México (PL).- México rinde este mes un sentido homenaje a su artista más conocido internacionalmente, Mario Moreno Cantinflas, en el centenario de su natalicio el 12 de agosto. Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes nació ese día de 1911 en el barrio de Santa María la Redonda y se crió en el barrio bravo de Tepito, en Ciudad de México. Murió el 20 de abril de 1993 de cáncer de pulmón. Tenía 82 años. Su sepelio, en una tarde lluviosa, conmovió a los mexicanos.

Ese carnal, vecino de barrio pobre, vestido con pantalón caído y pequeño sombrero ovalado, portador de un fino bigote, de buen corazón, enamorado, bailador, se convirtió en el personaje cómico más taquillero en la historia de la filmografía mexicana. Pero su mayor éxito fue el modo de hablar, con palabras apuradas, populares y disparatadas.

Hasta la docta Real Academia Española de la Lengua aceptó el término cantinflear para definir a una persona que habla de forma confusa, sin decir nada.

Junto a artistas como María Félix, Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Jorge Negrete y Germán Valdés (Tin Tan), brilló en la Época de Oro del Cine Mexicano, en las décadas de 1940 y 1950.

Sin embargo, su atracción no decayó nunca y continuó filmado películas, entre ellas La Vuelta al Mundo en 80 días, en Hollywood. Cuarenta años después de aquella época dorada de la cinematografía mexicana, protagonizó su última cinta, El barrendero, otro éxito de taquilla.

Fue en 1940 cuando realmente se convirtió en una estrella, luego de rodar Ahí está el detalle. Ese título también se convirtió en su frase más popular, que repitió en otras muchas escenas.

Durante su larga carrera filmó más de 50 películas, desde No te engañes corazón, en 1936, hasta el animado infantil Cantinflas y sus amigos, donde puso su voz, y El Barrendero, ambas en l981.

Todavía hoy varios de sus filmes se reestrenan frecuentemente en espacios cinematográficos de diversos países, vistos por viejas y nuevas generaciones.

En una exposición de 126 fotos, caricaturas y carteles de filmes, exhibidas ahora en la reja del parque Chapultepec, en la céntrica avenida Reforma, se aprecian sus multifacéticas actuaciones.

Cantinflas fue bombero, fotógrafo, taxista, boxeador, policía, torero, licenciado, padrecito, militar, barrendero, piloto y hasta embajador, entre otros oficios.

Pero Mario Moreno en su vida real, antes de convertirse en actor de teatro y cine, también realizó diversos trabajos, como boxeador, torero, soldador, bailarín y cómico de circo. Fue en sus actuaciones en las pistas rodantes de circos cuando adquirió el apodo que años después lo inmortalizara: Cantiflas. Hay varias versiones sobre el origen de ese nombre.

Una de ellas: cuando él era artista de circo, en una ocasión olvidó su libreto y se puso a decir un parlamento incoherente, entonces del público le gritaron: ¡Cuánto inflas! Y quedó bautizado así para la posteridad.

Entre sus filmes más destacados, además de los ya citados, se encuentran: El patrullero 777 (1977), El ministro y yo (1975), El profe (1971), Su Excelencia (1966), Sube y baja (El ascensorista) (1958), El bolero de Raquel (1956) y Caballero a la medida (1953).

También están: Si Yo fuera diputado (1951), El bombero atómico (1950), El Siete Machos (1950), El supersabio (1948), ÂíA volar, joven! (1947), Gran Hotel (1944), Romeo y Julieta (1943), Los tres mosqueteros (1942), El gendarme desconocido (1941) y Cantinflas boxeador (1940).

Un crítico escribió: Cantinflas, en su intento por abarcar la identidad de toda una nación, desarrolló las contradicciones y complejidades inherentes en cualquier intento de representar a un país tan complejo y contradictorio como lo es México.