La Habana, (PL).- Ni la red extremista Al Qaeda ni fundamentalistas islámicos tienen que ver con los atentados en Oslo y en la isla noruega de Utoya, una masacre inscrita en la historia del país escandinavo como la peor tragedia después de la Segunda Guerra Mundial. El autor del peligroso suceso, que ocasionó la muerte a 77 personas, no es musulmán, sino un cristiano de ultraderecha.

Identificado como el responsable de los mortíferos ataques del 22 de julio, Anders Behring Breivik, se dio a conocer a través de las redes sociales y su manifiesto colgado por Internet como un ferviente noruego xenófobo, racista e islamofóbico.

Para analistas, los acontecimientos en Noruega alertan de una nueva ofensiva en Europa de las posiciones ultraderechistas y conservadoras en contra de las políticas de integración cultural de los inmigrantes, el multiculturalismo, la convivencia, la tolerancia y la diversidad.

En el terreno de las matrices ideológicas, las cadenas noticiosas en Occidente, sobre todo, la CNN y Fox News, insinuaron con titulares la presunta autoría de Al Qaeda o del “terrorismo islámico”, con la supuesta tesis de que Noruega ha estado en el punto de mira de esa organización extremista. Terroristas e islámicos reaparecen como sinónimos.

Sin pistas sobre los responsables de los hechos ni detalles de los atentados, una y otra vez asociaban los ataques con una célula terrorista. Posteriormente, Al Qaeda figuraba como la fuerza inspiradora para un joven noruego trastornado.

Próximos a la realidad de hoy, no pocos expertos sugieren una posible implicación de grupos de extrema derecha o neofascistas, que han resurgido en la vasta geografía europea en los últimos años, según el Centro de Investigación Global de Equidad y Exactitud en la Información.

De un lado, explican las fisuras que han provocado en el consenso público las oleadas masivas de inmigrantes al Viejo continente con el pregonado eslogan de la Europa abierta, igualitaria y diversa, en sociedades profundamente divididas y poco benevolentes a las culturas y religiones foráneas.

El propio Breivik definió en su manifiesto que los inmigrantes musulmanes suponen un grave peligro para la cultura occidental y él estaba llamado a defender a su país de la supuesta influencia islámica.

Para no pocos analistas como el irlandés Finian Cunningham, el neonazi noruego podría tener más cómplices en miembros de organizaciones de extrema derecha y no solo en Noruega.

Cabría preguntarse cómo el atacante solitario pudo asestar tal magnitud de horror, primero haciendo estallar un coche bomba en los alrededores de edificios gubernamentales en Oslo y una hora después masacrando a jóvenes en la isla de Utoya, a poco más de 40 kilómetros de la capital.

En ese campamento el partido Laborista organiza cada verano acampadas para jóvenes con ideas socialdemócratas y progresistas.

Los blancos eran perfectos: una generación de noruegos con políticas liberales en el tema migratorio y los extranjeros. En sus primeras declaraciones ante un juez afirmó que sus víctimas eran culpables de traición por promover el multiculturalismo.

De fondo el odio revertido con los atentados proviene del clima de virulencia alimentado en más de una década por los gobiernos occidentales y los grandes medios de comunicación para encubrir las guerras de agresión contra Afganistán (2001) e Irak (2003), afirmó Cunningham.

Algunos sobrevivientes describieron a Breivik como un “perfecto soldado nazi de asalto”, que disparaba a sangre fría una y otra vez sobre la víctima hasta abatirla totalmente.

Se cree que el hasta ahora único acusado de la masacre usó balas dum-dum, que tienen un efecto explosivo dentro de los cuerpos, para maximizar la carnicería.

Una comisión especial creada por el primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, investiga si existen conexiones entre el asesino y miembros de agrupaciones afines. Los resultados no han salido a la luz. Tampoco hay más sospechosos.

Lazos con grupos de ultraderecha europea

Investigaciones apuntan que el asesino de Oslo y de Utoya mantuvo relaciones con personas y grupos de la extrema derecha en Europa, sobre todo del Reino Unido, a partir del estudio del manifiesto de mil 500 páginas escrito por el autor confeso. Durante su primera comparecencia ante la corte de Oslo, Breivik dijo que dos células más lo ayudaron en los ataques, de lo cual la policía no tiene evidencias.

De acuerdo con el diario Aftenposten, se supone que el documento fue escrito en Londres, bajo el seudónimo inglés de Andrew Berwick. Contiene además una serie de enlaces británicos, entre ellos, uno conocido como Richard.

Se cree que “Richard” guarda relación con el rey británico Ricardo Corazón de León, uno de los artífices de las cruzadas religiosas europeas contra los musulmanes.

El diario The Daily Telegraph, de Reino Unido, señala que la policía investiga un blogg con el nombre de “Corazón de León”, atribuido a Paul Rey, fundador y activo miembro de la Liga Inglesa de Defensa (English Defence League -EDL), protagonista de violentas manifestaciones anti-islámicas en Reino Unido.

Breivik dejó constancia en su manifiesto de sus lazos con más de 600 amigos de la EDL en Facebook y de encuentros con miembros y líderes de la liga inglesa. Varios integrantes de la organización británica admitieron a The Daily Telegraph que tuvieron contactos con Breivik y se cree que participaron juntos en 2002 en una manifestación en Londres de la extrema derecha.

Aftenposten menciona supuestos vínculos del noruego con agrupaciones ultra conservadoras y xenófobas como la Orden de los Caballeros Templarios -con una filial europea- y la Liga de Defensa de Noruega, que realizó una marcha el 9 de abril, opacada por una manifestación antifascista. También estuvo vinculado entre 1999 y 2004 a la rama juvenil del Partido del Progreso, de tendencia derechista.

Segunda en el Parlamento con 41 de los 169 escaños, la formación conservadora rechaza lo que califica de islamización de la sociedad en el Viejo continente y defiende el endurecimiento de las políticas contra los migrantes.

Breivik está solo en cuanto a sus crímenes, pero es interesante ver que se desarrolla en un contexto socio político donde sus ideas no salen de la nada, advirtió Kari Helene Partapuoli, directora del centro antirracista en Oslo.

La nación escandinava no es la excepción en el empuje que ha cobrado la derecha en los escenarios políticos de Europa, tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la desaparición del campo socialista a inicios de la década de los años 90 del pasado siglo. En los últimos años el populismo conservador ha resurgido con nuevos bríos y matices.

En Europa, los partidos populistas y de extrema derecha tienen una fuerte responsabilidad en el clima de deterioro que pesa en todo el continente, abundó el Movimiento contra el Racismo y por la Amistad de los Pueblos.

Mas aún, la masacre en Noruega desvela la presencia de una ideología, que no se oculta para imponer sus ideas, así sea con métodos violentos.

* Jefa de la Redacción Europa de Prensa Latina.