Todos los organismos vivos migran por instinto de preservación, los seres humanos tenemos esa naturaleza, por nuestra inteligencia también migramos por curiosidad y espíritu aventurero. Pero nuestra especie cuenta con ciertos grupos altamente depredadores, que migraron e invadieron tierras extrañas imponiendo su barbarie “civilizatoria” y matando a sus semejantes.

La historia especula sobre el origen de los pobladores nativos de América, se especula que fueron migraciones provenientes del Asia. Sin embargo, los sitios de gran antigüedad descubiertos en el sur del continente, y no así en el norte de América, abren la posibilidad de un poblamiento autónomo del continente.

El 12 de octubre de 1492 se da un hecho lamentable, el “Descubrimiento de América”, cínico eufemismo que cubre el holocausto más escandaloso y el robo más grande de territorios y riquezas de la historia de la humanidad.Los europeos invadieron este paraíso, exterminaron a los nativos con la cruz y la espada, se adueñaron de las tierras, impusieron sus leyes, impusieron sus religiones, y bautizaron al continente con el nombre de América. Para más ironía histórica, ahora ellos se identifican como “americanos”.

Los eufemismos continúan en el presente. Después del último censo, la Oficina del Censo de los EE.UU. decidió “homogeneizar” a los inmigrantes que vienen de las diferentes naciones del centro y del sur del continente, a veces nominados de latinoamericanos, otras de hispanoparlantes, de ahora en adelante serán denominados “Hispanos”. Esto desnuda la ignorancia de quienes elaboran cuestionarios para clasificar a los diversos grupos por raza y terminan mesclando la variable idiomática.

Muchas personas, provenientes de Centro o Sud América, el momento de llenar un formulario, sin ser oriundos de Italia, Francia o algún otro país latino, son clasificados como “latinos”, esta “barbarie” es repetida por las autoridades “bárbaras” que apropian conceptos de manera inapropiada.Por lo general, el personal policial, ajeno al rigor científico, utiliza el concepto de “latino”, hoy “hispano”, como sinónimo de “indocumentado”, y le añade una connotación criminal.

“El patio trasero”, región rica en recursos naturales, casi siempre ha sido gobernado por las élites “criollas.” Esta “gente decente” ha posibilitado la multiplicación de las “repúblicas bananeras”, como también de sus fortunas personales, vendiendo los recursos naturales a “precio de gallina muerta”. Esta “generosa” acción les confirió el reconocimiento de “amigos” y el respaldo a sus gobiernos por parte del país más poderoso del planeta.

La diversidad geográfica, la diversidad de razas, la diversidad de idiomas y la particularidad de cada historia, hacen de la llamada Latinoamérica una región diversa, esto sumando a las diferencias de clases sociales, hace casi imposible aunarlas en un solo concepto. Desde hace más de quinientos años el continente Americano es víctima, no de las migraciones internas, sino de las invasiones imperiales europeas.

El imperio español, el británico, el francés, el portugués, y sus descendientes que se quedaron en los territorios invadidos exterminaron a los nativos o los desterraron a “reservaciones indias”, destruyeron las culturas locales, impusieron sus religiones y sus idiomas, con el eufemismo “conquista” asesinaron a millones de seres humanos que habían tenido la mala suerte de nacer en este paraíso.

Este “holocausto” es el mayor robo territorial de la historia de la humanidad, donde se impuso una sociedad dominada por la discriminación de razas y clases, poseedora de armas de destrucción masiva, en aquel entonces, cañones, fusiles y pistolas, entre campanas y bendiciones. El esplendor de Europa y todo el “primer mundo”, es fruto del saqueo de las riquezas del “nuevo mundo”, hoy rezagado como “tercer mundo”.

Los “criollos” se encargaron de someter a los habitantes originarios con la misma vara con la que fueron medidos. Para la realeza europea, los ciudadanos de nacimiento peninsular eran considerados racialmente “puros” y socialmente superiores, merecedores de la confianza imperial. Los criollos nacidos en “las colonias” eran considerados “inferiores”, de segunda clase, lo que motivó su descontento y provocó la llamada “guerra de la independencia”, y el origen de la clase rica americana, abriendo una brecha espectacular entre “ricos” y “pobres”, entre la gente “decente” orgullosa de su descendencia europea, y los mestizos pobres, y más aun, los pobres “indios” originarios sumidos en la miseria y/o arrinconados en reservaciones.

El saqueo sostenible del “patio trasero”, la corrupción de la clase “política”, el enriquecimiento de la “high class”, las dictaduras militares, y la crisis global, han dejado en ruinas a Latinoamérica. El crecimiento de Norte América y Europa es directamente proporcional al crecimiento de la pobreza y la extrema miseria en Centro y Sud América. En las “repúblicas bananeras” es altísimo el índice de desempleo, la brecha entre ricos y pobres es cada vez más alarmante, y el futuro es cada vez más incierto, dada la dependencia de estas naciones y la enorme e irónica “deuda externa”.

La consecuencia es la migración masiva al norte del continente y hacia algunos países del “primer mundo” que después de lo acontecido culpan de todos sus males a los “latinos” ahora “hispanos”, como en la Alemania nazi, cuando el pueblo judío fue estigmatizado y masacrado por ser “el causante” de todos los males.

Perdido el territorio, sin alternativas, sin derecho al trabajo, sin el derecho humano al libre tránsito, sin derecho a la “independencia”, resultamos ser los inmigrantes indocumentados, que de ahora en adelante, de haber sido nombrados “latinos” podríamos ser reducidos a “hispanos”, y si nos rebelamos al sistema imperante, “los patriotas” del “tea party” nos podrían criminalizar por “indocumentados” o peor aún, estigmatizarnos de terroristas entre cadenas y comillas.