La Habana (PL).- Más de dos millones de niños murieron y otros seis millones quedaron discapacitados en conflictos bélicos ocurridos entre 1998 y 2008, según el informe Educación para Todos 2011 de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Cada día se rebelan en el mundo enormes cifras de fallecidos por inanición y asesinatos en agresiones bélicas, ya la vez se invierten al año un billón (millón de millones) 600 mil dólares en armamentos.

A pesar de varias resoluciones de Naciones Unidas sobre la protección a los niños y niñas en caso de conflictos armados, continúan las violaciones contra ese sector de la población. Ellos pagaron los errores de los adultos en las guerras que no provocaron y que nunca entendieron.

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó recientemente la resolución 1999, la cual otorga a escuelas y hospitales carácter de refugio seguro para los infantes y repudió la práctica de bombardear a esas instituciones civiles. Los ataques “horrendos” de ese tipo no sólo constituyen violaciones del derecho internacional humanitario (DIH) sino también contra la humanidad, afirmó Anthony Lake, Director Ejecutivo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Es un paso de avance para combatir la impunidad y deben responder ante el máximo órgano quienes incumplan la resolución 1999 de julio de 2011 de la ONU, afirmó. Pero analistas consideran que no bastan decretos y documentos del organismo internacional para acabar con las trasgresiones al DIH, reiteradamente ignorado por las potencias que generan guerras.

Muchas son las denuncias acerca de la contravención de los Acuerdos de Ginebra del 12 de agosto de 1948, firmados por las naciones miembros de la naciente ONU, luego de finalizar la Segunda Guerra Mundial. Los conflictos armados de fines del siglo XX y los del actual, han quebrantado los derechos de la infancia, contemplados en el convenio IV relativo a la protección a las personas civiles en tiempo de guerra.

Tanto los artículos del convenio IV, como la Convención de los Derechos de la Infancia y otros tratados son rubricados especialmente para proteger a niñas y niños y propiciar que la humanidad garantice lo necesario para el desarrollo pleno de sus capacidades físicas y espirituales en esa etapa tan decisiva para el futuro hombre o mujer.

Según esta resolución podrá entonces juzgarse en el Consejo de Seguridad a los autores de los actuales bombardeos en Libia por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), los cuales provocaron la muerte a una cifra aún indeterminada de menores. ¿Primará también el doble rasero para exonerar a unos y condenar a otros por el mismo delito?

Las nuevas estrategias de la guerra violan toda norma del derecho internacional al involucrar a las escuelas, hospitales y a las comunidades rurales como entidades de destino de ayuda, financiadas por las fuerzas de ocupación. La técnica contrainsurgente pone en la línea de combate a las sedes civiles, a sus niños, mujeres y a la población en general.

Sólo Estados Unidos entregó al presupuesto militar utilizado en Irak, Afganistán y Pakistán más del 20 por ciento del total de su asistencia exterior en 2008 y anunció que triplicará su ayuda a Islamabad. La Unesco denunció en su informe de este año la dudosa línea divisoria entre lo civil y lo militar en las guerras desatadas por Estados Unidos y la OTAN.

Un artículo publicado en el sitio Argenpress titulado Niños colaterales y hospitales escudo mediático, denuncia “que los misiles de alta tecnología occidentales tienen la fea costumbre de matar civiles, principalmente niños, e impactar contra hospitales”.

Según los autores, es muy probable que niños y civiles sean utilizados como escudos mediáticos y que los antiaéreos sean instalados en las azoteas de los hospitales y las escuelas en una falta de escrúpulos contraria a todo principio de humanidad.

La representante especial de la ONU para los niños y los conflictos armados, Radhika Coomaraswamy, afirmó que ese tipo de ataques a centros docentes y de salud son una doble atrocidad porque no sólo matan a los niños y niñas, sino también dejan a los sobrevivientes sin acceso a tratamiento médico.

Una guerra no reconocida aún en México cobró la vida a unos mil niños en los últimos cuatro años, víctimas del narcotráfico, el crimen organizado y la lucha del ejército contra la delincuencia.

Según el documento Infancia y conflicto armado en México, elaborado por la Red para los Derechos de la Infancia en ese país, el narcotráfico utiliza a los menores de 12 años como vigilantes o “halcones”, hasta 15 años los emplea en el traslado de droga, y a los mayores de 16 los convierte en sicarios.

Actualmente, 35 mil niños y jóvenes trabajan con pandillas trasnacionales como la Mara Salvatrucha y Los Zetas, mientras que la organización M-18, que opera en conjunto con el cártel de Sinaloa, recluta alrededor de ocho mil niños y jóvenes, denuncia el informe.

En Afganistán, la llamada cruzada contra el terrorismo de Estados Unidos ocasionó mucho más víctimas civiles, básicamente mujeres y niños, que todas las bajas militares de los países interventores. Sólo en 2009 murieron mil infantes en ese territorio centroasiático debido a bombardeos o combates entre las fuerzas extranjeras, el gobierno y la insurgencia.

Mientras en Irak, entre abril y diciembre de 2009, 223 chicos fueron víctimas de la agresión encabezada por Washington, según el texto de la Unesco Educación para Todos. En solo 22 días (27 de diciembre de 2008 a 18 de enero 2009) murieron 350 niños y mil 815 resultaron heridos en la agresión militar israelí al territorio palestino de Gaza, según datos de la ONU.

Entre 1998 y 2003, el conflicto en la República Democrática del Congo, considerado el más letal tras la Segunda Guerra Mundial, provocó la muerte a cinco millones 400 mil personas y casi la mitad eran menores de cinco años.

En Somalia ha crecido una generación que durante 20 años solo ha visto la guerra, la cual ha agravado la situación de pobreza y hambruna que, junto a la sequía extrema, origina una catástrofe humanitaria de incalculables consecuencias, reportó la ONU.

Las cifras de bajas infantiles no pueden reflejar, empero, las secuelas que deja la violencia, ni los traumas psicológicos por la pérdida de padres, familiares y amigos.

El mundo civilizado del siglo XXI, que vivió dos guerras mundiales y que se trazó metas para una coexistencia pacífica, sigue en cambio perfeccionando la estrategia de los antiguos imperios esclavistas en su afán de dominación global, cueste lo que cueste, aunque sea el futuro.

Carrera contra la vida

Se invierten al año un billón (millón de millones) 600 mil dólares en armamentos -el 42,3 por ciento en Estados Unidos-, un total que representa el 229 por ciento con respecto a lo que se gastaba por este concepto en 1996, hace apenas 15 años. En el lapso, este costo se ha elevado en tal magnitud que hoy se gasta mucho más del doble en armas que lo utilizado hace apenas tres lustros.

Al respecto, el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, el 16 de noviembre de 1996 en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, en la sede de la FAO, reclamó que se invirtiera una parte de los gastos militares de entonces en combatir el hambre y otras carencias decisivas, reclamo que ahora se podría multiplicar justificadamente.

En 2011 las cifras son mayores y las consecuencias alcanzan proporciones cada vez más alarmantes. El 2 de julio pasado medios internacionales publicaban que las campañas bélicas de Estados Unidos costaron al mundo 225 mil vidas y tres billones 700 mil millones de dólares en solo una década, desde el año 2001 hasta el 2011.

Según estudio divulgado por la estadounidense Universidad Brown, de Rhode Island, diversos conflictos bélicos en los que Estados Unidos se ha involucrado durante el decenio, desde los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001, han provocado desastrosas consecuencias.

Los investigadores, dirigidos por Neta Crawford y Catherine Lutz,consideran que las campañas bélicas de su país en Afganistán e Irak y sus operaciones antiterrorista en Pakistán, arrojan los 225 mil muertos y 365 mil heridos, según el cálculo más prudente”.

Al respecto, el informe añade que la población civil ha pagado el mayor precio por esos conflictos, que ocasionaron 125 mil víctimas en Irak, 56 mil en Pakistán y 12 mil en Afganistán -aunque otras fuentes las consideran muy superiores- y estima que el ejército estadounidense ha tenido seis mil bajas nacionales.

Adicionalmente, sus aliados han sufrido mil 200 muertos, los militares iraquíes nueve mil 900, los pakistaníes tres mil 500 y los afganos ocho mil 800, a los cuales deben sumarse dos mil 300 pertenecientes a las llamadas agencias de seguridad privadas.

También han fallecido 168 reporteros, entre los cuales sobresale el virtual asesinato del camarógrafo español José Couso, en Irak y de 266 colaboradores de Organizaciones No Gubernamentales humanitarias, a la vez que se han refugiado siete millones 800 mil personas en otros países.

Sobre lo referido a los cerca de cuatro billones del costo, precisan que incluye los gastos bélicos y las asignaciones complementarias para la lucha antiterrorista, la defensa del territorio estadounidense y otros renglones afines, según el documento del alto centro de estudios estadounidense.

Esto sucede cuando el país ha modificado su estrategia, la cual se basaba, en el 2004, en la defensa del territorio nacional de una hipotética agresión y establecía que el Ejército estadounidense no puede estar en relación de inferioridad con ningún otro del mundo. Pero en la nueva doctrina, su tarea principal será reforzar la que denomina cooperación con aliados extranjeros.

Todo conduce a suponer que en época de crisis, cuando las finanzas públicas no cubren el gasto, se requiere que otros asuman costos de operaciones globales encaminadas a sostener el poder mundial de Estados Unidos sobre las demás potencias económicas y militares.

No obstante, este país se reserva el derecho a actuar de forma independiente “si es necesario” y admite que se traza objetivos como fortalecer la seguridad internacional y regional, contrarrestar el extremismo, disuadir una potencial agresión y formar las Fuerzas Armadas del Futuro, algo fácil de interpretar.

Analistas consideran que el fortalecimiento de relaciones con sus socios extranjeros es la respuesta de Washington a los problemas que afronta en el Oriente Próximo y Asia Central, aunque se reconoce que este país se mantendrá por mucho tiempo como la potencia militar más fuerte en el mundo.

Ahora, además de que será necesario encontrar fórmulas de compromiso en asuntos controversiales, la pregunta clave es: ¿podrá el documento sobrevivir las elecciones en EE.UU. y fomentar la cooperación? Según las tendencias internas, parece que no, aunque las finanzas no den para más. Pero puede buscárselas por otras vías.

Iliá Krámnik, analista de RIA Novosti, refiere que Washington va a “fomentar el diálogo con Rusia y la relación entre ambos ejércitos, basándose en los avances logrados en materia del recorte de armas estratégicas ofensivas”, en tanto que con China “tiene intenciones de desarrollar la cooperación”.

Solo resta preguntarse qué sucederá cuando el hambre se torne más apremiante, pues, si en 1996 se pretendía reducir para el 2015 a 400 millones los 800 millones de hambrientos entonces existentes, hoy no queda otra alternativa que admitir el fracaso de esta meta, cuando existen cerca de mil millones en esa condición.

En su discurso de 1996 en Roma, Fidel Castro dijo: “¿Por qué se invierten 700 mil millones de dólares cada año en gastos militares y no se invierte una parte de estos recursos en combatir el hambre, impedir el deterioro de los suelos, la desertificación y la deforestación de millones de hectáreas cada año, el calentamiento de la atmósfera, el efecto invernadero, que incrementa ciclones, escasez o excesos de lluvias, la destrucción de la capa de ozono y otros fenómenos naturales que afectan la producción de alimentos y la vida del hombre sobre la Tierra?”

Hoy, la verdadera cifra de hambrientos es la absolutamente mayor desde 1970, año desde el cual se dispone de estadísticas comparables. No solo ha sido imposible reducir el hambre, sino que esta ha venido aumentado desde mucho antes de la crisis económica actual y todo conduce a suponer que así continuará.

De ahí que la mayor preocupación de los estudiosos del tema sea que se pretenda matar el hambre con las armas en guerras y otras agresiones, en la represión interna y en la explosión de violencia delincuencial o fanática en el mundo, propiciadas también por las armas como negocio.

* Periodistas de la Redacción de Servicios Especiales de Prensa Latina.