La Habana (PL).- La guerra, el caos, el fraude y la corrupción en el empobrecido Afganistán es, a todas luces, un cuadro sórdido esbozado casi sin querer, por el representante estadounidenses Jonh Tierney. Tal detalle ocurrió en el mismo año de la invasión a ese país por la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN), 2001, y con fuerzas abrumadoramente mayoritarias de Estados Unidos.

Daniel Estulin, un especialista en temas internacionales, afirma que “nada de esto es de sorprender”, porque lo que sucede en tierras afganas “es legado de los neoconservadores estadounidenses agrupados en el llamado Club Bilderberg.

Los más diversos estudiosos sobre el tema señalan que Bilderberg, creado en 1954 en un lujoso y aislado hotel del que tomó el nombre en una región de los Países Bajos, es un grupo supranacional, cuya última reunión en junio del 2011 confirmó suspicacias a pesar del secretismo de su labor.

Un legislador suizo, país donde se efectuó el mencionado cónclave, Dominique Baetting, del Partido del Pueblo de esa nación, afirmó que el Club es “una élite de banqueros, industriales, diplomáticos, monarcas, jefes de la OTAN, medios de comunicación y ex jefes de Estado que coordinan, intercambian, organizan y estructuran, fuera de todo control democrático, las grandes orientaciones hacia la globalización…”.

Las denuncias del parlamentario no se difundieron con amplitud en los medios de comunicación occidentales, pero definieron que los integrantes de Bilderberg asumen “tareas militares y policiales con acciones planeadas para desmantelar países como Afganistán, Irak, Somalia, Sudán, Libia y mañana Irán y Siria…”.

Baetting precisó que son asistentes habituales a ese tipo de reuniones y miembros activos del Club, la Secretaria de Estado Hillary Clinton, el vicepresidente Joseph Biden, el ex secretario de Defensa, Robert Gates, y ex dirigentes de Estado como José María Aznar, entre otros.

Los “cerebros” y sus realizaciones prácticas

Influyente analista y propugnador de las políticas en ese sentido es Zalmay Khalilzad Mamosy, nacido en la región afgana de Mazar i Sharif y el único presuntamente musulmán nacionalizado estadounidense que ha desempeñado altos cargos en Washington.

Khalilzad, de acuerdo con expertos como Peter Dale Scott, Paul Fitzgerald o Liz Gould, fue el artífice del régimen post talibán presidido por Hamid Karzai, sobre todo por sus vínculos con el mandatario George Bush, la Corporación Rand y los sectores vinculados a la energía, la construcción, educación e infraestructura.

Consejero del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) y presidente de una consultoría internacional relacionados con los sectores mencionados, el afgano-estadounidense fue embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, embajador en Bagdad y Kabul y enviado especial de Bush para Asia, el Cercano Oriente y Africa del Norte.

Entre el 2001 y el 2005 tuvo a su cargo, como especialista principal, la organización de la primera reunión del Parlamento afgano (Loya- Jirga) y la creación de la Universidad Americana en la capital de esa nación. La teoría de Khalilzad, bien aplicada en la práctica, esbozó la irrupción de contratistas en tierras afganas -unos 70 mil en la actualidad-, el manejo de miles de millones de dólares para la infraestructura y el incremento de los sistemas de espionaje.

Tales presupuestos, según incluso medios de prensa estadounidenses como los diarios Washington Post y The New York Times, facilitaron a “ojos vistas” el incremento del cultivo del opio, el ascenso del tráfico de drogas y el caos administrativo y logístico del gobierno de Karzai.

Según Bob Woodward, periodistas del Washington Post, Khalilzad maneja a discreción, incluso, los informes de inteligencia que muestran a Hamid Karzai “en tratamiento por trastornos maníaco- depresivos”, así como las dudas del equipo de seguridad nacional del presidente Barak Obama de que ese gobierno pueda funcionar.

Los objetivos del Grupo Bilderberg en Afganistán

El compendio de 10 años de intervención de la OTAN en Afganistán es una abrumadora acumulación de muertos y cifras multimillonarias de gastos. La OTAN, liderada por Estados Unidos y con el principal asesoramiento teórico del llamado Grupo Bilderberg, ha convertido a esa nación de casi 30 millones de habitantes en ingobernable.

Las teorizaciones de esa élite de los llamados “tanques pensantes”, encabezados, entre otros, por Zalmay Khalilzad, un afgano de origen nacionalizado estadounidense, muestran un país caótico, con miles de desplazados en las zonas rurales y más de seis millones de habitantes en precaria situación.

El Grupo Bilderberg ha dejado muy atrás la actualmente inexistente Comisión Trilateral, con figuras que trazan la presunta lucha contra el terrorismo en las más diversas variantes, sin reconocer, según las más diversas fuentes que ya la guerra en Afganistán es la más larga de Estados Unidos fuera de sus fronteras.

Entre el 2009 y el 2011, Khalilzad, junto a Zbigniew Brzezinski o el senador estadounidense Carl Levin, entre otros, valoraron en secretas reuniones en Saint Moritz, Suiza, las alternativas posibles.

De acuerdo con varias teorizaciones contrarias, en este caso del investigador estadounidense Peter Dale Scott, “las fuerzas profundas -de fondo- que dominan los dos partidos políticos en Estados Unidos son ahora tan poderosas, tan coincidentes, y por sobre todo están tan interesadas en las ganancias que la guerra genera, que un presidente está más lejos que nunca de oponerse a ese poder.”

Los resultados luego de 10 años

Afganistán es actualmente víctima del intento de despojo de su nacionalidad, historia y cultura, algo continuamente denunciado por la insurgencia, la cual agrupa no solamente al movimiento talibán. La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), apuntó en recientes informes, que la población del país amenazada de hambre sobrepasa los seis millones.

Otras instituciones indicaron que los desplazados por la guerra suman decenas de miles, en medio de una destrucción continuada de cultivos, aldeas, muertes de civiles (más de cinco mil según datos oficiales) y una carencia absoluta de sistemas de salud e infraestructura en general.

La insurgencia, en recientes declaraciones, afirmó que “el mundo es testigo de una corrupción impresionante del gobierno de Hamid Karzai, de sus peleas internas, de las recíprocas recriminaciones y crisis, aunque se proyecte como un logro de la democracia enmarcado y formado por los estadounidenses.” En ese sentido precisaron que “los invasores allanan el camino para una presunta retirada de sus tropas pero se irán con las manos vacías y una gran frustración.”

El Grupo Bilderberg, con el aporte ejecutivo de Khalilzad -por algo es un afgano de origen que habla las lenguas nativas, además de inglés, persa y árabe- es el artífice de los vínculos caóticos con los denominados Señores de la guerra como Abdul Rasul Sayyad, Karim Jalili, Burhanuddin Rabbani y Gulbuddin Hekmatyar.

La llamada Congregación de Pueblos (Jirgah), convocada por Karzai, lanzado al poder por propuesta indiscutible de Khalilzad, ha contado con el asesoramiento de Hekmatyar, fundamentalmente, creando una estructura de poder paralelo al gobierno oficialmente estadounidense de Kabul.

Los datos de gastos, entrega de armamento y municiones, actuación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y manejo de fondos para una presunta reconstrucción sobrepasan los 12 mil millones de dólares. El banquero estadounidense James Warburg, activo miembro de Bilderberg, afirmó: “Guste o no, tendremos un Gobierno Mundial. La única cuestión es si será por concesión o imposición.”

* Jefe de la Redacción Asia y Oceanía de Prensa Latina.