Hanoi, Tokio y La Habana (PL).- Vietnam conmemoró medio siglo del comienzo de los bombardeos estadounidenses con agente naranja, herbicidas y otras dioxinas, cuyas secuelas marcan hasta hoy la vida de casi cinco millones de personas que padecen el llamado Dolor Naranja. Por otro lado, los japoneses recordaron el 66 aniversario de las explosiones atómicas que mataron a más de 80 mil personas en la ciudad de Nagasaki, y a otras 140 mil en Hiroshima.

Entre 1961 y 1971, Estados Unidos roció Vietnam con 80 millones de litros de herbicida, con 61 por ciento de agente naranja y 355 kilogramos de dioxinas que aún causan estragos en la población. La víspera, la Asociación de Víctimas Vietnamitas se reunió para conmemorar el trágico día en que comenzó una pesadilla que todavía sufren niños que nacen deformes o con la sangre envenenada.

Pham The Dung, presidente del gobierno provincial de Gia Lai, destacó la atención priorizada del Estado vietnamita a los damnificados directa o indirectamente por el herbicida rociado por Estados Unidos. La provincia norteña de Thai Binh estableció un fondo para las victimas con más de 15 mil millones de dong, y construyó 250 casas para donarlas a los damnificados por este mal.

El gobierno de Estados Unidos fue nuevamente emplazado a asumir su culpa por un crimen que, aunque oficialmente no sea reconocido como tal, muchos consideran de lesa humanidad. La vicepresidenta vietnamita Nguyen Thi Doan aseguró que el dolor provocado por Estados Unidos es “un dolor común para todos los pueblos progresistas del mundo que reclaman justicia”.

Al respecto, la presidenta de la Asociación mundial de Juristas Democráticos Jueanne Mirer calificó de “inaceptable” el silencio respecto al dolor provocado por el agente naranja y las dioxinas. “Debemos condenar a quienes que sacan provechos con la producción de armas químicas, levantándonos juntos para reclamar justicia”, exhortó Mirer.

Como ella, otros extranjeros que han sufrido de una manera u otra los estragos del Agente Naranja convergieron en Hanoi como muestra de solidaridad con la causa vietnamita. Entre ellos destaca Masako Sakata, una japonesa cuyo esposo murió de cáncer tras ser rociado con el herbicida en la provincia de Dong Thap.

Sakata produce documentales sobre esta tragedia tan desconocida. Ya presentó “Agente Naranja, una plegaria íntima” y “Viviendo una primavera silenciosa”, en el que narra historias de vida de víctimas tanto vietnamitas como norteamericanas.

Rosemarie Hoehn-Mizo, presidenta del Comité Internacional para la Aldea de Amistad Van Canh, intenta que con su mensaje cada individuo se sienta capaz de marcar una diferencia respecto al doloroso tema. “Tenemos la responsabilidad de divulgar la verdad y buscar en el mundo ayuda, esperanza y justicia para los niños, los veteranos de guerra, sus familias y las nuevas generaciones”, precisó.

El gobierno de China donó cinco mil dólares a la Asociación de Víctimas del Agente Naranja/dioxina, al cumplirse medio siglo del inicio de los bombardeos químicos sobre Vietnam. El nuevo embajador chino en Vietnam Khua Huyen Huu comenzó así su gestión con un gesto de solidaridad con una causa especialmente sensible y dolorosa para esta nación indochina.

La Asociación de Víctimas despliega una batalla legal y mediática para que las empresas Monsanto y Down, creadoras del Agente Naranja, asuman su responsabilidad e indemnicen a los afectados.

A 66 años de los bombardeos atómicos en Japón

Las armas nucleares exterminaron a más de 100 mil personas de manera instantánea en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en los finales de la Segunda Guerra Mundial, el 6 y el 9 de agosto de 1945, respectivamente. Sus efectos radioactivos continúan emergiendo en la actualidad y elevan a cientos de miles la cifra de fallecidos, sin poder definir el número exacto de víctimas, entre ellas también los sobrevivientes de la hecatombe, quienes padecieron y aún sufren enfermedades incurables.

Estados Unidos utilizó en cada ciudad solamente una bomba, las únicas hasta entonces, acabadas de producir por un grupo de científicos reunidos en el llamado Proyecto Manhattan, liderados por el físico Robert Oppenheimer. En Hiroshima fue empleada la Little Boy, construida con uranio 235, un raro isótopo de ese mineral; y en Nagasaki, la conocida como Fat Man, obtenida con plutonio sintético, capaz de liberar el doble de la energía que la de uranio.

La catástrofe fue absoluta, según cuentan los testigos: el fuego y el calor en dos kilómetros a la redonda de donde explotaron las bombas, mataron súbitamente a los seres humanos, plantas y animales. En esa zona no permaneció en pie ni una sola edificación y se quemaron además las estructuras de acero de los edificios de concreto. Las ondas expansivas de las explosiones hicieron estallar vidrios de ventanas situadas a ocho kilómetros.

Los árboles fueron arrancados desde la raíz y quemados por el calor. En los muros de algunos edificios quedaron plasmadas las sombras de carbón de las personas que fueron desintegradas repentinamente por la detonación. En Hiroshima, el fuego se expandió por toda la ciudad con vientos de hasta 60 kilómetros por hora y desaparecieron cerca de 20 mil edificaciones, mientras que en Nagasaki quedó destruido el 40 por ciento de la localidad.

En agosto de 2011, los japoneses recordaron el 66 aniversario de la explosión atómica ordenada por el presidente de Estados Unidos Harry Truman, a pesar de que Japón no respondía militarmente y sufría el bombardeo llamado convencional y sistemático sobre otras 67 ciudades.

En solemne acto se guardó un momento de silencio en memoria de las 80 mil personas muertas en Nagasaki y de las 140 mil fallecidas en Hiroshima. El alcalde de Nagasaki Tomihisa Taue preguntó a la multitud: ¿por qué esta nación que ha luchado durante tanto tiempo por las víctimas de la bomba, una vez más vive con temor a la radiación? Fue una clara alusión a la crisis nuclear provocada por el terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo pasado, que arrasó con la central nuclear de Fukushima y lanza aún al mar y a las tierras circundantes una continua y virtualmente incontrolada contaminación radiactiva.

“Ha llegado el momento de hablar a fondo sobre qué tipo de sociedad queremos y tomar una decisión”, añadió. Medios de prensa, organizaciones sociales y medioambientales desarrollaron durante estos meses marchas de protesta ante la creciente contaminación, la cual abarca terrenos cultivados e incluso la carne vacuna proveniente de las regiones afectadas.

El gobierno del primer ministro Naoto Kan es seriamente cuestionado por las decisiones tomadas al respecto y su renuncia la respalda el 65 por ciento de la población, según una reciente encuesta. “Voy a hacer que Japón sea menos dependiente de la energía nuclear, con el objetivo de crear una sociedad que no esté supeditada a la generación de energía de ese tipo”, subrayó Kan durante una ceremonia en el Parque de la Paz, en la ciudad de Hiroshima.

La competencia de muerte continúa

Con las armas nucleares actuales podría destruirse el mundo más de una vez, coinciden políticos, pacifistas y científicos. Si se cumplieran las predicciones de Albert Einstein, Premio Nobel de Física de 1921, en la cuarta guerra mundial se pelearía con palos y piedras.

Los efectos destructivos en las poblaciones japonesas no contuvieron la necesidad de perfeccionar, expandir y de que proliferaran nuevos artefactos nucleares amparados en las capacidades científicas, utilizadas para aumentar el poderío económico, político y militar de los gobiernos que los posean.

La bomba de hidrógeno o H fue obtenida al fusionarse dos núcleos atómicos, en lugar de la fisión de éstos, y la detonó Estados Unidos en Eniwetok (atolón de las Islas Marshall) el 1 de noviembre de 1952. Durante la prueba llamada Ivy Mike se produjeron devastadores efectos en el ecosistema de la región. Se alcanzó en el epicentro una temperatura de más de 15 millones de grados, tan caliente como el núcleo del Sol, por unas fracciones de segundo, según expertos.

Otra bomba fue lanzada en la Operación Tormenta del Desierto, de la primera Guerra del Golfo en Irak, en 1991, según denunció en el 2008 el exmilitar estadounidense Jim Brown. Este ingeniero acusó a la Casa Blanca de haber lanzado una bomba nuclear de penetración de cinco kilotones de potencia, en una zona situada entre Basora y la frontera con Irán, el 27 de febrero de 1991.

En los bombardeos contra Gaza por el ejército israelí fueron arrojados elementos radioactivos, también en los de Irak y Afganistán. Y en Libia son empleados actualmente materiales nucleares, los cuales causan un efecto demoledor en las poblaciones civiles y su entorno.

Basta un número limitado de las armas que tiene una de las dos potencias menos desarrolladas, India y Pakistán, y su estallido sería suficiente para crear un invierno nuclear del cual no sobreviviría ningún ser humano. Sin embargo, la mayor potencia nuclear, Estados Unidos, solicitó siete mil millones de dólares, lo cual representa un incremento del 10 por ciento con respecto al pasado año, para financiar a la Administración Nacional de Seguridad Nuclear.

El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) denunció que las anunciadas reducciones de armas nucleares han sido ampliamente compensadas por la modernización y la multiplicación de los vectores. De las más de 20.500 cabezas nucleares, sobre cinco mil están desplegadas y listas para ser usadas y dos mil mantenidas en estado de elevada alerta operacional”, reveló el SIPRI en un informe reciente.

El documento revela que los países firmantes del Tratado de no Proliferación “o ya están desplegando nuevos sistemas de armas nucleares, o han anunciado su intención de hacerlo”. India y Pakistán siguen produciendo vectores para sus cabezas nucleares y “aumentan sus capacidades para producir la materia fisible destinada al uso militar”.

Los gastos mundiales en armamento, encabezados por Estados Unidos, crecieron en 2010 y totalizan un billón (millón de millones) 630 mil millones de dólares. Los cien mayores fabricantes de armas, excepto China, vendieron 401 mil millones de dólares en 2009, con récord para Estados Unidos, cuya demanda gubernamental siguió firme, respaldada por un presupuesto militar de 708 mil millones de dólares, casi el 43% del total mundial.

* Periodistas de Servicios Especiales de Prensa Latina.