Las circunstancias actuales que vive la Libertad de “Emprensa” son más o menos conocidas. A pesar de todo lo que digan o hagan medios y periodistas para lavarse la cara, es claro que la mente humana puede ser influida, y es evidente que el control de los medios de comunicación es una herramienta esencial para el efecto. Los despidos, reacomodos y cambios que se están produciendo mientras hablamos obedecen a una cierta lógica de varias aristas, una de ellas la de prepararse a lo que se viene, y para ello se silencia algunas cosas y se muestra otras en diverso grado de importancia y con diversos sesgos. Es el consabido ejercicio de los medios, del que aparentemente no se cansan nunca, como puede decir con justicia Susana Villarán hoy en día.

“Cuando la televisión informa sobre algún hecho marginal, en este momento deja de serlo.” (Carl Bernstein) “La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural.” (Federico Fellini)

La problemática ética periodística vive un conflicto constante entre la verdad y su ocultación. Aunque en lo alto de su escala de valores, o en uno de los peldaños más cercanos a la cúspide, esté situado este valor, el ejercicio cotidiano y encallecedor pasma muchas veces este concepto, y crea monstruos. Los periodistas, aún los más brutos, son conscientes del poder que tienen de manejar verdades y de establecer agendas. De hecho debe ser parte de la sensualidad de la profesión. Pero la verdad sigue estando allí, y seguro que friega. Y para ellos debe ser extremadamente complicado transar con ella, siempre y cuando supongamos, dentro de los límites de la conducta humana, que los valores pueden determinar más que sea en parte dicha conducta.

¿Y qué es la verdad?

La Verdad es un Valor. Pero repitiendo la antigua pregunta de Poncio Pilatos “Quid es veritas?” nos hallamos ante los vericuetos de ver que hay varias Verdades, que muchos las relativizan (“tu” verdad, “mi” verdad), muchas veces a falta de argumentos para defender una opinión o como línea de retirada estratégica. La verdad sin anestesia es escurridiza, pero como resulta que es un valor que el ejercicio periodístico serio se toma muy a pecho, vale la pena dirigirse a una definición operacional para mostrar lo que queremos.

Aristóteles el Filósofo dio a luz una de esas definiciones que seguramente poseen muchos sesgos, pero que operacionalmente es muy útil: “Si digo de lo que es, que es; digo verdad (…) Si digo de lo que no es, que no es; digo verdad”.

Por el contrario, y siempre aristotelizando: “Si digo de lo que es, que no es, digo mentira (…) (y) si digo de lo que no es, que es, digo mentira”.

Tratemos de explicar este aparente rompecabezas, ya que estoy obligado como profe a tratar de poner en simple lo complejo para beneficio de mis alumnos y lectores:

Si te muestro un lapicero, y te digo que esto que sostengo en la mano ES un lapicero; te estoy diciendo la verdad.

Si te muestro un lapicero, y te digo que esto que sostengo en la mano NO ES un hipopótamo; te estoy diciendo la verdad.

Contrario sensu, si te muestro un lapicero, y te digo que esto que sostengo en la mano NO ES un lapicero; te estoy mintiendo.

Y si te muestro un lapicero, y te digo que esto que sostengo en la mano ES un hipopótamo; te estoy mintiendo de nuevo. Y con descaro.

Ejercicio de aplicación

Vale decir, la correspondencia entre el ser de la cosa y la expresión de la cosa tiene un valor de verdad determinado. Y cuando hay inconsistencias entre lo que hay y lo que se dice, la mente humana responde con la duda, antesala de la búsqueda de la verdad. Eso los periodistas lo saben bien, y a veces les cuesta el puesto. Vamos a un ejemplo concreto: Si te digo durante años y años que “Ollanta es un terrorista, violador de los Derechos Humanos, que te quitará a tus hijos y les lavará el cerebro”, y súbitamente te muestro a Ollanta Humala en su casa jugando con sus hijos, y saliendo a correr por las mañanas a hacer ejercicio para mantenerse en forma, pues vaya, hay una inconsistencia a lo bestia entre lo que te digo y lo que te muestro. El monstruo sediento de sangre resulta que es un ser humano con hijos y un físico que mantener. Vaya, era humano. Recordemos que una de las acusaciones básicas que determinó despidos y cierres de programas fue que los periodistas cometían el exceso de “humanizar” a Ollanta Humala. La inconsistencia presentada a través de estas imágenes alertó en nuestras mentes la contradicción, y a muchos obligó a cambiar la perspectiva. Nos dicen que esto es un lapicero, y lo que vemos es un hipopótamo. Conclusión: Alguno de los dos MIENTE.

La Verdad y su ocultamiento

Puede que esto a algunos les guste, y puede que no, pero la Verdad por lo general requiere de muchos esfuerzos para ocultarse. Develar la verdad – lo que es – depende muchas veces de la estrategia del agredido para mostrarse, y en este caso la tortilla fue volteada. Caso de libro de texto para los cursos de Deontología.

¿Por qué se oculta la Verdad? ¿Por qué se trata de crear una “verdad” que es mentira? Debe haber buenos motivos. La plata es uno. El poder como herramienta para conseguir más plata es otro. El poder como sensualidad es otro. Y así podríamos seguir listando cosas. Pero es un hecho que el tema puede tratarse como un conflicto ético.

Los conflictos éticos se basan en el choque entre dos o más valores. La Verdad es un Valor periodístico, la Ganancia es un valor empresarial. Ambos, mientras no se junten, podrían vivir razonablemente bien. Pero resulta que si el Valor de la Ganancia se superpone al Valor de la Verdad, entonces la Ganancia manda, y si manda, se podrá mentir para obtener más Ganancia. Este es el razonamiento y me parece que es blindado. Punto.

¿Qué hacer?

Todo cuestionamiento al tema de los medios pasa por establecer reglas y límites a los diversos valores en juego. O por lo menos esto es una manera de verlo. La Verdad es un valor que también tiene sentido en el mercado. Yo no puedo decir que mi producto que vendo sana la calvicie si NO sana la calvicie. De ocurrir así, los enojados y pelados consumidores protestarán y los organismos pertinentes deberán intervenir para salvaguardar el Mercado.

¿Es más importante la Verdad política que la verdad de los productos para hacer crecer el pelo? Pensémoslo. Salvaguardar la Verdad de las informaciones dándole el poder que les corresponde a los consumidores de medios de comunicación tiene mucho sentido, porque salvaguarda las buenas prácticas de mercado. Cuando los medios se oponen a esto en función de la Libertad de Prensa, Aristóteles se pone saltón y nos dice que lo que están haciendo es decirnos de lo que NO ES, que ES. Es decir, nos dicen que la libertad de una Empresa Informativa para mentir es Libertad de Prensa.

* Periodista peruano, fuente: Bajo la Lupa, julio de 2011.