas lejanas sino porque estamos preñados de la corrupción capitalista que llega a todos, a dirigentes indígenas, a personeros estatales, a instituciones cívicas, que se inclinan ante la plata.

8. Si algo bueno ha tenido esta lucha por defender el TIPNIS es que por primera vez mucha gente se ha enterado que existía, que ahí viven los indígenas, que hay mucha riqueza de la biodiversidad. Quienes apoyan la construcción de la carretera son los sectores que el MAS puede digitar y que tienen puesto su interés en asaltar las tierras comunitarias indígenas, a la cabeza de líderes campesinos, colonizadores y cocaleros muy prebendalizados y burocratizados. El gobierno se apoya en esa tendencia para arrinconar a los indígenas de las tierras bajas y de las altas que siguen viviendo en comunidad, en ayllus. Pero ahora estos han logrado el apoyo de las ciudades, de sectores urbanos y de la COB que ya han hecho sentir su apoyo al TIPNIS. Tiene que ver en ello el gran descontento que cabalga por toda Bolivia contra el gobierno del MAS. El enfrentamiento es entonces entre dos concepciones económicas y de vida distintas, aunque ambos se digan indígenas.

9. De pronto el discurso desquiciado del operador de Evo, Juan Ramón Quintana, aparece en ese supuesto deseo de impedir que las visiones ideológicas imperialistas sean encarnadas por los indígenas y se implanten en Bolivia para supuestamente proteger el medioambiente. El desarrollismo esgrimido por el MAS en esta época es una respuesta simplista al problema del progreso. Está ya constatado que asfaltar el mundo no es progreso sino ampliación del capitalismo y de sus males para convertir en capital todo lo que toca, que cuando ve el bosque está viendo plata, dólares, no biodiversidad.

10. Es falso que el gobierno del MAS haya demostrado deseos de resolver el problema; el diálogo al que siempre apeló es distractivo. Exigían por ejemplo los ministros que se toque al final el problema del TIPNIS, igual fue con el problema del salario para presentar a la opinión pública los grandes esfuerzos hechos y que en la mayoría de los puntos se llegó a acuerdos, para así echar a la opinión popular en contra de los indígenas y salirse con la suya en la cuestión del TIPNIS. La mala fe con la que obra el gobierno está primeramente en haber decidido la construcción de la carretera, haber hecho el contrato e iniciado las obras sin haber consultado a los indígenas, como dice la nueva Constitución, burlando así sus propias leyes. El MAS se presenta haciendo las maniobras más complicadas para sorprender a los indígenas ante los hechos consumados y en esa tarea sigue.

El MAS ha hecho muchos compromisos, sin tomar en cuenta a los indígenas, en primer lugar con Lula y la OAS, poderosos intereses brasileños que quieren usar esa vía para transportar sus mercancías, tener acceso a los recursos naturales bolivianos, ampliar su horizonte geopolítico. También están las petroleras (Total, Petrobras) a las cuales ya el MAS les ha prometido acceso a esta área para que la exploten y así resolver los déficits de hidrocarburos. El MAS está sujeto a intereses e ideas de los más prosaicos, incluso a los cocaleros, pero no a los míticos (discursos) de defensa de la madre tierra y demás que se revelan como puro bla bla en boca de Evo. El MAS se ha hecho la burla de la consulta, y lo seguirá haciendo si no se le para con la movilización más profunda, igual que con el gasolinazo. La consulta en fin de cuentas ya ni siquiera corresponde. El MAS debe construir su carretera por otro lado y listo, son varias las opciones que existen.

11. El MAS como los cívicos y otras faunas políticas se distinguen por dividir, hacer paralelismo, estatizar a las organizaciones populares a través de la coima, el cohecho, la presión, la violencia y otros medios. Con los indígenas no deja de pasar eso, pero aún así el gobierno no logra el apoyo suficiente. Sin embargo, está dispuesto a ensangrentar el país usando a colonizadores, cocaleros y campesinos como su ariete contra los indígenas. Luego los traicionará igual.

12. Los sofismas del MAS parecen hacer carne en los desinformados cuando a través de su aparato de propaganda, y para volcar a la gente en contra de los indígenas, han propalado a los cuatro vientos todo tipo de infundios como ese de que los indígenas quieren cortar la exportación dejando a los pobres beneficiarios de bonos en el abandono. Si el parque Aguaragüe está siendo explotado por petroleras, los indígenas tienen derecho a definir si quieren que exploten allí. De lo contrario, ¿para que pues los derechos insertados en la nueva Constitución? Sin embargo no lo han hecho, lo que han pedido es que las petroleras no sigan contaminando su medioambiente con sus pozos abandonados. ¡Carajo. cómo mienten los masistas, y con tanto descaro! El MAS y su líder mintieron desde siempre diciendo que eran revolucionarios, antiimperialistas, anticapitalistas, defensores de la madre tierra, todo una impostura pues son los mejores operadores de los intereses burgueses e imperialistas embracetados con los latifundistas y sus socias trasnacionales a las que llama a que lleguen en tropel a Bolivia para saquearla. Abrir el TIPNIS será para eso, para que lo saqueen los capitalistas de aquí y de allá.

13. Que hay intereses oscuros, los hay; por qué no habrían, más aun cuando se revela que el MAS y Evo Morales son la mentira encarnada. Los propios masistas se están acusando mutuamente de corrupción y falta de consecuencia; un prefecto se arrepiente de haberse metido porque dice que por todo lado hay coimas. En el caso de la carretera, la empresa OAS no es precisamente el arcángel Gabriel, y Lula, tan cercano a esta empresa, es el que sin mayor asco se dedicó a meterle tractor a la Amazonía para servir al gran capital. Las denuncias contra el contrato de la OAS son cada vez más reveladores porque habría sobreprecio y otras irregularidades.

14. Finalmente, el gobierno del MAS ha aparecido para hacer la contención social, para impedir la revolución, y para eso termina acudiendo a la violencia contra los explotados. En breve lo veremos reprimiendo de manera generalizada y por eso tendrá que salir escapando como Goni. Es el fin de los vendepatrias e impostores. Deberá ser sustituido por un gobierno verdaderamente revolucionario, obrero, campesino e indígena.