Este ensayo está dedicado a Sergio Almaraz Paz y a Marcelo Quiroga Santa Cruz, guerreros de la defensa de los recursos naturales y arquitectos de nacionalizaciones que expropiaron a los expropiadores, las trasnacionales, maquinarias monopólicas del imperialismo.

A la heroica ciudad de El Alto, que contiene al país, a las naciones y pueblos originarios, ciudad que entrego a sus hijos en la Guerra del Gas, defendiendo los hidrocarburos y exigiendo su nacionalización en la Agenda de Octubre.

Critica del supuesto equilibrio macroeconómico

El supuesto del equilibrio es una conjetura epistemológica, atraviesa varias ciencias de la modernidad, les permite desarrollar sus accionas, sus hipótesis y sus cuerpos teóricos. Particularmente en la historia de las corrientes teóricas de la económica ha jugado un papel estructurador. Del mismo modo, con el mismo ímpetu, con la misma fuerza y consecuencia epistemológica, el supuesto del equilibrio ha sido criticado, discutido, debatido, puesto en cuestión. Este trabajo crítico ha sido notorio por parte de la crítica de la economía política marxista. Nos interesa volver sobre estos temas a raíz del problema que se ha suscitado con la crisis del gasolinazo. Indudablemente detrás de la medida, el decreto 748, como aparato instrumental y técnico de los equipos de elaboración, el supuesto de equilibrio ha hecho su labor en la cabeza de los funcionarios, aunque el supuesto haya sido manejado de manera “inconsciente”, quizás la forma más adecuada de decir sea ha sido manejado de un modo “ideológico”, es decir, como si fuera su uso natural. Por eso es importante discutir el tema, poner en mesa la discusión, evaluando también la persistencia de estos instrumentos, razonamientos, métodos neoclásicos en los ministerios de un gobierno indígena-popular. Por otra parte, hay que tener en cuenta que la utilización práctica y política de los instrumentos, métodos, teorías y procedimientos neoclásicas se van a desplegar ampliamente por el mundo con la realización del proyecto neoliberal. Se hacen carne con la aplicación de los ajustes estructurales construyendo un mundo único a imagen y semejanza de un pensamiento único circunscrito al funcionamiento de las ideas básicas de las leyes del mercado, de la competencia, del cálculo del costo y beneficio, así como del logro supremo de la rentabilidad. Empero este pensamiento único se sostiene en la materialidad de los monopolios descarnados, en la violencia de la desposesión, en la suspensión de los derechos sociales y la ampliación escandalosa de las desigualdades. No cabe duda que el proyecto político neoclásico espectacular es la manifestación y la imposición del dominio neoliberal, por lo menos en lo que duraron las tres décadas que arrancan en la década de los setenta y se clausuran en la última década del siglo XX. El siglo XXI se inauguran con nuevas figuras de la crisis financiera, continuando con la crisis estructural del capitalismo, crisis que se reflejan en la crisis del proyecto político neoliberal.

Varias corrientes económicas clásicas y neoclásicas han utilizado como base de análisis el supuesto del equilibrio, sobre todo las corrientes neoclásicas han usado el análisis marginalista en el desarrollo de sus hipótesis. Algunos de los economistas neoclásicos de mayor influencia son los investigadores Léon Walras y Alfred Marshall; entre los neoclásicos modernos puede distinguirse a los partidarios del monetarismo y los adherentes de la síntesis neoclásica. A manera de resumen, se puede decir que la economía neoclásica se basa en tres conjeturas, teniendo en cuenta que algunas ramas de la teoría neoclásica pueden tener distintas aproximaciones; estas conjeturas pueden expresarse del modo siguiente:

1. Preferencias racionales respecto de los resultados, los mismos que pueden ser valorizados de acuerdo a su significación e identificación.

2. Maximización de la utilidad por parte de los individuos y maximización de la ganancia por parte de las empresas.

3. Actuación autónoma de los individuos sobre la base de una información completa y relevante.

Como se puede ver, la unidad de análisis ya no es la mercancía, tampoco la fuerza de trabajo o el tiempo de trabajo socialmente necesario, es, desde la perspectiva neoclásica, el individuo, el individuo consumidor, el individuo comprador. A esto es a lo que se viene en llamar individualismo metodológico. Todo esto es visto desde la racionalidad del costo y el beneficio. Estas conjeturas sostienen la instrumentalidad de teorías que tienen como referencia el espacio imaginario de la concurrencia de los individuos. Como parte influyente de las corrientes neoclásicas podemos mencionar a la escuela marginalista, a la síntesis neoclásica y a la escuela monetarista. La hipótesis principal de la escuela marginalista es el principio de la utilidad marginal decreciente; en cambio la llamada síntesis neoclásica intenta producir una síntesis entre la perspectiva macroeconómica y la perspectiva microeconómica; esta escuela es conocida también como neokeynesianismo. Por último la escuela monetarista trató de recuperar los causes neoclásicos, volviendo a hacer la critica a los planteamientos keynesianos; la influencia de esta escuela es notoria en el manejo e institucionalidad financiera internacional.

Las corrientes neoclásicas van a desarrollar instrumentos teóricos operativos y matemáticos como son la macroeconomía y la econometría. La macroeconomía pretende desarrollar un enfoque global de la composición económica, visualizada en términos del monto total de bienes y servicios producidos, el total de los ingresos, el nivel de empleo, de recursos productivos, y el comportamiento general de los precios. La econometría es la rama de la economía que utiliza métodos y modelos matemáticos; hablamos del cálculo, la probabilidad, la estadística, la programación lineal y la teoría de juegos; estos instrumentos matemáticos se utilizan para analizar, interpretar y predecir el comportamiento económico y las tendencias del mercado, como el precio, el coste de producción, la perspectiva del comercio y las consecuencias de las políticas económicas. Estos instrumentos son utilizados para evaluar la mejor estrategia para desprender políticas públicas que tienen como objetivo hacer crecer la economía, lograr la estabilidad de precios y del trabajo, produciendo de esta manera una sustentable y equilibrada balanza de pagos. El mapa macroeconómico comprende circuitos que abarcan la administración pública, las empresas, el mercado laboral, los hogares, el mercado de bienes y servicios, el sistema bancario y el flujo de las importaciones y exportaciones. La macroeconomía ha desarrollado variados modelos macroeconómicos y distintos modelos econométricos, a los que no vamos a entrar. Nos interesa analizar la función que cumple el supuesto del equilibrio en la interpretación macroeconómica, incluso si se llega a suponer un equilibrio dinámico; lo que generalmente no ocurre en la interpretación práctica.

Lo primero que llama la atención es la paradoja de introducir el supuesto del equilibrio para estudiar la economía capitalista, la cual precisamente se desarrolla a partir de la internalización de la crisis, que se vuelve inmanente al funcionamiento del sistema, y la obliga a transformarse constantemente, trasladando su crisis congénita de un ciclo a otro del capitalismo, donde cambia de características, de forma y de estructura. ¿De qué manera el más inestable modo de producción, la de la valoración del capital, va a ser estudiado desde el supuesto del equilibrio? No se podría explicar esta paradoja si es que no comprendemos que estos instrumentos teóricos neoclásicos son un esfuerzo inconmensurable por domesticar la dinámica realidad económica, su compleja y dinámica composición. Todo esto se logra haciendo abstracción de la historia, la temporalidad, y las contingencias concretas de la economía. Se supone entonces que la economía, tal como la conciben las corrientes neoclásicas, siempre ha existido, forma parte inherente de la realidad social; es como su naturaleza. Llegando a una primera conclusión, podemos decir que el supuesto del equilibrio funciona en la macroeconomía como perspectiva de normalización. Por lo tanto, todos los procedimientos macroeconómicos, que se convierten en políticas económicas, son instrumentos de normalización; se trata de volver a la normalidad una vez que se detectan desequilibrios patológicos. Recurriendo a Georges Canguilhem podemos decir que el supuesto del equilibrio supone a su vez la diferenciación paradigmática de lo normal y lo patológico .

En el fondo, del equilibrio que hablan los economistas es del supuesto equilibrio del mercado, de un mercado imaginario, no de la multiplicidad de mercados reales, afectados por sus propias distorsiones y perturbaciones, sobre todo atravesados por relaciones de poder. Este enfoque no sólo corresponde a las corrientes neoclásicas, sino que es ya una conjetura trabajada en las corrientes clásicas. Por ejemplo, el modelo de equilibrio general walrasiano expresa el núcleo del paradigma neoclásico de la ciencia económica, este modelo se remonta a fines del siglo XIX. De manera resumida podemos decir que Léon Walras re-trabaja la hipótesis de Jean-Batiste Say, quien sostiene que la oferta crea su propio nivel de demanda, dando cuenta que es el producto de la oferta el principal motor del poder adquisitivo. Volviendo a la tesis de Walras, ésta establece que se puede producir un exceso de oferta o, en su caso, un exceso de demanda, que se corrigen, mediante el juego de los precios, por aproximaciones y vaciamiento del mercado, hasta lograr un punto de equilibrio. Este mercado ficticio corresponde a un espacio axiomatizado matematizable; permite operacionalizar variables, por lo tanto calcular; procedimiento que refuerza la creencia de que estamos ante una ciencia. Se puede decir que la Teoría del Equilibrio General walrasiano es la base del paradigma medular de los economistas neoclásicos. Esta perspectiva adquiere la forma de un conjunto de modelos integrados, los mismos que responden a reglas operativas. De este modo es como se cuenta con una microeconomía de mercados perfectos e imperfectos, la macroeconomía con fundamentos microeconómicos, la teoría del crecimiento y todos los modelos derivados de la economía llamada del bienestar diseñada para encaminar la política económica.

El supuesto del equilibrio en la epistemología clásica se traslada a la interpretación neoliberal, heredera de las teorías de Léon Walras, Alfred Marschall y Friedrich August von Hayek, entre los economistas y filósofos más notorios de esta corriente teórica. La transferencia de estas tesis que se oponían a la economía planificada y a la intervención del Estado se efectúa por mediación de la Mont Pelerin Society, que agrupa a un grupo colegiado de economistas, historiadores y filósofos, que se dan como tarea al principio de la Segunda Guerra Mundial defender los valores centrales de la civilización occidental, valores que se encontraban en peligro por lo que consideran la amenaza de formas políticas totalitarias; se trata de defender entonces los valores nucleados en los derechos y las libertades individuales. Se referían tanto a lo que consideraban las amenazas provenientes de la Unión Soviética así como del régimen nacional socialista alemán, en este mismo sentido del gobierno fascista de Musolini, considerando también otras tendencias autoritarias emergentes en las sociedades de entonces.

Haciendo un balance histórico, David Harvey se refiere a las fuentes del neoliberalismo remontándose al periodo inicial de la Segunda Guerra Mundial, identificando precisamente a esta sociedad de Mont Pelerin, que en el momento de su aparición no tenía mayor influencia y trascendencia que el prestigio académico de sus integrantes. Esta tendencia teórica contemporáneamente hubiera sido desapercibida si no fuera porque lo tiempos cambiaron después de la crisis de la década de los setenta, creando el escenario adecuado para la vigencia política de las corrientes neoclásicas. Harvey concibe que el neoliberalismo, en tanto que antídoto potencial para las amenazas al orden social capitalista y como solución a los males del capitalismo, había permanecido latente durante largo tiempo bajo las alas de la política pública. Identifica a un grupo reducido y exclusivo de apasionados defensores -principalmente economistas, historiadores y filósofos del mundo académico- como portadores teóricos de la fuente del neoliberalismo; este grupo colegiado se aglutinó alrededor del renombrado filósofo político austriaco Friedrich von Hayek para crear la Mont Pelerin Society durante 1947. Entre los notables del grupo se encontraban Ludwig von Mises, el economista Milton Friedman e incluso, durante un tiempo, el filósofo Karl Popper .

De acuerdo con el análisis efectuado por David Harvey, el objetivo del neoliberalismo era modificar el equilibrio político y la relación de fuerzas existente en el conjunto de la economía-mundo capitalista recurriendo para ello a todo el arsenal de la violencia económica, estatal y militar. El anverso y reverso de la estrategia neoliberal está constituido, en opinión de Harvey, por la profunda convicción de que las relaciones sociales están irremediablemente gobernadas por la violencia de clase y por la certidumbre de que para obtener la victoria, en tal entorno complejo, las clases y las elites dominantes han de implementar un planteamiento integral que pueda asegurar un impacto suficiente amplio como para modificar drásticamente las relaciones sociales vigentes. La violencia de los mercados debe conjugarse con la violencia política, militar, ideológica y estatal si las transformaciones nacionales y globales han de encontrar una misma unidad de proyecto y de diseño estratégico. Lejos de debilitar el Estado, la estrategia neoliberal supone, pues, una reinvención de su violencia estructural para modificar, en beneficio de las clases dominantes, los parámetros de convivencia social y de dominación política.

Haciendo una evaluación del despliegue del neoliberalismo por el mundo como opción de clase dominante trasnacional a la crisis de sobre-acumulación, Harvey dice que, desde una mirada retrospectiva puede parecer como si la respuesta fuese tan obvia como inevitable pero, al mismo tiempo, piensa que es justo decir que nadie supo o comprendió con certeza qué tipo de respuesta funcionaría y cómo lo haría. El mundo capitalista fue dando tumbos hacia la respuesta que constituyó la neoliberalización a través de una serie de zigzagueos y de experimentos caóticos, que en realidad únicamente convergieron en una nueva ortodoxia gracias a la articulación de lo que llegó a ser conocido como el «Consenso de Washington» en la década de 1990. Por entonces, tanto Clinton como Blair pudieron haber dado la vuelta sin problemas a la observación de Nixon y decir de manera sencilla que «ahora todos somos neoliberales» .

Se puede ver que la transferencia de las teorías neoclásicas, de sus supuestos y conjeturas, no se dio de una manera pura, sino que hay que considerar adecuaciones y modificaciones en su actualización, sobre todo cuando tenemos en cuenta el uso práctico que va a hacer el neoliberalismo del instrumento estatal en todo los procesos diferenciales de aplicación por el mundo.

La concepción neoliberal

Uno de los fenómenos políticos recientes en lo que respecta a las mutaciones de la forma de Estado es la formación de lo que llamaremos Estado neoliberal. David Harvey refiriéndose a la Guerra de Irak dice que evidentemente, lo que Estados Unidos pretendía imponer por la fuerza en Iraq, era un aparato estatal cuya misión fundamental era facilitar las condiciones para una provechosa acumulación de capital tanto por parte del capital extranjero como del doméstico. A esta forma de aparato estatal la denominó Estado neoliberal . Lo que tenemos que retener es eso de un aparato estatal cuya misión fundamental era facilitar las condiciones para una provechosa acumulación de capital tanto por parte del capital extranjero como del doméstico. En las condiciones del sistema-mundo capitalista, en el periodo de la crisis financiera, de los ajustes estructurales, de la expansión del supuesto de competitividad, ya no sólo del dejar hacer y del dejar pasar, por lo tanto de la reiteración evolucionada de la acumulación ampliada de capital a escala mundial, hay que situar esta nueva forma de Estado en el contexto de la guerra infinita e indeterminada desatada por la híper-potencia de los Estados Unidos de Norte América contra el fantasma del terrorismo, así como en el contexto de la compulsiva proliferación de estrategias monopólicas de las trasnacionales, incluyendo notoriamente a las que monopolizan el control de los recursos naturales, mediante el monopolio tecnológico de la exploración, explotación, industrialización y comercialización de los mismos. El Estado neoliberal sería una nueva forma de Estado que facilita las condiciones para una provechosa acumulación de capital extranjero y doméstico por las vías de los incentivos a la inversión de capital, que pasan por la desregulación y la suspensión de las subvenciones de lo que se llamó el Estado de bienestar. Esta nueva forma de Estado, el Estado neoliberal, aparece en Irak por la ocupación militar norteamericana y de sus aliados, acompañada por instauración forzada del régimen democrático impuesto. Sin embargo, no hay que olvidar que como anticipación dictatorial, el proyecto neoliberal se inauguró en Chile el año 1973, con el golpe militar del General Augusto Pinochet y el consecuente derrocamiento del presidente socialista electo Salvador Allende. En Chile comienza el experimento neoliberal, esto sucede cuando se da la condición de posibilidad histórica de su aplicación con la instauración de un régimen militar dictatorial, después de un cruento golpe a un proyecto socialista en curso, desarrollado por la vía electoral. En el resto del mundo la aplicación del modelo neoliberal se va a dar de manera diversa y adecuada a las condiciones diferenciales de la correlación de fuerzas y políticas de los distintos países.

En Bolivia se produce el experimento neoliberal durante los vaivenes de la recuperación del proceso democrático, pasando de un gobierno popular a gobiernos neoliberales, con el interregno de violentos golpes militares. La aplicación neoliberal se produce primero mediante la aplicación de medidas de shock, como las conocidas medidas y paquete del decreto 21060; después la neoliberalización de la economía se produce por el ajuste estructural y las privatizaciones de las empresas públicas, los recursos naturales y el ahorro social. Haciendo el balance global, muchos estudiosos coinciden, entre ellos Giovanni Arrighi, Immanuel Wallerstein, Samir Amin y David Harvey, que el neoliberalismo se puede entender como un proyecto político asociado al procedimiento descarnado del despojamiento o desposesión, es decir, de la retoma de las formas violentas de la acumulación originaria para resolver los problemas de la acumulación ampliada, es decir, de la crisis estructural del capitalismo. En este sentido, Bolivia, en tanto país periférico del sistema-mundo capitalista, forma parte de las territorialidades saqueadas, en condición de tal sufre el despojamiento de la retomada acumulación originaria de capital, como procedimiento violento de solución de la crisis estructural del capitalismo.

Una década de resistencia (1990-2000) y el consecuente estallido de la ofensiva de los movimientos sociales e indígenas (2000-2005) terminan con el régimen neoliberal en Bolivia. Ahora que nos encontramos en la segunda gestión del gobierno indígena popular (2011-2015), en plena etapa de aplicación de la Constitución Política del Estado, ante la coyuntura crítica abierta por el decreto de nivelación de precios 748, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿se habrá barrido con toda la estructura funcional del Estado neoliberal? Esta es la pregunta que trataremos de contestar en adelante.

Se puede decir que el proyecto neoliberal consiste en desembridar al capital de los constreñimientos conformados durante el llamado Estado de bienestar y también de los constreñimientos acumulados y sedimentos dados en las otras formas de Estado, anteriores al proyecto neoliberal. Las regulaciones políticas al mercado y a los efectos corrosivos del mercado se dieron debido a que el Estado se convirtió en un campo de batalla y los sectores sindicalizados lograron imponer sus reivindicaciones, haciendo que el Estado legalice e institucionalice las conquistas sociales. Por lo tanto, desde la perspectiva neoliberal, lo que había que hacer es hacer saltar estos constreñimientos y revertir las conquistas sociales. El Estado neoliberal es la suspensión de los derechos sociales y las conquistas logradas en forma de redistribución, subvenciones e inversiones sociales. Todos estos mecanismos sociales quedaron desmantelados. Haciendo un mapa de la aplicación del proyecto neoliberal, hay que anotar que el neoliberalismo no se implantó y desplegó por el mundo como un modelo único sin variaciones, al contrario, se aplicó de manera variada, diferencial, adecuándose a las circunstancias y condiciones de los países, sobre todo respondiendo a las distintas correlaciones de fuerzas. A propósito, David Harvey dice que:

El desarrollo geográfico desigual del neoliberalismo, su aplicación con frecuencia parcial y sesgada respecto a cada Estado y su formación social, testifica la vacilación de las soluciones neoliberales y las formas complejas en que las fuerzas políticas, las tradiciones históricas, y los pactos institucionales existentes sirvieron, en su conjunto, para labrar el por qué y el cómo de los procesos de neoliberalización que en realidad se produjeron .

De acuerdo con Gérard Duménil y Dominique Lévy , David Harvey concluye que la neoliberalización fue desde su mismo comienzo un proyecto para lograr la restauración del poder de clase. Esto es importante, pues se trata de entender que el proyecto neoliberal no fue un proyecto en la perspectiva de la solución de la crisis del capitalismo, como en el caso de la aplicación de las políticas keynesianas, en su tiempo, sino un proyecto para resolver el problema económico de los ingresos de la clase dominante, es decir, el problema relativo al bolsillo de la burguesía trasnacional. En otras palabras, se trata de resolver un problema de dominación y no de atacar a un problema estructural, al problema de la crisis orgánica del capitalismo. Como se puede ver, asistimos pues a la disminución de los alcances estratégicos de la burguesía trasnacional; se renuncia prácticamente proteger el interés general de clase, el interés histórico del modo de producción capitalista, y se apuesta al interés, si bien no particular de unos cuantos burgueses, aunque de alguna manera es así, sino al interés inmediato de las familias más ricas del mundo. El proyecto neoliberal es un proyecto reducidamente administrativo, que acude a la violencia estatal para despojar de los recursos naturales a los países y los pueblos, de sus empresas públicas a los mismos estados, de sus ahorros a los trabajadores. Por lo que se puede entender que, bajo la concepción de este proyecto, el peso de la crisis se descarga en las clases desposeídas.

Harvey refiriéndose al decurso neoliberal de Gran Bretaña dice que:

Thatcher se dio cuenta de que estas medidas suponían nada menos que una revolución en las políticas fiscales y sociales, y de manera inmediata mostró una feroz determinación para acabar con las instituciones y los canales políticos del Estado socialdemócrata que se había consolidado en Gran Bretaña después de 1945. Esto implicó enfrentarse al poder de los sindicatos, atacar todas las formas de solidaridad social que estorbaban a la flexibilidad competitiva (como las expresadas a través de la forma de gobierno municipal, y también al poder de muchos profesionales y de sus asociaciones), desmantelar o revertir los compromisos del Estado de bienestar, privatizar las empresas públicas (entre ellas, la vivienda social), reducir los impuestos, incentivar la iniciativa empresarial y crear un clima favorable a los negocios, para inducir una gran afluencia de inversión extranjera (en concreto, proveniente de Japón) .

Lo que hay que retener de esta descripción es que el neoliberalismo tiene claro la necesidad del enfrentamiento con los sindicatos, que se trata de atacar todas las formas de solidaridad social que estorban la flexibilidad competitiva, que se tiene que desmantelar los compromisos del Estado de bienestar, privatizar la empresas públicas, reducir los impuestos, incentivar la iniciativa empresarial y crear un clima favorable a los negocios. Todo esto para inducir la afluencia de inversión extranjera. Quizás aquí se encuentre el núcleo del comportamiento neoliberal en todas partes. En lo que respecta a Bolivia, debemos recalcar que la obsesión por la inversión extranjera ha sido paradigmática en la burguesía intermediaria criolla y en los gobiernos republicanos, pero particularmente se convierte en el argumento esencial de las medidas de ajuste estructural. Estamos hablando no solamente de la forma dependiente del capitalismo periférico sino de la dependencia obsesiva de las clases dominantes respecto a la creencia del papel dinamizador del capital internacional. Este es un síntoma, expresa patéticamente el conjunto de la problemática, devela la permanencia de las estructuras de la dependencia. El neoliberalismo en Bolivia termina afianzando dramáticamente nuestra condición dependiente, descarta absolutamente toda posibilidad de emancipación, de liberación, de independencia. Desde esta perspectiva, debemos hacer un balance del paso destructivo de la privatización, llamada capitalización, esto es, un balance no sólo del desmantelamiento efectuado sino también de la ficción inmediata que crea, de la ficción estadística, que a mediano plazo termina desmoronándose, pues el resultado principal de la intervención trasnacional es la transferencia de la valorización del capital, la transferencia del excedente hacia los centros de acumulación de capital. La inversión de las trasnacionales, la privatización de las empresas públicas por la vía de la capitalización, como ocurrió con la compra de acciones en el campo económico de los hidrocarburos, apropiándose de la mayoría de las acciones, y por lo tanto haciéndose cargo de la dirección y conducción administrativa, técnica y política de las empresas capitalizadas formadas, nos muestra fehacientemente este decurso: pasamos de una primera impresión que deja el impacto de la inversión al principio, como unos tres mil millones de dólares, en el caso de la capitalización de los hidrocarburos en Bolivia, impresión de impacto que deja la información vertida de la ampliación de las reservas probadas, probables y posibles (54 TCF), impresión de aparente bonanza que deja la imagen estadística del crecimiento económico, a una segunda impresión mas bien desalentadora. En la medida que pasaba el tiempo, las repercusiones del costo social se hicieron sentir, en tanto que las nuevas inversiones ya no aparecieron, por lo menos en la magnitud que se hicieron al principio. Una vez vivida la experiencia en el mediano plazo, no quedaba duda; el gran negocio de los hidrocarburos beneficiaba a las trasnacionales y no al país.

Contextuando lo que pasaba en Bolivia en la trama de lo que pasaba en el mundo, las estadísticas que nos ofrece el libro de David Harvey son escalofriantes en lo que respecta a la dimensión creciente de las desigualdades:

Hay algo prodigioso en el hecho de que el valor neto de las fortunas de las 358 personas más ricas del mundo en 1996, fuera «igual al conjunto de la renta del 45 % más pobre de la población mundial; es decir, de 2.300 millones de personas». Y lo que es más grave, «las 200 personas más ricas del mundo duplicaron sobradamente su patrimonio neto entre 1994 y 1998, superando el billón de dólares. Los activos de los tres multimillonarios más ricos (superaban por entonces) la suma del PIB de los países menos desarrollados y de sus 600 millones de habitantes» .

Esta descripción es lo suficientemente ilustrativa como para mostrarnos palpablemente cuál es el sentido, la dirección, el objeto y el objetivo del proyecto neoliberal. Esta descarga del peso de la crisis sobre los más pobres, este patético ensanchamiento de la estructura de las desigualdades es no sólo la consecuencia de la acumulación ampliada de capital sino el objetivo concreto del proyecto neoliberal. Esta es la lección de esas dos décadas neoliberales en Bolivia (1985-2005). La pregunta es si hemos podido escapar de la estructura condicionante que ocasiona las desigualdades. Esta pregunta y la anterior son claves para la evaluación de la transición constituyente en Bolivia; las preguntas pueden reiterarse del modo siguiente: ¿cuánto hemos podido escapar de las secuelas, los esquemas de conducta, las formas de razonamiento, la institucionalidad y las normas propias del neoliberalismo? Para responder estas preguntas va a ser menester primero comprender las estructuras de funcionamiento del proyecto neoliberal, antes de hacer una evaluación de la transición política en el periodo constituyente y de las gestiones del gobierno indígena popular. Debemos trabajar estas preguntas y analizar el campo problemático en el que se mueven, antes de concentrarnos en el análisis contextual, estructural e histórico del decreto de nivelación de precios 748 lanzado por el gobierno, empero abrogado casi inmediatamente después, ante la explosión de una movilización popular de resistencia al decreto expandida en todo el país.

Volviendo al tema de la relación entre política y economía, una de las conclusiones que saca David Harvey es sobre la relación paradójica entre Estado y neoliberalismo. Por más contradictorio que parezca, la aplicación del proyecto neoliberal requiere desesperadamente de la intervención estatal. Harvey dice:

Pero si, tal y como siempre es el caso, «no es posible sociedad alguna en la que el poder y la compulsión estén ausentes, ni un mundo en el que la fuerza no desempeñe ninguna función», entonces, la única forma de que esta visión liberal utópica pueda sostenerse es mediante la fuerza, la violencia y el autoritarismo. El utopismo liberal o neoliberal esta avocado, en opinión de Polanyi, a verse frustrado por el autoritarismo, o incluso por el fascismo absoluto . Las buenas libertades desaparecen, las malas toman el poder .

Obviamente la aplicación del modelo diferencial neoliberal no usa al Estado como interventor y regulador de la economía, empero usa al Estado como garante e instrumento de aplicación de las medidas privatizadoras, de las políticas de ajuste estructural, sobre todo usando el atributo estatal del monopolio del la violencia. Lo que pasó en Bolivia y en todos los países donde se aplicó el proyecto neoliberal verifican esta apreciación. Por esto podemos decir que tanto el liberalismo y el neoliberalismo, sobre todo este último, tienen una relación paradójica y perversa con el Estado.

En resumen se puede decir que la realización del proyecto neoliberal requiere de la formación de un nuevo Estado, el Estado neoliberal; requiere también desembridar al capital de los constreñimientos impuestos por el Estado de bienestar y los estados nacionalistas; se trata de la restauración del poder de la clase dominante; para lograr esto se requiere vencer en el enfrentamiento con los sindicatos y la sociedad organizada. La aplicación del proyecto neoliberal ocasiona el ensanchamiento desmesurado de las desigualdades. Por último, la realización del proyecto neoliberal sólo es posible con el recurso estatal del monopolio de la violencia.

Las décadas de hegemonía neoliberal (1970-2000)

David Harvey refiriéndose a las tres décadas de la hegemonía neoliberal, describe el escenario inaugural estableciendo que surgió un tipo diferente de sistema, en gran medida bajo la tutela estadounidense. Se abandonó el oro como base material del valor de las monedas y a partir de entonces el mundo tuvo que vivir con un sistema monetario desmaterializado. Los flujos de capital monetario, que ya se movían libremente por todo el mundo en el mercado de eurodólares, quedaron totalmente libres de los controles estatales. La colusión entre la administración de Nixón y los saudíes e iraníes para elevar enormemente el precio del petróleo en 1973 perjudicó mucho más a las economías europeas y japonesa que a la estadounidense. Los bancos estadounidenses obtuvieron el privilegio monopolista de reciclar los petrodólares hacia la economía mundial, haciendo así regresar a casa el mercado de eurodólares. Nueva York se convirtió en el centro financiero de la economía global .

Cayó lo que se llamó el sistema de Bretton Woods y fue sustituido por el “consenso de Washington”. Ante la crisis de sobreproducción, amenazado en el espacio de la producción, viviendo procesos de desindustrialización, Estados Unidos se recuperó ratificando su hegemonía en el campo de las finanzas. El capital financiero fue utilizado para someter al movimiento obrero, se aprovechó la oportunidad para desatar un ataque directo contra las organizaciones de los trabajadores, disminuyendo su papel y su influencia en el decurso político. En esta fase de la hegemonía estadounidense el capital financiero ocupó el centro de la escena, ejerciendo su influencia disuasiva sobre los trabajadores y sobre los estados, sobre todo cuando éstos se encontraban endeudados . El sistema tenía como centro el complejo Wall Street-Departamento del Tesoro estadounidense, sin embargo, no era el único foco; también se contaba con los centros financieros de Tokio, Londres, Franfurt y otros, que en conjunto contribuyeron a extender la financiarización en todo el planeta, dando lugar a una élite trasnacional de banqueros, agentes de bolsa y hombres de negocios, asociada al surgimiento de corporaciones capitalistas trasnacionales .

Caracterizando el escenario en el que surgió el neoliberalismo, David Harvey describe el “consenso de Washington” como un multilateralismo centralizado, conformado a mediados de la década de los noventa. Este multilateralismo se fue configurando progresivamente como una regionalización de la economía global con una estructura tríadica polarizada en torno a Norte América (el ALCAN), Europa (la Unión Europea) y una confederación más flexible de intereses construida a partir de las relaciones comerciales en el este y suroeste del Asia . Este es el centro geopolítico del sistema-mundo capitalista. Utilizaremos esta definición, aunque Harvey se distancie del uso del término y de los estudios sistémicos de los ciclos del capitalismo, optando mas bien por una teoría del monopolio espacial, basada en su perspectiva geográfica. Este sería entonces el espacio monopólico configurado por una serie de redes comunicacionales, telecomunicacioneles, redes informáticas, flujos constantes de servicios y conglomerados de compactas sedimentaciones entrelazadas de capitales fijos, que aparece como una matriz logística que sostiene las dinámicas moleculares de la acumulación de capital . Esta tesis es altamente importante pues cuestiona de manera directa el supuesto del equilibrio, acompañado por las conjeturas axiomáticas de un mercado sin roces, de libre circulación, el mismo que facilita la competencia. Al respecto Harvey describe su perspectiva estableciendo que:

De lo dicho hasta ahora se deduce fácilmente que el panorama geográfico de la actividad capitalista se ve atravesado por contradicciones y tensiones y que es perpetuamente inestable debido a las presiones técnicas y económicas de todo tipo que actúan sobre él. Las tensiones entre competencia y monopolio, entre concentración y dispersión, entre centralización y descentralización, entre inmovilidad y movimiento, entre dinamismo e inercia, entre diferentes escalas de actividad derivan todas ellas de procesos moleculares de acumulación de capital en el espacio y en el tiempo, y todas ellas se insertan en la lógica expansionista general de un sistema capitalista en el que domina la acumulación incesante de capital y la búsqueda interminable de beneficio, lo que da lugar, como he repetido en muchas ocasiones, a la pretensión perpetua de crear un entorno geográfico que facilite las actividades capitalistas en un lugar y en un momento determinado, solo para tener que destruirlo y tener que construir un entorno totalmente diferente en un momento posterior sin poder saciar nunca su perpetua sed de acumulación .

Interpretando lo escrito por Harvey en El nuevo imperialismo , podríamos decir que, por una parte tenemos las dinámicas moleculares de los flujos de capital, por otra parte tenemos las cartografías territoriales del Estado; entre ambos tenemos las regionalizaciones económicas, productivas, comerciales, complementarias. El Estado trata de retener los flujos de capital, las dinámicas moleculares del capital, trata de acumular, localizar estos flujos moleculares; los impuestos, las tributaciones, las normas y reglas, las orientaciones y fijaciones de las inversiones sirven para ello. La conformación de regiones productivas canalizan las energías, las potencialidades, los recursos, la fuerza de trabajo, en función de articulaciones complementarias y de esferas de mercados concretos. Las dinámicas moleculares son expansivas y desbordantes, específicas y detalladas, se trata de fuerzas y flujos dinámicos que tienden a escapar de las estratificaciones estatales y de las circunscripciones regionales. En este contexto los circuitos de capital tienen distintos ritmos y temporalidades; podemos hablar de un circuito primario, destinado al consumo inmediato; de un circuito secundario, que se transforma en infraestructura y en una matriz espacial de capitales fijos, la misma que define las configuraciones regionales; de un circuito terciario, cuya temporalidad se ventila a largo plazo, que se invierte socialmente, también en formación y en investigación. El juego y la combinación de estas temporalidades, la combinación entre inversiones y acumulaciones, gastos y retornos, puede explicar de manera concreta los periodos de expansión armónica y los periodos de crisis, de sobre-acumulación, de sobreproducción, de incoordinación entre los circuitos de capital. El sistema financiero trata de regular estos ritmos, estas coordinaciones entre los circuitos, empero no siempre lo logra, convirtiéndose mas bien en parte del problema, pues al tender a la hegemonía financiera y a la rentabilidad compulsiva del capital termina cayendo en la especulación y en la ficción financiera, conformando burbujas financieras. Esta geografía de los espacios del capital, de los espacio-tiempos del capital, nos permite identificar las condiciones concretas del estallido de las crisis, por ejemplo, la crisis de sobreproducción de la década de los setenta, la crisis de sobreacumulación de la década de los noventa y la reciente crisis financiera desatada el 2001. Todo esto visualizando el mapa de los lugares de emergencia de la crisis y sus ondas expansivas.

Como se puede ver, desde esta perspectiva geográfica e histórica, espacial y temporal, territorial, regional y molecular del capitalismo, no es posible hablar de equilibrio, ni sostener la conjetura del equilibrio. Se trata mas bien de comprender los ritmos, la combinación de los circuitos de capital, sus dinámicas concretas, sus articulaciones y composiciones con la forma Estado y las configuraciones territoriales.

A nosotros nos interesa comprender esto en los ámbitos de la periferia del capitalismo, lo que ocurre con los circuitos de capital y los recursos naturales, sobre todo en lo que respecta a la inversión en la energía fósil, en la exploración y explotación de los recursos hidrocarburíferos. La crisis política y la crisis social reciente se ha desatado por los desfases habidos entre el circuito de inversiones en exploración y explotación, también en lo que respecta al diferimiento de la industrialización, y la compleja relación entre las demandas del mercado interno y el mercado externo, cuyas composiciones de demandas son distintas y tienen distintas lógica. A esta situación se añade la política de subvención del Estado del mercado interno, en lo que respecta al consumo de diesel oíl, gasolina y GLP, destinados al transporte, al sector agropecuario, a la industria y al consumo doméstico.

Se puede imaginar la alternativa de mantener la subvención del Estado al mercado interno, que puede ser considerado como una inversión del Estado, que buscaría crear ciertas condiciones preparatorias en la perspectiva de la transformación económica del país, buscando crear efectos multiplicadores, generando dinámicas propias regionales y sectoriales; sin embargo, para lograr tal efecto era necesario no solo contar con los excedentes de la exportación de gas y petróleo, principalmente a Brasil y a la Argentina, sino incrementar la producción de petróleo y gas, con el objeto de su industrialización, orientando esta producción al abastecimiento del mercado interno. Al respecto, en la evaluación y análisis de la incidencia de la subvención, hay preguntas a las que hay que responder:

1. ¿Por qué no se ha generado la producción y la industrialización correspondiente para abastecer el consumo del mercado interno?

2. ¿Por qué no se ha armonizado adecuadamente el mercado externo y el mercado interno, garantizando la generación del excedente y el abastecimiento del consumo en el país?

3. Teniendo en cuenta la política de subvención del mercado interno, ¿Por qué se mantuvo durante todo una gestión de gobierno la compra en el mercado externo a precios internacionales de diesel oíl y gasolina para abastecer el mercado interno a precios subvencionados?

4. ¿Por qué se ha tardado y se tarda en implementar una estrategia integral de exploración, explotación, industrialización y comercialización, manteniendo los ejes fundamentales de la soberanía?

Desentrañar estas preguntas es fundamental sobre todo para poder comprender las causas y las condiciones de la crisis política y social desatada en torno al decreto 748, llamado por el gobierno de nivelación de precios y por las organizaciones sociales movilizadas “gasolinazo”.

El neoliberalismo en Bolivia

El análisis que se va a hacer del periodo neoliberal de Bolivia, que abarca dos décadas, comprendidas entre 1985 y 2005, no es histórico, sino más bien es estructural, se concentra en las medidas, normativa e institucionalidad que se implementa en términos de shock y ajuste estructural, abarcando claro está las privatizaciones y la capitalización de las empresas públicas, comprendiendo también la Ley de Hidrocarburos 3058, que redefine las relaciones de subordinación del Estado a las empresas trasnacionales.

El famoso decreto 21060 que inicia el periodo neoliberal en Bolivia establecía en el Título IV del Régimen de Precios y Abastecimiento, concretamente en el Capítulo I De los Precios y Abastecimiento, en el artículo 72 que:

A partir de la fecha se determina que los precios de bienes y servicios en todo el territorio de la República, se establecerán libremente.

Esto es establecer la vigencia de las llamadas leyes del mercado, la oferta y la demanda, supuestas leyes que manejarían como una mano invisible el mercado. Esta invisibilidad, este fantasma, se convierte en el sentido del mercado en la cabeza de los economistas clásicos, neoclásicos y neoliberales, obviando lo visible, lo evidente, que es la conformación proliferante de los monopolios, la tendencia intrínseca al monopolio por parte del capitalismo. Evidencia demostrada por las investigaciones de Fernand Braudel . Otra medida tomada por el decreto 21060 es la suspensión de las subvenciones, como las relacionadas a las pulperías que abastecían a las familias de los trabajadores mineros de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL). El decreto también establece la relocalización de los trabajadores mineros y prácticamente el cierre de centros mineros, en la perspectiva de su privatización. También pone en suspenso el contrato colectivo, gran conquista social, empujando al trabajador individual a negociar directamente con los patrones. Teniendo en cuenta todo esto, toda la composición del decreto, es importante retener el artículo 72 que institucionaliza el libre cambio.

En un documento de Análisis del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), que comprende el análisis contextual de la Ley de Hidrocarburos 3058, promulgada en mayo de 2005, se hace un análisis comparativo con lo que ocurría en la etapa anterior del periodo neoliberal, la del ajuste estructural; el documento comienza estableciendo que:

Las medidas de ajuste estructural aplicadas en Bolivia desde 1985 tenían tres objetivos básicos: redefinir las relaciones laborales, abrir la economía al comercio exterior y modificar el rol del Estado. Según los técnicos del neoliberalismo estas eran medidas indispensables para terminar con la hiperinflación, superar la crisis económica e iniciar un nuevo ciclo de crecimiento y bienestar. Desde la aplicación del Decreto Supremo 21060, la liberalización de la economía, las modificaciones al mundo del trabajo y la estabilidad de los indicadores macroeconómicos fueron tareas que todos los gobiernos bolivianos se empeñaron en cumplir. Sin embargo, y pese a sus esfuerzos, hasta ese momento quedaba como tarea pendiente reducir el papel del Estado en la economía .

Debemos retener los objetivos básicos: redefinir las relaciones laborales, abrir la economía al comercio exterior y modificar el rol del Estado, sobre todo abrir la economía al comercio exterior; esto es a la dependencia del mercado internacional, a la dependencia de las condicionantes del mercado exterior, de la división del trabajo establecido por la economía-mundo capitalista. Se puede decir, como dijimos más arriba, que el neoliberalismo afianza nuestra dependencia, la consolida al renunciar a toda otra alternativa que tenga como enfoque una estrategia en función del mercado interno. Otra cosa que debemos retener es la forma de argumentar de los responsables de las medidas, se dice que son indispensables para superar la crisis económica. El costo social del ajuste y las políticas de privatización, llamadas de capitalización, fue alto, lo que repercutió no sólo en resistencias y protestas sino más tarde, del 2000 al 2005, en levantamientos semi-insurreccionales, que llevaron a la caída del régimen neoliberal. Otra anotación que es importante es que la liberalización de la economía, las modificaciones al mundo del trabajo y la estabilidad de los indicadores macroeconómicos fueron tareas que todos los gobiernos bolivianos se empeñaron en cumplir. Esto quiere decir que, desde una perspectiva histórica de las políticas económicas la estabilidad de los indicadores macroeconómicos fue una preocupación constante en los gobiernos, sólo que, en el caso del periodo neoliberal, se convirtieron en los parámetros absolutos de la gestión económica. Las preguntas que debemos hacernos son: ¿Llegamos a salir de esta concepción? ¿Dejamos de reproducir esta consciencia desdichada? En lo que respecta a la condicionante de los indicadores macroeconómicos, sobre todo en el uso que se les da para mantener el equilibrio macroeconómico, podemos decir categóricamente que no; siguen siendo los criterios esenciales que definen los alcances de las políticas económicas desplegadas. Lo que nos lleva a explicar la cautela en lo que respecta a las inversiones, sobre todo las inversiones productivas, que conllevan cierto riesgo. En lo que respecta a la dependencia del mercado internacional, tampoco; quizás ahora más que nunca nuestra dependencia se ha vuelto más condicionante, en tanto y en cuanto se persigue usar el excedente para cubrir la demanda interna y para desarrollar la industrialización, que a su vez genere más excedente que pueda destinarse a cumplir con los derechos fundamentales establecidos en la Constitución. Se ha vuelto a convertir al mercado internacional y a la exportación en las condicionantes esenciales del desarrollo. Ahora en lo que respecta a la suspensión de las subvenciones y la liberalización de los precios internos respecto a los precios internacionales, es algo en que nos empezamos a parecer. Esto al margen de si justifique o no la subvención de los combustibles, sobre todo teniendo en cuenta las complicaciones colaterales de la compra en el exterior y la venta en el mercado interno, sino lo que asombran son las analogías, que de alguna manera transmiten propiedades comunes; en todo caso de lo que se trata es de encontrar salidas distintas a las elaboradas por los neoliberales, las medidas de shock, salidas que no descarguen el problema en la economía y en los cuerpos de los más pobres, de encontrar soluciones que no repitan el formato neoliberal.

El análisis del CEDLA se orienta a hacer una evaluación de la condición de las capitalizadas, separando notoriamente a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) por las características del rubro que le compete, los hidrocarburos. El documento de evaluación establece que lo que ocurre con la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE), la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), el Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) y la Empresa Nacional de Ferrocarriles (ENFE) a diferencia de YPFB es que sus rubros trabajan bienes “no transables”, es decir bienes que solamente pueden ser comercializados dentro de nuestra economía. Es muy diferente el caso de los hidrocarburos, son bienes “transables” por excelencia, es decir bienes inmediatamente comerciables en el mercado internacional. El petróleo es una mercancía que tiene mercado asegurado en cualquier parte del mundo y el gas natural se ha convertido en una de las más importantes fuentes de energía para todos los países de la región, también lo son los derivados hidrocarburíferos y aquellos productos que se pueden obtener de su industrialización. Pero, como veremos más adelante, por los objetivos de las empresas que operan en la industria y por el principio exportador de materias primas que la división internacional del trabajo asignó a Bolivia, la exportación de gas natural y petróleo se hacen sin tomar en cuenta los procesos que pueden aumentar el valor de los hidrocarburos .

El análisis del CEDLA establece que prácticamente estamos condenados por la división del trabajo internacional, la asignación de nuestro rol es ser un país exportador de materias primas, otros van a industrializar estas materias, incluso esto comprende a los países limítrofes de la región. Empero también establecen que podemos salir de esta condena no a través de la inversión de las trasnacionales, que siempre van a querer imponer sus condiciones, las mismas que van apuntar al control de las cadenas productivas, una vez que controlan los mercados, el destinos de los recursos naturales. La solución a este dilema se debe dar a través de un papel activo del Estado, el Estado tendría que hacerse cargo en la inversión de la industrialización de los recursos naturales, pero para esto es indispensable orientar las reservas y los recursos para el cumplimiento de este objetivo y no abandonarlos al mercado internacional. Sin embargo, después de una evaluación de la composición de las direcciones del destino de la explotación de petróleo y gas, sobre todo de este último, del uso que se le da en el mercado interno, CEDLA concluye que se observa la priorización de la exportación, subordinando el desarrollo del consumo de la población y, también, de la industrialización dentro del territorio boliviano .

En lo que respecta a la Ley de Hidrocarburos 3058 en comparación con lo que ocurría durante el ajuste estructural, se dice que:

La nueva Ley de Hidrocarburos Nº 3058 no modifica esencialmente esta orientación. Todo el andamiaje jurídico mantiene a las empresas privadas como protagonistas en la exportación. Por ejemplo, esta norma define, dentro del régimen económico general, fomentar la participación del sector privado (nacional o extranjero) en la exportación del gas natural y establece que YPFB participará en esta actividad como agregador y cargador; es decir, como un instrumento operativo de las empresas privadas que producen los hidrocarburos para el mercado externo. Aunque esta forma de participación permitirá que el Estado controle el flujo de recursos exportados, en el fondo, los beneficiarios principales de la actividad serán quienes detentan la propiedad de la infraestructura de operaciones, quienes tienen bajo su dominio las reservas del gas natural y del petróleo, quienes controlan los mercados de destino, quienes tienen la facultad para determinar los precios de exportación, o sea las empresas petroleras transnacionales.

Esta breve evaluación del periodo liberal (1985-2005), incluyendo su etapa crítica, del 2000 al 2005, sobre todo después del 2003, que incorpora ciertas modificaciones como las relativas a la Ley de Hidrocarburos 3058, que se promulga en mayo del 2005, además de contemplar el referéndum sobre los hidrocarburos, es un periodo de dominio de las trasnacionales y de su monopolio sobre los recursos naturales del país, sobro todo los relativos a los hidrocarburos y a la minería.