Estocolmo, (PL).- El científico israelí Dan Shechtman, del Instituto Israelí de Tecnología de Haifa, mereció el Nobel de Química por su descubrimiento de los cuasicristales, una unión comprimida de átomos diferente a los actuales patrones simétricos de los sólidos. La investigación da continuidad a un estudio previo sobre la fase icosaédrica que en los primeros años de la década de los años 80 del siglo XX abrió un camino en las investigaciones sobre los cristales cuasiperiódicos.

Pese a las discrepancias de la comunidad científica, el académico del Instituto de Tecnología de Israel demostró cómo en los cuasicristales, los motivos atómicos son regulares, siguen las reglas matemáticas, pero no se repiten. La estructura puede ser aplicada en los aislantes térmicos de los motores y en los dispositivos de emisión de luz.

La Real Academia Sueca de Ciencias informó que en estas estructuras se encuentran los fascinantes mosaicos del mundo árabe reproducidos a nivel atómico, formas regulares que nunca se repiten a sí mismas. El experto fue reconocido por su trabajo “notable, solitario, tenaz” y basado en “sólidos datos empíricos”, destacó la Academia.

Nacido en Tel Aviv en 1941, Shechtman es además Profesor de Ciencias de Materiales en la Universidad Estatal de Iowa. En 2008 ganó el galardón de la Sociedad Europea de Investigación de Materiales, en 2000 el Gregori Aminoff de la Real Academia de las Ciencias de Suecia, y en 1999 el Wolf de Física. También conquistó en 1990 el Rothschild de Ingeniería y dos años antes el premio internacional por Nuevos Materiales de la Sociedad Física Americana. Desde 2004 pertenece a la Academia Europea de las Ciencias y desde 2000 a la Academia Nacional de Ingeniería de Estados Unidos.

Instituido en 1901 en homenaje al científico sueco Alfred Nobel, descubridor de la dinamita, el Premio distingue a personalidades de las ciencias exactas, fisiología o medicina, así como en literatura, política, psicología y sociología.

El holandés Jacobus Henricus van‘t Hoff encabeza la lista de laureados en esa disciplina el primer año del siglo XX por su descubrimiento de las leyes de la dinámica química y de la presión osmótica en soluciones.

América Latina está presente en estos premios desde 1970, con el biólogo argentino de ascendencia francesa Luis Federico Leloir, descubridor de los nucleótidos del azúcar y su función en la biosíntesis de carbohidratos.

Otro latinoamericano, el mexicano Mario Molina fue reconocido en 1995 junto al norteamericano Frank Sherwood Rowland y el holandés Paul J. Crutzen, por sus aportes a la química de la atmósfera, de manera especial sobre la formación y descomposición del ozono.

En esa disciplina una misma personalidad científica conquistó el lauro dos veces: el británico Frederick Sanger en 1958 por su trabajo sobre la estructura de las proteínas, sobre todo de la insulina. Acompañado de sus colegas estadounidenses Paul Berg y Walter Gilbert mereció el premio veinte dos años después por su investigación sobre la bioquímica de los ácidos nucleicos y por su cuidadoso estudio del DNA híbrido.

En 2009 los científicos Venkatraman Ramakrishnan, Thomas A. Steitz y Ada Yonath, de India, Estados Unidos e Israel respectivamente, fueron galardonados por los resultados de sus estudios en la estructura y función de los ribosomas.

Al equipo integrado por el estadounidense Richard F.Heck y los japoneses Ei-ichi Negishi y Akira Suzuki correspondió el año siguiente el lauro, por su trabajo sobre las reacciones de acoplamiento cruzado catalizadas por paladio en síntesis orgánica. Esta investigación permitirá desarrollar materiales como plásticos, emisores de luz para la industria electrónica o compuestos útiles en la agricultura como fungicidas.

El lunes la Real Academia de las Ciencias de Suecia anunció además el Nobel de Medicina y Fisiología, que merecieron un equipo integrado por el estadounidense Bruce A. Beutler, el francés Jules A. Hoffmann y el canadiense Ralph M. Steinman, por sus aportes a la inmunología sobre todo en su aplicación en la defensa ante el ataque de bacterias y microorganismos.