La Habana, (PL).- Tanto se preguntaron los signos de interrogación sobre su origen que el misterio parece hoy aclarado, al menos eso afirma el académico Chip Coakley, de la universidad inglesa de Cambrigde. Lo que a simple vista parece un gancho de carnicero, al revés y al derecho, coronado por un punto, en principio fue algo muy similar a los dos puntos (:) de la tipografía contemporánea, explica la cadena BBC en su edición digital.

Coakley encontró la versión más antigua del símbolo, conocido por los peritos como zagwa elaya, en sus lecturas de manuscritos en siríaco, un dialecto del arameo, que llegó a ser la principal lengua literaria del Medio Oriente entre los siglos III y VIII de nuestra era.

Los documentos que arrojaron luz sobre el enigma tipográfico están en poder de la Biblioteca Británica desde mediados de la centuria antepasada, cuando fueron adquiridos en Egipto.

La hipótesis del perito inglés indica que el zagwa elaya podría haber servido de recordatorio a quien leyera la Biblia en voz alta, a fin de utilizar una entonación interrogadora en ese pasaje de la lectura.

En junio pasado Coakley defendió su teoría mediante una conferencia en Estados Unidos y hasta la fecha nadie ha salido a rebatirla en la palestra lingüística mundial.

Con anterioridad al aporte del británico el origen del signo de interrogación se le atribuía al vocablo latín quaestiō, que comenzó a ser abreviado como Qo para indicar la forma de pregunta y finalmente terminó adoptando la representación gráfica.

La mayoría de los idiomas modernos solo emplean el signo como cierre de la interrogante (?), pero no es el caso del español, que a partir de 1754 (segunda edición de Ortografía, de la Real Academia de la Lengua) decretó doblar su empleo (¿) en el comienzo de la interpelación.

Algo que la que da lustre al idioma impuso también para cuestiones admirativas (¡!).

La norma fue considerada como manera más de la monarquía isabelina de ejercer su poder absoluto, que encontró resistencia en algunas regiones americanas bajo la corona española, como en Chile, por ejemplo.

Una solución algo salomónica consistió en doblar el signo solo cuando las preguntas fueran demasiado largas y en las escuetas limitarse al de la clausura de la oración.

La influencia inglesa provoca una especie de retorno a la forma ancestral del signo preguntador, sobre todo en las sesiones de Chat o diálogo en línea, donde el viejo slogan de que el tiempo es oro cobra mucha más fuerza.

Y en el caso de los SMS (servicio de mensajes cortos) prescindir de un símbolo gráfico también significa ahorro de dinero. Además los teclados anglosajones no disponen del signo de apertura (¿).