Si el camino Villa Tunari-San Ignacio de Moxos se construye sin atravesar el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sédure (TIPNIS), es decir, con el desvío propuesto por los pobladores de aquella reserva natural, será una derrota para el gobierno y, en particular, para el Presidente quien dijo que “quieran o no quieran” los indígenas aquella obra será ejecutada. Si esa vía divide el TIPNIS, como pretenden los gobernantes, la derrota y las pérdidas serán de los indígenas y del pueblo boliviano, incluidos los alojados en el Palacio Quemado. 

Aquél camino es de la discordia, ya no hay dónde perderse. Por ello, si de veras tenemos en cuenta los verdaderos intereses regionales, populares y nacionales, debemos apoyar a los pobladores de la reserva de más de un millón de hectáreas y, por tanto, tenemos que respaldar la construcción del camino sin dividir esa reserva, para defender así a la Pachamama, a lo que nos convoca Evo Morales, pero no hace lo que él dice y lo que él pide que hagan otros.

Hace horas el Presidente ha dicho que el TIPNIS no es una selva virgen, es decir, inexplorada y sin seres humanos vivientes en él. Sería ciego el que afirme tal cosa, se trataría de un ignorante que hasta conmovería. Claro, lo que no dijo el Presidente, pero que conoce muy bien, es que “colonizadores” contemporáneos cultivan coca en 200 hectáreas del TIPNIS, a pesar de que la marcha indígena por el Territorio y la Dignidad de 1990 consiguió que se establezca una línea roja imaginaria como límite entre aquella reserva y el Chapare, línea que no debió ser traspasada por aquellos cocaleros, lo que muestra que éstos son particularmente invasores y depredadores.

El primer ciudadano de nuestro país, además de decir que el TINPNIS no es virgen, anotó que la consulta que se hará a los indígenas que viven allí no será obligatoria si acaso, como se espera, aquellos compatriotas exigen que ese camino de la discordia evite dividir su territorio, rico en biodiversidad, como pocos de los que se preservan en Bolivia y en Latinoamérica.

A esas dos desafortunadas afirmaciones se suma lo que aconsejó el Presidente a los jóvenes chapareños (porque él carece de tiempo para hacerlo personalmente, según confesó) que enamoren a las mujeres yuracarés y luego las convenzan para que acepten la construcción de aquel camino de modo que divida el TIPNIS: que ayuden a saquear su hábitat natural.

La proclama presidencial: quieran o no quieran los indígenas, el camino Villa Tunari-San Ignacio de Moxos se construirá, lo presenta de cuerpo entero al presidente Morales. ¿Cuáles son las razones ocultas de los gobernantes para insistir en que aquella carretera atraviese el TIPNIS, sin el desvío propuesto por los indígenas, sugerencia de éstos que gana apoyo cada vez más? Intentemos una respuesta que, en parte, la dijimos antes Aquí:

— Aquel camino servirá, especialmente, para el tráfico de mercancías de las empresas transnacionales desde Brasil (Atlántico) hacia el Pacífico. Esta afirmación intentó desvirtuar el Embajador brasileño en La Paz (dijo que Brasil tiene otras vías para comercializar sus productos), pero lo dicho por ese funcionario debemos entenderlo como una confirmación de lo que reiteramos y que lo han dicho voceros de diversos credos políticas, ideológicas y religiosas.

— Los ganaderos, lo confesaron, transportarán carne del Beni hacia Cochabamba, La Paz y otros lugares sin que esa carga siga camino por Santa Cruz. Así se abaratarán los costos de comercialización de ese producto.

— Los cocaleros y los narcotraficantes tendrán una nueva vía para moverse a sus anchas. Pero lo más urgente es que los nuevos “colonizadores” (dudamos de que tengan un comportamiento intercultural) ampliarán la frontera cocalera (y no agrícola para producir más alimentos), como quieren hacernos creer. Incluso la ampliación de la frontera agrícola es discutible.

— Además, innumerables campesinos (los colonizadores incluidos) buscan hacerse de más tierras, no tanto a costa de latifundios improductivos y que no cumplen una función social ni económica. Pretenden más tierras en lo que ahora son territorios indígenas. Los trabadores del agro, que son definidos por los gobernantes como la vanguardia de los cambios bolivianos, sobre todo sueñan con que las nuevas tierras les sean dotadas en propiedad individual, como en tiempos de la reforma agraria movimientista (1953). Esos campesinos, lamentablemente, ya no quieren tierras en propiedad comunitaria. Tierras que, además, las comercializarían en un nuevo mercado de aquel recurso natural. Si alguien niega esta última afirmación recuerde que miente.

— Los madereros, sobre todo los depredadores reincidentes, se frotan las manos porque tendrían el bosque del TIPNIS para extraer madera y con ello ayudar a destruir aquella riqueza.

Una falsedad propagan los gobernantes: que el TIPNIS es de propiedad de los bolivianos y que los indígenas que viven allí deben compartir esa riqueza natural con todos los residentes de Bolivia. Esa afirmación parece explicar que los intereses de la mayoría deben sobreponerse a la de las 36 comunidades “mionoritarias” de mojeños-trinitarios, yuracarés y chimanes.

Aquellos pueblos tienen saneado y consolidado su territorio en el Isiboro Sécure. Sobre ese territorio deben organizar su autogobierno, en base a las costumbres como derecho consuetudinario y tienen derecho a utilizar flora, fauna, pesca y biodiversidad, con la racionalidad con la que administran esos recursos naturales hace años.

Una cuestión elemental simulan desconocer los gobernantes: el TIPNIS es una riqueza de los bolivianos y, por ello, es necesario preservarla en todo lo que sea posible porque esas riqueza vale mucho más que un camino reserva que, ahora que existe, nos beneficia a todos los que vivimos en Bolivia, aunque no lo adviertan o no lo admitan algunos burócratas satisfechos, aunque cada vez menos tranquilos porque deben tomar nota de que el gobierno del que son operadores cada día pierde apoyo del pueblo, el que ni siquiera son capaces de preservar y mucho menos acrecentar.

Ahora que la macha de los indígenas en defensa del TIPNIS está resuelta y se nota que participarán de ella la mayoría de los pueblos indígenas mediante delegaciones y que gente del pueblo la respalda antes de que empiece (solidaridad que crecerá sin duda alguna), gobernantes y funcionarios públicos de menor jerarquía llaman a dialogar con los indígenas para acordar incluso (dijo el ejecutivo principal de ABC) el desvío propuesto por aquellos pueblos y que nada importa, según este último, el costo adicional de la construcción del camino de la discordia.

Quizá influye en los gobernantes el anuncio del gobierno de Brasil: habrá dinero para aquella obra luego de concedida la licencia ambiental y después de un acuerdo gobierno-indígenas. No obstante, maquinaria pesada abre una brecha y deforesta el TINPIS, en aquella parte situada en el Chapare (Isinuta), según información del diario paceño Página Siete.

Nosotros desde Aquí hemos propuesto un acuerdo, el que postulamos que sea trabajado, para lo que no es tarde. Sin embargo, el acuerdo debe contemplar la sugerencia de los indígenas: camino Villa Tunari-San Ignacio de Mojos sin que parta en dos el TIPNIS. Eso es lo esencial.

Para nosotros es imprescindible aquel acuerdo. Sin embargo, vemos que los gobernantes y, en particular, el Presidente están entrampados: si aquel camino se construye, como quieren los indígenas, la derrota será sobre todo de Evo; si éste impone su decisión y aquella vía divide el TIPNIS, la pérdida será de todo el pueblo.

* Editorial del Semanario Aquí N. 38. http://www.semanarioaqui.com