Cuando se vive lejos de Bolivia, donde quiera que sea, es prácticamente inevitable no darse cuenta de la terrible falta de cultura ciudadana que existe en nuestro país.

Hay quienes la atribuyen a la clase política irresponsable y otros a nuestra quizás “informal” forma de ser.

Lo cierto es que este “mal crónico”, como puede llamarse a la falta de cultura ciudadana, tiene mucho que ver con deficiencias en la educación boliviana y con la falta de un sistema estructurado a nivel nacional que promueva la profesionalización del individuo en todos los estratos sociales.

En una sociedad acostumbrada a improvisar, a convertir “caras bonitas” en secretarias ejecutivas, albañiles y jardineros en guardias de seguridad o alumnos de secundaria en choferes de micro, la profesionalización queda totalmente relegada, provocando estancamiento y atraso en el desarrollo de la sociedad en general.

Aqui no se trata de ninguna manera de menospreciar a ninguna actividad laboral. Las formas anteriormente mencionadas de ganarse la vida son tan dignas como cualquier otra, pero serían seguramente mas dignas todavia, si las personas fuesen capacitadas y preparadas para desempenarlas correctamente.

Y es justamente en ese punto, especificamente en el “correcto desempeño”, donde la educación y la cultura ciudadana se dan la mano.

Un clarísimo ejemplo es la problemática del tráfico vehicular en todo el pais, principalmente en lo que concierne a los choferes del transporte público.

Jovenzuelos de secundaria son reclutados por los “empresarios” dueños de los vehículos, para quienes el único y principal requisito es saber si los muchachos “ya saben manejar”, y luego de “tramitarles” el brevet sentarlos al volante de un micro en calidad de choferes responsables de las vidas de los 20 ó 30 cristianos que iran ocasionalmente con él.

Solamente habiendo asistido a una autoescuela, aprendiendo las reglas y senales de tránsito, asi como nociones elementales de mecánica y primeros auxilios, podría alguien pretender ser reconocido como chofer profesional.

Con tremendos boquetes en la educación y formación de las personas no es extraño que la cultura ciudadana no exista en nuestro pais. Nadie respeta los semáforos, las paradas de micro o las lineas de cruce peatonal (lineas de cebra). ¿El resultado? accidentes de tránsito, caos vehicular, agresividad, estrés y un sinfín de desgracias personales y materiales que podrían ser evitadas sin mayores problemas.

Para muestra un botón dice el refrán. La nota publicada en el diario “El Deber” el día 27.09.2011 es una muestra de ello:

Un chofer de taxi en Santa Cruz manifiesta su desubicación cerca al ingreso al tunel del aeropuerto El Trompillo, pues desconocía la señal de tránsito allí colocada, a la que describió textualmente como “una latita amarilla con una figurita negra encima”.

http://www.eldeber.com.bo/2011/2011-09-27/vernotasantacruz.php?id=110926213613

Esa es la triste realidad que se vive dia a dia en nuestras calles.

Para combatir este mal seguramente no es necesario seguir abriendo universidades.

En primer lugar debe eliminarse ese prejuicio tan falso como dañino, de que solo siendo “licenciado” se es alguien en la vida, de que solo el nivel académico otorgan respeto y estatus dentro la sociedad.

El respeto en la sociedad se lo gana con trabajo y honradez, fundamentados en conocimientos sólidos y eficientes de la materia en cuestión.

En los llamados “paises desarrollados” las clases obreras, los técnicos y los choferes han alcanzado niveles de vida dignos gracias a la educación y profesionalización sistemetizada, la cual hace al individuo mas competitivo, le permite acceder a una mejor remuneración y sobre todo, le permite conocer sus derechos y obligaciones en la sociedad.

Aqui es indispensable un trabajo conjunto entre el gobierno y la empresa pública y privada, crear un sistema nacional con estándares y programas concretos que permitan tanto a un aprendiz de carpintería en Riberalta como a otro en Oruro obtener las mismas habilidades y conocimientos en un mismo periodo de tiempo y luego de ser evaluados por una autoridad competente, poder lanzarse al mercado laboral como profesionales en su rubro.

Del mismo modo se puede profesionalizar a todas las demas ramas. Para poner esto en práctica se necesitan recursos económicos indudablemente, pero también voluntad y conciencia social.

Una nación no es rica tan solo por sus abundantes recursos naturales, sinó ante todo por su capital humano, y cuanto mejor educado esté, mayores serán sus oportunidades de desarrollo y su calidad de vida.

Solo la educación trae prosperidad a los pueblos y con ella automáticamente una cultura de respeto hacia los derechos de los demás miembros de la comunidad.



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