Uno puede pasear por las calles de Santa Cruz, La Paz y Cochabamba y encontrar esas lavanderías que se anuncian a vapor y en seco. Cada vez son más escasas, en relación a los años 70 del siglo pasado cuando uno identificaba a cada paso este servicio. Por el contrario, los bancos que eran pocos por esas mismas fechas, comenzaron a crecer en número en las tres ciudades mencionadas, pero éstos hacen otro tipo de limpieza, sobre todo desde el famoso decreto 21060, que les permitió recibir moneda extranjera, sin pedir explicaciones acerca de su procedencia.

En mayo pasado, el coronel Gonzalo Quezada, director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN), anunció el fortalecimiento de investigaciones sobre la legitimación de ganancias ilícitas en Santa Cruz, pues el capital económico de los narcotraficantes se concentra en este departamento.

Las investigaciones se concentran en la ciudad oriental, pues según su criterio, allí se concentra el flujo económico que traen las organizaciones criminales. Un laboratorio de investigación ayudará en el seguimiento de los caminos de la droga y el lavado de su dinero.

Los controles se han extendido desde mayo a las poblaciones fronterizas de San Matías, Guayaramerín, Puerto Suárez y Yacuiba. En el otro lado, el accionar de la FELCN se intensificó en Caranavi, donde los narcos circulan casi con impunidad.

Ciertamente, es difícil calcular la cantidad de dinero lavado que ingresa al flujo financiero de nuestro país. En 1985, el gobierno neoliberal de Víctor Paz, aprobó el DS 21060, que permitía al Banco Central y a la red bancaria nacional, aceptar depósitos de moneda extranjera, sin preguntar por el camino que llegaban.

A mediados de los años 90, el Fondo Monetario Internacional reconocía que el “dinero lavado” que ingresaba al flujo financiero, estaría en alrededor del 2 al 5% del total mundial. En Bolivia, el Banco Central anotaba por entonces cifras muy cercanas a los 700 millones de dólares que su informe anual, explicaba sólo como “otros ingresos”.

El economista norteamericano, John Walker, acude a datos internacionales sobre el crimen organizado para calcular que unos 2,85 billones de dólares se higienizan en los bancos (www.economywatch.com, 14/6/11).

El periodista argentino Juan Gelman, recoge ese dato y está acorde en que de esa monumental masa de dólares, el 46,3% se lava en el sistema bancario de Estados Unidos, en Italia 150.000 millones de dólares y Rusia 147.000 millones. A conveniente distancia están las lavanderías de Alemania, Francia, Rumania, Canadá y otros.

El economista norteamericano que mencionamos, comenta que los bancos violan las normas acordadas para prevenir el lavado de dinero, pues aparentemente, consideran que los billetes no tienen olor. Una vez limpios, se convierten en automóviles de lujo, avionetas, casas, quintas, propiedades agrícolas y otros.

En Bolivia, se están efectivizando exitosos operativos contra los narcotraficantes, sobre todo de nacionalidad extranjera, que están cayendo como moscas, de acuerdo con los últimos informes policiales. Las investigaciones, tienen que ser minuciosas hasta identificar las lavanderías donde esos dineros se higienizan para ingresar al flujo económico nacional.

Por los años 80, los narcos nacionales, tenían clara identificación. Los bolivianos conocían la existencia de los peces gordos conocidos como El Padrino Roberto, Techo e´Paja, “Oso” Chavarría, “Meco” Domínguez, Luís Amado Pacheco “Barbas Chocas”, Erwin Saucedo Hurtado “Mona Cantora” y muchos otros.

Hasta los gringos tenían su propia fábrica en los altos de Huanchaca en plena selva. Los narcos estaban metidos por todas partes, llegaron hasta niveles ministeriales, logrando una ley de “perdón” que les garantizó disfrutar sus fortunas tras leves penas de cárcel.

Hoy, operativos policiales han destruido casi 300 pequeñas fábricas de cocaína, lo que demuestra una decisión por acabar con los delincuentes. Lo que falta es la identificación de los financiadores de esta indignante actividad que desprestigia a los bolivianos y a su gobierno que pretende cambiar las costumbres de épocas dictatoriales y neoliberales.