Los trabajadores mineros proclamamos que nuestra misión histórica, en el presente momento, es aplastar al Capitalismo y a sus sirvientes nativos. Proclamamos que nuestra misión es la lucha por el socialismo. Proclamamos que el proletariado es el núcleo revolucionario por excelencia de los trabajadores bolivianos. Asumimos el papel dirigente de la revolución como genuinos representantes de los intereses nacionales. La alianza de obreros y campesinos con la gente pobre de las ciudades y con todas las fuerzas antiimperialistas y anticapitalistas es la garantía de la victoria.

I. SITUACIÓN INTERNACIONAL Y LA CRISIS ESTRUCTURAL DEL CAPITALISMO

1.- El imperialismo es la fuerza regresiva y contrarrevolucionaria que se opone a las aspiraciones de liberación económica y social de los pueblos. La estrategia continental del imperialismo norteamericano es impedir que surja otra Cuba revolucionaria. La lucha de los pueblos y el avance irreversible en la conquista del poder nos permite vislumbrar un panorama muy diferente al pasado. La estrategia imperialista se debilita cada vez más agobiada por las crisis cíclicas del capitalismo cada vez más cortas. Sin embargo, en su desesperación el imperialismo es el atizador de las guerras, y en su intervencionismo no sólo avasalla soberanías, como ha sucedido en tantos países de América y el mundo, sino que arma y financia permanentemente a los grupos reaccionarios de cada país. Emplea para sus fines contrarrevolucionarios a gobiernos títeres con el ropaje democratizante y hasta dictaduras militares sangrientas, de la misma manera que hace concesiones a grupos burgueses o pequeño burgueses claudicantes. Combina el reformismo con la represión antiobrera y antipopular. Para sus fines guerreristas e intervencionistas, el imperialismo justifica su acción criminal utilizando descaradamente argumentos engañosos como ser la Defensa de los Derechos Humanos, Democracia, etc. en complicidad con organismos a su servicio como la OTAN, Naciones Unidas y la prensa capitalista.

2.- Somos testigos de una profunda caída de la economía mundial en todas sus esferas, del colapso del sistema capitalista. El mundo mira angustiado el derrumbe del sistema financiero mundial, anunciando a la humanidad el arribo de la primera crisis del capitalismo con una envergadura verdaderamente “global” con secuelas directas en todos los mercados de bienes y de capitales de los cinco continentes, superando por mucho a las anteriores crisis cíclicas “mundiales” del Capitalismo.

Definitivamente no se trata de una crisis coyuntural más, la naturaleza de los últimos acontecimientos mundiales desnuda la “crisis estructural” del capitalismo. Se caracteriza por un gran excedente de capital en manos de los grandes consorcios imperialistas que no encuentran acomodo en el aparato productivo mundial debido a la concentración de la riqueza cada vez en menos manos. Los capitales migran al sector financiero especulativo en detrimento del sector “real” o productivo y sin importar que para lograr esos objetivos se destruya el mundo contaminándola y deforestándola.

Toda la cháchara sobre las bondades de un “nuevo” mundo “globalizado y tecnológico” se ven desmentidas por una realidad en el que las Fuerzas Productivas Mundiales, que no dejan de crecer, chocan brutalmente con la tendencia a una apropiación cada vez más privada del excedente económico. El mundo se ha hecho más tecnológico pero a su vez hay más hambre y miseria; los únicos beneficiados con jugosas “rentas tecnológicas” son las gigantescas corporaciones capitalistas.

Ni duda cabe que nos acercamos a los límites históricos del capitalismo. Se avizora en un futuro inmediato nuevas y más profundas crisis “globales” del sistema, cargando sobre las escuálidas espaldas de los trabajadores del mundo sus nefastas consecuencias. La crisis mundial no ha terminado. Los mayores efectos se han dado en las metrópolis del imperialismo y están lejos de salir de la catástrofe. Sus eslabones más débiles (España, Italia, Grecia, etc.) son fuente de conflictos sociales que pueden tener repercusiones sobre las metrópolis del imperialismo y sobre los países coloniales.

La economía capitalista más poderosa, la de los EE.UU., se derrumba y en su caída arrastra a la economía mundial a una recesión de consecuencias catastróficas para todos los explotados y las naciones oprimidas por el imperialismo.

La economía más grande del mundo es también la que tiene la mayor deuda externa (14 billones de dólares) y un astronómico déficit fiscal que sería intolerable para el FMI o el BM en cualquier país capitalista atrasado al que inmediatamente le hubieran sancionado con medidas drásticas de reajuste a costa de la población como actualmente ocurre con Grecia, por ejemplo, o como ocurrió con Bolivia cuando se nos impuso la venta de todas las empresas del Estado y la apertura sin restricciones a la inversión extranjera para el saqueo de nuestras materias primas tan codiciadas por el imperialismo.

En realidad, hace mucho tiempo que los EE.UU. han dejado de ser solventes para honrar su deuda externa. Para pagar sus obligaciones contrae nuevas deudas a cambio de la emisión de Bonos del Tesoro que se cotizan en las bolsas de valores como parte de la espiral financiera especulativa sin respaldo en la producción.

La quiebra de la economía norteamericana es la expresión más contundente de la crisis estructural del capitalismo. Si EE.UU. se declara en “default” o en quiebra y suspende el pago de sus deudas, todo el castillo de naipes de los valores ficticios con los que se mueve la economía especulativa capitalista se derrumbará provocando una recesión mundial con consecuencias desastrosas para la humanidad.

En Bolivia las reservas internacionales de once mil millones de dólares se harán humo en un cerrar y abrir de ojos, los altos precios de las materias primas caerán en picada por la paralización de aparato productivo mundial y la precaria economía nacional se hundirá. De hecho, la cotización de los minerales en las bolsas de valores ya ha comenzado a caer lo que pone en peligro la producción minera en el país.

3.- En este siglo XXI el capitalismo ha confirmado su carácter destructivo y enemigo de la humanidad. El fracaso de los modelos neoliberales impuestos y las agudas crisis del sistema hacen inviable el funcionamiento del mismo. La crisis de producción, el derrumbe del sistema financiero debido a los límites inaguantables de especulación en las bolsas, patrocinadas por bancos irresponsables bien respaldados por sus gobiernos, hacen que vivamos una crisis general del Capitalismo con una economía artificial y la destrucción paulatina de la naturaleza y amenazando con la vida misma en el planeta. La lucha interimperiarista por el dominio de los mercados, la ciencia y la tecnología arrastra al mundo a una guerra tecnológica y mediática para dinamizar su economía y salvar con la destrucción su dominio mundial no importando si esa destrucción sea la definitiva y total. Las intervenciones como en Irak, los países árabes y africanos muestran el grado de irresponsabilidad salvaje del imperialismo por mantener su dominio. No dudará en enfrentar a pueblos unos contra otros y sembrar guerras internas y fratricidas Ocasionando multitudinarias marchas en busca de refugio y pan huyendo de sus hogares de la muerte y el hambre como en Somalia. Las condiciones de miseria y hambre se han multiplicado en el mundo y América Latina. Aunque EE.UU. no será nunca más lo que fue en el pasado, la economía capitalista traslada sus metrópolis imperiales a otros países como China, India y otros países emergentes. La propaganda imperialista continúa denominando a China como país socialista aunque hace décadas que abandonó ese camino.

Con la política integracionista y la formación de bloques regionales a gusto del imperialismo buscando crear un mercado común a su servicio y para su enriquecimiento demostró que no funciona. En América latina se disuelven por inanición. La Unión Europea no tiene futuro. A esos planes se someten los grupos burgueses y pequeño burgueses conciliadores bajo el señuelo de ‘asociación e iniciativa privada‘- Los intentos de unidad impuestos por las masas maduran y serán un componente fundamental en las luchas futuras.

4.- El hecho de que el imperialismo sea el enemigo común de nuestros pueblos, la circunstancia de tener los países latinoamericanos un origen histórico común, la tendencia general que presenta el desarrollo parcial con sentido capitalista independiente, etc., hace de la lucha revolucionaria continental un proceso con aspectos simulares, pese a las diferencias particulares originadas en el nivel alcanzado por cada una de nuestras repúblicas, además de que muestran como protagonistas principales del cambio histórico a las masas laboriosas y las masas sometidas al hambre, miseria y discriminación.

Las fuerzas revolucionarias de América latina, al atacar al imperialismo, también se enfrentan a los ‘apoyos‘ internos de éste, que no son otros que las oligarquías serviles a las trasnacionales. Por eso entre la fase nacional liberadora y el socialismo no existe ninguna muralla inseparable. La experiencia cubana con todo el sabotaje que enfrenta durante décadas es aleccionadora al respecto.

Los trabajadores de Bolivia manifestamos nuestro apoyo a la revolución cubana. Manifestamos nuestro apoyo y solidaridad con los pueblos que luchan por su liberación y a los fundamentos del socialismo: la propiedad social sobre los medios de producción.

II. LA CLASE OBRERA Y LOS PROCESOS DEMOCRÁTICOS

1.- La historia enseña que en la presente etapa en que se desintegra cada vez más la dominación imperialista, en la que se evidencia el indiscutible fracaso del neoliberalismo, del libre mercado y el Consenso de Wahingtón, los países atrasados alcanzarán la meta de la civilización, vale decir, del desarrollo integral y armónico sólo por la vía socialista. Las tareas democráticas, dentro de la definición del pueblo sobre la democracia: dictadura contra los opresores y amplia democracia para los hoy oprimidos, se realizarán en forma plena cuando el proletariado y el campesinado se conviertan en dueños del poder político, como portavoces de las capas medias empobrecidas y la nación oprimida.

El modelo democrático-burgués que por décadas estamos viviendo y que está expresado en la democracia formal, representativa, incluso participativa, considera suficiente el derecho a elegir y ser elegido. Mientras no se ponga en peligro la gran propiedad privada burguesa, el proceso de acumulación y reproducción de capital el sistema admitirá esas libertades ficticias y esa democracia formal. Ese modelo no tiene posibilidades de mantenerse indefinidamente como tal. Se debe transformar en socialista mediante la torna del poder por la clase obrera en alianza con los campesinos y clase media empobrecida o fracasa.

2.- El nacionalismo, el reformismo burgués o pequeño-burgués busca consumar asumiendo poses populistas una serie de reformas estructurales, o sea, pretende superar las formas de producción atrasadas y dominadas con el modelo exportador de materias primas con la finalidad primordial de desarrollar el país, abrir campo a las inversiones foráneas (al capital financiero) y mantener indefinidamente el régimen capitalista que, en nuestro caso significa imponernos la condición de simples productores de materias primas para el mercado mundial.

El desarrollismo en el marco de los intereses capitalistas e imperialistas, los programas de nacionalizaciones a medias y los tímidos intentos de planificar algunos sectores de la economía no tienen más que ese sentido.

Los movimientos de esa orientación entienden el antiimperialismo como una simple postura de mercaderes, lograr únicamente un mejor trato y mejores precios para las materias primas y no como la destrucción de las cadenas económico-políticas del imperialismo, como ser la expulsión de los tentáculos empresariales y de las diversas misiones como USAID y las ONG´s que controlan todos los aspectos de la vida nacional en beneficio del capitalismo. Consideran el desarrollo del país basado en las recetas desarrollistas de los países imperialistas y avanzados, diseñadas según sus propios intereses y no como el armónico desarrollo de toda la economía de modo independiente. En ese sentido denunciamos la labor camuflada, engañosa y servil a los intereses del imperialismo y del capitalismo de las ONG´s que operan en el país.

3.- En diversos periodos de nuestra accidentada historia se han producido grandes movimientos sociales promoviendo cambios estructurales e intentos serios por romper el atraso y dependencia. Capas de militares y/o civiles han realizado esfuerzos por suplantar la caducidad y la incapacidad de la burguesía promoviendo golpes de toda naturaleza. Uno de los aspectos particulares de nuestro atraso, entre otros, radica en la demostrada impotencia e incapacidad de la burguesía nacional, hoy dominada y aplastada por el capital transnacional para sacarnos de dicho atraso y convertirnos en un país altamente industrializado, dentro de los moldes del régimen capitalista de producción. La dominación de los países imperialistas sobre los países atrasados determinó la imposibilidad del desarrollo de la caduca burguesía industrial, para precautelar a los centros de poder industrializados y como forma de sometimiento permanente a las metrópolis capitalistas.

4.- Las nacionalizaciones y medidas progresistas hechas por tales gobiernos, del mismo modo que su lenguaje al rojo vivo del primer período de oposición contra el imperialismo y la reacción concluyeron siempre retrocediendo y desnaturalizando esas medidas. Los regímenes que adoptaron esas medidas impuestas por el pueblo movilizado no comprendieron que el desarrollo industrial integral, dentro de los marcos del régimen capitalista de producción y en la órbita del imperialismo, ya no es posible y que conduce a la traición de los intereses nacionales. Las lecciones de los gobiernos de Toro, Busch, Villarroel, la del régimen movimientista y hoy las falsas “nacionalizaciones” en sociedad con las transnacionales que hace el MAS, continuando el saqueo de nuestros recursos naturales confirman este enunciado. Es indudable que las referidas tareas, las tareas democráticas, concluyeron empantanadas e inconclusas, aunque fueron en sus inicios progresistas y muchas de ellas impulsadas e impuestas por los trabajadores.

Cuando la restauración oligárquico-imperialista consumó la entrega total de nuestras riquezas naturales y la enajenación de nuestra soberanía, masacrando para ello a la clase obrera y al pueblo, los trabajadores, campesinos y clase media empobrecida derramaron su sangre por defender las conquistas democráticas y por hacer realidad la liberación nacional. Esta fresca la lucha heroica que libraron los mineros junto a las masas pobres radicalizadas contra el desgobierno y entreguismo gonista, derrotandoy expulsándolo del gobierno, escribiendo las agendas de lucha reclamadas por el pueblo boliviano para su cumplimiento. Sin embargo; en las jornadas de octubre de 2003 la perspectiva socialista que los obreros levantamos como nuestra estrategia, estuvo ausente, razón por la cual la demanda de las masas se frustró.

El Proceso iniciado en el 2006 con la amplia victoria electoral del MAS fue resultado de la lucha del pueblo al echar del gobierno a los resabios del gonismo, Carlos Meza Gisbert y compañía. La unión del pueblo se demostró en el voto aplastante por Evo Morales. La apertura de su Gobierno a representantes del neoliberalismo marcaron el viraje hacia posiciones reformistas y abandonando los objetivos por los cuales el pueblo había luchado contra el neoliberalismo el 2003 y 2005.

Las masas oprimidas en el país tenemos claramente identificados a nuestros enemigos: las transnacionales saqueadoras (imperialismo), los latifundistas, los grandes empresarios vende-patrias, los politiqueros de los partidos burgueses tradicionales, pero esta claridad de visión se ha visto en la última época ofuscada por la labor confusionista del reformismo y la burocracia sindical, controlada por el MAS, que se empeñó en sembrar ilusiones sobre la posibilidad de transformar el país (refundar Bolivia), acabar con el hambre, la miseria, la desocupación, la discriminación social y racial, etc, a partir de reformas jurídicas al aparato del Estado Burgués sin tocar para nada el basamento económico sobre el que se asienta la opresión imperialista y la explotación burguesa.

5.- Declaramos los trabajadores mineros que en su momento hemos apoyado a los gobiernos progresistas ya señalados. Los hemos apoyado no desde el punto de vista puramente lírico, sino con una activa militancia revolucionarla. Sin embargo, fueron estos gobiernos, a pesar de todo, los primeros en abandonar su pose antiimperialista, desnaturalizar las medidas iniciales y terminar enfrentándose al pueblo considerando injustamente toda crítica como una expresión de la derecha. Sin embargo la autocrítica profunda nos muestra que no fue suficiente el apoyo y debía pasarse del apoyo a la participación efectiva, orgánica y militante para avanzar hacia un proceso socialista. Los trabajadores fuimos protagonistas de las movilizaciones del 2003 y 2005, los mineros dimos nuestros muertos en esas jornadas. Por lo tanto el proceso era nuestro y debíamos terminar apropiándonos del mismo para conducirlo por un sendero verdaderamente revolucionario. Los procesos reformistas se estancan en sus albores y, luego, caen en un mayor predominio del imperialismo. Comprobamos, en carne propia, que los procesos democráticos y nacionalistas que no son dirigidos por el proletariado, campesinos y clase media empobrecida y transformados en un proceso socialista, concluyen siempre en la frustración y la derrota.

6.- No existe ninguna razón valedera para que los trabajadores y el pueblo se hagan ilusiones sobre el actual gobierno si efectivamente no avanzarnos en el camino de apropiarnos del proceso en la perspectiva de instaurar nuestro propio gobierno: el gobierno obrero, campesino y las capas medias empobrecidas. Estamos seguros de que el curso democrático y popular y las medidas de avance adoptadas por el gobierno, sólo podrán triunfar definitivamente a condición de que tal proceso pase realmente a manos del proletariado, campesinado y pueblo empobrecido. Únicamente por este camino las tareas nacionales serán transformadas en socialistas, permitiendo a Bolivia convertirse en una comunidad altamente industrializada en beneficio directo del pueblo.

7.- A pesar de los intentos por industrializar nuestro país como una forma práctica de salir de la dependencia internacional del precio fluctuante de las materias primas, el sabotaje de los países imperialistas y desarrollados impedirán más que nunca estos propósitos. Consolidar una independencia y soberanía de nuestros países resultará cada vez más difícil en este periodo de crisis del Capitalismo que recurrirá en su desesperación a ahogar nuestras ansias de liberación nacional y social. La garantía de una industrialización sólo se materializará rompiendo con el imperialismo y uniéndonos en este propósito con los países que marchan por esa vía. La medida básica para ello es nacionalizar sin indemnizar todos los medios de producción que están en manos del imperialismo y esto no podrá hacerlo más que el proletariado, campesinos y pueblo pobre empobrecido desde el poder.

Nuestra posición frente a los procesos democráticos dirigidos por la pequeña burguesía, fue mantener nuestra independencia de clase, desde el momento en que dichos procesos no resuelven el problema nacional y menos las contradicciones de nuestra sociedad. El Proceso cuyo punto alto fue 2003 y 2005 es de propiedad de los trabajadores y del pueblo. La táctica de la clase obrera debe ser entroncarlos con la estrategia final del Socialismo. Nuestro objetivo es el Socialismo y nuestro método para alcanzar dicha finalidad histórica es la revolución social que nos permitirá transformar un proceso nacionalista, reformista o populista en socialista. La rica experiencia de lucha del pueblo boliviano enseña que cada milímetro de avance se debe preservar y consolidar para seguir avanzando. La independencia de clase será siempre en relación a los gobiernos burgueses sean estos dictatoriales, derechistas neoliberales, nacionalistas o toda forma de reformistas pro-burgueses. Para que un proceso conquistado e impuesto por las masas mediante la acción directa avance por la senda del socialismo debe entenderse la independencia de clase como una identificación como clase contra la burguesía capitalista y sus sirvientes y no como una declaración de neutralidad ante los acontecimientos dinámicos del proceso.

III. SOCIALISMO Y CAPITALISMO DE ESTADO

1.- Para nosotros, los trabajadores, la lucha antiimperialista tiene un único contenido: la lucha por el Socialismo. Están equivocados aquellos que se afanan por darle otro contenido. Diariamente se viene especulando que el nacionalismo u otra tercera vía, es ajeno tanto al capitalismo clásico como al socialismo. Se insinúa que es una política neutra entre ambos extremos, que llega a su punto culminante bajo la forma de capitalismo de Estado. Algunos teóricos de esta tendencia sostienen que la América Latina puede lograr su pleno desarrollo económico siguiendo el llamado “modelo nacional del capitalismo de Estado”, por la conciliación entre el capital privado (inversión privada) con la economía estatal. Ambas formas de economía, al no salir del área del sistema capitalista, concluyen consolidando nuestro atraso y dependencia.

2.- Después de la Revolución de Abril del 52, Bolivia conoce, entre otras, una economía mixta de propiedad privada y propiedad estatal. Así, junto a COMIBOL, se tiene la minería privada; al lado de los Bancos Central, Minero y Agrícola, la reacción interna e internacional controla la gran Banca; al lado del monopolio fiscal de la exportación se tiene la libertad del comercio exterior por parte de la empresas trasnacionales y la minería mediana; posteriormente ese tipo de economía sirvió para el advenimiento de la economía neoliberal entreguista y destructora de la incipiente economía en manos del Estado. La penetración de los agentes de la empresa privada trasnacional en las estructuras del estado y sus empresas, posibilitó un sabotaje planificado para precipitar la quiebra de la empresa estatal y difundir a los cuatro vientos sobre la ineficacia del estado como administrador haciéndonos creer que sólo la administración privada tiene futuro. No es suficiente decir que el capital privado es necesario a condición de que éste se acomode a los intereses de Bolivia, al margen de la simple ganancia. Un fenómeno semejante se presenta, igualmente, en la agricultura, entre la incipiente propiedad privada del minifundio y las formas de explotación comunitaria y cooperativista, así como las empresas capitalistas agro-ganaderas en el Oriente.

No debemos olvidar que Bolivia es, fundamentalmente, un país atrasado. Y es atrasado porque continúan pendientes de realización las tareas de la industrialización y el rompimiento de la dependencia que tenemos como país vendedor de sólo materias primas. Por tal razón, está cerrada la posibilidad de desarrollo económico integral dentro de Las formas de una economía capitalista, sea ésta privada o estatal, o la llamada “concentración” de ambas, mientras no se rompa definitivamente con el imperialismo y el capitalismo.

3.- Nuestra única vía de desarrollo es el Socialismo. Requerimos que todas nuestras riquezas fundamentales estén en manos del Estado y que el Estado esté en manos de la clase obrera, campesina y pueblo empobrecido. La estatízación de los medios de producción debe acompañarse con la planificación de la economía y el Control Social de los trabajadores. Ambos fundamentos nos permitirán salir gradualmente del estancamiento y la miseria del pueblo boliviano.

En las condiciones actuales no puede hablarse de que se puede “planificar” la producción nacional en medio del mar de contradicciones que es nuestra economía. La planificación económica es posible y necesaria cuando las riquezas las controla el Estado, especialmente la banca y el comercio exterior. El poder del capitalismo reside en su poder económico; limitar y arrebatar ese poder es anular su condición de clase~dominante. En ese sentido las formulaciones acerca del “”capitalismo de Estado”” se van evaporando y convirtiendo en cosa del pasado y que se debe superar, se las abandona oficialmente como una concesión a las crecientes presiones ejercitadas por la derecha criolla y el imperialismo.

4.- La experiencia de 1952-1964 nos enseña que una revolución para ser victoriosa no debe detenerse, sino continuar hasta el fin, y que el problema decisivo es la cuestión de saber qué clase controla el poder. No basta la acción insurgente de las masas, sino definir quién asume la dirección de esa insurgencia. El proceso de 1970 ahogado en sangre por la dictadura banzerista, la ascensión de Siles Zuazo el año 1982 fueron brevísimos periodos históricos que demuestran esa conclusión.

No basta la participación heroica de la clase obrera en los acontecimientos del país, sino la forma que asume esa participación y si ella actúa con su liderato y en pos de sus propios objetivos. Es preciso, en fin, que conquiste el rol hegemónico en el curso de la lucha, junto a las masas campesinas y a los amplios sectores populares urbanos.

El problema que le plantea al proletariado boliviano es el de constituirse en una poderosa fuerza social y actuar dentro del presente proceso para conquistar y consolidar el poder para el pueblo. En este sentido los trabajadores rechazamos toda posibilidad de volver a la experiencia negativa del llamado ‘co-gobierno‘ que terminó como un vulgar cuoteo de la administración y cerró a la clase obrera y al pueblo el camino hacia la conquista de todo el poder, y que al haberse convertido en instrumento de control y freno de los trabajadores en manos de la pequeña burguesía, terminó en el mayor de los desprestigios por la traición que significó al rolhistórico del movimiento obrero.

IV. LAS FUERZAS DE LA REACCIÓN Y LA CONSPIRACIÓN CONTRARREVOLUCIONARIA

1.- Si bien vivimos un proceso impuesto por las masas, después de la derrota infringida al neoliberalismo en las jornadas de lucha de octubre 2003 y Mayo-Junio 2005, es evidente que la contrarrevolución y la reacción derechista y fascista no ha sido aplastada ni mucho menos. La reacción y la contrarrevolución derechista y fascista son el producto de la resistencia empresarial a cualquier cambio y disminución de sus ganancias. El empresariado trasnacional fue despojado del poder en forma parcial y simbólica, sin embargo al convivir junto al Estado en la vida económica del país sigue controlando los hilos de la economía y la política del país y, ante cualquier medida progresista del gobierno, ha respondido cerrando filas para rechazar lo que considera peligroso a sus intereses de clase. Para ello utiliza todos los medios a su alcance desde la propaganda por los medios de comunicación que, en su mayoría se encuentran en manos de la burguesía hasta la conformación de grupos paramilitares fascistas organizados para una conspiración sistemática.

2.- El actual proceso es contradictorio: mientras el gobierno, por un lado, proclama algunas medidas antiimperialistas y progresistas, por el otro adopta medidas proempresariales y contrarias a los intereses nacionales y populares. El proletariado apoya todo lo que es positivo para la emancipación de nuestro pueblo y, al mismo tiempo, critica y combate aquellas medidas contrarias a las masas, luchando por imponer nuevas medidas antiimperialistas que nos conduzcan a una verdadera revolución en el camino de la emancipación nacional y el socialismo. Tal es la táctica empleada hasta el presente de nuestra actuación frente al proceso. Lo que queda por hacer es o permitir que la reacción se apropie del proceso o nosotros, generadores del mismo seamos los esenciales y verdaderos protagonistas en dirección de la construcción del Socialismo.

3.- ¿Dónde se encuentra la reacción contrarrevolucionaria? En primer lugar, en el mismo gabinete y en el ejército, tradicional guardián de los intereses capitalistas. La destitución de miembros del ejecutivo alineados en un honesto proceso de cambio y las renuncias de militantes masistas a su organización denunciando el abandono de los principios por parte de la cúpula dirigencial es cada vez más frecuente. El Gobierno, por su parte, utilizando la vieja práctica de calificar toda crítica como parte de una conspiración fantasmal, es incapaz de recoger las críticas que diferentes organizaciones realizan con fundamentado argumento. No es ningún secreto el trato diferenciado y de favoritismo que concede el gobierno al Ejército y Policía con la finalidad de comprar su lealtad. Finalmente no se garantiza hasta qué punto se puede contar con el apoyo castrense. Alrededor de esta fuerza política castrense, la única determinante hasta hoy en Bolivia, están los otros grupos reaccionarios, que saben que su porvenir depende de presionar y seducir a la jerarquía militar.

4.- A la tradicional actuación de la prensa mercantil, deformando y distorsionando la información y la realidad nacional se agrega el uso de los medios informáticos sin control y con el peligro de corroer la mentalidad de nuestra niñez y juventud. La labor reaccionaria de la prensa derechista en momentos de gran actividad revolucionaria es bien conocida. El doble lenguaje que utilizan fue desenmascarado muchas veces por los trabajadores quienes han planteado con razón el apoyo estatal para implementar sus propios medios de comunicación. Finalmente hay que identificar claramente al enemigo. La cabeza visible de la conspiración la constituyen la empresa privada trasnacional, la gran banca, los importadores y la minería mediana, controlados por los capitales imperialistas, junto con la embajada yanqui, la CIA y la burocracia imperialista asentada en el país. Con su poder económico son los principales degeneradores y corruptores de la sociedad y sobre eso se tiene abundantes pruebas.

5.- Las burocracias que se van generando producto de la recuperación de empresas estatales debe ser objeto de vigilancia permanente por los trabajadores y pueblo en general. Es indispensable consolidar el Control Social de los trabajadores sobre la administración de esos medios de producción estatales. La experiencia histórica ha demostrado que permitir un manejo discrecional de las empresas estatales por parte de los administradores del Estado significa la penetración sistemática de los agentes del capitalismo para sabotear a las empresas del Estado. Una vez logrado esto, como en el pasado, se encargarán de difundir y publicitar sobre la incapacidad del Estado como administrador y a los trabajadores culpabilizándoles del fracaso, sin que hayan tenido nada que ver en eso. Al presente la administración de las empresas estatales se entrega a antiguos administradores de los regímenes neoliberales y eso, ya de inicio, es dañino y peligroso para el futuro de la Empresa. En COMIBOL se tiene un Directorio con injerencia de representantes de la cooperativas mineras al amparo de su alianza política con el MAS. La potencial reacción y contrarrevolución está en esos niveles de administración que fácilmente se asimilarán a cualquier cambio reaccionario.

La nacionalización de las minas se pagó con las vidas de cientos de mineros asesinados por la oligarquía feudal burguesa. Los trabajadores lucharon porque las minas nacionalizadas sirvan a los sectores productivos y se conviertan en el núcleo de nuestra liberación. Este pensamiento obrero fue marginado de todos los gobiernos que pasaron por el poder desde 1952. La COMIBOL y YPFB, contrariamente, se convirtieron en el Banco privado de los gobernantes de turno y en el refugio de los políticos oportunistas. Al recuperar esas empresas el carácter de columna vertebral de la economía nacional los trabajadores debemos ejercer un estricto Control Social.

V. SITUACIÓN DE LA MINERÍA

1.- Casi todas las minas grandes del país, excepto Huanuni, están en manos de transnacionales que producen y exportan dejando al Estado miserables impuestos. Sólo la mina San Cristóbal que es subsidiaria de la transnacional japonesa SUMITOMO produce 1600 toneladas métricas diarias de concentrados de zinc – plata y plomo. Sus ganancias netas son del orden de los miles de millones de dólares dejando para el Estado apenas unas decenas de millones de dólares. De la misma manera, otras transnacionales explotan ricos yacimientos en el país sin que el gobierno ponga fin a este saqueo.

La nacionalización de las minas en las actuales condiciones de saqueo de las mismas por empresas transnacionales, es una reivindicación elemental que debe materializarse sin indemnización alguna y bajo control social de los trabajadores. Al actual planteamiento de nacionalización de las minas, el gobierno del M.A.S. ha respondido que no puede porque los propios trabajadores de las minas privadas se oponen.

Esta actitud conservadora de los compañeros de la minería privada se explica por su desconfianza hacia el gobierno del M.A.S. y, en consecuencia, al temor de que una falsa nacionalización acabe poniendo en peligro sus fuentes de trabajo en una coyuntura favorable por los altos precios de los minerales en el mercado mundial. Sin embargo; ante la demanda patriótica de todo el pueblo no existe otra alternativa que el de luchar por la nacionalización de las minas garantizando la estabilidad laboral, respeto a sus categorías salariales, conquistas sociales y continuidad ininterrumpida de operaciones.

2.- La demanda del pueblo en su lucha al expulsar al gonismo y sus sucesores el 2003 y 2005 fue el de recuperar los recursos mineros de las trasnacionales para los bolivianos. El cumplimiento de estos objetivos fue mínimo. Sólo la Fundición de Vinto se revirtió parcialmente quedando todavía la fundición de Antimonio en manos de Sinchi Wayra.

Los trabajadores mineros de Huanuni, empresa minera que detenta el más rico y gigante yacimiento de estaño del continente, expulsaron a la trasnacional inglesa Allied Déals el año 2002 imponiendo y perforando el Código Minero neoliberal con la Ley 2400 que permite a COMIBOL la explotación directa a su cargo. En Octubre de 2006 se produjo la histórica incorporación de 4000 compañeros a las planillas de la Empresa Minera Huanuni. Este trascendental hecho reivindicado por el gobierno como nacionalización le permite al Estado percibir utilidades nunca antes registradas desde la creación de la COMIBOL. Huanuni se ha constituido en la Empresa minera estatal más importante del país, 100% en manos del Estado y, por sus índices de producción, por sus utilidades, por la generación de empleo y por la circulación de millonarios recursos en la región, el departamento y el país, Huanuni debe ser la referencia que marque el potenciamiento y refundación de COMIBOL a la que deben sumarse las otras empresas que hoy se encuentran en manos de trasnacionales. Las inversiones urgentes para aumentar la producción con nuevo ingenio, adquisición de compresoras, subestación de energía eléctrica y demás equipo de minería ha sido una lucha de los trabajadores. Hoy los trabajadores, con el sindicato y Control Social apuntan a la exploración y desarrollo minero así como a la diversificación como forma de encarar un futuro sólido como empresa.

VI. UNIDAD OBRERA ANTIIMPERIALISTA

1.- En el presente período, la clase obrera tiene que adquirir un alto grado organizativo y convertir sus direcciones nacionales, medias y de base, en centros de vanguardia revolucionaria, capacitadas para llevar el actual proceso hacía el Socialismo. La capacidad combativa del movimiento obrero se mide por su conciencia, por su unidad, por la capacidad y calidad de sus aliados y por su capacidad de dirección. Si los trabajadores no cuentan con un comando probado y forjado al calor de la lucha, sólo encontrarán derrota tras derrota.

Están equivocados aquellos que sostienen que las organizacíones sindicales deben limitarse a jugar el papel de sindicatos amarillos, es decir, circunscritos a la lucha puramente económica. Sin abandonar la brega por el aumento del pan cotidiano, los trabajadores debemos intervenir en la vida política del país en nuestra condición de vanguardia revolucionaria.

No debe olvidarse que la tragedia boliviana no es otra cosa que la ausencia, en unos casos, y debilidad, en otros, de fuertes organizaciones obreras y populares. El porvenir de Bolivia está en manos de los trabajadores, campesinos y clase media empobrecida porque somos los que podemos sacarla definitivamente de su atraso y dependencia.

2.- Para cumplir nuestra misión histórica, los trabajadores debemos contar con formas propias de organización: los sindicatos, el Instrumento Político de los Trabajadores como la dirección política revolucionaria del frente antiimperialista y anticapitalista. Contamos con nuestras propias banderas de lucha ideológica y con nuestros propios métodos de combate que conducen a la conquista de nuestro propio gobierno, que por ser el gobierno de los trabajadores, campesinos y capas medias pobres será el gobierno más auténticamente nacional del país.

3.- La Central Obrera Boliviana, a la que defenderemos contra toda tentativa divisionista, tiene que perfilarse como una certera, ágil y esclarecida dirección proletaria de todos los trabajadores, donde se materialice la verdadera alianza con nuestros hermanos campesinos, los artesanos, los comerciantes minoristas, los intelectuales, los universitarios y los profesionales dentro de la más amplia democracia sindical. A su vez, la Federación de Mineros debe expresar la unidad y la conciencia de clase de los combativos trabajadores del subsuelo.

La unidad obrera y la fortaleza de nuestras organizaciones son la única garantía para que el actual proceso no sea estrangulado dentro del marco puramente capitalista, estancamiento que es sinónimo del retorno al poder de la contrarrevolución.

4.- Para llegar al Socialismo se plantea la necesidad de unir, previamente, a todas las fuerzas revolucionarias y antiimperialistas. El Instrumento Político de los Trabajadores a la cabeza del frente revolucionario antiimperialista es la alianza obrero-campesina junto a las masas de las ciudades y el campo, en el plano político. En el confluyen todas las corrientes sociales y políticas que pugnan por un cambio a fondo de la situación boliviana, con la sustitución de las estructuras caducas en sentido antiimperialista y anticapitalista. La expulsión del Imperialismo y el Capitalismo y la solución de las tareas nacionales y democráticas aún pendientes, harán posible la revolución socialista.

La clase obrera APOYA medidas antiimperialistas pero rechaza cualquier retroceso o medida que favorezca al enemigo de clase. No estamos de acuerdo con el nacionalismo que se esgrime para alimentar la colaboración de clases opuestas y obligar al proletariado a renunciar a sus objetivos propios, de la misma manera que condenamos aquel nacionalismo que sirve para alimentar la desconfianza y el odio entre los pueblos.

5.- Los métodos y formas de lucha del proletariado deben acomodarse a los objetivos finales, no pudiendo existir contradicción entre fines y medios. La experiencia acumulada acerca de los métodos crueles de represión empleados por los enemigas de clase, nos enseña la necesidad de estar preparados para el empleo de todas las formas de lucha, incluyendo el uso de la violencia revolucionaria.

En cada situación histórica concreta definiremos si la preocupación fundamental radica en la educación y organización proletarias, en la movilización de las masas o en la preparación militar. La clase obrera aspira a la toma del poder junto al campesinado y capas pobres de las ciudades y debe estar dispuesta a usar aún la fuerza si así lo requiere su posición dentro de la correlación de fuerzas de las clases.

6.- La clase obrera rechaza la prédica de la conciliación de clases y de la “paz social”, por ser contraria a su aspiración de conquistar el poder. La lucha de clases en un país atrasado como el nuestro, no niega la posibilidad de la alianza entre clases no antagónicas, hecho que nada tiene que ver con la política reformista del colaboracionismo.

La clase obrera, para transformarse en caudillo popular, levanta las reivindicaciones progresistas de los sectores mayoritarios y hace suyas las consignas nacionales que se refieren a enfrentar la acción sojuzgadora del imperialismo. El proletariado, tanto en el plano sindical como en el político, ayudará a fortalecer la organización y conducta independiente de los demás grupos de trabajadores y pugnará por una política de unidad con los sectores avanzados de la intelectualidad, las masas estudiantiles y los sectores radicalizados de las capas medias. Sostendrá la política de pactos, pero su empeño principal estará dirigido a lograr una poderosa Central Obrera Boliviana.

VII. INTERNACIONALISMO PROLETARIO

1.- Siendo la causa de todos los trabajadores del mundo una sola, estrecharemos los lazos de amistad y ayuda recíproca, bajo los estandartes del internacionalismo proletario. Desarrollaremos amplia solidaridad con los movimientos de liberación nacional y la causa de los oprimidos. Condenamos el racismo y todas las formas de opresión nacional y social, de la misma manera que apoyamos a los heroicos pueblos del mundo que luchan contra el imperialismo y capitalismo.

2.- Los trabajadores bolivianos llamamos a fortalecer la unidad de los trabajadores de América Latina para construir un mundo mejor. Llamamos a los trabajadores de los países hermanos del continente a unirnos contra el imperialismo, capitalismo y las oligarquías reaccionarias, como la máxima garantía que nos conduzca a la liberación nacional, que se traduzca en la Patria grande que soñaron Martí y Bolívar.

Hoy como ayer nuestra divisa sigue siendo ésta: LA EMANCIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES SERÁ OBRA DE ELLOS MISMOS!

Propuesta del SINDICATO MIXTO DE TRABAJADORES MINEROS DE HUANUNI, 3 de Septiembre de 2011.