Una ola de violencia sin precedentes sacude a varios barrios de los cuatro puntos cardinales de Londres. Se han visto explosiones vandálicas, violencia en algunas marchas, peleas callejeras entre racistas y antirracistas y huelgas. La revuelta expresa el descontento y la frustración ante los ajustes económicos y los drásticos recortes sociales impuestos por el régimen conservador que gobierna desde mayo de 2010.

A 50 semanas de que se inicien los juegos olímpicos en Londres, en esta ciudad ha estallado una competencia nada deportiva en la que diversos “equipos” buscan producir saqueos en distintos puntos de esta u otras ciudades. Aún antes que la antorcha olímpica ilumine la nueva villa deportiva, por toda la mayor urbe europea aparecen fuegos prendidos con antorchas, bombas de petróleo y otros incendiarios.

La chispa que prendió sobre la pradera seca fue la que se desencadenó el sábado 6 en la noche en la comisaría de Tottenham High Road. Unas 200 a 300 personas que habían acudido a ésta a indagar pacíficamente sobre la muerte de Mark Duggan acabó en violencia.

Duggan era un mulato de 29 años, que según la policía fue abaleado dos días antes por presentar resistencia a un arresto bajo acusaciones de ser un traficante de cocaína, aunque sus familiares reclaman que él simplemente fue ejecutado, mientras que todas las balas encontradas provienen de armas policiales.

En algún momento de la protesta se corrió la voz de que la policía había golpeado a una menor de edad y ello generó una estampida de violencia que terminó quemando varios establecimientos y autos (incluyendo un bus de dos pisos) en dicha avenida, y una serie de saqueos en los dos centros comerciales vecinos (el de Tottenham Hale y el de Wood Green) y luego en otras partes que van desde el extremo norte de Londres (Enfiled) hasta el sur (Brixton).

A inicios de los ochentas, Brixton y Tottenham, los dos barrios con mayor cantidad de población negra en Inglaterra, fueron focos de choques con la policía. En esas y otras oportunidades los actos de vandalismo estallaron en un determinado distrito donde duran varios días.

En esta oportunidad, no obstante, las cosas parecen haberse calmado un poco en Tottenham, pero se han esparcido por toda la ciudad, a barrios que no han tenido experiencias de ese tipo de violencia previa y que no están conectados entre sí por líneas de tren o bus.

Hay barrios como Peckham en el sur, o Hackney en el este que tienen tradiciones de violencia callejera y bolsones de pobreza multiétnica, pero hay otros como Woolwich (en el extremo este del rio Támesis), Croydon (en el extremo sur de Londres), Ealing (oeste, cerca de una de las zonas más pudientes), Camden (un distrito del centro capitalino donde murió Amy Winehouse) o Clapham (zona de clase media en el suroeste londinense donde hay mucha población blanca y acomodada).

Los disturbios han llegado a Birmingham, la segunda urbe inglesa, y pueden extenderse a otras ciudades. Si bien es cierto que hay bandas y pandillas involucradas lo cierto es que se trata de un movimiento espontáneo en el cual se pueden ver jóvenes y adolescentes que se cubren los rostros con pañuelos o capuchas y que rompen vidrios y puertas con palos o ladrillos que encuentran en las calles.

Se trata de la peor ola generalizada de violencia no huelguística o no militar que ha padecido Londres. Se han visto explosiones vandálicas contenidas a ciertos barrios, violencia en algunas marchas, peleas callejeras entre racistas y antirracistas y huelgas, pero esto es diferente. Se trata de una serie de explosiones espontáneas que vienen ocurriendo en cualquier parte y sin que pareciese existir una dirección que les coordine. Si bien aun no hay muertos, los daños materiales se cuentan en la esfera de varios cientos de millones de libras, euros o dólares.

El primer ministro David Cameron, el alcalde londinese Boris Johson y el líder de la oposición David Milliband han debido abandonar sus vacaciones. El ex alcalde “rojo” Ken Livingstone ha salido en la escena reclamando que es el gobierno con sus graves recortes (incluyendo el de fondos para la policía) el culpable de estos sucesos.

El caldo de cultivo para tal descontento es la frustración que hay ante los nuevos ajustes económicos y drásticos recortes que se han venido produciendo desde que asumió el nuevo gobierno conservador-liberal en mayo de 2010.

Las matrículas universitarias (que hace una década eran gratuitas) ahora superan los 10 mil dólares o euros anuales. El pago a los estudiantes de bachillerato se esfuma. El gobierno habla de recortar la ayuda al pago de vivienda para los más pobres y de hacer que el 90% de los más de dos millones de enfermos pierdan los beneficios que reciben por no estar aptos para trabajar. Muchos jóvenes que no ven la posibilidad de hacer una carrera universitaria o de conseguir empleos ven en el vandalismo una forma de protestar y de apropiarse de artefactos o ropas a las que no tienen acceso.

Nina Power en The Guardian piensa que este movimiento expresa un descontento profundo ante una policía que suele perpetrar abusos (del tercio de millar de personas muertas bajo custodia policial desde 1998 ningún policía ha sido incriminado) y ante un sistema que ha transformado al Reino Unido en la potencia con menos movilidad social y donde el 10% más rico es 100 veces más pudiente que el 10% más pobre.

Lo que hoy pasa en Inglaterra no es un fenómeno aislado. Es, no obstante, una forma muy propia de mostrar descontento ante recortes sociales y recesiones económicas que en otras partes se ha expresado de maneras diferentes (desde una gran marcha en Israel hasta las protestas de los “indignados” de España).

A estas alturas no es posible predecir qué puede pasar. Mientras escribimos estas notas (madrugada londinense del martes 9) aparecen nuevos informes en los cuales nuevos barrios aparecen viendo fuegos desde el centro comercial de Ealing hasta en los negocios de Clapham Junction (donde está la estación de tren con más rieles en Europa).