El enfrentamiento de los originarios que sobreviven en los ayllus del Occidente y de los indígenas en el Oriente contra los campesinos pequeños propietarios que demográficamente son la mayoría en el país obedece a causas materiales profundas. Se trata de la contradicción entre las formas de la propiedad comunal y la pequeña propiedad privada de la tierra.

Evo Morales, en un acto público de celebración del Día de la Tierra y los Pueblos Indígenas, Originarios Campesinos en Villa Tunari, ha oficializado que hasta octubre del presente año se promulgará una nueva ley de tierras, dizque “para acabar con el latifundio”. La decisión se ha tomado a petición de la CSUTCB, de la Confederación de Colonizadores y de la Federación de mujeres campesinas “Bartolina Sisa”, que exigen la titulación individual de la tierra, de tal modo que puedan venderla, heredarla a sus hijos o hipotecarla en el futuro.

El franco viraje derechista del gobierno masista se puede constatar con mayor claridad en su política de la tierra. Pocos meses después de instalarse en el Palacio Quemado aprobó la Ley 3545 de Reconducción Comunitaria, cuyo espíritu apuntaba, precisamente, en dirección opuesta a la actual corriente de privatización de la tierra. Ahora el gobierno borra con el codo lo que escribió con la mano para permitir que surja en el campo una capa económicamente fuerte de campesinos que, a la larga, terminaría en el latifundismo por la paulatina reconcentración de extensas áreas de propiedad privada.

El capitalismo actúa contra la propiedad comunitaria a través de los parcelarios privados porque, a la larga, sobre todo en las regiones ricas en recursos naturales, esta pequeña propiedad privada terminará reconcentrada en manos de grandes empresarios y de las transnacionales imperialistas. En el proceso de acentuación de su política derechista, el gobierno se apoya en los campesinos parcelarios privados para dirimir sus diferencias con el sector comunitario. Con este viraje, Evo Morales echa por tierra toda su teoría posmoderna de defensa de la “Pachamama”, de la existencia complementaria y armónica entre el hombre y la naturaleza, de la educación comunitaria y productiva, etc.

El sector más conservador del movimiento campesino se impone contra los originarios asentados en formas de la propiedad colectiva de la Tierra (ayllus en el Occidente y Tierras Comunitarias de Origen en el Oriente), que sobreviven como resabios del pre capitalismo. Actualmente, propietarios privados avasallan la propiedad comunitaria de la tierra con la invasión de cocaleros y colonizadores a las áreas protegidas como el TIPNIS; éstos abiertamente sostienen que es una injusticia que los originarios tengan de 100 a 200 hectáreas cuando ellos sólo disponen de 3 a 5 hectáreas y exigen al Estado terminar con “tamaña discriminación”.

Las perspectivas de la presente contradicción entre formas de propiedad comunal y privada de la tierra en el marco del capitalismo apunta a la liquidación total de las primeras y, consecuentemente, al potenciamiento de las segundas. No hay que olvidar que la propiedad comunal sobrevive como un resabio del pre capitalismo porque el crecimiento limitado de las fuerzas productivas no permitió su total liquidación anterior.

Creer que con la parcelación individual se acabará con el latifundio es otra impostura más de Evo Morales, porque con la titulación privada se generalizará la propiedad privada en el agro, cuya forma más acabada es el latifundio. La mercantilización de la tierra (libre compra – venta) conducirá inequívocamente a la reconcentración de la tierra en manos de los económicamente más poderosos, tanto nacionales como extranjeros. Los estrategas del oficialismo están equivocados de cabo a rabo porque no serán los campesinos los que reconcentren de la propiedad de la tierra, sino los actuales latifundistas y las transnacionales imperialistas.

Divisiones en el movimiento campesino

Las pugnas y divisiones entre los movimientos campesinos e indígenas se tornan explosivas cuando se trata de hacer concesiones a las transnacionales para la explotación minera o hidrocarburífera, y actualmente con la apertura del camino Villa Tunari – Beni que debe atravesar el corazón del TIPNIS. El fondo del problema de la carretera del TIPNIS es, sobre todo, la lucha de los originarios por conservar las TCOs y de los cocaleros – colonizadores que buscan invadir las inmensas y riquísimas áreas forestales de conservación natural. Se trata pues del enfrentamiento de la propiedad comunal contra las formas de la propiedad privada en el agro.

En ese contexto, comienza a aparecer profundas fisuras internas en el sector pequeño propietario, por la acentuación de la miseria generada por la crisis capitalista. A pesar de su limitada producción con miserables excedentes, los pequeños productores acuden a los mercados locales y terminan financiando la crisis porque les imponen precios miserables a los productos agropecuarios. También reciben la influencia de un malestar creciente en las ciudades como parte de la emancipación política de obreros y amplias capas de la clase media respecto al gobierno.

En los últimos días, las fisuras en los gremios de los pequeños propietarios del agro se han agudizado y han derivado en violentos choques en torno a problemas locales como los ocurridos en Colomi (Cochabamba). Allí, grupos masistas pretendieron tomar la alcaldía de la localidad, y la reacción de la población, también campesina, en defensa de su alcalde de filiación política distinta (MSM) provocó violentas batallas campales durante toda una jornada con un saldo de más de cien heridos, algunos de gravedad. A raíz de este acontecimiento, el sentimiento antimasista mayoritario es cada vez más fuerte.

Otro hecho que merece atención es el bloqueo de la carretera Cochabamba – Santa Cruz protagonizado por los colonizadores de Yapacaní exigiendo al gobierno que se respete un área de reserva forestal en la zona, la inmediata electrificación de áreas importantes y otras reivindicaciones. Los actores son los aliados tradicionales del gobierno y desempeñaron un rol importante en el pleito contra la denominada “media luna”.

Sin embargo, las autoridades, lejos de responder con soluciones concretas, decidieron resolver el conflicto con una brutal represión para desbloquear el camino, provocando airadas reacciones de aquellos que, hasta la víspera, defendían rabiosamente al gobierno masista. Los manifestantes han denunciado que el alcalde y el dirigente oficialista del sector son los que han propiciado la represión.

Por otra parte, el problema de los cocaleros del Trópico cochabambino es una bomba de tiempo. La acentuación de la política erradicadora de las plantaciones de coca que ejecuta el gobierno, impulsado por la presión internacional, muy pronto obligará a las bases cocaleras a chocar con sus direcciones oficialistas y con las fuerzas de represión. La prensa da cuenta que en muchas zonas de la región empiezan a sembrar “cazabobos” para atemorizar a las fuerzas de represión.

Todos estos datos son anuncios de que el movimiento campesino–originario es un polvorín a punto de estallar, y corresponde delinear una plataforma de reivindicaciones para dar contenido y perspectiva a las luchas de estos sectores, que son igualmente explotados por el sistema social capitalista en crisis:

1. Liquidación total del latifundio y la distribución de toda la tierra cultivable a los campesinos en forma de propiedad colectiva. Apuntalar y defender toda forma de propiedad colectiva porque la revolución, apoyada en la tradición comunitaria pre capitalista, puede facilitar la colectivización del resto de la propiedad agraria, basamento fundamental del socialismo y del comunismo.

2. Libre cultivo, comercialización e industrialización de la hoja de coca. El narcotráfico es un problema de los gringos que debe ser resuelto por ellos, sin afectar a los intereses económicos de los cocaleros y de los bolivianos.

3. Respeto a la autodeterminación de los pueblos indígenas que luchan por la defensa de su hábitat natural. Contra la impostura de la “consulta previa no vinculante” que se ha convertido en una farsa en manos del gobierno masista.

* Profesor de Filosofía y dirigente de la Unión Revolucionaria de Maestros (URMA) del Partido Obrero Revolucionario (POR).