Proponen el cierre de los paraísos fiscales, la total separación de la Banca de Depósito de la Banca de Inversión (bolsas de valores), restricción al máximo del secreto bancario, recuperación de los depósitos de los países periféricos en los Bancos del primer mundo, prohibición para que los banqueros participen en los consejos de administración de empresas industriales, comerciales y de servicios, detener la especulación que hoy se produce con el dinero de los depositantes, la creación de un nuevo sistema bancario conformado por Bancos nacionales, estatales y locales.


Lo que supondría la “recuperación” de las Reservas Internacionales (RI) de Bolivia depositadas en la banca internacional a intereses bajos, en razón de su calificación A para arriba y que en la gran crisis internacional pasada, cuando quebraron varios bancos inimaginables y el Banco Central de Bolivia (BCB) no perdió nada de las que ya se encontraban en los USD 7.000 millones, salvo pocos intereses de uno o dos bancos de los que prefirió mudarse.

¿Dónde las depositaríamos para ganar más o en el peor de los casos lo mismo? ¿En qué las aplicaríamos en forma segura para que no se volatilicen en menos de cinco años y no queden en meros proyectos, los cuales una vez puestos en marcha están más próximos al fracaso que al éxito?, suponiendo que en menos de diez años, Bolivia pueda elaborar proyectos productivos y ejecutarlos con factibilidades aseguradas o por lo menos que cubran sus egresos y sus activos no se desvaloricen, dando al mismo tiempo empleo sostenido, sin que al final el asunto se vuelva en parte del déficit público.

Ahí está el ejemplo de Karachipampa, cuyos culpables, quedaron exentos de toda responsabilidad, mientras Jorge Lema no aclara lo sucedido a través de Gundlach y la alemana Salzgitter superó su quiebra técnica. Elefante Blanco cuya construcción se inició en 1982 y pronto llegará a treinta años sin utilización. Evidentemente San Cristóbal y San Bartolome demostraron otros resultados, pero no fueron en menos de diez años y con ciencia y tecnología de punta, más una gestión profesional que redunda en rendimientos con calidad competitiva, sin dejar de lado lo social, aunque en lo político exista mucha discusión.

Recordemos cómo los gobernantes de turno dispusieron de las pocas divisas durante la Revolución Nacional con sus cuperos especuladores, quienes se hacían asignar las mismas a través de las células económicas, como la Aniceto Arce, privilegiando a los que estaban el poder y sus allegados que nunca sufrieron por la inflación de 900% esa época. Lo mismo sucedió en la UDP cuando unos directores y un presidente del BCB se enriquecieron con el asalto a los ahorristas en moneda extranjera, bajo la consigna de controlar USD 2.500.000 millones (hoy más de USD 5.000millones) existentes, para asignarlos a muchos que les pagaban comisiones, incluidos entre los receptores de las mismas un izquierdista académico sociólogo que funge de gran catedrático en Cochabamba, entre otros de su misma laya, mientras la inflación llegó a 24.000%.

Ahora último tuvimos el caso de Santo Ramírez descubierto en diciembre de 2008, entretanto el Presidente a.i. del BCB de entonces y retirado en octubre de 2008, no recomendaba que presten a YPFB USD 1.000 millones, ya que el requerimiento real de la empresa estatal rondaba los USD 10.000 millones, los que en ningún caso podían provenir de las RI y previo a su aplicación demandaban proyectos bien estructurados que tampoco existían y menos la posibilidad de ponerlos en marcha en forma rápida

Imaginen lo que sería con USD 10.000 millones. Lloverían los proyectos y todos “rentables”, cuando no de gran eficiencia pública para beneficio de la población, en los que existirían intereses ocultos para sacar provecho personal, casi siempre de allegados gobernantes por intermedio de empresarios privados acostumbrados a estos negocios cualquiera sea el gobierno.

Elaborar proyectos productivos necesita de mucha ciencia y tecnología para sacar provecho de los recursos naturales que nos aventajan comparativamente sobre la base gestionaría de buenos y experimentados profesionales, además de muchos otros aspectos que vienen de la acumulación no solo del know how, sino también del how to do, transmitidos por generaciones , cuando no por innovadores que han repetido sus descubrimientos en faenas diarias de investigación y disciplina de trabajo, no únicamente en pensamiento y conocimiento o largas peroratas u hojas escritas que hacen creer que sus autores son especialistas en la materia.

Además y ahora entramos en lo principal, las RI respaldan las emisiones de moneda nacional que no tienen valor per se en transacciones internacionales para la importación que Bolivia requiere de alimentos, productos farmacéuticos, químicos, medios de transporte y provisión de energía, cuando no de sus insumos para generarle, de igual manera que las manufacturas de casi todo lo producida en nuestro país. Urgen las RI porque el Producto Interno Bruto (PIB) es bajo y su crecimiento lento, aunque estos últimos años haya sido más elevado, sin nunca poder compararse ni siquiera a los países vecinos, donde la moneda nacional tampoco es transable, debido a las características de nuestro PIB típico de un país poco productivo, más centrado en la explotación de sus recursos naturales en bruto.

Por favor, dejen tranquilas las RI en el exterior.