El año 2006, Dios fue proclamado presidente del Partido Republicano de Estados Unidos. Si le consultaron o no, es otra cosa, pero lo cierto es que en las últimas décadas, los líderes gringos se dieron a la tarea de hablar en nombre de Dios. El todopoderoso figura hasta en los billetes, pero a principios de la independencia, no era ni mencionado por los primeros mandatarios, en su mayoría masones.

En una ocasión, le preguntaron al presidente Alexander Hamilton, por qué Dios no aparecía ni en la Constitución y respondió: “No necesitamos ayuda exterior”. Sin embargo, con la crisis financiera que en estos momentos está pasando el Imperio, sin duda que están clamando por su ayuda y es más vigente el lema “In God we Trust” (En Dios confiamos) que aparece en los billetes de un dólar.

El mundo se ha puesto a temblar y no sabe qué rumbo tomar, desde que Barack Obama, admitió que su país estaba a punto de ingresar en situación de no pagar sus deudas, que llegan a unos 17 billones de dólares y es mucha hasta para la primera potencia mundial.

Esta situación nos traslada a la jornada vivida el 24 de octubre de 1929. Ese día la Bolsa de Nueva York cayó estrepitosamente. La catedral de las finanzas se vino abajo. Cerraron numerosos bancos y fábricas, el desempleo fue casi total, los salarios se redujeron a la nada. Fue un “crack mundial de las finanzas”

Hoy el nerviosismo circula por todos esos centros de “timbeadores” que los especuladores llaman Bolsas de Valores. Se dice que el dólar, no sirve para nada y hay que deshacerse de los papeles verdes. Otros dicen que todavía no, que recobrará su poder, pero a ciencia cierta, ni los analistas neoliberales que suelen mover las nalgas rumbo a los canales de TV para rendir pleitesía al dólar, dicen nada. No opinan nada sobre el futuro del imperio que respaldan.

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), reunió a sus ministros de economía y sus banqueros para formular la defensa ante el ataque especulativo futuro. Ya se sabe que Estados Unidos, pretenderá traspasar sus problemas a los países pobres. Siempre fue así. Los pobres tenemos que pagar para que los ricos, sigan siendo ricos.

Primero en Lima y luego en Buenos Aires, ministros y banqueros, decidieron impulsar un fondo latinoamericano de reservas, apuntalando el uso de las monedas regionales, desdolarizando el intercambio e incentivando el comercio intrarregional. También, se acordó fortalecer la Corporación Andina de Fomento (CAF) y acelerar el lanzamiento del Banco del Sur.

Fue sorprendente cómo se llegaron a consensos con tanta rapidez. Presuntamente, los ministros neoliberales comenzaron a revisar sus posiciones, dada la crisis norteamericana y el irreversible proceso de integración sudamericana, que se observa claramente. Ministros y banqueros, se manifestaron acordes en manejar el fondo común de reservas en beneficio propio, dejando de colocarlas en bancos transnacionales, que las utilizan para financiar crisis internacionales como las que sacuden a Estados Unidos.

¿Hay una crisis o una tomadura de pelo?

Cuando Obama, anunció la posibilidad de incumplir el pago de deudas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) no dijo nada. Se calló la boca, hasta ahora. Si una situación así se presentaba en algún país sudamericano, sus agentes se hubieran lanzado como sabuesos para imponer, ajustes estructurales, venta de empresas estatales, seguidas de ofertas de crédito a intereses impagables. No quisieron hacerle tragar la misma medicina a su amo.

Los analistas que nunca faltan, opinaron que la crisis se puede salvar con una reducción de inversiones en el militarismo y las armas, las guerras inmorales y el mantenimiento de tropas y bases en otros países. Pero, demócratas y republicanos, se negaron a ello, se mantendrá el guerrerismo y en cambio se reducirá el apoyo a la educación, la salud, las pensiones a los jubilados y las tasas de interés bancario, seguirán altas para exprimir a los pobres.

Hay informes que señalan que Estados Unidos paga intereses anuales netos equivalentes a sólo 1,4% de su PIB. Mark Weisbrot, quien es codirector del Center for Economic and Policy Research en Washington, asegura que “Nunca hubo posibilidad que Estados Unidos, incumpliera los pagos de su deuda”. Dice, este economista, que la “crisis” fue fabricada junto a los republicanos para imponer recortes “impopulares” que no se podrían ganar en las urnas, puesto que se acercan las elecciones, donde Obama pretende reelegirse.

La estrategia elaborada por los dos partidos fue buena. Se realizarán grandes recortes del gasto público sin promocionar ningún aumento de impuestos a los ricos y super ricos. La derecha republicana, ganó con la cooperación de Obama, pero sus votantes quedaron ofendidos. Claro que deseaba aumentar los impuestos a los ricos, pero tuvo que arrodillarse ante la extorsión republicana. Su reelección está en duda.

Esta “falsa crisis de la deuda”, resultó ser un arma de distracción masiva que desorientó a todo el mundo. Estas mentiras creíbles promocionaron mejores consideraciones para los gringos que salen fortalecidos, aunque existen algunas verdades que son efectivamente verdaderas, como la existencia de 25 millones de personas desempleadas, crecimiento imperceptible y efectiva debilidad económica.

La maquinaria económica estadounidense es formidablemente poderosa y podrá recuperarse con el robo de materias primas a los países pobres. Quizás por esa razón, los acuerdos entre republicanos y demócratas mantendrán el presupuesto militar junto a sus más de mil bases repartidas por el mundo. Los pobres seremos obligados a pagar la irresponsable crisis financiera norteamericana, sea por las buenas o por las malas. Las previsiones de la Unasur, nos parecen adecuadas y merecedoras de todo respaldo.