“Cada día desaparece en el mundo una extensión de bosques y selva equivalente a 36.000 canchas de fútbol. Cada año se pierden 13 millones de hectáreas de bosques y selva. A este ritmo, los bosques desaparecerán antes de fines de Siglo”. ¿Sabe quien dijo estás palabras tan reales? ¿No se imagina? ¿Ya sabe, pero no quiere decir su nombre? 

“Los bosques y la selva son la mayor fuente de biodiversidad. Si continua la deforestación, miles de especies animales y vegetales se perderán para siempre. Más de tres cuartas partes del agua dulce accesible vienen de zonas de captación en bosques, de ahí que la calidad del agua empeora cuando la condición del bosque se deteriora”. ¿Ya adivinó o dedujo quién es?

“Los bosques y la selva son los pulmones de la atmósfera. El 18% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero que se producen en el mundo son provocados por la deforestación. Es fundamental detener esta destrucción de nuestra Madre Tierra”. Bueno, ahora sí ya sabe quien dijo estas hermosas y verídicas palabras, ¿verdad? Sí, acertó. Es Evo Morales, el presidente de la ex República de Bolivia.

No solo dijo eso, hay algo más, pidió “pleno cumplimiento de los derechos de los pueblos indígenas establecidos en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el Convenio 169 de la OIT y otros instrumentos internacionales; reconocimiento y respeto a sus territorios; revalorización y aplicación de los conocimientos indígenas para la preservación de los bosques; participación y gestión de los bosques y la selva por los pueblos indígenas”.

Estas palabras están en una carta enviada el pasado 29 de septiembre de 2010 a los pueblos indígenas del mundo, entre ellos los pueblos que viven en el Territorio Indígena del Parque Nacional Isibore Sécure (TIPNIS), a quiénes sus funcionarios llaman hoy traidores y títeres de la derecha por haber recibido esta carta y creído lo que les decía el (ex) defensor de la Madre Tierra.

Desde aquella fecha a este día pasaron 10 meses y 10 días y se produjo un giro de 180 grados: la carta escrita con la (mano) derecha fue borrada con el codo (izquierdo) y puso en jaque al denominado Estado Plurinacional porque sobrepone a una sola nación (cocalera) sobre tres más pequeñas: Yuracaré, Tsiman, Mojeño.

Así de cruda parece la vida. Las víctimas de ayer (las bases cocaleras de Evo) de los conquistadores europeos son hoy los españoles de 1492 que quieren civilizar a los indígenas que se niegan a aceptar el desarrollo occidental del cemento. Para lo peor, cometen las mismas acciones que condenaron cuando Pizarro mandó a “enamorar” a sus mujeres para superar la resistencia en los inhóspitos terrenos de los sentimientos mutilados y violados por el poderoso invasor.

Quedó demostrado que el papel aguanta todo, pero no la naturaleza. También quedó demostrado que el papel no resistirá un desastre ecológico si el autor de aquella carta contribuye en la desaparición de una extensión de bosques y selva equivalente a 10 mil canchas de fútbol (¿o pensará regalar luego césped y árboles sintéticos a los invasores del Tipnis?).

Es probable que la historia no juzgue, pero la Pachamama sí y es implacable con sus hijos que dicen que la defienden cuando en realidad se convierten en co-responsables de la desaparición de 13 millones de hectáreas de bosques y selva cada día.

“A este ritmo, los bosques desaparecerán antes de fines de Siglo”, escribió Morales Presidente. Al ritmo de Morales cocalero, desaparecerán mucho antes de mediados de siglo, al menos en una parte del territorio boliviano.

Está bien que en un cuerpo haya muchos seres (como diría Herman Hesse), pero ¿puede haber tanta contradicción en un mismo ser y en tan poco tiempo? ¿O no habrá escrito él aquella misiva que exige el pleno cumplimiento del Convenio 169 que establece el derecho a la consulta a los pueblos indígenas y el derecho a decidir su propio desarrollo de acuerdo a sus usos y costumbre? 

* Director de la Red Erbol.