Hoy en el periódico pude leer una palabra cuyo verdadero significado ignoré hasta hace poco. La palabra en cuestión es “Somalia”. Hechas las indagaciones, me enteré que Somalia proviene del vocablo árabe As-Sumal. Confirmé además algunas ambiguas sospechas. Por ejemplo que Somalia está al extremo este del continente africano, ubicada justo en una de las partes más geográficamente caprichosas del continente, que se conoce como “cuerno de áfrica”. Sin embargo, si se lee en el periódico de hoy “400 niños mueren de hambre en Somalia”, los datos hasta ahora presentados no son para nada suficientes.

Lo que importa es saber, por ejemplo: que desde el siglo XIX Somalia, como todo el continente africano fue una finca donde los europeos tenían ingentes recursos naturales a su disposición y mano de obra esclava. Festín impúdico al que sacaron gran provecho para engordar a su continente.

No será sino hasta 1960 que se logra una frustrada descolonización. El pueblo Somalí, se libera de sus verdugos europeos para poner en el poder a sanguinarios dictadores títeres de EEUU, que continuaron la política de saqueo.

La gran tragedia del hambre de los Somalíes está íntimamente ligada a una inmisericorde guerra civil que se desarrolla desde hace 25 años, cuando una insurrección echó del poder a un desquiciado, de nombre Siad Barre, que oficiaba de dictador, título que le concedió la democracia estadounidense. Una contra-revolución restauradora de los intereses de los EEUU inició la hemorragia que sigue desangrando a Somalia.

La memoria corta de los somalíes no olvida que los yankees, tan duchos en estas prácticas, repusieron en el poder a su amigo Siad Barre en 1991, para que éste, muy agradecido, les entregue dos tercios de la patria a las transnacionales petroleras norteamericanas Conoco, Amoco, Chevron y Phillips. Las petroleras se convirtieron en verdaderos espacios territoriales estadounidenses en Somalia, tanto así que la Transnacional Conoco cedió sus oficinas para que los “marines de la libertad” yankees, enviados por Mr. Bush –padre- aplasten la insurgencia del pueblo somalí contra la dictadura.

La aleación de hambre y bronca del pueblo somalí se acrecienta en 1992. La ONU, como hace hoy en Libia, movilizada, ¡cómo no¡ por EEUU, invade Somalia con sus célebres “tropas de pacificación”. La supuesta búsqueda de una transición a la democracia en el país se efectúa a punta de metralla y su objetivo es posesionar a otro nuevo títere al servicio de las transnacionales del imperialismo. Hasta la fecha, varios caciques nativos aliados a uno u otro interés imperial han declarado a varias regiones de Somalia en “autónomas”.

El lugar de paseo preferido de la hambruna son los campos de refugiados donde miles de ancianos, mujeres y niños somalíes, que tradicionalmente fueron nómades y pastores, huyen de la guerra civil para salvar sus vidas, que, al final de cuentas, acaban siendo asesinadas no de inmediato, no de repente, como lo haría una bala, sino de a poco, por el hambre.

En sentido estricto, los 400 niños somalíes que murieron de hambre son un efecto del desquiciamiento del capitalismo a nivel mundial. Desde hace 50 años la producción de alimentos le gana a la reproducción humana. Es decir, las montañas de alimentos que producimos son más grandes que las montañas de hijos –disculpen el término- que damos a luz.

Ahí no termina la cosa. No solamente producimos más que nos reproducimos. Sino que los países ricos desperdician anualmente 1300 millones de toneladas de alimentos, cuando en este momento, si, en este preciso momento, 1000 millones de personas están muriendo de hambre. Es decir que los ricos desperdician todo lo que serviría para que los hambrientos ya no la pasen tan mal.

Los 400 niños somalíes que acaban de ser asesinados por la irracionalidad y perversión del sistema capitalista, están aquí cerca. Están en Bolivia, la India, China y Ecuador. Están cada vez más en todo el mundo. El eufemismo de la “crisis alimentaria” oculta un significante inconfesable para los amos del planeta: en realidad vivimos un inédito incremento de la hambruna, que tiene culpables claros: la especulación financiera y la impía búsqueda de ganancia y rentabilidad capitalista en los precios del petróleo y los alimentos. Por eso los grandes dueños de los alimentos, que nos darían fácilmente de comer a TODOS en este mundo, son las compañías Nestlé, Group Danone y la Monsanto Co. que controlan nada más ni nada menos que el 80% de la producción y comercialización de los alimentos en el globo y que además, son las dueñas del 100% de derechos a escala globalsobre semillas e insumos agrícolas.

Este es el drama que cada día está desplegándose ante nuestros ojos. Sólo las mentes más enfermizamente alienadas por la masiva propaganda capitalista pueden pensar que la modesta pretensión, de nombre socialismo, de quitar los medios de producción a los actuales dueños que negocian con el hambre, para ponerlo al servicio de toda la sociedad, es una utopía impracticable.

* Dirigente de la Federación de Maestros Urbanos de Cochabamba.