Libia, la potencia petrolera que Moamar Khadafi presidió desde 1969, luego de derrocar al rey Idris I, acumuló hasta el 2011 casi 200 mil millones de dólares en reservas monetarias. Esta colosal riqueza tuvo el acierto de mantener casi en su totalidad en su propio país, a la vez que, a lo largo de su extendido mandato, intentó de varias formas conformar alianzas con países y gobiernos afines. Sus últimos infructuosos intentos se concentraron en impulsar la Unión Africana.

A lo largo de los últimos cinco años, Khadafi labró, según él, alianzas con gobiernos europeos. Financió la campaña electoral del todavía presidente italiano, Silvio Berlusconi, y también la de Nicolás Sarkozy de Francia y envió porciones importantes de sus reservas internacionales a esos países y a España, con cuyo rey Juan Carlos y el ex presidente Aznar cultivó “amistad”.

Khadafi envió 40 mil de los 200 mil millones de reservas monetarias a bancos y países “aliados” (España, Francia, Italia, Inglaterra y Alemania, entre otros). Los bancos receptores de parte de esos miles de millones de dólares financian, a su vez, las fábricas de aviones artillados, bombas y armas que las fuerzas de la OTAN utilizaron para derrocarlo y masacrar a su pueblo. La otra parte de esos miles de millones de dólares permitieron a esos países (España, Francia, Italia, Alemania, Inglaterra y otros) aplazar en el tiempo la virtual quiebra que los carcome desde sus entrañas.

Ya tambaleante, Khadafi decidió “repatriar” esos 40 mil millones de dólares. Sus “aliados” le dijeron que ese dinero estaba “congelado”, mientras le lanzaban bombas y mataban a sus hijos.

Instalado y “reconocido” el nuevo régimen, Sarkozy y Cameron pisaron territorio libio nada menos que para anunciar la “liberación” de ese país.

Pero lo que empezó fue la repartija. Mientras alimentan la indefinida guerra civil al interior de Libia, la declinantes y quebradas economías europeas planifican el destino consensuado de las reservas internacionales de divisas, los 200 mil millones de dólares, para enviarlos a sus respectivos países y bancos, y se reparten armónicamente cuotas de barriles de petróleo del país africano. La operación está virtualmente cerrada, incluyendo un próspero mercado de armas y municiones que serán previsiblemente utilizadas por los bandos en conflicto en la guerra fratricida a lo largo de los próximos meses y años y que servirá para diezmar a la población libia.

¿Y que tiene que ver lo anterior con Bolivia? También nacionalizó su gas el 2006 para después “desnacionalizarlo” el 2007. Acumuló reservas de divisas internacionales que llegaron a cotas históricas (11 mil millones) el 2011. Las divisas se encuentran casi en un 97% prestadas a bancos y países europeos y norteamericanos, precisamente los ue bombardearon a Khadafi cuando, simultáneamente, Evo Morales exigía a la OTAN que no invada Libia y suspenda los bombardeos.

Evo también cultivó amistad con el Rey Juan Carlos y el presidente Rodriguez Zapatero de España. Éstos le regalaron ambulancias mientras le exigían respetar los contratos petroleros de Repsol YPF. Hace poco un diplomático ingles “donó” 900 mil dólares, lo que le dio derecho a exigir concesiones al gobierno boliviano en materia energética.

Mientras Evo anuncia que pronto deberá soportar una campaña que afectará su imagen como resultado de “confesiones” del general Sanabria, preso en Estados Unidos por presunto narcotráfico, persiste en prestar al Tesoro norteamericano más de 100 millones de dólares de las reservas de divisas.

Sólo faltan las bombas.