El vandalismo y los enfermos de mente estan poniendo en serio peligro la conservación de las grande obras de arte mundiales. Pocos días atrás un romano ya identificado y arrestado ha dañado la Fuente del Moro de Plaza Navona rompiéndo con un lanzo de piedras las orejas del tritón, que forman parte del notable conjunto marmóleo construído en 1574 por Giacomo della Porta por disposición del papa Gregorio XIII. 

Pocos años atrás un grupo de vándalos ha dañado con barras de hierro la célebre estatua “El Dragón” de Antonio Gaudí. El célebre artista catalano la pensó al ingreso del Parque Guell y era considerada Patrimonio Unesco de la Humanidad. Gaudí es el arquitecto del famoso templo de la “Sagrada Familia” de Barcelona, todavía inconclusa y es el Padre del Modernismo español.

Estas últimas acciónes vandálicas ponen dramáticamente el problema de la tutela del patrimonio histórico y artístico mundial, muchas veces dañado de manera grave, por la locura de los hombres.

En Florencia, un psicopático ha dañado con un martillazo la falange de un dedo del pie izquierdo de uno de los monumentos más famosos del mundo el “David” de Miguel Angel, que desde casi 500 años es considerado como el ejemplo más maravilloso de belleza masculina. En el Museo de la Academia de Florencia, mientras los turistas esperaban pacientemente su turno para ingresar y admirar el «David», improvisamente un hombre algo calvo y con una grande barba canosa, con agilidad que ha dejado estupefactos a los numerosos visitantes, ha subido al basamento y con un golpe de martillo ha roto en cinco partes la falange del segundo dedo del pie izquierdo de la famosa estatua. Inmediatamente arrestado, el hombre de origen siciliano, ha afirmado que escultura “emanaba flujos maléficos” y que una hermosa mujer le había ordenado “romper la estatua”.

En la Basílica romana de San Juan en Laterano, un ex-ingeniero americano de cincuenta y cinco años, vestido con un impecable clergyman ha lanzado una botella de pintura roja contra la estatua de San Pablo, obra maestra del escultor Borromini. La enorme obra de arte, de más de tres metros construída en 1650, se encuentra en la parte derecha de la nave central del templo. El falso sacerdote con un gesto improviso ha arrojado la botella con pintura indeleble dañando la estatua de modo preocupante. Centenares de turistas y fieles que visitaban la Basílica han asistido al acto vandálico sin poder intervenir por lo veloz de la escena. Arrestado inmediatamente sin oponer resistencia, no ha explicado el motivo de su insano gesto.

El ejemplo más clamoroso sigue siendo el de la “Piedad” de Miguel Angel, al interior de la Basílica de San Pedro en Roma. Era el 21 de mayo de 1972, cuando un prófugo húngaro con ciudadanía australiana, un “predicador” que se proclamaba “Jesucristo”, saltó la cancela que lo dividía del celebre grupo marmóleo y con un martillo rompió la nariz y el brazo izquierdo de la Virgen. “Me lo ha ordenado Dios, tenía que destruír la Piedad porque la madre de Dios no existe”: así el australiano trató de explicar el motivo de su locura.

El espisodio de la Piedad es el acto más clamoroso pero no es el único. Un ciudadano boliviano el 31 de Diciembre de 1956, lanzó una pesante piedra contro la “Giaconda” en el Museo del Louvre, en París. Siempre en la Basílica de San Pedro, en Noviembre de 1969, un alemán rompió a martillazos la célebre estatua del Papa Pio VI obra del escultor Canova. Se justificó diciendo que era un anticlerical y no podía ver a los curas. Siempre en el mes de Marzo del mismo año, otro enfermo de mente dañó de modo irremediable con ácido clorhídrico en el Museo de Amsterdam el célebre cuadro de Rembrandt la “Ronda de la Noche”.

Y en el mes de Octubre de 1968, ignotos vándalos arruinaron en Nápoles, con un lanzo de huevos llenos de pintura el Arco de Castelnuevo en el Castillo del Maschio Angiolino, uno de los más majestuosos monumentos de la ciudad campana que se remota al año 1400, y que acababan de restaurar. Un año antes en Florencia, otro enfermo de mente rompió a martillazos las patas de los caballos que se encuentran en la fuente de Neptuno.