El Movimiento al Socialismo fue engendrado, nació y se nutrió material e ideológicamente de las ONGs; cuando llegó al poder, ellas fueron quienes aportaron con recursos humanos para conformar el “nuevo” aparato estatal y le proveyeron de operadores políticos que se afincaron en las llamadas “organizaciones sociales”, principalmente campesinas e indígenas.

Cuando el MAS estuvo en la oposición, las ONGs financiaron sus eventos políticos, sus actividades culturales y las masivas marchas de los cocaleros. Una vez en el poder, fueron las ONGs quienes dieron sustento ideológico a la etapa de reestructuración del Estado; fueron el alma directriz de la Asamblea Constituyente que parió la actual Constitución Política que exuda ideas reaccionarias por todos los poros. Elaboraron la reforma educativa “Siñani – Pérez” tomando como base la ideas centrales del posmodernismo; sus concepciones básicas sobre la naturaleza del Estado y de la sociedad que pretenden implantar lo han bebido de las ONGs.

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el MAS y sus “teóricos” no tienen nada propio que hubiera resultado de una análisis crítico del país, del estudio sobre la naturaleza compleja de su estructura económica; y en función a ella, de su organización social y de las perspectivas y del rol que cumplen las clases sociales en la historia de este país.

El MAS ha pretendido sustituir un programa propio con el constructo de ideas foráneas que tardíamente han penetrado al país y que en Europa y EE.UU. ya habían pasado de moda durante la última década del siglo pasado. De manera curiosa, esta gente que prioriza las concepciones particularistas de la realidad, llegando en muchos casos a la xenofobia, se nutre de ideas extrañas y subjetivas que nada tienen que ver con la realidad concreta material, social y cultural.

La experiencia diaria del desarrollo de la lucha de clases ha demostrado hasta la saciedad que el sustento ideológico que ha tomado el MAS de las ONGs ha chocado y choca frontalmente con la realidad. Por ejemplo, la pretendida “convivencia armónica, pacífica y complementaria” de las diversas formas de propiedad que proclama la Constitución se hace astillas cuando todos los días se contraponen las formas de propiedad comunitaria con las privadas y, cuando la propiedad privada avasalla las formas de propiedad estatal y comunal; cuando la pequeña propiedad privada choca con la grande en manos de las transnacionales, del latifundismo y de la empresa privada.

El actual conflicto del TIPNIS no es otra cosa que la manifestación de esta realidad concreta, el choque de las formas de propiedad que reflejan la compleja estructura económica de este país, la combinación de la herencia pre capitalista con las formas de propiedad y de producción típicamente capitalistas. Ahora el MAS instrumenta al “Estado Plurinacional” y pisotea su propia Constitución Política para imponer con violencia el saqueo cínico de los recursos naturales de una de las reservas forestales más importantes del país. Echa por la borda todo su “programa” demagógico basado en la defensa de la Madre Tierra, el vivir bien, la existencia equilibrada y complementaria entre el hombre y la naturaleza, la coexistencia democrática y complementaria de todas las formas de propiedad y otros postulados igualmente subjetivos y reaccionarios, desmentidos brutalmente por la realidad.

Además de su ya manifiesta política pro imperialista, ¿qué otros intereses materiales, mezquinos e inmediatos encubre la conducta del gobierno, a tal punto de rifar su programa y sus fementidos “postulados ideológicos”? Deben ser demasiado sucios y vergonzosos como para poner en riesgo su propio futuro político. A partir de ahora y ante los ojos del mundo se despoja de su vestimenta indigenista y populista para pasar a ser uno más de los gobiernos sirvientes del imperialismo que no duda en flagelar a quienes lo han encumbrado en el Poder.

Es preciso determinar ¿cómo es que a esta altura de la evolución política del país el gobierno y el MAS terminan chocando brutalmente contra instituciones que le han dado vida y forma? ¿Cómo es que el hijo se rebela contra la madre que lo ha engendrado y lo ha alimentado con ingentes recursos financieros?

Las respuestas a estas preguntas no son simples. De manera general, el posmodernismo fue el intento de encarnar una respuesta a la caída del muro de Berlín, a la ausencia de una dirección revolucionaria mundial que actúe como el canalizador de las masas contra el capitalismo en descomposición, a la desilusión de inmensas capas de la clase media en las metrópolis, etc. Tejió la falacia de que ya no es momento de la teoría de la lucha de clases sino de construir sociedades justas en base a la maravilla de “la unidad en la diversidad” proyectándose a un futuro de un capitalismo eterno y cada vez más armónico.

Ahora esas teorías son desmentidas por las nuevas condiciones de existencia del capitalismo; ahora tenemos un sistema social que ha perdido toda capacidad para maniobrar racionalmente con la finalidad de garantizar una sobrevivencia a mediano plazo; se trata de un capitalismo cuyas metrópolis se hunden en el marasmo de una crisis estructural incontrolable. Esta nueva situación del sistema social agudiza las contradicciones que siempre existieron en la sociedad capitalista, haciendo astillas sus paradigmas teóricos y, en el plano nacional, acelerando el malestar social y obligando al gobierno a despojarse de su barniz “popular” e indigenista para entregarse en cuerpo y alma a las transnacionales y a la empresa privada nacional.

Sin embargo, las ideas reaccionarias que sembraron las ONGs en el movimiento indígena, lubricadas con un asistencialismo millonario, no son fáciles de extirpar de la noche a la mañana. Muchas de ellas, al constatar el franco viraje “productivista” y “desarrollista” del gobierno al servicio del imperialismo y el potenciamiento de los pequeños propietarios “depredadores” (interculturales y cocaleros), están faltamente condenadas a chocar con las nuevas posturas de Evo Morales y su entorno pro capitalista.

Podemos decir que ahora las ONGs se ven obligadas a actuar como prisioneras de las masas indígenas movilizadas, hecho que las pone al otro extremo de las contradicciones sociales.

* Dirigente de la Unión Revolucionaria de Maestros (URMA) y del Partido Obrero Revolucionario (POR).