La noticia del costo de producción de una libra de estaño en Huanuni motivó el cambio de un Vice Ministro de Minería que la dio. Lo que no modifica una realidad. Que cueste producirla USD 10, 9 u 8, y hasta un poco menos, lo único que refleja es que esa actividad está muy por arriba de los parámetros aceptables en la minería moderna. Muchos replicarán que el objetivo no es tanto lograr costo/beneficio, sino costo/eficiencia al dar trabajo a 5.000 mineros. Es un poco la historia de los autos chutos legalizados.

Pero de caer el precio internacional de la libra de estaño por debajo de su costo de producción, conllevará que el Estado tenga que subvencionar el pago de sueldos a esos miles de mineros o que ellos vayan a reforzar el ejército de cocaleros. Para lo que se necesitará más tierras y tarde o temprano se dará la expansión hacía el TIPNIS, pase o no pase por el medio el camino de la OAS. En el fondo, la producción de coca continuará siendo el salva apuro de los desempleados mineros, cuando los precios internacionales de los minerales caigan por debajo del costo de producción. Con el agravante de que la contaminación ambiental generada por la explotación minera estatal es un costo que no está incluido, porque la toxicidad de las aguas antes potables, se la traspasa a la sociedad entera.

Lo mismo sucede con la exitosa agricultura privada del Oriente boliviano, en el supuesto que lo es, cosa que no se da, debido a sus bajos rendimientos de la soya, caña de azúcar, girasol, arroz, maíz, algunos compensados con aranceles preferenciales para su exportación. Además de subvenciones estatales del transporte ferroviario, cuando el Ferrocarril estaba en poder del Estado, del diesel al presente, y en el caso del azúcar por intermedio del precio que pagan sus consumidores nacionales, desde que existen las grandes plantaciones de caña y respectivos ingenios azucareros a partir de los 50, mucho más cara que, por ejemplo, la traída de Colombia por tierra. A parte de que su producción de alcohol siempre fue para el consumo del campesinado, al que le venden en calidad de monopolio, recientemente un porcentaje para el consumo externo de la cosmética italiana. A lo que se debe sumar las concesiones de tierras fiscales, otorgadas casi siempre por simpatías políticas, laboradas hasta el agotamiento por falta de fertilizantes y chaqueadas para ahorrar inversiones en equipos/maquinas, no importando que la humareda anual suscite enfermedades pulmonares, de la vista y otras que deben pagar los pobres habitantes de la ciudad de Santa Cruz. Sin contar la destrucción de la oxigenación de ríos donde tiran el detritus de las moliendas de caña y quedan sin pescados.

Es un escándalo que la producción minera estatal en el occidente sea tan ineficiente y la agricultura privada en el oriente boliviano tampoco tenga competitividad y que se engañe a la población, mostrándolas como pilares del progreso económico boliviano.