La discusión suscitada en torno a los transgénicos en la Ley 144 de la Revolución Productiva Comunitaria Agropecuaria ha visibilizado las contradicciones y complejidades de cómo Bolivia se está re-constituyendo: por un lado el paradigma del “vivir bien” y de la soberanía alimentaria se encuentran presentes a través del fortalecimiento de las organizaciones y emprendimientos de los pequeños productores y sus organizaciones, y por otro lado, la visión del “capitalismo” sea de Estado o de empresa que ha coincidido con los intereses de agroempresarios bolivianos y extranjeros al permitir la introducción de organismos genéticamente modificados de variedades de semilla que no sean nativos en Bolivia.

Los productores del rubro ya lo señalan: “los transgénicos ya están en Bolivia”, pero ha sorprendido, que en apenas seis años la semilla transgénica de soya se ha adueñado de la producción de esta leguminosa y que el 92% de la producción de este país es transgénica. (http://www.la-razon.com/version.php?ArticleId=132964&EditionId=2575) Este hecho nos demuestra que tan rápido puede ser el crecimiento de este tipo de producción y cómo puede desplazar a otras variedades de semillas.

La soya es para Bolivia el principal producto agrícola de exportación, se exporta como grano, torta o aceite, quedando un 30% para el consumo nacional que se destina para consumo humano y de animales y un pequeño porcentaje se destina para meriendas y desayunos escolares ya sea como harina o leche de soya.

Aunque la ley permite la producción y comercialización de transgénicos todavía no se ha reglamentado el uso, etiquetado y/o comercialización de estos productos, y todavía tendrá bastante la discusión y el debate, pues no se ha demostrado que sean beneficiosos para la salud humana y menos aún que promuevan la soberanía alimentaria, por el contrario si se ha constatado su rápido crecimiento y dependencia a un número pequeño de empresas que proveen la semilla.

El Estado boliviano, el año 2009 promulgó el Decreto Supremo 181 del Sistema de Administración de Bienes y Servicios (SABS) que establece en el artículo 80 párrafo I que en las contrataciones estatales se prohíbe la compra de alimentos genéticamente modificados para la alimentación complementaria escolar, así que hasta que la reglamentación de transgénicos se establezca -y esperamos que después también-, los gobiernos municipales y gobernaciones están prohibidos de comprar la soya transgénica para la alimentación escolar.

Este artículo (Art. 80 DS 181) además señala que se debe incorporar en el desayuno escolar cereales producidos en el país como soya, maíz, amaranto, cañahua, quinua, tarwi y otros- se mencionaba soya porque no se conocía que era transgénica- y que se debe promover la amplia participación de los productores locales promoviendo el desarrollo local y la soberanía alimentaria.

Las tensiones entre las visiones de desarrollo seguirán presentes en la Bolivia que se está re-construyendo y que se observan en discursos, practicas y/o normas, es previsible que en algunos casos los intereses de grupos estén en por encima del “con-vivir bien” a corto y a largo plazo, por lo que corresponde a la sociedad civil y a los gobiernos locales empezar a realizar acciones en pro de la Bolivia que queremos, por ejemplo difundir, exigir el cumplimiento o hacer cumplir el art. 80 del D.S 181 que por principio precautorio prohíbe dotar la alimentación escolar con productos transgénicos, promueve el desarrollo de las economías locales y la soberanía alimentaria.

* Economista rural e investigadora.