Todos los imperios se caen cuando crecen desmesuradamente, se caen de pesados y torpes. De tanto expandirse el imperio romano, no pudo mantener sus tropas en los territorios sometidos, y se cayó. La realeza medieval de Europa, pese al saqueo de los continentes de África y América, quebró por el alto costo de las guerras y sus soldados; la nobleza tuvo que venderse a los mercaderes villanos para sobrevivir. Ahora, el país más poderoso del planeta, está a punto de caer bajo el “fuego amigo” de su industria de armas y guerras, el alto costo de la “seguridad” le está pasando la factura de su guerra preventiva.

En el siglo XX y aun en el presente siglo, la expresión de “repúblicas bananeras” se daba a países quebrados por las actividades extractivas de la libre empresa, el llamado “tercer mundo” estaba conformado por éste tipo de países, países subdesarrollados, sin capacidad de pago, países en quiebra o bancarrota; países en “default”.

La expresión inglesa “default” es traducida literalmente por los diccionarios como “defecto”, el diccionario le confiere varias acepciones, cuando es nombre o sustantivo puede interpretarse como defecto, falta, quiebra, e incluso rebeldía; cuando se la interpreta bajo la forma de verbo, esta palabra es interpretada como: no pagar, faltar, no presentarse, perder por incomparecencia, no estar representado o peor aún, ponerse en mora.

La gran paradoja es que el imperio de éste siglo está en riesgo de un “default” y de poner en riesgo a los países que conforman el consejo de seguridad, a las grandes potencias económicas enredadas con el dólar en el sistema mundial. Hoy el mundo entero espera las señales de humo, no precisamente de los indios americanos, sino más bien las señales de humo blanco de los inquilinos de la casa blanca, cuyo techo se está viniendo abajo.

Alguien tiene que pagar la factura de las guerras preventivas, del apoyo multimillonario a Israel, de las exorbitantes subvenciones a los países amigos, del despliegue de costosas bases militares, de las invasiones en busca de armas de destrucción masiva donde sólo encontraron petróleo las grandes empresas, de derrocar dictadores desobedientes. Esto benefició a la gran industria bélica, a las grandes compañías petroleras, a las grandes corporaciones que financian las grandes campañas electorales, y como todo ha sido en nombre de la democracia, la factura la pagará el empobrecido pueblo norteamericano democráticamente.

El desacuerdo entre los dos partidos que se alternan la presidencia, demócratas y republicanos, en apariencia es que los primeros buscan la vía impositiva, mientras que los otros la supresión del gasto social, lo cierto es que la línea ultra derechista, el tea party, jamás aceptó al presidente Obama, y no le darán acceso a un cheque en blanco para su reelección. Los que no tienen elección son los de la población civil, los ciudadanos trabajadores, a quienes se les recortaran los presupuestos de salud, los presupuestos de educación, y otros presupuestos del gasto público y social, sufrirán el alza de la gasolina con la consecuente alza de costos de los productos de la canasta familiar, además quizás vean más lejanos aún sus reducidos beneficios de jubilación. Pero ayudará mucho su sumisión a las leyes y designios de los gobernantes, su fe en los medios de comunicación, su gran espíritu de resignación que lo diferencia de los rebeldes terroristas.

Para mayor alegría del tea party, cada día las esquinas están más vacías, la población inmigrante latinoamericana se está marchando, no hay trabajo, cada día son menos los que llegan comparados con los que se van.¿Quién se beneficiará con la deuda de los 14.3 billones de dólares?, no lo sabemos, el pueblo pone los muertos, el Estado las guerras, y las empresas se llevan el petróleo, mientras tanto, en nuestras ciudades sube la gasolina y el desempleo también.