(Prensa Latina).- A pesar de su legendaria reputación, se conoce muy poco sobre elpirata Barbanegra, quien fuera el más temible del Atlántico y el Caribe en el siglo XVIII. La trayectoria de Etta Place, la más hermosa, salvaje e inteligente de todas las bandidas de la historia del viejo oeste estadounidense, es otro enigma.

Barbanegra fue el paradigma en el que se inspiró el famoso escritor Robert Louis Stevenson para los personajes representados en su novela La Isla del Tesoro. Su nombre era Edward Teach, nació en Inglaterra, pero es considerado por los historiadores como un pirata de Carolina del Norte porque allí llevó a cabo la mayor parte de sus ataques y abordajes.

Impresionaba por su elevada estatura, a la cual añadía una imagen impactante ya que le gustaba mostrarse en público vestido con un vistoso tricornio y armado con varias espadas, cuchillos y tres pistolas de diversos calibres. Para rematar, acicalaba su barba oscura con mechas de cañón colgadas como adornos y que encendía cuando entraba en combate.

Quienes le vieron luchar, aseguran que se parecía al diablo por su aterradora mirada y una nube de humo que brotaba de su cabeza. Comenzó de marinero muy joven en los años de la Guerra de Sucesión española (1700-1713) y navegó en barcos corsarios hasta que se unió a la tripulación del reputado pirata británico Benjamin Hornigold. Entonces tomó el mando y con su barco, el Queen Anneâ€Ös Revenge, expolió el Caribe y la costa atlántica de América del Norte durante dos años, según los investigadores Richard Lawrence y Mark Wilde-Ramsing.

Su táctica favorita consistía en perseguir a los barcos mercantes y encaminarlos a canales de navegación peligrosa que él conocía bien, para abordarlos y apoderarse de todos los objetos de valor. El reinado del terror de Barbanegra le reportó la fama de ser el más sanguinario de los siete mares pues apresaba despiadadamente a cuantos navíos se pusieran al alcance de sus cañones.

Fue un verdadero azote de los buques españoles y franceses en el siglo XVIII especialmente en las costas del suroeste de Estados Unidos, donde hoy yacen los restos de más de dos mil navíos hundidos por tormentas o echados a pique a cañonazos.

El forajido realizaba sus operaciones con permiso real expreso de la reina Ana de Inglaterra y pasaba por la tabla del suplicio a todos los capitanes de los buques vencidos. Algunos historiadores cuentan que obligaba a sus enemigos a comerse sus propias orejas tras haberlas cocinado personalmente, y cometía inhumanas torturas sobre sus prisioneros sin importarle rango o linaje. Otros relatos afirman que llegó a tener 14 mujeres, pero tampoco hay documentación confirmatoria.

Los comerciantes de los enclaves atlánticos perdieron la paciencia ante las fechorías de Barbanegra y pidieron ayuda al gobernador de Virginia, Alexander Spotswood, quien envió en su persecución tropas al mando del teniente Robert Maynard.Este alcanzó a la flota pirata junto a la isla de Ocracoke el 2 de diciembre de 1718, cuando la mayoría de la tripulación de Barbanegra estaba en tierra.

Los hombres y cañones de Maynard superaban a los piratas en proporción de tres a uno, por lo que los bandoleros salieron derrotados en el desigual combate. Barbanegra recibió cinco balazos y varias heridas de sable antes de morir.

Un grupo de arqueólogos estadounidenses intentan sacar a flote el barco Queen Anne‘s Revenge, con el cual se hundió hace 300 años el más despiadado pirata y toda su tripulación. Los restos del famoso buque yacen a 10 metros de profundidad en los bancos de arena frente a las costas de Carolina del Norte, donde fueron localizados por un equipo de especialistas en naufragios.

Después de varios años de investigar el casco de la nave, arqueólogos de la Universidad de Carolina del Norte y del Instituto de Ciencias Marinas extrajeron un cañón del buque y su inmensa ancla. Los expertos saben que no encontrarán tesoros en el naufragio; la verdadera riqueza es guardada por uno de los fragmentos más apasionantes de la aún bastante desconocida historia de la piratería.

El destacado poeta cubano Eliseo Diego escribió, en una ocasión, que de los antiguos piratas puede decirse como de las mujeres honestas: no tienen historia.

Misterios de una mujer de las sombras

Etta Place, uno de los enigmas más intrigantes de la historia del viejo oeste estadounidense, es considerada la más hermosa, salvaje e inteligente de todas las bandidas en aquella época de tiroteos. Sobre esta mujer misteriosa mucho se ha investigado sin que se haya logrado hasta hoy obtener alguna respuesta confirmada sobre su trayectoria. Un siglo y medio después muchos se visten con la moda por ella utilizada y admiran con fanatismo a aquella vaquera considerada en la historia estadounidense como la legendaria Lady Mariana, de Robin Hood.

El mundo de los forajidos en el viejo oeste tenía sus propios códigos y principios respetados a ultranza tanto por las autoridades de entonces como por los más peligrosos bandidos. Era normal la constante utilización de seudónimos y la práctica de la más estricta clandestinidad en todos los sentidos, pero especialmente había que ocultar los detalles sobre la vida amorosa que pueden llevar a la más mortal vulnerabilidad.

Todo lo anterior provoca que exista hoy una enrevesada madeja de rumores, chismes y conjeturas sobre esta controvertida amante de las más peligrosas aventuras. Relatan que fue una humilde maestra que dejó su vida tranquila y rutinaria por el alocado romance con un atracador de bancos conocido como el Sundance Kid, cuyo verdadero nombre era Robert Leroy Parker.

Otros menos condescendientes aseguran que fue una prostituta enamorada del hombre equivocado y que dedicó la mejor parte de su vida a las más desenfrenadas fechorías junto con la temida banda atracadora conocida como “Wild Bunch” (La Salvaje, en inglés).

Lo que hace apasionante la inconclusa historia de Etta Place es que ella misma decidió desaparecer como por arte de magia, a pesar de ser una de las mujeres más perseguidas por las autoridades en distintos países. Lo cierto es que ni siquiera se puede asegurar que Etta era su verdadero nombre, ni que aparentemente conoció a su amante en el burdel de Fannie Porter, en San Antonio, Texas, como dicen varios documentos de la época.

La Agencia de Detectives Pinkerton asegura que ella también usaba muchos los seudónimos (como Annie Bassett, Josie Bassett y Laura Bullion) entre los años 1890 y 1911 y que participó en incontables delitos. Otros estudiosos aseguran que entró a la pandilla con solamente 20 años y se destacó por sus notables dotes con los caballos y el rifle, pero especialmente por su incomparable inteligencia y belleza natural.

Ella fue la única mujer que posteriormente siguió a los principales jefes de la cuadrilla en el fatídico viaje de huída por Argentina, Bolivia y Chile.El parte policial sobre un tiroteo acontecido en San Vicente, Bolivia, dice que dos hombres y una mujer de esa banda resultaron abatidos, pero muchos difieren que ella estuviera entre los muertos.

Algunos exponen que al llegar a la Argentina comenzó a padecer de apendicitis por lo que Sundance viajó con ella de regreso a Estados Unidos, específicamente a Denver, para recibir tratamiento médico por lo que ella nunca estuvo presente en la balacera final de la banda, en Bolivia.

La agencia Pinkerton apunta en sus informes de aquella época que Etta resultó baleada por la policía durante otro tiroteo en la provincia argentina de Chubut, en marzo de 1922. Un tercer documento asegura que se suicidó en 1924, mientras otro certifica que falleció de causas naturales en Estados Unidos en 1966.

Muchos académicos opinan que fruto de su vida íntima junto a Sundance, tuvo una hermosa hija nombrada Bettie.Incluso el historiador James D. Horan cuenta que Bettie, en su lecho de muerte y ya anciana, le susurró a su esposo que Etta estaba viva aún oculta en uno de los tantos escondites de la incapturable banda en Estados Unidos.

Y finalmente otra de las pintorescas leyendas destaca que Etta regresó a la ciudad tejana de Forth Worth donde falleció en el más oscuro anonimato. Allí supuestamente utilizó el nombre falso de Eunice Gray y abrió un burdel destruido en un incendio, en 1962.

Varios diarios estadounidenses coinciden en que falleció a la edad de 81 años llevándose a la tumba todos sus secretos y una inmensa fortuna amasada durante los años en que fue la bandida más misteriosa del viejo oeste norteamericano.

* El autor es jefe del Departamento de Difusión de Prensa Latina.