Van de 13 a 16 años los adolescentes que en Londres, Liverpool, Birminghan y Manchester han destruído vitrinas, escaparates, quemado autos, saqueado negocios y robado todo lo que podían. No se ha tratado de una lucha racial o contra el capitalismo. Se ha tratado simplemete del consumismo frustrado de esta época, de la llamada “austerity”. 

El trágico accidente de Tottenham ha sido solo un pretexto. Ha sido el inicio de un grito de violencia de una generación peligrosa. Una generación sin futuro, sin esperanza, una generación que le dice “no” a todo, a la escuela, al trabajo. Una generación sin una moral que les exija algo. Una juventud que pasa su tiempo en las calles, chateando continuamente con los amigos, usando facebook o twitter y con el celular siempre en la mano. El que ha lanzado el primer sms seguramente era un menor de edad, un pequeño “boss” de periferia, uno que vive de raterías. Nadie se ocupa de estos adolescentes, padres ausentes, familias separadas, son hijos de nadie.

Ocho meses atrás, los “hijos de papá” destruyeron vitrinas y autos para dar rienda suelta a la ira contra el aumento de las tasas de matrícula universitarias y para llamar la atención de los medios de información.

Ahora son los “hijos de nadie” reclutados por las pandillas para usarlos en la guerrilla urbana. Los cabecillas de periferia han encontrado a una juventud sin esperanza para el futuro. El único objetivo: el saqueo y el robo. Ponerse en el bolsillo un reloj de oro, robado, no significa “autofinanciamento revolucionario” como en los famosos años 68.

Los menos jóvenes, los más estables, ocupados o no, se han remangado las mangas para limpiar las calles en estilo tipicamente británico, mientras los emigrantes de primera y segunda generación estaban en las calles, de noche, para proteger sus actividades comerciales de los matones y rateros.

La derecha británica ha creado una brecha entre entre los jóvenes emarginados y las instituciones, un mosaico hecho de recesión, inflacción, y un desempleo en aumento, con terribles cortes a la sanidad, servicios sociales y públicos, mientras los escándalos de los políticos hanno socavado la fe en las instituciones.

Este tipo de violencia ha afectado injustamente enteras comunidades y muchos se preguntan si el gobierno está en condiciones de frenar a estos pandilleros que generalmente viven en los barrios más conflictivos de la entera Inglaterra.