Hoy en día a nuestro planeta (Gaia ) más que dominarla, la estamos destruyendo sobre todo en la última mitad del siglo XX. La hemos utilizado de laboratorio involuntario, soltando en ella nuestra contaminación industrial, nuestros residuos tóxicos, las emanaciones de nuestras quemas de combustibles fósiles. 

Todo ello a una escala y con una intensidad, inimaginables en épocas anteriores, provocando esta grave crisis ecológica-climática a nivel mundial. El humo que nos trasgrede y ahoga, sumiendo al oriente de Bolivia en la tinieblas al mejor estilo de Stephen King, son el producto de la deforestación y quema incontrolada de miles de hectáreas de pastos y bosques. Los conflictos económicos sociales provocados por la nefasta visión pro capitalista del gobierno de turno, que busca a toda costa la destrucción de los ecosistemas y bosques milenarios para dar cabida al desarrollo al dantesco negocio de la coca y de su deforme hijo el narcotráfico, responsable del avasallamiento y destrucción paulatina de áreas protegidas como ( Amboro, Madidi, Chore) y ahora haciendo uso de los poderes más oscuros del estado “plurinacional”, las huestes cocaleras-campesinas, enarbolando la fatídica bandera de la “interculturalidad ” con declaradas intenciones de odio a la naturaleza y en neto afán expansionista amparados bajo la sombra de uno de los gigantes del BRIC, exigen la muerte de uno de los más grandes parques nacionales, las megaselvas del pleistoceno el TIPNIS.

Ahora tomando en cuenta estos antecedentes ¿llegaremos al colapso, a un inminente ecocidio, biocidio y etnocidio de nuestra biodiversidad, de nuestros bosques y de sus habitantes originarios? La suerte está echada, todo indica que si las cosas se mantienen así de a poco nos acercamos a este apocalipsis, si no tomamos las medidas necesarias para remediarlo, no –seríamos- la primera sociedad que ha destruido su entorno, agotado sus recursos naturales, para luego perecer en la más absoluta barbarie, analicemos lo sucedido en la Isla de Pascua.

Pascua es una pequeña (163 km2) y remota isla situada en la polinesia, alejada a más de 2.000 Km de cualquier otra tierra, políticamente hoy pertenece a Chile aunque culturalmente diste mucho su acervo, a esta isla llegaron los más intrépidos migrantes prehistóricos montados en sus canoas con balancín en un osado intento de arribo al continente americano. La frondosa vegetación y la abundante fauna de la isla aparentemente no indicaba fragilidad en el ecosistema que se hallaba cubierto de grandes bosques de palmeras gigantes y de arboles de toromiro, con una de las mayores colonias de aves marinas del pacífico. Con el transcurso de los años y a medida que aumentaba la población los pascuenses comenzaron a agotar sus recursos naturales –no pensaron en el futuro– y con una evidente actitud biocida y ecocida incrementaron la cacería, pescaron más de lo que podían, cogían más frutos evitando la regeneración de sus delicados bosques y como golpe de gracia comenzaron a talar y quemar para los nuevos cultivos de la incesante y copiosa sociedad. Se olvidaron completamente de dónde venían, dejaron atrás el amigable estilo de vida que llevaban por miles de años y se abandonaron en una triste epopeya autodestructiva creyendo que solo existían ellos y el agua que les rodeaba. Cuando la población alcanzo las 30.000 personas, los recursos naturales ya escaseaban y empezaron a pasar hambre, la sobreexplotación acabó con la caza y pesca, la antelada tala y quema del bosque provoco una erosión de los suelos dando cosechas pobres y escasas. Intentando inútilmente reconquistar el favor de los dioses para que la tierra recuperara su antigua fertilidad, competían entre las tribus para hacer los moais (estatuas de piedra) más grandes. Erigir estatuas consumía grandes cantidades de madera y recursos alimenticios acelerando aun más la deforestación produciendo un efecto contrario al deseado: extender la aridez. Con la pérdida de la cobertura boscosa no sólo perdían la capa fértil del suelo, sino una gama de productos orgánicos para hacer abono, y productos forestales para construir canoas, estatuas, cuerdas, cestas, incluso tenían dificultad para hacer una fogata para calentarse. Esta falta de materia prima, caló hondo en la cosmovisión de los habitantes de la isla pues poco a poco por falta de uso comenzaron a olvidar, rasgos vitales de su cultura como el arte de la navegación y la construcción de obras megalíticas como los moais. El etnicidio llegó en forma de una feroz lucha armada entre las tribus que se disputaban los escasos recursos que quedaban en la isla la población disminuyo en un 90% llegando a practicar el canibalismo. Los moais otrora altivos y macizos yacían derribados como muestra de la extinción cultural y colapso genético; las puntas de flecha desparramadas por todas partes son los restos de las luchas que todavía enfrentaban a los habitantes de la isla que avistaron los europeos por primera vez, el día de Pascua de 1722. Los pocos sobrevivientes de esta automascre pedían insistentemente, a los recién llegados, un elemento que hace mucho no veían; carne verde (madera).

¿Existen acaso paralelismos entre el colapso de la Isla de Pascua y el colapso al que se encamina el TIPNIS si se construye la carretera? ¡Indiscutiblemente! El régimen económico actual hace que todos los países de la Tierra compartan recursos afectándose mutuamente, exactamente igual que las tribus de la isla. Cuando los habitantes de Pascua se vieron en dificultades no había ningún lugar al que pudieran huir ni recurrir en busca de ayuda; tampoco la tendrán los nativos del TIPNIS (yuracarés, mojeños y chimanes) cuando pierdan sus bosques y selvas, de nada les servirán sus títulos que con tanta parafernalia les fueron entregados y en el más seguro de los casos engrosaran las filas de la miseria y abandono como sucedió con los ayoreos. Y ni que se diga del inminente aniquilación y saqueo de los recursos naturales, especies y ecosistemas que posee el TIPNIS. Si bastó sólo una población reducida de isleños que utilizaron artefactos de la edad de piedra para hacer desaparecer su sociedad y entorno, realmente no es difícil imaginar lo que miles de colonos, cocaleros, madereros, cazadores, sedientos de destrucción supina y desmedida pudiese hacerle a punta de picota, fuego, salón y motosierra a este pulmón del mundo fuente de oxigeno y agua a gran escala.

Los furibundos cocaleros que nadan en la piscina de la trasgresión e ignorancia colectiva al igual que sus sabios gubernamentales desconocen o no les importa que el TIPNIS comprende bosques considerados como refugios del pleistoceno (hace 10.000 años), esta teoría sostiene que la tierra experimento glaciaciones que bajaron la temperatura a nivel mundial, provocando una disminución de las lluvias en zonas boscosas (Haffer,1979). Este declive de la pluviosidad en zonas tropicales, provoco un rápido cambio de la cobertura vegetal a pastizales, esta drástica variante inicio un retroceso paulatino de grandes extensiones de bosques los cuales se fueron fragmentando o aislando en “parches” en donde conservaban sus características ecológicas tropicales, la fauna de esa época que se hallaba distribuida y adaptada a las condiciones de los bosques húmedos, se vio obligada a “refugiarse” en los “parches” hasta que las condiciones meteorológicas permitiesen un nuevo repoblamiento; en este periodo de aislamiento la flora y fauna experimento una seria de cambios evolutivos provocando altas tasas (niveles) de endemismos (especies que habitan una zona especifica) y diferenciación genética-morfológica de los ancestros pleistocenicos. Al terminar la glaciación, la selva se volvió a extender y con ella los animales que ahí habitaban, pero al establecer un contacto secundario éstos se encontraban ya diferenciados en otras especies incrementando la biodiversidad (riqueza de especies) de los bosques húmedos neotropicales en pocas palabras el TIPNIS ha funcionado y funciona como un -megacentro de diversidad biológica- en donde muchas especies de flora y fauna conviven e inter-relacionan en complicadas e imbricadas redes alimenticias. Los saberes ancestrales indígenas relacionados con la etnobotánica o medicina tradicional de los pueblos de la zona del TIPNIS, “pulidos” a través del tiempo desde la llegada del hombre a esos parajes nos dan cuenta de una riqueza muy grande. En un estudio reciente realizado por Thomas (2010) se describe el uso y el conocimiento de los pueblos yuracarés y moxeños registrando un total de 349 especies de plantas vasculares y una especie de hongo (Pycnoporus sanguineus). La presencia de una gran cantidad de plantas con componentes químicos – bioactivos- nos indica de que en la zona del TIPNIS se halla uno de los más grandes “tesoros” medicinales de Bolivia ; logrando los pueblos nativos de la zona darles usos específicos para cada enfermedad (malaria, disentería, infecciones, envenenamiento) y lo que resalta es que han desarrollado un vinculo “espiritual” a manera de chamanismo, esta práctica está vinculada al uso estricto de ciertas especies vegetales con características alucinógenas y estimulantes, este aspecto religioso es notoria en el pueblo moxeño y es un indicativo de un conocimiento avanzando de la botánica medicinal del lugar, ya que los moxeños poseen la farmacopedia (conocimiento farmacéutico) más completa del TIPNIS.

Las extinciones locales están a la vuelta de la esquina, recordemos que el TIPNIS posee especies emblemáticas como la pava copete de piedra ( Pauxi unicornis), mamíferos de talla grande como el jaguar ( Panthera onca), la grácil nutria (Pteronura brasiliensis), a nuestro único cetáceo el bufeo (Inia boliviensis), al anta (Tapirus terrestris), amén de los esquivos micromamiferos y especies de anfibios ( ranas y sapos) y peces muy poco estudiados. Todo este conjunto de formas muy sensibles a la intervención humana como la que se pretende efectuar en la zona, algunos estudios sugieren que el parque pudiese desaparecer en menos de 15-16 años, de construida la carretera si esto fuese verdad nos tendríamos que resignar a la pérdida de uno de los parques nacionales más grandes de Bolivia, nos tendríamos que resignar a perder miles de años de evolución y adaptación biológica, a perder miles de especies animales y vegetales y de cierta manera condenar al resto de nuestras áreas protegidas a la misma suerte, pues la azulada hydra de la destrucción y el narcotráfico que ahora pretende comerse al TIPNIS no dejaría de crecer y criar cabezas.

La historia es clara los habitantes de la isla de pascua se equivocaron, no pudieron revertir su fatídico destino, no pudieron escapar del colapso como sociedad y entorno, ¿podremos nosotros como bolivianos revertir la situación que se avecina? . Sólo un cambio de timón, una nueva idea de convivencia con nuestra madre tierra podrán evitar este desastroso destino. Sólo así nuestra sociedad Boliviana no llevará implícito el germen de la autodestrucción, solo así podremos salvar nuestros bosques de un anunciado ecocidio y sobre todo salvar a nuestros pueblos originarios de la más cruel extinción.

En lo más oscuro de mis pesadillas imagino pues una tierra desolada y devastada, en donde el suelo y el aire se lamenten por la irreverencia humana, en donde los cielos ácidos y yertos no permitan más el flujo hídrico, donde las especies de flora y fauna desaparezcan devoradas por la gula y sobre todo callejones de mendigos que me hablan en dialectos que no entiendo, suplicando por un pedazo de carne verde. La vida se abre paso pero a este ritmo acelerado de destrucción y demencia los pretéritos cocaleros y avasalladores, de rodillas suplicaran a la pachamama (Gaia) para tratar de recuperar la fertilidad perdida y solo les quedara levantar Moais ,de su fatídico patriarca en donde alguna vez fue el TIPNIS,

*Biólogo especialista en Biodiversidad en Investigación Cientifica / email:dunkleoustus@yahoo.com