(Agencias y Bolpress).- Alrededor de 11 millones de personas padecen hambre en Somalia, Kenya, Etiopía y Djibouti, estima el secretario general de la ONU Ban Ki-Moon. La falta de alimentos podría causar la muerte de unos 10 millones de personas en el Cuerno Africano, alerta el relator especial de ONU para el Derecho de la Alimentación Oliver de Schutter. Según Unicef, se trata de la “peor crisis humanitaria” de los últimos años.

De desesperada calificó el viceprimer ministro somalí Mohammed Ibrahim la situación que vive su país, azotado por la hambruna. “Hay muchos profesionales de ayuda con experiencia que te dirán que jamás hemos presenciado una crisis tan grave en una generación… Y va a ir a peor”, declaró Rubén E Brigety, funcionario del Departamento de Estado de EE.UU., a The Independent.

Una imagen capta el degradante horror que azota a millones de personas. No es la imagen de un niño con el vientre hinchado y los ojos desorbitados que llora por comida, aunque haya infinidad de ellos. Es la imagen de las madres que se atan el estómago con un acuerda para amortiguar las punzadas del hambre mientras dan a sus hijos la poca comida que pueden conseguir, describieron los voluntarios de la organización ActionAid.

La semana la ONU decretó la alerta por hambruna en el sur de Somalia y otros países del área, y solicitó ayuda de emergencia para esa zona que sufre la “peor crisis alimentaria que enfrenta el mundo” y una de las crisis humanitarias más severas de los últimos años. Se trata de “la peor crisis humanitaria del mundo”, evaluaron expertos de Unicef. 

La grave crisis alimentaria en el Cuerno Africano es consecuencia de varios factores, entre ellos la grave sequía registrada en la región, los conflictos armados y el incremento constante de los precios de los alimentos, explicaron especialistas del Programa Mundial de Alimentos (PMA). “Desde el punto de vista del número de personas afectadas, esta es una de las peores sequías que el mundo ha visto en mucho tiempo”, afirmó el director de Save the Children en Etiopía Duncan Harvey.  

Alrededor de 10 millones de personas en Etiopía, Kenia, Somalia, Uganda y Yibuti sufren una escasez crónica de agua y alimentos, y son víctimas de la violencia por las luchas tribales, entre comunidades y naciones. En el este de África existen amplias zonas de Kenya central y Somalia en la categoría de emergencia, la quinta y más grave fase de la escala, que significa catástrofe y hambruna.

Kenya cuenta con una población de casi 40 millones, de los cuales tres millones padecen hambre extrema. En Somalia las tasas de desnutrición infantil superan más de dos veces el umbral de emergencia de 15%. Se estima que el número de somalíes que necesitan ayuda ha aumentado de 2,4 millones a 3,7 millones en los últimos seis meses, mientras que el hambre ya ha causado decenas de miles de muertos.

Por el hambre y la desesperación, cientos de miles de personas caminan durante días a través de tierras áridas hacia los campamentos de refugiados en Etiopía y Kenya. Un número cada vez mayor de niños caen muertos en el largo viaje y los que llegan están más desnutridos que nunca. En las afueras del vasto complejo de refugiados de Dadaab, en Kenya, yacen en el camino decenas de cuerpos sin vida.

Cada día más de 1.400 personas llegan a ese extenso complejo lleno de chabolas improvisadas en el que se hacinan más de 440 mil personas dentro y alrededor de un campamento construido para 90 mil personas. Andrew Wander, un portavoz de Save the Children, dijo que su agencia ha prestado asistencia a más de 300 niños a la vera de los caminos, después de que sus padres murieran o los abandonaran.

Somalia encabeza la lista con más de mil personas que huyen a diario hacia naciones vecinas escapando del hambre y la sequía. El alto Comisionado de la ONU para los refugiados Antonio Guterres calificó a los somalíes como los más pobres entre los pobres. El experto independiente de la ONU sobre la situación de los Derechos Humanos en Somalia Shasul Bari informó que la difícil situación migratoria no ha hecho más que empeorar desde que se denunció a principios de año, y que de los 530 millones de dólares necesarios para ayudar a 2,8 millones de habitantes solo se ha financiado el 50 por ciento.

Ayuda de emergencia

La FAO sesiona en Roma de emergencia para discutir mecanismos que ayuden a enfrentar la crisis alimentaria en los cuatro países del Cuerno Africano. Se acordó iniciar un puente aéreo con provisiones hacia las zonas afectadas en Somalia, pero el grupo islámico Al Chabab obstaculiza la llegada de ayuda, en especial las zonas sureñas bajo su control, porque considera exageradas las alertas de la ONU, denunció el ministro Mohammed Ibrahim.

La FAO solicitó a la comunidad internacional al menos 120 millones de dólares para financiar programas de trabajo, el suministro de insumos agrícolas y servicios veterinarios de emergencia para socorrer a los agricultores que enfrentan la peor sequía de los últimos 60 años. El organismo requirió 70 millones de dólares para Somalia; 50 millones para Etiopía, Kenia, Yibuti y Uganda; y 37 millones de dólares para paliar la crisis en Sudán y en la República de Sudán del Sur.

La FAO ratificó que las víctimas del hambre siguen aumentando en el mundo, pese al compromiso de la comunidad internacional de reducir a la mitad el número de afectados en 2015, estimados en cerca de 400 millones de seres humanos. Ese era uno de los compromisos fijados en 2000 por los 192 países miembros de la ONU en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero muchos países pobres incumplirán la meta, vaticinó el nuevo director general de la FAO José Graziano Da Silva.

El subdirector general de la FAO David Harcharik reiteró que el número de personas que sufren hambre se eleva a más de mil millones en la actualidad. La situación se agravó sobre todo en África subsahariana, donde al menos 45 millones de personas se han incorporado al ejército de hambrientos en los últimos 15 años, con lo cual ya suman 221 millones, un tercio de la población del continente.

Según el relator especial de ONU para el Derecho de la Alimentación Oliver de Schutter, la crisis humanitaria en África podría parecer una catástrofe natural, pero en parte fue “fabricada” por los países industrializados. Y es que hay hambre en el mundo no por la escasez material sino por la falta un sistema de instituciones económicas con voluntad política para enfrentar las causas estructurales de la crisis, sentenció el Papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate.

Varios estudios de la ONU y de otras instituciones independientes concluyen que la producción agrícola actual podría alimentar a 12 mil de millones de personas, el doble de la población del planeta. Por tanto, la crisis alimentaria no es un problema de falta de recursos, inversión o de producción, sino de “prioridades”, aseveró el ex director de la FAO Jacques Diouf.

De Schutter, Diouf y decenas de economistas y expertos coinciden en que la financiarización de los mercados agrícolas y la especulación financiera son sin duda las causas principales del alza de precios de los alimentos. Por ello, “cuando un niño muere de hambre en el mundo, él o ella han sido asesinados”, afirma Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

En criterio de Ziegler, “las que fabrican la masacre cotidiana del hambre son las estructuras criminales del mundo: la exportación de productos subvencionados, la especulación bursátil de los grandes hedge funds y el despropósito de fijar el precio de los alimentos en la Bolsa”.

Con información de Prensa Latina, The Independent y Rebelión.