No se trata solo, como muchos comentaristas han venido indicando, que la nación ha perdido poder o que Estados Unidos ya no es el centro del orden mundial, sino al hecho de que una nueva red económica, política y comunicacional de carácter supra nacional ha venido a ocupar su lugar. Son los mercados financieros, no la nación, los nuevos poderes hegemónicos en el sistema económico internacional contemporáneo.Es este desplazamiento el que le roba todo sentido a la noción de centro.

En términos prácticos la red financiera electrónica es la convergencia del capitalismo global y las nuevas tecnologías. El mercado y el capital existen hoy día en el modo de la especulación financiera global, que marca el momento en que el capital se desprende de la producción.

Según el filósofo marxista Jameson el capital se separa del contexto concreto de su productividad geográfica para flotar libremente. Al igual que la mariposa que deja atrás a la crisálida, finalmente se libra de su base de crecimiento para empezar a volar.

¿Es posible indicar el momento en que algo termina y algo nuevo comienza? ¿Es la historia del capitalismo la que hoy ha alcanzado su límite después de un largo proceso de seis siglos? Lo mas probable es que no. ¿Cuántas veces ya se ha declarado su fin?

El capitalismo, como lo hemos visto tantas veces, posee una tremenda capacidad de adaptación y fácilmente transforma cada crisis y catástrofe en una oportunidad de inversión, competencia y solución mercantil y, hasta el momento, ha logrado sobrevivir adoptando nuevas formas.

Gertrude Stein decía que el dinero siempre esta ahí, pero cambia de bolsillo… Hoy día podríamos agregar que no es solo el bolsillo el que cambia, sino también la forma, la materia y la función y circulación del capital. En la metáfora de Jerry Harris el capitalismo, como el hombre en el barco que se hunde, encontró en la tecnología informática el bote salvavidas que lo ha llevado a un nuevo mundo de ganancias.

La Edad Informática inaugura un nuevo ciclo al transformar las tecnologías de información en mercancía, fuente de valor, productividad y poder. Su impacto es aun incierto e impredecible —y aunque la analogía con el surgimiento de otras tecnologías como el motor a vapor, la electridad o la línea de ensamblaje pueden ser de alguna ayuda su desenlace final no lo sabemos.

Lo que si sabemos es que las técnicas de información digital permean e invaden todo, que su fuerza es la movilidad, flexibilidad y reprogramabilidad y, mas importante, que su valor aumenta con la acumulación de conocimiento.

La red financiera electrónica es un sistema instrumental que maneja mas de 242.000 transacciones y pagos comerciales entre banco y banco, que controla un promedio de circulación diaria de 1.2 trillones de dólares y el manejo del 95% de los pagos globales. Se regula y genera a si misma asignándole a cada participante una posición neta de crédito o deuda que le permite al final del día estabilizar el movimiento espontáneo del dinero virtual. Y su capacidad de acumular y procesar datos le ayuda a determinar valores monetarios y coordinar las transacciones financieras con que opera.

La fusión de la tecnología y el dinero ha hecho a este mucho más adaptable para ajustarse a las nuevas circunstancias que le dan un nuevo ritmo a nuestras vidas. El capital, al igual que el ave Fénix, ahora emerge de las cenizas de lo viejo adoptando nuevas formas. Esta vez como capital financiero.

Jameson ha sugerido que la red electrónica global es la figura emblemática del capitalismo tardío, una red de control y poder multinacional mucho más difícil de captar mentalmente porque contiene nuevos espacios y arreglos geopolíticos que como individuos se nos hace imposible percibir o mapear totalmente.

Lo que se puede decir, sin embargo, es que la red es el medio que le da al capitalismo una forma flexible, provisional y concreta a las complejidades y abstracciones que ha adoptado como capitalismo global neoliberal. Un medio movible, cambiante y elástico sujeto a una constante recodificación. La ausencia de una agencia central única no significa que no haya fuerzas en funcionamiento que traten de cooptar su movimiento.

El dinero va, dice un ex director ejecutivo de Citibank, donde se le quiere y se queda donde se le trate bien. Pero, agrega, el dinero no tiene voluntad propia. Depende de la gente que lo posee y usa.

¿Realmente? A pesar de que los expertos del sistema, los administradores de los monopolios y sus variados aparatos de control tratan de manejar, limitar y centralizar las operaciones del capital global en la red digital el caso es que ésta continúa siendo altamente impredecible y con la capacidad de evitar su propia aniquilación en el caso de un choque en el sistema mundial como lo vimos el 9/11.

La desaparición de las Torres, observa Rita Raley en un reciente artículo, no llevo a la interrupción del circuito de la red, sino todo lo contrario. En realidad, la red electrónica se constituye a través de estos eventos y tiene la capacidad de absorber, rehacer y repetir. Es por eso que Negri y Hardt hablan de una maquina de articulación universal, no en el sentido de un aparato supervisor que domina e impone, sino de un sistema responsable de la libre circulación de las finanzas y la información.

La red capitalista digital en la edad de la globalización es un sistema auto generativo que escribe, coordina e implementa sus propias reglas de operación y conduce la economía global en nombre de la eficacia. ¿Deberíamos concluir que el capitalista esta inclinado a la mutación y flexibilidad continua, a la reproducción y generación permanente y no a la autodestrucción?

Marx se equivocó al diagnosticar la forma en que la sociedad capitalista iba a llegar a su fin, pero no se equivocó en la predicción de que el fin iba a llegar. Como él sugiere, el capital tiene la capacidad para reproducirse y destruirse a sí mismo. Según Samir Amin la actual crisis del sistema mundial revela que la polarización del mundo constituye realmente el límite histórico del capitalismo.

De acuerdo a Wallerstein, los esfuerzos para mantener la hegemonía y prolongar el propio poder tienden a debilitar la base de poder que finalmente lleva a su declinación y sugiere que la tendencia que perturba el equilibrio del sistema eventualmente lo desestabilizará lo suficiente para crear una crisis real, es decir, un quiebre tan decisivo que el sistema llegara a su fin para ser reemplazado por otro.

Pero, agrega, siempre hay más de una posibilidad y no hay manera de determinar por adelantado el fin del capitalismo tal como lo conocemos. Arrighi, en una vena similar a Schumpeter, imagina el fin del capitalismo en términos apocalípticos. Antes de que la humanidad se sofoque a si misma en los gases del imperio mundial de la sociedad poscapitalista o de la sociedad del mercado mundial muy bien puede que se queme en los horrores de la violencia desatada, similar a la que acompaño la liquidación del orden mundial de la guerra fría, solo que ahora a escala mundial.

En tal caso, la historia del capitalismo llegaría a su fin para retornar permanentemente al caos sistemático del cual surgió seiscientos años atrás. Para estos autores entre otros, al igual que para Marx, el capitalismo desde su mismo nacimiento en el siglo XIV contiene el germen de su propia destrucción.

¿Podría uno decir que la resurgencia contemporánea de las fantasías apocalípticas ha penetrado también la teoría política? Aquí no estaría demás traer de vuelta al vilipendiado Freud. Su meta psicología, como se dice, no se puede comparar con la complejidad de las teorías de Hegel o Marx. Lo que Freud trae, sin embargo, es una perspectiva original al colocar los sentimientos y el antagonismo instintivo de la especie en la narrativa histórica que, hasta ese momento, habían sido ignorados y que hoy ocupan un lugar relevante en los análisis de Lyotard, Zizek, Guattari y Deleuze.

Según Freud la hostilidad entre los seres humanos y el descontento con la civilización se debe a que ésta ha sido construida sobre la base de la renuncia instintiva y la sublimación. La historia, observa, es la narrativa de la negación de los deseos, de la creciente distancia que ponemos entre nuestro cuerpo y nuestra siquis y del aumento de la soledad del individuo sumergido en el océano del universalismo. Y, al igual que la mayor parte de las cosas, esta historia tiene un precio.

La sociedad civilizada esta perpetuamente amenazada por su desintegración. La progresiva odisea humana a través del tiempo, a pesar del desarrollo de instituciones sociales y agencias síquicas, siempre es frágil y la existencia primitiva no es solo una cosa del pasado, sino algo que podría estar esperándonos en el futuro. Freud reconoce que la teoría de los instintos no esta sujeta a observaciones empíricas o verificación. Ella, para decirlo de alguna manera, es nuestra mitología.

Y como cualquiera otra mitología tiene que ser evaluada según la luz que nos proporciona para entender la condición humana y no por su estatus empírico. La verdad es que todos estos pronósticos en relacion al capitalismo, a diferencia de las predicciones científicas permanecen en el campo de la especulación y la imaginación.

En última instancia no hay respuestas directas a esta cuestión debido, en gran medida, al alto grado de indeterminación que el sistema posee en estos momentos y a las incertidumbres futuras del mercado que hoy es dominado por las especulaciones financieras.

* Escritores y docentes. Residen en Canadá. Fuente:http://www.surysur.net/?q=node/17338