(BBC y PL).- La agencia de calificación crediticia Fitch rebajó la nota a Grecia y la semana pasada Moody’s degradó la deuda de Portugal a nivel de basura. Curiosamente, estas agencias han mantenido la máxima calificación de AAA a Estados Unidos, el país más endeudado del planeta.

El mercado de evaluación de riesgo está dominado por tres agencias estadounidenses: Moody, Standard & Poor y Fitch, las cuales han sido fuertemente criticadas por su papel durante el escándalo de las hipotecas basura. Estas agencias otorgaron la calificación de AAA a cientos de miles de millones de dólares de títulos de hipotecas subprime que terminaron siendo activos tóxicos (deudas incobrables) que dispararon la crisis de 2008.

El gobernador del Banco Central de Austria Ewald Nowotny llegó a decir que la capacidad de sanción de las calificadoras de riesgo es “más grande que la de Dios”. Pero según los críticos, esa capacidad de sanción no siempre se aplica de la misma forma cuando se trata de EE.UU., país ha alcanzado un tope de endeudamiento de 14,3 billones de dólares.

El poder de las calificadoras de riesgo se ha hecho evidente en la crisis que están viviendo varios países de la eurozona, hasta el punto de que muchos gobiernos han llegado a criticar abiertamente lo que ven como un dedo acusador.

La semana pasada, Moody‘s rebajó la deuda de Portugal a nivel de basura. La Unión Europea (UE) criticó fuertemente la decisión “cuestionable” de Moody‘s, basada en escenarios hipotéticos, mientras que el canciller griego Stavros Lambridinis la calificó de “locura”.

Esta semana, Fitch rebajó la nota de riesgo de Grecia, alegando la ausencia de un plan creíble y debidamente financiado de la UE y del Fondo Monetario Internacional (FMI). El auxilio adicional, por valor de entre 90 mil y 120 mil millones de euros, se sumaría al concedido a Atenas en 2010 por la UE y el FMI, de 110 mil millones. Alemania y Austria, junto con Finlandia, son los principales promotores de involucrar en el rescate al sector privado, con el propósito de repartir la carga. Defienden esta iniciativa como condición indispensable para desembolsar nuevos préstamos.

Es inexplicable la decisión de bajar la nota de riesgo de Grecia a solo tres escalones del impago y justo en medio de negociaciones de un segundo rescate financiero, declaró el portavoz de la Comisión Europea Pia Ahrenkilde.

El hecho es que el cambio de la calificación de Portugal y Grecia encarece enormemente el costo de financiamiento y les impide colocar bonos en los mercados de capitales, a diferencia de lo que sucede con EE.UU., cuya calificación AAA le permite acceder a recursos a tasas de interés más bajas.

La razón es que EE.UU. es la economía más importante del mundo y tiene la moneda de reserva, “lo que le permite financiarse unos niveles de deuda y de déficit mucho mayores”, declaró a BBC Mundo el economista en jefe del Real Instituto Elcano de Madrid Federico Steinberg.

“Pesan también las propias reglas que tienen estas agencias calificadoras a la hora de evaluar. No sólo (toman en cuenta) el nivel de deuda, sino también la estabilidad política de EE.UU., su capacidad de respuesta -ya que tiene una posición hegemónica mundial- y su capacidad de influir en organismos económicos internacionales… La justificación es que es la economía más importante y tiene la moneda de reserva que es el dólar y ese es un factor importante. Las agencias pueden argumentar que se están basando en criterios objetivos, aunque coincido en que el tratamiento en este caso no es simétrico”, explicó Steinberg.

Esos argumentos no convencen a la agencia de evaluación de riesgo china Dagong, que no dudó en bajarle la calificación a EE.UU. hace unos meses debido a la política expansiva de la Reserva Federal. El director de la agencia Guan Jianzhongel le dijo a BBC Mundo que había tomado la decisión porque “para nosotros lo fundamental es la capacidad de generar riqueza de un país en un momento dado”.

El director de Dagong señaló que esas agencias “están muy politizadas y siguen una visión muy ideológica que no se ajusta a criterios científicos”. Agregó que “en el caso de EE.UU. pesa también que las tres agencias son estadounidenses y tienen una visión más optimista de esa economía. También son más suaves porque podrían desencadenar una marea de ventas si le bajan la calificación a ese país”.

Un imperio en decadencia

Los ciclos de recesión en Estados Unidos, ingentes déficits fiscal y comercial, deuda pública de más de 14 billones de dólares, y otros signos negativos motivan a que muchos se pregunten si la potencia norteña está en decadencia.

La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) informó que la producción industrial cayó 0,4 por ciento en abril; la producción de vehículos automotores y sus repuestos descendió 8,9 por ciento; la tasa de uso de la capacidad instalada de la industria descendió del 77 por ciento en marzo al 76,9 en abril, y la producción fabril bajó 0,4 por ciento. El déficit comercial de Estados Unidos volvió a crecer en mayo para colocarse en 58.200 millones de dólares, informó el Departamento de Comercio.

Para no pocas figuras prominentes, la nación norteña pierde cada vez más terreno en el ámbito empresarial mundial. De acuerdo con la revista Fortune, ese país en 2008 registró la cantidad más baja de su historia en la relación de las 500 firmas más exitosas en innovación tecnológica. En cuanto a la innovación y competitividad, en una lista de los 20 países más destacados, aparece en primer lugar Singapur, seguido de Suecia, Luxemburgo, Dinamarca y Corea del Sur, mientras que la mayor potencia global quedó situada en sexta posición.

Estados Unidos ve amenazada su competitividad económica cada vez más opacada por el destacado papel de China en el escenario mundial. En los últimos dos años, la potencia norteña perdió su lugar de principal socio comercial de Brasil, al ser desplazado por China en 2010. Según datos recientes, el 60 por ciento de las exportaciones latinoamericanas a China salen de Brasil y Chile, reconocen las propias autoridades estadounidenses.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que agrupa a cerca de 30 países ricos, la deuda norteamericana se equipara al 92,8 por ciento del producto interno bruto (PIB). Expertos en el orbe consideran crítico cualquier débito de una nación por encima del 60 por ciento del PIB. Las consecuencias del gigantesco débito podrían ser catastróficas, advirtió el secretario del Tesoro Timothy Geithner. 

El jefe de división del FMI para América Latina Sebastián Segura pronosticó que los riesgos de una caída desordenada y pronunciada del dólar crecieron en los últimos días, y lo más probable es que el billete verde siga bajando de manera rápida, lo que complicara la crisis crediticia de Estados Unidos. El alto funcionario agregó que cuando se necesita una cantidad muy sustancial de inversionistas que destinen recursos al país, hay un riesgo de que esos inversores requieran tasas de interés favorables a sus intereses.

El presidente de la FED Ben Bernanke instó al Congreso a aumentar el techo de la deuda para impedir la suspensión de pagos y advirtió que “los tipos de interés empezarán a subir a medida que nuestros acreedores pierdan la confianza en nuestra capacidad o disposición para pagar las deudas”. Esta situación “causará un enorme desorden en el sistema financiero, con impactos mayores en la economía global”.

El diálogo del presidente Obama con legisladores demócratas y republicanos sobre la deuda pública y el déficit fiscal marcó el debate la semana pasada en Estados Unidos, donde el desempleo alcanzó el 9,2 por ciento. “Todos reconocieron que tenemos que terminar con esto antes del plazo perentorio del 2 de agosto para asegurarnos de que Estados Unidos incumpla por primera vez sus obligaciones”, señaló el mandatario el jueves pasado.

Hasta la fecha uno de los mayores progresos de las conversaciones entre demócratas y republicanos es que coinciden en la necesidad de subir el límite de la deuda pública, pero aún el cómo lograrlo no se vislumbra. Para algunos especialistas la esperanza de llegar a un acuerdo se disolvió en cada fracaso de las reuniones convocadas por la Casa Blanca y en la que los republicanos persistieron en su negativa de apoyar un alza de los impuestos a los más ricos pese a la voluntad gubernamental de cortar gastos.

Obama respalda recortes significativos en el gasto de Medicare -programa de atención médica a estadounidenses mayores de 65 años- y en los beneficios de seguridad social a cambio del apoyo de republicanos en el aumento del techo de la deuda de 14,3 millones de millones de dólares. El senador independiente Bernie Sanders comentó: “Necesitamos un vigoroso debate sobre cómo enfrentamos la crisis del déficit y nuestro endeudamiento, pero la seguridad social es financiada de forma independiente con un superávit de 2,6 billones de dólares y no ha generado ni una mínima parte de la deuda nacional”.

Aunque hay prioridad en pagar a los tenedores de bonos del Tesoro de Estados Unidos, quienes se afectarán más serán los receptores de subsidios sociales del Gobierno federal, incluidos los beneficiarios del Seguro Social, el programa Medicare de subsidios de gastos médicos, y los sueldos de los militares.

El presidente norteamericano evalúa convocar a los líderes del Legislativo a Camp David este fin de semana para trabajar en un acuerdo que frene una cesación de pagos de la deuda estatal. A partir de este jueves faltan sólo 19 días para que el Tesoro quede sin liquidez para cumplir con sus compromisos. El límite actual de unos 14,29 billones de dólares se alcanzará el 2 de agosto aunque el tope llegó el 16 de mayo, pero el Tesoro hizo ajustes de gastos y contabilidad para llegar a la fecha fijada.