A pesar de la innumerable, continua y creciente demanda popular, tanto nacional como internacional, que sigue expresando la imperiosa necesidad de que el Presidente del Estado Plurinacional atienda y de cumplimiento al incuestionable derecho de consulta y participación que reclaman los pueblos indígenas que participan de la VIII Marcha Nacional en defensa del TIPNIS; lo que se ha recibido en respuesta hasta ahora es desprecio, soberbia y autoritarismo que se traducen en actitudes coloniales de agresión, descalificación y violencia verbal y policial contra quienes en realidad no solo les asiste el derecho de ser consultados para alcanzar su consentimiento libre e informado, sino que deberían ser reconocidos y tratados como uno de los pilares fundamentales del Estado Plurinacional y del proceso de cambio.

Aquello que en principio podía haberse interpretado como una desatinada actitud o una apreciación equivocada sobre el carácter del conflicto; en realidad, a medida que pasa el tiempo y se conocen los criterios y el posicionamiento del Gobierno; se ha hecho patente la profunda incongruencia e incompatibilidad entre el discurso y la práctica gubernamental, así como entre el contenido y la letra de la Constitución Política del Estado y las nuevas leyes aprobadas, respecto de la forma cómo se están aplicando en los hechos.

Es decir, que el conflicto suscitado a raíz de la decisión de construir una carretera y cortar por su núcleo el TIPNIS, ya no solo tiene que ver con la forma cómo el Gobierno está encarando y pretende resolver el asunto, sino que se está poniendo en tela juicio el enfoque y contenido del proceso de cambio y transformación democrático cultural.

Sin desmerecer en absoluto la atención que debe prestarse a la evolución y desenlace del conflicto del TIPNIS, que de hecho ya está marcando y proyectará las pautas centrales sobre la orientación y la forma de gestión gubernamental que se encarará a futuro con relación a temas como: el derecho de consulta y participación de los pueblos indígenas, los alcances de la protección y conservación de las áreas protegidas, la orientación y los destinatarios de la distribución de tierras en el país, el tipo de relación que se establecerá con la naturaleza, los recursos naturales y los pueblos indígenas, etc.; lo que quisiera destacar en este breve artículo, son algunos de los temas fundamentales que hacen al futuro de la agenda central y el mandato popular del proceso de cambio.

La pertinencia de discutir y aportar al análisis de estos aspectos, está ligada a la necesidad de esclarecer el rumbo que está tomando el proceso de cambio, y contribuir al sinceramiento de la gestión gubernamental, que parece entender esta coyuntura solo como un episodio sin mayor trascendencia de un proceso por etapas (el Vicepresidente hace referencia a una quinta fase) que discurre sin contar con espacios autocríticos y con análisis a posteriori, autocomplacientes, que se reducen a ensalzar algunos logros comparados con lo que hicieron gobiernos neoliberales anteriores, pero cuidándose de no hacer referencia a los objetivos trazados por mandato del pueblo y que no estuvieron referidas a metas cuantitativas sino a transformaciones de fondo.

En principio es importante hacer mención a algunos temas planteados por el Gobierno para justificar y fundamentar su decisión de llevar adelante la construcción de la carretera. En los últimos días, el Vicepresidente hizo referencia a 4 razones sociales, económicas, históricas y geopolíticas que explicarían la necesidad ineludible de llevar adelante el programa de vinculación vial y la construcción de la carretera que atravesaría el TIPNIS.

Resumiendo la conferencia de prensa realizada, señaló que socialmente debía efectuarse la carretera, puesto que permitiría vincular a las comunidades aisladas, luchar contra la pobreza, la falta de acceso a los servicios de salud y la falta de educación a la que se encuentran sometidas las comunidades indígenas que viven en el TIPNIS. Lo que no dijo es que el trazo inicial aprobado y respaldado gubernamentalmente, y que pasa por el núcleo del territorio indígena y parque nacional, no vincula a la mayoría de las comunidades indígenas que supuestamente se busca integrar al “desarrollo nacional” (salvo a las de colonizadores y productores de coca que se instalaron en dicho territorio invadiendo sus espacios).

En el aspecto económico señaló que Beni aporta únicamente con el 2.5% del PIB nacional, lo que muestra el escaso y reducido desarrollo alcanzado por dicha región. Sin embargo, lo que omitió señalar es que en ese departamento se concentran la mayoría de los 36 pueblos indígenas de Bolivia, que mantienen una relación armoniosa con la naturaleza y una forma de vida diferente al extractivismo capitalista de los recursos naturales. Tampoco señaló que ese indicador de pobreza utilizado, corresponde a una visión neoliberal y capitalista de desarrollo, cuyo enfoque y forma de medición del bienestar de la población, está muy alejado de la forma de vida, trabajo, costumbres e identidad de los pueblos indígenas que habitan ese departamento.

En los aspectos histórico y geopolítico, señaló que se trata de una muy antigua demanda de integración espacial y poblacional que ha impedido la articulación nacional del país. Sin embargo, no mencionó que la intención “integradora y articuladora” que se dio en el pasado, estuvo vinculada estrechamente a la necesidad de colonizar a la población y el territorio de tierras bajas, para ampliar la frontera agrícola a costa de los bosques y la naturaleza; así como al objetivo de construir una sociedad monocultural homogenizante, cuyo prototipo de sociedad es diametralmente opuesta a la existencia de un Estado plurinacional, intercultural y diverso que se encuentra establecido en la Constitución Política del Estado.

Tampoco señaló que esta forma de integración y articulación vial de grandes carreteras, corresponde a una visión transnacional que favorecerá los intereses comerciales para la conexión de los mercados internacionales, que se encuentra en franca contradicción con la necesidad de vincular los pueblos y las comunidades al interior del país, para garantizar soberanía, la complementariedad, el intercambio y la solidaridad de la población nacional.

En definitiva, la imagen objetivo expuesta por el Vicepresidente para fundamentar la construcción de la carretera, traslucía una sociedad occidental, culturalmente homogénea y económicamente desarrollada bajo los patrones capitalistas, y basada en el desarrollo de una infraestructura vial acorde a las necesidades de explotación y comercialización de los recursos naturales, que evidentemente se encuentran en la antípoda del Vivir Bien y la armonía con la naturaleza.

Como se puede advertir, la exposición realizada por el Vicepresidente Alvaro García Linera, ya pergueña algunos lineamientos de la nueva sociedad que se busca construir con la actual gestión gubernamental. En ese sentido, importa plantear algunos temas que deberían formar parte del debate nacional y la construcción del nuevo Estado plurinacional. Mencionemos algunos: a) ¿cuál será el liderazgo social (vanguardia se decía en el pasado) que se encargará de guiar y orientar el proceso?. ¿Se reeditará aquel repudiado Pacto militar-campesino, sobre la base de la conformación de una burguesía campesino-colonizadora?. ¿Cómo entonces se logrará construir una sociedad intercultural, plurinacional y con respecto a la diversidad y la diferencia cuya base es la confluencia en igualdad de condiciones de todos los sectores sociales y étnico culturales?

b) ¿Cómo se resolverá la actual confluencia del enfoque de desarrollo capitalista y neoliberal basado en la sobreexplotación y extractivismo de los recursos naturales y las fuerzas productivas que persiste en la gestión gubernamental, junto al paradigma del Vivir Bien, la armonía con la naturaleza y el socialismo comunitario que se propugna en la Constitución Política del Estado?. ¿Es posible convivir indefinidamente con aquellas “tensiones creativas” que han marcado una permanente ambivalencia de enfoques y contradicciones en la gestión gubernamental? ¿Es posible compatibilizar principios y valores como la competencia, el rentismo, el intercambio comercial y la explotación que corresponden al sistema hegemónico prevaleciente, respecto del comunitarismo, la solidaridad, la reciprocidad, la complementariedad que corresponden a la lógica, la cosmovisión y el paradigma del Vivir Bien?

c) ¿Cuál es el modelo o la idea determinativa que contribuirá a construir el nuevo Estado plurinacional: El capitalismo andino, el socialismo comunitario, el paradigma del Vivir Bien…? La importancia y trascendencia de que el Gobierno tome la iniciativa de convocar y abrir los espacios de debate y construcción de propuestas (para abordar y resolver esas y otras preguntas) , se explica tanto por la necesidad de canalizar las capacidades propositivas del pueblo y sus organizaciones, pero también por la inocultable demanda de reconducción del proceso que se viene reclamando insistentemente por todos los sectores y organizaciones sociales del país.

No sería deseable de ninguna forma, que ante la ausencia de propuestas y acciones concertadas y construidas conjuntamente con el pueblo, ésta termine en un impulso revocatorio de autoridades el próximo año 2012, cuando se cumple la mitad de la gestión gubernamental; lo que daría lugar a un indeseable escenario de “río revuelto”, componendas espurias y pugnas intersectoriales que solo estarían dirigidas a copar espacios de poder y anular toda posibilidad de profundizar y precisar los alcances y objetivos del proceso de transformación democrático cultural.

Estamos a tiempo y parece claro que, visto el curso seguido por el conflicto del TIPNIS, ya no bastará únicamente con atender y resolver las de mandas de los pueblos indígenas que marchan hace más de un mes, sino que se hace indispensable replantear el futuro del proceso.

* Sociólogo, boliviano. La Paz – Bolivia.