El movimiento internacional campesino La Vía Campesina y su miembro el Movimiento de los Sin Tierra de Sudáfrica (Landless Peoples Movement, LPM) se están movilizando para la XVII Conferencia de las Partes (COP17) de la Convención sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, que tendrá lugar en Durban (Sudáfrica) del 28 de noviembre al 9 de diciembre de 2011.

Muchos grupos de campesinos de Mozambique, Tanzania, Zimbabwe y otros países se desplazarán a Durban para reunirse con otros campesinos y movimientos sociales de todo el mundo y exigir justicia climática.

Campesinas africanas que forman parte de de La Via Campesina participarán en la II Asamblea de Mujeres Rurales del Sur de África, que se celebrará del 30 de noviembre al 2 de diciembre en Durban. Dicha asamblea está organizada de manera conjunta por La Via Campesina Africa 1 y organizaciones como, entre otras, el Fondo de Ayuda a la Comunidad y la Educación (Trust for Community Outreach and Education, TCOE), el Proyecto para las Mujeres Agricultoras (Womens on Farms Project), el Movimiento para el Acceso a la Tierra de Sudáfrica (Land Access Movement South Africa, LAMOSA), el Foro de los Agricultores del Este y el Sur de África (Eastern and Southern Africa Farmers‘ Forum, ESAFF), la Unión Nacional de Campesinos de Mozambique (União Nacional de Camponeses) y la Unión Nacional de Agricultores de Namibia (Namibian National Farmers‘ Union).

La Via Campesina también participará en el Día de Acción Global en el 3 de diciembre, junto con miles de activistas de otras organizaciones para exigir justicia climática.

La Via Campesina y otros grupos relacionados con la agricultura y la alimentación en África invitan a todos los movimientos, aliados y activistas a unirse a un Día especial por la Agroecología y la Soberanía Alimentaria que tendrá lugar el 5 de diciembre en Durban y en otros lugares del mundo y que organiza conjuntamente el ESAFF regional, ESAFF Uganda, ESAFF Zimbabwe, la ROPPA, TCOE, Surplus People Project, etc.

Las negociaciones sobre el clima en venta

En la COP16 celebrada en Cancún (México), la mayoría de los gobiernos del mundo, con la notoria excepción de Bolivia, no se reunieron para atajar seriamente los problemas relacionados con el clima, sino para hacer negocio con las multinacionales que trafican con falsas soluciones para el cambio climático como la Reducción de las Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación Forestal (REDD) y otros mecanismos relacionados con el mercado del carbono, los agrocombustibles y los organismos genéticamente modificados (OGM). Han convertido las negociaciones sobre el clima en un gigantesco mercado.

Nuestros gobiernos han condenado conjuntamente (y en un contexto de mercado) a África y al sur de Asia a una incineración virtual, cuyas primeras víctimas son los campesinos de estos dos continentes, dado que las temperaturas crecientes crean un entorno incluso más hostil de lo habitual para los cultivos, el ganado y los seres humanos. La mayoría de los gobiernos ignoraron los Principios de Cochabamba, que establecen un marco de actuación claro para atajar el calentamiento global y proteger a la Madre Tierra.

En consonancia con lo acordado en Cancún, a los países desarrollados y las empresas contaminantes (que son históricamente responsables de la mayor parte de emisiones de gases de efecto invernadero) se les permiten todo tipo de artimañas para evitar reducir sus emisiones. Por ejemplo, el mercado del carbono y los mecanismos de compensación de las emisiones de carbono permiten a esos países y empresas que continúen contaminando y consumiendo de manera normal mientras pagan pequeñas sumas de dinero para ayudar a las personas pobres de los países en vías de desarrollo a que reduzcan sus emisiones. Pero lo que realmente sucede es que las empresas se benefician por partida doble: continúan contaminando y vendiendo falsas soluciones. Mientras tanto, con la Reducción de las Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación Forestal (REDD), los más pobres son privados de muchos de sus derechos sobre el uso de bosques y tierras comunales, mientras que emergen usurpadores que se hacen con grandes extensiones de terreno desalojando a los campesinos para traficar con bonos de carbono.

Sabemos que las fuentes clave de las emisiones que alteran el clima son el sistema alimentario globalizado y corporativo basado en la agricultura industrial destinada a la exportación y los agrocombustibles, los sistemas de transporte basados en vehículos privados en lugar de los transportes públicos y las fábricas contaminantes de las multinacionales. Sin compromisos reales y ejecutables para transformar este sistema, no hay esperanza en la prevención de la incineración virtual de nuestras tierras de cultivo y la capacidad para alimentar al mundo.

Somos campesinos y campesinas y, actualmente, producimos la gran mayoría de alimentos que se consumen en este planeta. Nosotros, así como nuestra producción, estamos en peligro a causa del aumento de las temperaturas, los cambios que afectan de manera impredecible a los calendarios de siembra y los cada vez más frecuentes huracanes, sequías e inundaciones. Y, además, también ofrecemos las soluciones al cambio climático más importantes, claras y científicamente probadas mediante la producción agroecológica y localizada de alimentos por parte de campesinos y campesinas bajo el paradigma de la Soberanía Alimentaria.

El sistema alimentario mundial genera actualmente al menos el 44% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero debido al transporte a larga distancia de alimentos que podrían haber sido producidos localmente, al uso excesivo del petróleo y de agroquímicos derivados del petróleo, a los monocultivos y a la tala de bosques para hacer sitio a plantaciones industriales, conocidas como «desiertos verdes».

Podemos reducir de manera drástica o incluso eliminar esas emisiones transformando el sistema alimentario en base a la soberanía alimentaria, o sea produciendo localmente para consumo local, una producción variada basada en las familias campesinas y mediante prácticas sustentables.

La agroecología no está en venta

Rechazamos cualquier intento de extender el mercado del carbono y los mecanismos para reducir las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación de los bosques al carbono del suelo, incluso si estas medidas vienen disfrazadas por el Banco Mundial de apoyo para los pequeños productores agroecológicos o de «agricultura respetuosa con el clima» porque:

• En el caso de la reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación de los bosques, el carbono de nuestro suelo se convertirá, en esencia, en propiedad de las empresas contaminantes del norte. Eso vendría a ser lo mismo que la venta y privatización de nuestro carbono. ¡Nuestro carbono no se vende!

• El mercado voluntario del carbono del suelo sería únicamente otro espacio para la especulación financiera y, mientras las campesinas y los campesinos recibirían las migajas, los especuladores se llevarían los beneficios reales.

• Este sería solo otro modo de evadir las reducciones reales de emisiones para la industria contaminante y los países desarrollados.

• Es también otra manera de desviar la atención de las enormes emisiones de carbono producidas por la agricultura industrial y los agronegocios (especialmente en el norte) y hacer que los campesinos del sur carguen con la tarea de reducir las emisiones mientras no se hace nada con respecto a las emisiones de carbono de la agricultura industrial.

• Si nosotros, en calidad de campesinos firmamos un acuerdo sobre el carbono del suelo, perderemos autonomía y control sobre nuestros sistemas agrícolas. Algún burócrata de la otra punta del mundo (sin saber nada acerca de nuestro suelo, precipitaciones, pendientes, sistemas alimentarios locales, economía familiar, etc.) decidirá qué practicas debemos seguir o no.

• La agroecología aporta muchos beneficios al medio ambiente y a la vida de los campesinos y de las campesinas. Sin embargo, reduciendo su valor al del carbono embargado, no sólo devaluamos esos beneficios, sino que se pueden llegar a crear incentivos malsanos para alterar las prácticas agroecológicas (y franquear el paso a tecnologías como la modificación genética de organismos) para simplemente potenciar al máximo el carbono en lugar del resto de beneficios de la agroecología.

• Esto es inseparable de la tendencia neoliberal de convertirlo absolutamente todo (la tierra, el aire, la biodiversidad, la cultura, los genes, el carbono, etc.) en capital con valor en algún tipo de mercado especulativo.

• Si el actualmente escaso valor del carbono del suelo ascendiese en el mercado especulativo podría generar nuevas oleadas de usurpación de la tierra para obtener bonos de carbono, ya que la consolidación de los terrenos es un requisito previo para obtener beneficios de los bonos de carbono del suelo.

¿Cómo debe apoyarse la agricultura campesina mediante las políticas públicas?

• Mediante el fomento de programas de formación de campesino a campesino administrados por organizaciones de campesinos.

• Mediante el fomento de la formación sobre la agroecología en las escuelas de las organizaciones campesinas.

• Acabando con todas las subvenciones a la agricultura industrial, ya sean evidentes o encubiertas.

• Mediante la prohibición de la modificación genética de organismos y los químicos agrícolas peligrosos.

• Mediante la concesión de crédito de producción a las campesinas y los campesinos que producen de manera agroecológica.

• Fomentando la compra directa por parte de los gobiernos de alimentos ecológicos a precios justos producidos por campesinos para los hospitales, escuelas, etc.

• Mediante el fomento de los mercados donde los campesinos puedan vender sus productos sin intermediarios a los consumidores.

• Mediante la transformación de los currículos de los estudios de agronomía para dar un mayor énfasis a la agroecología y a la metodología de campesino a campesino.

• Mediante la creación de incentivos para conseguir precios justos para los alimentos ecológicos producidos localmente.

Compromisos de La Via Campesina

A pesar de que exigimos legítima y urgentemente a los gobiernos que tomen medidas serias para atajar el cambio climático, prometemos continuar fomentando la agroecología y la Soberanía Alimentaria desde la base. Prometemos realizar las siguientes acciones prácticas:

1. Continuaremos fortaleciendo el movimiento de la agroecología desde la base para adaptarla a los patrones del cambio climático.

2. Trabajaremos para «mantener el carbono en el suelo y los árboles» en las áreas bajo nuestro control mediante la promoción de la agrosilvicultura, el plantado de árboles, la agroecología, la conservación de energía y la lucha contra la usurpación de terrenos para dedicarlos a la minería y a plantaciones industriales.

3. Comprometeremos y presionaremos a los gobiernos en todos los niveles para que adopten la soberanía alimentaria como solución para el cambio climático.

4. Lucharemos contra la inclusión de la agricultura campesina en los mecanismos de financiación de carbono.

5. Continuaremos luchando por la reforma agraria y por que la tierra se distribuya a las familias campesinas y contra toda forma de usurpación de tierra.

6. Daremos voz a los pequeños propietarios de explotaciones agrícolas y campesinos para que estén presentes con otros sectores de la sociedad civil en la COP17 de Durban y en Río+20 en Brasil y muestren nuestra oposición a las falsas soluciones contra el cambio climático y pidan la adopción de los Principios de Cochabamba. Insistiremos en la Agricultura Sostenible llevada a cabo por Pequeños Productores y la Soberanía Alimentaria como las soluciones más importantes para el cambio climático.

¡No a la usurpación de tierras en nombre del clima!

¡Nuestro carbón no se vende!

¡La agricultura campesina no se vende!

¡La producción agroecológica llevada a cabo por campesinas y campesinos enfría el planeta!

¡Globalicemos la lucha! ¡Globalicemos la esperanza!