México, Tegucigalpa y Santo Domingo, (PL y SEMlac).- Unas 10 mil mujeres fueron asesinadas por razones de género durante los últimos 10 años en México. En Honduras asesinaron a 117 féminas en lo que va de año. En República Dominicana, hasta la semana pasada se registraron no menos de 140 asesinatos de mujeres, la inmensa mayoría a manos de sus parejas o ex parejas sentimentales.

México: Muerte con rostro de mujer

Tiffany Cabrera solo tenía ocho años cuando fue asesinada por comerse las uñas, luego de ser abusada sexualmente. Su cadáver se encontró envuelto en unas cobijas, tras haber sido tirado en una de las callejuelas del Distrito Federal por la madre y otros familiares. A dos días de entrar en vigor una nueva reforma al Código Penal en Ciudad de México, la cual tipifica el delito de feminicidio, su caso se convirtió en la primera consignación de ese ilícito en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF).

Bastaron 48 horas para que la fiscalía capitalina presentara a Daniel Efraín Ruiz Mosqueira, padrastro de la pequeña y responsable de su muerte, como el primer acusado a quien le aplicarán el nuevo código para sancionar actos de género. El actual decreto considera feminicidio cuando la víctima presenta signos de violencia sexual de cualquier tipo. También si a esta se le infringieron lesiones infamantes y degradantes, así como mutilaciones previas o posteriores a la privación de la vida.

Además, cuando existan datos que establezcan que se cometió amenazas, acoso, violencia o lesiones contra la víctima o su cuerpo sea expuesto en público. Ahora las sanciones van de los 20 a los 50 años de cárcel, pero esta regla varía de acuerdo con la relación existente entre el agresor y la víctima. Si entre ambos existió relación sentimental, de parentesco, laboral, docente o cualquiera que implique subordinación o superioridad, la pena mínima se incrementa a 30 años y la máxima a 60 años de prisión.

Aunque hay diferentes estudios, se reconocen por la Cámara de Diputados y el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) unas 10 mil féminas asesinadas por razones de género durante los últimos 10 años en México. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) recomendó al gobierno mexicano tipificar el delito de feminicidio, tras el asesinato múltiple ocurrido durante el 2006 en Campo Algodonero, de Ciudad Juárez, estado de Chihuahua.

Pidió la CIDH, además, conformar mecanismos eficientes para perseguir y castigar a los responsables de ese hecho, en el cual fueron asesinadas siete mujeres. No obstante, la violencia contra las féminas sigue cobrando vidas.

Solo en los últimos dos años se reportaron 500 desapariciones, además de las 125 mil mujeres desplazadas por la guerra contra el narcotráfico del 2006 a la fecha. En los últimos cinco años crecieron en 40 por ciento estos homicidios, además de revelarse cambios radicales en la forma de matar como resultado de la ola de violencia actual generalizada en el país.

Así lo confirma la abogada Soraya Vázquez, asesora jurídica del Instituto de la Mujer del Distrito Federal, quien asegura que al asesinato se une la violación sexual a manos de delincuentes, policías y militares. Este cambio, precisa Vázquez, contrasta con las estadísticas que durante los últimos años ubicaron al feminicidio como un resultado de la violencia de pareja y reconfigura el mapa del crimen contra las mujeres por razones de género.

Hasta 2005 se podía afirmar que, en el 67 por ciento de los casos, las mujeres habían sido asesinadas en sus casas o en espacios privados o familiares, de acuerdo con una investigación realizada por la Cámara de Diputados. Según estadísticas del OCNF, en México, del 2009 al 2010, ocurrieron mil 728 homicidios de mujeres.

Jalisco encabeza la lista de los estados con más agresiones contra mujeres; le siguen Tabasco, Chihuahua, Morelos, Sonora, Distrito Federal y Guerrero. Igualmente la situación es alarmante en los estados de México, Sinaloa, Oaxaca, Colima, Tamaulipas, Baja California, Chiapas y Veracruz. El caso más emblemático es el de Ciudad Juárez, en Chihuahua.

Varias de esas demarcaciones coinciden con los lugares donde ocurren los mayores enfrentamientos al narcotráfico, y resulta superior la militarización y la violencia social. Más de la mitad de todas las muertes violentas reportadas corresponden a mujeres de 21 a 40 años de edad. Análisis del Instituto Nacional de Estadística y Geografía aseguran asimismo que en México la tasa de homicidios por cada 100 mil mujeres se incrementó en más de 40 por ciento, al pasar de 2,45 a 3,52, entre 2005 y 2009.

Durante los últimos dos años sucedieron 14 mil violaciones sexuales, según la diputada Teresa Inchaústegui, de la Comisión sobre Feminicidios en la Cámara de Diputados. Ante los hechos, el feminicidio está reconocido hoy en México como un problema nacional; no obstante, aún existe por parte de las autoridades incomprensión, impunidad y desprecio, advierte el OCNF.

Aunque este acto es generalizado en el país, hasta ahora solo se tipifica este delito en seis estados mexicanos: Guerrero, Tamaulipas, Guanajuato, Morelos, Veracruz y más recientemente en el Distrito Federal. Para Rosa Icela, del OCNF de Guerrero, las legislaciones ponen el acento en las relaciones de pareja, con lo cual se obvia la realidad de violencia de Estado, institucional o social que vive actualmente el país.

Incluso, precisa la abogada Soraya Vázquez, el Distrito Federal es el lugar donde mejor se tipifica este delito, aunque antes de aprobarse el nuevo código la mayoría de los asesinatos contra mujeres eran vistos como violencia social o comunitaria. María Isabel Belausteguigoitia Rius, directora del Programa Universitario de Estudios de Género de la Universidad Autónoma de México, asegura que es mal empleado en México el concepto de feminicidio. Belausteguigoitia afirma que las entidades federales manipulan su definición según sus conveniencias políticas o de autoridad.

Para esta investigadora, no se trata solo del homicidio de una mujer, sino que este tiene diversas implicaciones, donde se involucra poder, dominio de un territorio, impunidad, misoginia y violación de los derechos humanos. Guadalupe Rebolledo Guillaumín, directora del Instituto Municipal de las Mujeres de Xalapa, cree que la tipificación del feminicidio será letra muerta si este no va acompañado por el trabajo de las instituciones de justicia. “Hasta que la violencia contra mujeres deje de ser impune, el feminicidio consignado como delito será letra muerta”, sentencia Rebolledo Guillaumín.

Junto a ella, múltiples mujeres mexicanas, organizaciones civiles, académicos, investigadores, políticos, defensores de derechos humanos reclaman el cese del suplicio de féminas o de niñas como Tiffany, asesinada por solo comerse las uñas.

Arrecia ola de violencia contra las mujeres en Honduras

La violencia contra las mujeres escala a un ritmo desenfrenado en Honduras, donde han sido asesinadas alrededor de 300 mujeres en lo que va de año. Las últimas dos víctimas de esta ola criminal fueron encontradas esta mañana en el cerro El Polvorín, San Pedro Sula, la segunda ciudad más importante del país. Ambas jóvenes tenían una edad aproximada de entre 20 y 25 años y presentaban heridas de arma de fuego, arma blanca y arma contusa, según los reportes de la policía.

Las autoridades presumen que los responsables de los hechos podrían ser miembros de las pandillas juveniles o maras. Al respecto, la Unidad de Femicidios de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) confirmó que hasta el lunes 29 de agosto se registraban 117 muertes de mujeres en todo el Valle de Sula, ubicado en el Caribe centroamericano. Del total de víctimas, 70 fueron homicidios, mientras que el resto está en las categorías de accidentes de tránsito, asfixia por sumersión o ahogamiento, suicidios y otros pendientes de investigación.

La fiscal especial de la Mujer, Grissel Amaya, explicó que el Ministerio Público (MP), confirmó alrededor de 300 muertes violentas, de ellas 95 en la capital durante los primeros ocho meses de 2011. Tegucigalpa y San Pedro Sula son las ciudades con mayores índices de feminicidios en la nación centroamericana, agregó.

El pasado año la criminalidad contra ese sector poblacional cobró la vida de unas 425 mujeres, pero solo tres por ciento de los casos se encuentra bajo investigación por carencias de recursos materiales y humanos. Al respecto, la funcionaria dijo que unos 35 investigadores adscritos al MP apoyarán las pesquisas, en respuesta a varios sectores sociales que exigen poner fin a la impunidad. Pese a la elevada cifra de muertes, la Fiscalía solo ha obtenido en 2011 unas 35 sentencias condenatorias por casos de abuso, puntualizó Amaya.

Del total de víctimas que perdieron la vida durante el primer semestre de 2011, el 83 por ciento murió debido a heridas provocadas por armas de fuego, un 14 por ciento por armas blancas, mientras que el resto falleció por asfixia, estrangulamiento y otras causas violentas. Pero a medida que aumenta la criminalidad contra las hondureñas, la indiferencia oficial ante esta problemática es mayor.

Para Gladys Lanza, coordinadora del Movimiento de Mujeres por la Paz “Visitación Padilla”, la impunidad potencia hechos como estos y autoriza otros asesinatos. Los crímenes no tienen otra justificante que la condición de género. El pasado año, la criminalidad feminicida cobró la vida de unas 425 mujeres, pero solo el tres por ciento de los casos se encuentra bajo investigación, señaló.

En los últimos seis años han sido asesinadas mil 750 hondureñas en la nación centroamericana, no obstante, el 80 por ciento de los crímenes quedaron impunes. La investigadora Jéssica Sánchez entiende por feminicidio la muerte intencional por violencia de género, perpetrada por sus maridos o ex-maridos, compañeros o ex-compañeros, o por terceros o desconocidos.

Por su parte, la miembro de la Coordinadora de Mujeres Campesinas de la Paz, Dalila Aguilar, subrayó que el aumento de estos hechos en Centroamérica se debe a la visión del hombre sobre el sexo opuesto, consecuencia de una cultura machista y patriarcal. Muchas veces sus esposos se involucran en el crimen organizado o en el tráfico de drogas, y ellas pagan los platos rotos, acotó.

Según la directora del Instituto Nacional de la Mujer de Panamá, Markela de Herrera, las principales causas del feminicidio están en “el hábito, la cultura y la práctica de verlas como un objeto; de vivir en una sociedad machista, donde el hombre cree que es dueño de las decisiones y la vida de ellas”.

Esa institución considera urgente reaccionar ante el hecho de que los asesinatos de mujeres crecen más rápidamente que los de hombres en la región, y en su mayoría afectan a muchachas entre 16 y 30 años. Honduras ocupa el segundo lugar en Centroamérica, después de Guatemala, en feminicidios, expresó la Coordinadora de Estrategias de Comunicación e Información de la Mujer de México.

La media internacional de muertes violentas de mujeres al año por cada millón es de 19, pero la cifra en el país sobrepasa el doble de este promedio. Esa problemática tiene una repercusión social muy marcada, pues para el uno por ciento de los hogares centroamericanos, donde las madres son la única fuente de ingresos, el panorama planteado por los avatares de la economía es particularmente sombrío y el trabajo femenino resulta la única barrera que los separa de la indigencia.

De acuerdo con organizaciones humanitarias, las cifras más desalentadoras se concentran en el denominado Triángulo Norte Centroamericano (Honduras, El Salvador y Guatemala), donde hay elevados índices de pobreza y aumenta la acción del crimen organizado, el narcotráfico y la trata de personas.

En estos países, golpeados por las políticas neoliberales, las guerras y los desastres de la naturaleza, las precarias condiciones de vida aparecen como el gran detonante de la violencia. No obstante, Zoila Madrid, profesora de la cátedra de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Honduras, explicó que más allá de estos factores, la enorme cantidad de armas en manos de la población sí se relaciona directamente con los homicidios, por lo cual recomendó un desarme general de ésta.

Otra problemática acarreada por la violencia feminicida es la de los niños que quedan desprotegidos tras el asesinato de sus madres. Unos 100 infantes hondureños quedaron huérfanos en el primer trimestre del año a consecuencia de la muerte violenta de sus progenitoras.

La violencia hacia las mujeres ha sido reconocida como un problema mundial de grandes dimensiones, que causa más muertes y daños a las mujeres entre 15 y 44 años que la malaria, el SIDA y la guerra. Posee la región una historia socio-cultural marcada por hechos violentos contra el sector que, sin embargo, contribuyeron a fortalecer el movimiento feminista en el área.

Algunas de las conquistas de las organizaciones que agrupan a las mujeres se encuentran, en algunos lugares, respecto a la legalización del aborto, la defensa de derechos políticos, sociales y laborales, así como el compromiso de algunos gobiernos en la lucha por las reivindicaciones femeninas.

La realidad actual de las mujeres centroamericanas exige una mayor presencia del Estado en la elaboración de políticas que las beneficien ante los avatares de la economía y el aumento de la violencia en su contra, los cuales les causa en promedio la pérdida de 10 años de vida saludable, indicó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

El defensor de los Habitantes en Honduras, Ramón Custodio, considera que la actual ola de violencia contra el llamado sexo débil es producto de la ausencia de políticas públicas preventivas, la carencia de programas específicos contra el feminicidio, las deficiencias en la investigación y la impunidad.

La situación tiende a agravarse en un Estado incapaz de ver a las mujeres como personas con iguales derechos, de ejercer justicia y de brindarles seguridad. Los crímenes son prevenibles, pero hacerlo requiere voluntad política.

República Dominicana: Violencia machista alcanza dimensiones de horror

Sucesos de la última semana en Dominicana entristecieron a la gente y empiezan a provocar reacciones estatales y sociales. Uno de los hechos fue el de un hombre que ahorcó a sus dos hijos menores para “castigar” a la madre de estos, mientras otro, en Hato Mayor pateó a su mujer al extremo de asesinarle en el vientre a la criatura que gestaba, su propia hija ya próxima a nacer.

Algunos editoriales de diarios impresos y digitales se hacen eco de la alarma. El matutino El Caribe tituló el viernes “Violencia pone al gobierno contra la pared”, al tiempo que anunciaba un “encuentro cívico” en Santiago de los Caballeros, que encabezaría el presidente de la República. Santiago es la segunda capital del país, a unas dos horas de Santo Domingo.

Aunque hay alusiones y caricaturas sobre la violencia de género, el fenómeno se ha globalizado de tal forma que pandilleros, sicarios, asaltantes y hasta la propia policía ejercen como asesinos. La uniformada ha puesto de moda el matar en supuestos “intercambios de disparos”.

El crimen a la bebita gestante y a su madre lo divulgó el blog Atacando, que dio la noticia y publicó fotos. Otro hecho espeluznante fue el de una mujer ultimada con un tiro en la vagina. Al parecer, las dimensiones de este horror suscitarán movilización y protesta crecientes. En el movimiento de mujeres se han cruzado numerosos mensajes de alarma.

El gravísimo problema gana importancia en el imaginario colectivo. La reiteración de sucesos de feminicidios y ataques a las mujeres tiene en vilo a la opinión pública. Hasta la semana pasada habían ocurrido no menos de 140 asesinatos de mujeres, la inmensa mayoría realizados por sus parejas o ex parejas sentimentales, mientras que los homicidios en general llegaron a 1.216. Pero en el lapso de 40 días, a partir del primero de septiembre, los y las muertas sumaron 90 casos, según datos compilados por El Caribe y por SEMlac.

La cifra podría ser aún mayor en los casos de feminicidios, porque las formas en que se registran estos hechos en los centros policiales y hospitalarios parece ser insuficientemente confiable. Tan es así, que la representante del Fondo de Población de Naciones Unidas, Sonia Vázquez, acaba de tener un encuentro con altos oficiales de la Policía en el cual se habría acordado ofrecerle al cuerpo armado asistencia técnica para estos fines. En esa reunión, según informó Vázquez al Foro de Mujeres por la Reforma Constitucional el jueves 8, “el Jefe de la Policía me dio la cifra de 140 muertas hace más de 15 días y el Subjefe habló hoy de 160”.

Los sucesos más perversos

“Hombre le mata criatura en la barriga a mujer al caerle a patadas y trompadas en Hato Mayor”. Así tituló los hechos el colega Manuel Antonio de la Vega, corresponsal y bloguero en esa provincia, a unos 100 kilómetros de la capital dominicana. Acompañó su nota de una foto del feto y de la madre, Carolin del Carmen Rosario, una joven mujer del sector Punta de Garza, en el sur de Hato Mayor, en el hospital donde la intervinieron quirúrgicamente.

Para ella iba a ser su primer parto y tenía ilusión. Los médicos habían determinado hacerle cesárea y ella fue a pedirle apoyo económico al hombre. “Carolin del Carmen dijo a los investigadores que Jorge Luis Medina (EL Doble) constantemente vivía maltratándola y que en una ocasión le propinó una puñalada en el costado, que la llevó al médico”.

El reporte de De la Vega dice también que “El Doble, como se conoce al agresor, tenía días de haber recobrado su libertad, tras cumplir varios años de prisión por venta de drogas. Fue apresado cuando se presentó al hospital a tratar de convencer a la mujer para que no lo delatara ante las autoridades por el crimen cometido”.

Cuando una información de esta naturaleza transita por el talento y la sensibilidad de algún profesional de la comunicación, no hay objetividad que valga. La sensación de rabia y de impotencia sólo incita a reclamar de las autoridades una acción inmediata, la declaración de una normativa de emergencia, un minuto de silencio en el Congreso de la República seguido de un decreto mayor; un castigo -el más severo- para abusadores de esta calaña, sostienen periodistas.

La otra noticia la divulgó el periódico El Sol de Santiago, de Santiago de los Caballeros, y tuvo lugar en Moca, provincia Espaillat, a unos 200 kilómetros hacia el norte. El corresponsal Rafael Martínez anticipó el comentario de que -según sus fuentes- “el hombre estaba celoso y bajo los efectos de las drogas”. Un individuo ahorcó en la madrugada de este domingo (día 4) a sus hijos menores, colgándolos del techo de su vivienda en el residencial Calac II de este municipio.

“Junior Rafael Hernández Trinidad, de 32 años de edad, usó una soga para colgar a Andy Rafael y Yoandy Rafael Hernández Núñez, de seis y cuatro años, respectivamente. Los cuerpos de los dos menores fueron enviados al Instituto Nacional de Ciencias Forenses, de Santiago, informó el fiscal adjunto Saturnino de Jesús Muñoz .Se indicó que el asesino tenía problemas sentimentales con su exmujer, con quien había procreado a los niños.

Aunque todavía sin mayor repercusión en términos prácticos y visibles, los hechos descritos han extremado los sentimientos de angustia, de un lado, y de indignación de otro. La gente más consciente, entre los cuales está la joven activista social Roslyn Cruz, considera que se debe convocar a todos los movimientos de mujeres y a la ciudadanía. “Hay que hacer algo y hay que hacerlo ya, con los sindicatos, las iglesias, monasterios y santuarios…con todas y todos…”, dijo Cruz a SEMlac. Una parte de la curia dominicana también ha expresado alarma.

“Ojalá empecemos a marchar en todos partes del país por todas las muertes de cientos de mujeres víctimas de la violencia basada en género, por las fallas del sistema dominicano de justicia; por la inclusión del feminicidio como crimen en el Código Penal Dominicano; por el despertar de las propias mujeres ante lo que está ocurriendo en los hogares”, afirmó la activista.

“El hogar sigue siendo lugar donde más se cometen los asesinatos de las mujeres a manos de sus parejas, por el solo hecho de ser mujer o por querer reclamar derechos”, expresó Cruz.

Una intelectual y feminista conocida, Fátima Lorenzo, fue convocante en su declaración: “Creo que hay que tirarse a la calle: no hay explicación ante tanta brutalidad, es el día a día que nos deja sin aliento ante nuevos casos, cada vez más sanguinarios e irracionales”.

En tonos más reflexivos se expresaron otras mujeres organizadas, aunque sus mensajes no trascendieron las redes sociales e institucionales. En la zona fronteriza con Haití de Dajabón, una marcha contra la violencia de género encendió ánimos y se dejó sentir. La convocaron las organizaciones Solidaridad Fronteriza y el Instituto Católico de Relaciones Internacionales, en protesta por el aumento de los feminicidios.

La población dajabonera reclamó la unidad de todos los sectores para enfrentar el flagelo. En la caminata participaron monitoras de la Red Fronteriza Jano Siksè, de la Coalición Dajabonera de los Derechos Humanos y organizaciones de la sociedad civil, según reportó el colega Miguel Tapia.

Hastiada la población del incremento incesante de muertes que no reciben el castigo urgente y ejemplarizante, muchas dominicanas y dominicanos lo expresan así: “Esto no puede seguir, no quiero escuchar más números, quiero que esto se detenga, que los y las responsables se pongan a la cabeza de la solución, no más salvajismo. Tenemos que estar alerta, estamos fallando como sociedad, comunidad, familia y como personas”, dijo a SEMlac una joven que no se identificó.

Aunque algunas acciones se intentan, como la Campaña promovida por la Procuraduría de la Mujer, bajo el lema “Pégale a la pared”, ellas siguen siendo golpeadas y asesinadas; violadas e irrespetadas en todas las formas imaginadas.

* Katia Monteagudo es corresponsal de Prensa Latina en México y Yeanny González Peña es periodista de la Redacción Centroamérica y Caribe. Mirta Rodríguez Calderón es periodista del SEMlac.