Ante la urticante duda que generan las declaraciones de grupos “izquierdistas” por la reconducción del “proceso de cambio”, se hace urgente una revisión de sus postulados y la develación de sus mezquinas posiciones de clase.

Nos preguntamos si “Chato” Prada y sus acólitos firmantes de un “manifiesto” realmente quieren reconducir un proceso revolucionario, gestado por la gente de a pie, con sus teorías mediocres y cantinflescas. ¿Será que estos consultores de la cooperación europea, luego de recibir jugosos sueldos del Estado boliviano para el “desmontaje” del colonialismo interno, quieran perder sus lugares privilegiados, la jerarquía académica y económica, que su rotación por diferentes reparticiones del aparato ejecutivo, legislativo y judicial les han brindado?

¿Será que buscan el suicidio?, la respuesta históricamente argumentada es no, va contra su instinto de clase. Lo que sí responde a su mentalidad pequeño burguesa es la astucia disimulada, el camuflaje, el travestismo. Alguna vez declarados trotskistas, otra vez social-demócratas, otra vez indigenistas, otra vez leninistas, estos “deshabitados” cuerpos de autoestima, estos perfiles psicológicos psicópatas, estos enajenados política y económicamente, lo último que pueden hacer es verse al espejo y reconocerse como individuos autónomos, dueños de sí. Su búsqueda del confesor que les de el visto bueno de sus ideas y sus posiciones los han llevado a reproducir un espectáculo ridículo y propio de la pequeña burguesía de Sopocachi Hills.

Denunciamos con encono a la opinión pública nacional e intenacional que los firmantes del manifiesto encabezado por Prada no son más que títeres de los “jefecitos”, no son más que una pieza de táctica política que el alvarismo palaciego de la Vicepresidencia y el juego de notables que cumple el grupo “Comuna” y sus publicaciones vienen realizando hace años en nombre de los estratos populares y empobrecidos. En su retórica rebuscada y su “cortar-pegar” de teorías afrancesadas, este grupo de poder quiere marear a la opinión pública con uno posición ficticia que solo obedece a la inquieta burguesía ONG-era, que empieza a dudar de su proyecto: el masismo.

Para satisfacer las pequeñas dudas que los exMNRistas han ido incubando dentro del mismo masismo, en cargos de poder como ministerios, misiones internacionales, senadurías y diputaciones, la astucia del juego político intenta relucir algo de creatividad: la creación de una oposición táctica por parte del oficialismo con personajes-satelite al gobierno para ir desgastando y enfriando aquellos pernos sueltos que todo totalitarismo desdeña. Aquí es cuando el masismo devela su contenido burgués, facho y criollo.

Estos títeres del poder, haciendo sus venias respectivas, ahora cumplen el papel del proxenetas que van agrupando opiniones ajenas a su entorno que, lo presienten, esta anquilosado y en franca decadencia luego de sus fracasos teórico-prácticos develados en su política de recursos naturales, tan incongruente como las clases del Chato en epistemología, o del Alvaro en economía. Es así que estos “pimps” buscan enchular la máquina del poder sobre la cual están sentados hace años. ¡Que más pintudo que una oposición “autocrítica revolucionaria” “afín a los interese de los pobres”!, si lo que más atrae a la pequeña burguesía, antes de cualquier desbande, es sentirse “revolucionaria”, sentirse “del pueblo”.

La pequeña burguesía, con sus grandes bibliotecas llenas de ediciones de lujo del Capital de Marx, se ha encriptado en la escolástica marxiana para renacer cada 20 años, con teorías que nos intentan re-descubrir, tal cual el colono español. Han encontrado hace años su escalera al poder: hablar de la revolución, mientras se llenan los bolsillos con comisiones carísimas por asesoría al gobierno en todas sus instancias, dejando como resultado nada más que papeles llenos de abstracción y material para estudios en psicología y los sentimientos de baja autoestima y frustración.

Los poderosos lo presienten: su poder es de arena, sus chistes, sus palabras no provocan nada en la gente, es por esto que todos se escudan detrás de abstracciones como “el proceso de cambio” o el “evismo”: fruto de la fetichizacion del poder que los intelectuales han propiciado con una persona de carne y hueso. El Evo se ha vuelto un fantasma de dibujo animado que protege a un grupo de shaguies y scoobidoo’s. ¿Quién dará la cara por Alvaro García Linera si el pueblo se entra hasta el Palacio? ¿y por Pablo Groux, y por Salguiero, Quintana, San Miguel o Llorenti?: NADIE, por estas personas, el pueblo no dará su pecho, y creemos que ni sus madres lo harían, pero por Evo sí, así que vienen detrás suyo, como sanguijuelas en la espalda.

Ante estas condiciones, la pequeña burguesía buscara sobrevivir: primero una oposición táctica que recolectará y ajustará los pernos sueltos del proyecto, y quizá LUEGO, en alianza con la agroindustria cruceña, el narcotráfico, la gran minería y el contrabando: ¿gestar un golpe de estado? ¿Será que los jacobinos verán en esta coyuntura desfavorable a sus intereses el momento de encumbrar la razón hecha hombre? ¿Llegó el momento de sacarse la máscara de socialista y aceptarse nomas como facho nazi?

Frente a estas maniobras de la pequeña burguesía, dueña monopólica del Estado, la economía bancaria, del capital de la minería transnacional, y de la educación, ojos del gonismo en el territorio nacional, digna representante de aquella oligarquía que denunció Marcelo Quiroga Santa Cruz, frente a la “izquierda revolucionaria”, hacemos una llamado a la protección de la democracia, denunciamos un intento camuflado de auto golpe de Estado por parte de los “intelectuales” del oficialismo.

Hacemos un llamado a la toma de todos los peluches de la ciudad como arma de guerra y símbolo del poder de turno!

¡Abajo los jerarcas de siempre y su retórica de peluche!

¡Pompones y huaripolas para los revolucionarios de café!

¡Toma de todas la plazas públicas!

¡Nacionalizar la cerveza ahora!

¡Peluches para el pueblo ya!

¡Sopa de brócoli para los hijitos de papá!