Tin Dirdamal es el pseudónimo del realizador mexicano que hace poco concluyó “Ríos de Hombres”, un documental sobre la “Guerra del agua” que esta semana se estrena en Cochabamba.

“Ríos de Hombres” promete ser una propuesta para el debate sobre un conflicto al que no hemos encontrado solución. La disputa de los pozos, que se originó hace un par de semanas en El Paso, es sólo una dimensión de un problema histórico en nuestra ciudad. Por otro lado, el documental es una propuesta artística a un medio que está acostumbrado al documental televisivo y al cine ficción.

Tin Dirdamal aún estudiaba ingeniería industrial en Monterrey cuando tomó una cámara para retratar la realidad de los migrantes centroamericanos que estaban de tránsito en México para llegar a los Estados Unidos. Así, en 2005, nació “De Nadie”, documental que recibió el Premio del Público en el festival norteamericano Sundance el 2006 y un Ariel de Plata de la Academia Mexicana de Cine, máximo premio otorgado por esta institución.

Este año terminó su segundo proyecto, “Ríos de Hombres”, un documental que aborda la temática de la Guerra del Agua. En abril se estrenó en el BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional), ya se estrenó en La Paz y este 22 de septiembre llegará a Cochabamba.

El proyecto fue financiado por los institutos Sundance y Tribec Film, además de la fundación Alter Cine, debido al éxito de su primer documental. Este apoyo y la perseverancia del director permitieron la producción de un documental con una duración de 76 minutos que, según el realizador, no sólo expone otra versión de la Guerra del Agua, sino también expone la complejidad de los seres humanos.

Lecturas habló con Tin Dirdamal, quien desde Oaxaca, México, cuenta sobre la producción del documental, el proceso de investigación, sus expectativas para el estreno y su pasión: el cine documental.

Lecturas (L): A raíz de los acontecimientos de abril de 2001, derivados en la denominada Guerra del Agua, Cochabamba se convirtió el centro de atención de políticos, activistas sociales, artistas, etc. fuera de Bolivia ¿Usted formaba parte de ese colectivo encantado?, ¿estaba enamorado de un pueblo que se levantó contra una transnacional que pretendía privatizar el agua en Cochabamba?

Tin Dirdamal (TD): En los medios de comunicación decían que iban a privatizar el agua de la lluvia, me creí que lo harían. Llegué con cuatro mexicanos más a Bolivia el 2005, pero a medida que se prolongaba la producción el grupo se desintegró y terminé solo el documental, lo terminé hace un par de semanas (la entrevista fue hecha el 9 de septiembre).

L: La realización estaba prevista para cuatro meses, ¿por qué se extendió a casi seis años?

TD: Es una reconstrucción propia de un fenómeno colectivo, para mí fue algo trágico y doloroso porque cuestioné algo en lo que creía, por lo tanto me cuestione a mí mismo.

L: Antes de llegar a Bolivia, cuatro años después de los enfrentamientos, ya había entrado en contacto con dos instituciones que adquirieron notoriedad tras la Guerra del Agua, ¿verdad?

TD: En mi país ya había hecho contactos con la Coordinadora del Agua y la Fundación Abril, de esa forma tenía el contacto con Óscar Olivera. De hecho había dado mi palabra de mostrar y enaltecer la victoria de la Guerra del Agua a través del documental. Lamentablemente no pude cumplir mi palabra, sino hubiera realizado un trabajo superficial del conflicto. La investigación avanzaba y encontré una serie de contradicciones, hechos y realidades que contradecían la victoria de la Guerra del Agua.

L: El documental tiene entrevistas a Eduardo Galeano o Evo Morales. Sin embargo, los verdaderos protagonistas del documental son cuatro personas de realidades disímiles pero con algo en común, quienes vivieron y viven el conflicto: Carmen Daza (mamá de Víctor Hugo Daza, fallecido en los hechos de Abril), Willy Gúzman (Regante que se movilizó contra la privatización) Marco Antonio Villaroel (alías Pazuco, niño de la calle que estuvo en los enfrentamientos) y Antonio Gil Quiroga (entonces General de las FFAA). ¿Cómo logró el contacto?

TD: A medida que filmaba el documental decidía sacar pinceladas de varios lugares y personajes. Me propuse buscar diferentes actores sociales, con sus diferentes necesidades, que hayan participado de las movilizaciones. Con algunos fue fácil. Sabía por ejemplo que Carmen cambiaba dólares en la calle 25 de Mayo, pocos días después de mi llegada me le acerqué y comenzamos a platicar. Willy Guzman es un regante que se dedica a las flores, es un personaje muy interesante y lo contacté en los viajes que hacía para hacer algunas tomas. Otro día me fui al Puente Antezana, me acerqué a los chicos y pregunté quién había participado en la Guerra del Agua, así contacté a Marco Antonio, un chico de la calle que se unió a la movilización. El personaje más difícil de entrevistar fue Antonio Gil, sabía que vivía en la zona norte de la ciudad, pero no tenía como contactarlo directamente. Entrevistarlo era necesario porque él no había prestado declaraciones después del conflicto.

L: Dijo que en principio comenzó con la idea de mostrar a los antagonistas (la empresa transnacional y el Ejército) como los “malos” y a los movimientos sociales como los “buenos” ¿Qué lo obligó a pensar la realidad de otra manera?

TD: En este documental aprendí que no hay que apuntar dedos, señalar a un antagonista es fácil. Es más difícil entendernos como seres humanos complejos, ese se convirtió en mi reto con los actores del documental; no señalar héroes ni villanos. Por ejemplo la historia del General Gil es muy interesante, después del conflicto todos lo señalaban como el malo, el represor. Así empecé a retratarlo en el documental, yo estaba seguro de que él era el malo, pero su caso, el que expongo en el documental, es una muestra de la complejidad de la que hablo.

L: Su prolongada estadía derivó en un seguimiento a cada uno de estos personajes ¿Qué destaca en ellos?

TD: La realidad de Carmen Daza, por ejemplo, perdió un hijo en el conflicto y todavía no tiene acceso al agua, como 40% de los cochabambinos. Yo no muestro el fracaso, yo no te digo “por esto fracasó la Guerra del agua”. En estas cuatro historias uno llega a la lectura del fracaso, de la gran derrota.

L: ¿Cómo comenzó este proyecto? ¿Quizás con la idea de ser parte de un movimiento visto internacionalmente como una victoria del pueblo sobre la transnacional, David contra Goliat?

TD: La Guerra del Agua me conmovía, creía que podía formar parte de la lucha. Sin embargo, a medida que avanzaba el documental, avanzan los meses, y encuentro detalles que contradicen la victoria. Cuando empecé la investigación creía en los movimientos sociales, en la masa que compartía un objetivo común; pero los años me han enseñado que no es así.

L: Por qué afirma que investigar el conflicto significó también una introspección personal?

TD: El proceso de investigación es duro porque hay un hecho histórico que es desmitificado, como se desmitifican muchos otros en cualquier parte del mundo. Hay revoluciones, guerras y personajes que se desmitifican. En el documental me cuestiono a mí, cuestiono al ser humano organizado por un ideal y me pregunto: ¿Realmente encontramos respuestas cuando nos organizamos?, ¿Qué hemos logrado?

L: ¿Es a partir de esta interrogante que usted no cuestiona solamente la Guerra del agua?

TD: No le encuentro ningún sentido a la lucha por causas colectivas. Creo que tiene sólo un sentido momentáneo, que no trae ningún cambio. Dicen: “Permitimos que el agua no se privatizara” pero, ¿quién tiene el agua ahora, si el 50% del agua está privatizada?

L: Durante la investigación y la producción, ¿ha encontrado una nueva lógica entre los vencedores y los vencidos de la Guerra del agua?

TD: Una anécdota muy interesante es la entrevista que sostuve con el presidente Evo Morales. Él afirmó que la Guerra del agua fue una confrontación entre culturas: la cultura de la muerte, representada por las transnacionales, y la cultura de la vida, que era el pueblo movilizado por el derecho al agua. Él cree que hay una visión de las transnacionales y otra visión del pueblo, yo lo cuestiono. Fíjate que cuando el regante tiene un pozo de agua, él cree que esa agua es suya, si su vecino perfora un pozo más profundo, entonces él pensará que le roba lo que es suyo. La misma lógica del regante es la de la empresa transnacional, la propiedad del agua.

L: ¿Cuál es la intención del documental? ¿Qué cuestiona?

TD: Critico las lógicas repetidas, esas que dicen pensar distinto; pero actúan de la misma forma. La Guerra del agua se ganó y, sin embargo, la madre del único caído todavía no tiene servicio de agua potable. Una lógica se repite cuando hablas distinto, pero sigues actuando igual, eso sucedió en Cochabamba, se habla de una victoria pero se vive una derrota. El ser humano tiene la incapacidad de darse cuenta que uno es culpable de lo que está ocurriendo. Es fácil señalar al enemigo y pensar que es su culpa que yo esté mal. Es más difícil y doloroso pensar qué estoy haciendo yo para estar mal.

L: Se escuchó mucho sobre las críticas en Buenos Aires

TD: Sabía que iba a recibir golpes y gritos en Buenos Aires. Después de la premier me dijeron: “¡cómo es posible que desmientas esa leyenda boliviana!”. Me gritaron ¡fascista!

L: Las reacciones en un campo neutral, por ponerle un adjetivo, no fueron las mejores, ¿qué espera del estreno en Cochabamba?

TD: El estreno me pone ansioso, pero me gusta esta ansiedad. Sé que el documental produce ira. Si a mí me pasabas este documental hace siete años, seguro me produce un dolor de estomago. Porque más allá de este conflicto particular, es una crítica muy fuerte a lo que somos como sociedad. Igual sé que la crítica puede ser muy dura por los sentimientos que puede producir el documental. Pero espero que genere ira y reflexión, que la gente no caiga en la simplicidad de decirme que soy de derecha o que estoy apoyando a las transnacionales.

Después de una hora de videoconferencia, antes de terminar la entrevista, la pregunta sobre el futuro de Tin Dirdamal se hace inevitable. Actualmente él está editando otro documental que inició en Cochabamba, esta vez el conflicto no es social, es personal (“Death in Arizona”).

— —

Entrevista publicada el 18.09.2011 en Los Tiempos