París, (ABI).- El economista y politólogo italiano Ricardo Petrella, reconocido como una de las autoridades mundiales sobre el agua y al mismo tiempo como un claro opositor a la globalización ultraliberal, reflexiona en esta entrevista sobre el importante rol que ha jugado -y todavía lo juega- Bolivia, por sus luchas pasadas y sus políticas actuales, en el reconocimiento del agua como un derecho humano a nivel mundial.

Petrella, presidente de la Asociación para la Universidad Europea del Medio Ambiente y reconocido adversario de la globalización ultra liberal, ha sido secretario general del comité italiano para el desarrollo de las ciencias sociales y director del Centro Europeo para Investigación en Ciencias Sociales de la Unesco. El experto, uno de los más renombrados de Europa, ha escrito, sobre la temática, El Manifiesto del agua, en 2002; Los límites a la competitividad: como se debe gestionar la aldea global, en. 1996; El Bien Común, en 1997 y El Derecho A Soñar: Propuestas Para Una Sociedad Más Humana, en 2005.

Profesor de globalización y sociedad de la información en la Universidad de Lovaina, Petrella es uno de los fundadores del Comité Internacional por un Contrato Mundial del Agua, que preside el ex presidente de Portugal Mario Soares.

P. ¿Qué opinión le merece la declaración del agua como derecho humano, adoptada por la ONU a iniciativa de Bolivia?

R. Una primera reflexión nos lleva a constatar un aspecto positivo y alentador. No son únicamente las grandes potencias mundiales las que pueden ejercer influencia en la situación internacional y el curso de la historia. El gobierno de Bolivia ha demostrado que cuando un Estado lucha con convicción y tenacidad puede ‘hacer mover el mundo‘. De ese modo, es gracias a Bolivia que el derecho humano al agua ha sido reconocido formalmente por la ONU y ello pese a la oposición de los grandes del mundo, especialmente de los países occidentales.

La segunda constatación es menos alentadora: La resolución de la ONU vio abstenerse a la mayoría de los Estados del ‘Norte‘ y de ‘Occidente‘. Entre los 27 Estados miembros de la Unión Europea, únicamente 11 votaron a favor. Los argumentos de naturaleza jurídica invocados por los abstencionistas no bastan para ocultar un hecho lamentable ?sobre todo para la credibilidad de los Estados del Norte en materia de Derechos Humanos-, que la discusión para adoptar la resolución estuvo marcada por la dicotomía: ‘Sur-Norte‘.

Finalmente, una tercera reflexión: Fueron necesarios 62 años para que la comunidad internacional reconozca el derecho humano al agua potable y, una novedad, el saneamiento. Esperemos que no tengamos que esperar otros 62, o más años, para que la comunidad mundial (¿estamos o no en un mundo mundial, global, globalizado?) integre y aplique concretamente ese derecho para todos los habitantes del planeta. La actual exclusión de millones de seres humanos al acceso al agua potable y el saneamiento continúa siendo un verdadero escándalo mundial.

P. ¿Qué impactos piensa que puede tener, a corto o largo plazo, en los dominios políticos, sociales y económicos? ¿Qué pasa con las vidas cotidianas de las personas beneficiarias? Porque es sabido que una resolución no fuerza realmente a los firmantes a hacer realidad lo que firmaron.

R. Aún si la resolución de la ONU no es vinculante, en el plano de la concretización del derecho humano al agua, eso no hace que sea menos real que el derecho humano al agua es, desde ahora, parte del capital mundial de los principios y los valores fundamentales de la humanidad y de la ‘vida en común deseada‘ por la comunidad de seres humanos. Es un dato muy importante en el plano cultural y político. La resolución de la ONU da una fuerte legitimidad a cualquier futura reivindicación y lucha por el respeto de la aplicación al derecho al agua para todos. Así, por ejemplo, ahora es posible demostrar la incompatibilidad teórica y política entre, por una parte, la mercantilización del agua y los servicios hídricos y, por otra parte, la concretización del derecho al agua para todos. En efecto, incluso los promotores de la economía de mercado admiten que ¡el mercado‘ no reconoce ningún derecho y que en el marco de los mecanismos de mercado la noción de derecho no tiene lugar.

Al respecto, un peligro político comienza a desarrollarse. Este peligro consiste en la actitud adoptada por el mundo de los negocios y las finanzas que, muchas veces con el apoyo abierto o pasivo de los poderes públicos, se declara favorable al principio de derecho humano al agua y sostiene que la mejor manera de concretizar ese derecho reside en la apertura al mercado y al capital privado de la gestión y el financiamiento de los servicio hídricos, en el contexto de una cooperación publica/privada a todo nivel, de lo local a lo mundial.

Por todas estas razones, y para asentar sobre bases científicas y rigurosas y de análisis empíricos sólidos la promoción y la defensa de la concretización del derecho humano al agua, el Instituto Europeo de Investigación sobre la Política del Agua (IERPE) en Bruselas, está, desde hace varios meses, poniendo en marcha las herramientas y la organización para el lanzamiento en marzo de 2012 del Informe Mundial Permanente, en línea, sobre el Derecho al Agua (RAMPEDRE).

P. Para terminar, usted ha entendido hablar acerca de la Guerra del Agua que tuvo lugar en Cochabamba, Bolivia, a inicios del siglo XXI, cuando el reclamo por una nacionalización del agua estuvo ligado a violentos enfrentamientos. ¿Qué podría decirnos acerca de la influencia de la Guerra del Agua en los grandes pensadores o decisores del mundo del agua? ¿Piensa usted que Bolivia, a través de su relación con este oro azul, juega un rol preponderante, tal como lo mostró hace un año?

R. Cochabamba, el pueblo cochabambino, son algo determinante, legendario, en la historia mundial de la lucha por el reconocimiento del derecho humano al agua y del agua en tanto que bien común de la humanidad y la Madre Tierra, contra las lógicas de depredación de la vida que llevan adelante las grandes empresas mundiales privadas, con el apoyo de las grandes potencias. Cochabamba no es únicamente un mito real, sino una lección social magistral del cómo el agua entra en la agenda política de las sociedades contemporáneas.

Por otro lado, a partir de las concepciones y visiones del mundo y de la sociedad, expresadas y practicadas por el presidente Evo Morales, a partir de una cultura amerindia, recuperada y reinventada, el gobierno y el pueblo de Bolivia están contribuyendo al desarrollo de una ‘visión del agua‘ más humana, natural, justa y eficaz que aquella, pregonada desde hace muchos años por los grupos dominantes del mundo que hicieron y hacen del agua un bien económico mercantil y un recurso natural estratégicamente importante para la potencia competitiva de los más fuertes. El agua no es ‘el oro azul‘ como quieren hacernos creer. Las guerras por el ‘oro azul‘ no tienen ningún sentido de ser, como no lo tuvieron jamás las guerras por el ‘oro negro‘ (petróleo). El futuro de la humanidad pasa por ‘hacer las paces con el agua‘.

* Corresponsal adjunta en París.