(Sol de Pando).- El Gobierno que administra el naciente Estado Plurinacional va abandonando las banderas de la reivindicación indígena permitiendo el surgimiento de una nueva oposición anti-evista que se apropia de esas banderas democráticas…


Una atinada observación del cientista político Fernando Mayorga permite abordar una interpretación más o menos coherente de aquel enredo político y social que supone el conflicto del Tipnis.

En el trasfondo de aquel dilema tecnicista de partir o no por la mitad el corazón del Parque Nacional Isiboro Sécure para conectar mediante una carretera los departamento de Cochabamba y Beni, subyace una tensión ideológica, según Mayorga, entre dos tendencias que son constitutivas al proceso: el nacionalismo revolucionario, en su vena desarrollista, y el indigenismo que postula un paradigma de ruptura con el tradicional desarrollismo.

Sin embargo, la transversalización ideológica del conflicto, creemos, va más allá de aquella tensión nacionalista-indigenista, sin negar que dicha tensión es medular en el proceso. Mas existen otras “médulas” que motorizan la crisis, y todas tienen que ver con disputas de poder político y económico en torno a la construcción de aquella carretera.

ONG’s versus Partidocracia

El dato más notable es la confrontación que se agudiza entre un grupo de funcionarios y consultores de algunas ONG’s que formaron parte del gobierno de Evo Morales en cargos jerárquicos tales como embajadores y viceministros, como en el caso de Gustavo Guzmám, Pablo Solón y Alejandro Almaraz, vinculados a la Fundación Solón y el Cejis, dos de las ONG’s desplazadas del esquema gobernante por la ávida partidocracia del MAS, que en su afán de cerrado dominio partidario logró apartar de los privilegios gobernantes a varios funcionarios de aquellas ONG’s que co-administraban el nuevo Estado.

Ninguno de estos ex funcionarios del gobierno masista alzó la voz cuando ejercían jugosos cargos en este régimen. En mayo del 2010, cuando los presidentes del Brasil y Bolivia, Evo y Lula, se reunieron en el Chapare para dar inicio a las obras de la carretera Villa Tunari – Trinidad —anunciando el financiamiento de la banca brasileña y la ejecución a cargo de la empresa carioca OAS en todos sus tramos— aquellos embajadores y viceministros guardaron cómplice silencio y sólo hoy, cuando perdieron sus privilegios en el poder, alzan el grito al cielo “revelando” documentos oficiales que hablan de irregularidades (al parecer evidentes) en los aspectos contractuales de la polémica obra.

¿Indigenismo de derecha?

La influencia especialmente de aquellas ONG’s desplazadas del Gobierno (no otras, que mantienen líneas de honesto trabajo institucional consecuentes con sus principios conservacionistas al margen del aparato estatal, como Lidema, Puma, IBIS, Armonía, etcétera), ha introducido un elemento de radicalismo típicamente pequeño burgués en la marcha de los indígenas de tierras altas, imprimiendo un discurso que toca esos linderos del “pachamamismo” criticado por observadores como Pablo Stefanoni. El indigenismo auténtico no es “pachamamismo”.

Por su origen de una disputa política interna entre algunos mandarines de ONG’s con frustrada vocación de “superestado”, y la partidocracia indolente del MAS, la defensa de los derechos indígenas está siendo capitalizada por sectores de la derecha más recalcitrante. El “pachamamismo” a partir de la crisis del Tipnis es una bandera de oposición en su más frívola expresión señorial.

La soberbia de no consultar

La marcha indígena en defensa del Tipnis está reconfigurando la estructura de poder en el Estado Plurinacional, generando nuevas polarizaciones de carácter incluso étnico, por ejemplo entre “cholos” e “indios”, cuando un campesino masista estigmatiza como “salvajes” a los pueblos ancestrales del bosque amazónico.

A esta ruptura contribuye la propia partidocracia masista. La soberbia de los gobernantes que rodean a Evo Morales (algunos de ellos incluso provenientes de la derecha banzerista) hizo que la obra carretera que atravesará por el Tipnis se emprenda vulnerando el precepto constitucional de la Consulta Previa, que es, sin duda, el motivo determinante y directo para que los pueblos de aquellos territorios indígenas hayan emprendido la marcha iniciada el 15 de agosto, independientemente de las influencias de las ONG’s ex oficialistas.

En tal sentido, la marcha tiene su propia legitimidad; aunque sus objetivos están sesgados.

Recurrente olvido a los pueblos no contactados

En sucesivas e insistentes ediciones de Sol de Pando hemos venido llamando la atención de autoridades oficiales y de líderes sociales sobre la urgencia de abordar, a partir de la propia Constitución Plurinacional, el antiguo drama de los pueblos no contactados o en aislamiento voluntario, aquellos a quienes el dirigente campesino mestizo Roberto Coraite llama “salvajes”.

Estos pueblos han sido los grandes marginados de las políticas de tierra y territorio en el actual Gobierno, y nada menos en la gestión del ex viceministro del área Alejandro Almaraz, quien hace bandera extemporánea de la defensa del Tipnis sin haber aclarado cómo es que en su gestión se facilitó el “saneamiento” de unas concesiones en territorio Pacahuara, en Pando, que se originaron durante la dictadura de Banzer a costa del genocidio de los principales líderes de aquella etnia. Dichas concesiones basadas en el despojo y etnicio perpetrado contra los Pacahuara, se “legitima” con “certificados verdes” emitidos por una intocable ONG norteamericana para masificar la exportación de maderas preciosas a Estados Unidos por parte de un empresario maderero con muy “solvente” influencia en ciertos niveles decisivos del Gobierno actual.

Es incomprensible que los dirigentes y promotores de la actual marcha en defensa del Tipnis hayan excluido de su plataforma de movilización las demandas territoriales de los pueblos en aislamiento voluntario, y en franca extinción, como es el caso concreto de los siempre “ninguneados” Pacahuara.

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